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Interiorismo Literario - Ateneo Insular ®

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LA IRRADIACIÓN METAFÍSICA

EN LA LÍRICA DE ISABEL DIEZ SERRANO

Por Bruno Rosario Candelier

Adivino una luz y resplandece

y es preciso crecer para aprehenderla.

(Relámpagos interiores, p. 24)

A Fredo Arias de la Canal,

Impulsor del Protoidioma de la poesía.

 

Cuando en los primeros días de mayo del cursante año (2011) varios poetas dominicanos fuimos a San Lorenzo de El Escorial, de Madrid, a la celebración del IV Congreso Internacional del Movimiento Interiorista, entre los poetas españoles estaba Isabel Díez Serrano (1), que amablemente se me presentó y me obsequió un ejemplar de la producción antológica de su poesía. Al mes siguiente, recibí una atenta misiva suya vía electrónica, con esta coordenada <isabeldserrano@oriflama.es>, fechada en El Escorial, el 18 de junio de 2011, cuyo contenido cito:

“Estimado Bruno Rosario Candelier: No sabe la satisfacción que tuve al conocerle por unos momentos, aquí en San Lorenzo de El Escorial. Gentilmente me regaló su libro de Fundamento estético del Interiorismo, a cambio de mi Antología Relámpagos interiores. ¿Casualidad o causalidad?  Lo he leído con fruición, ya que lo que se dijo por parte de Teo y por Vd. mismo me impresionó lo suficiente como para prestarle todo mi interés. Creo que estoy de lleno dentro de este movimiento que hasta ahora desconocía.  Mire usted por donde no sabía que asistirían al acto Teodoro Rubio ni Emilio Rodríguez a quienes conozco desde hace muchos años a través de nuestra poesía y nuestras Asociaciones de Escritores y Artistas Españoles, pero hacía gran tiempo no nos veíamos a causa de que yo cambié mi domicilio a esta localidad de El Escorial hace cinco años y no visito apenas la capital. Emilio tampoco, desde hace mucho más tiempo.

Pero y para mayor sorpresa hablo de Ud. Bruno a un gran amigo literario, investigador del lenguaje poético y descubridor del Protoidioma: Fredo Arias de la Canal y me cuenta que le conoce hace mucho tiempo y tienen frecuente correspondencia.  Esto ya terminó de alegrarme mucho más pues conozco a Fredo  al menos hace veinte años, incluso he estado en su casa de México, invitada para dar una conferencia sobre Sor Juana Inés de la Cruz, hace tres años o algo así y recientemente él ha visitado nuestro país ya que como sabrá tiene familia en Asturias y cuando viene siempre para en el Hotel Palace aunque sea de paso y nos invita a mi esposo y a mí a merendar. Siempre es un placer estar con él por su sabiduría y su comportamiento tan gentil con todo el mundo.  Como ya sabrá, Bruno, es el mecenas de los poetas, sobre todo de los más desfavorecidos económicamente y sobre todo también de los que él considera, a través de su lenguaje  cósmico, oral-traumático, metafísico, tanático.

Todo ello ha contribuido a que me sienta con el grupo  (en el que ya me han inscrito Emilio, Teo y José Nicás), como en mi casa. Su libro Fundamento Estético me ha encantado, como tesis, como enseñante y como amistoso-humano.  Es preciso leer sus misivas tan cariñosas para darse cuenta de cómo debe de ser su persona. Casualidad también que a mí el género literario que más me gusta después de la Poesía es el Epistolar. ¡Lástima que esto se ha perdido algo, al menos en la profundidad por culpa de Internet!  Me encantaban las cartas a pluma y entregadas en mano por el cartero que llegaba al buzón de casa.  Tengo miles de cartas de grandes personajes literarios contestando a mis libros, al igual que yo hacía con ellos.  Pero amigo, la vida avanza y no podemos detenernos. Dejémoslo como está, si no queremos retroceder, lo cual significaría "parar".   Bruno, no me salen ahora mismo las palabras exactas que están en mi corazón porque quiero a toda prisa escribir antes de que pase más tiempo y quiero que sepa que la lectura de su libro me ha impactado y de qué manera, para habérselo contado yo al amigo mexicano.  Me alegra mucho también de que ambos estén en la misma línea y que solamente difieren en una:  quizás en la mística, uno piensa que viene de Dios y el otro del cerebro, o algo así, perdón por las explicaciones tan llanas, de eso tendríamos mucho que decir los poetas, pues los hay, creo de las dos clases, yo misma a veces me veo tan abstraída que no siento la escritura, ni siquiera me veo pensando, entonces me pregunto al día siguiente ¿Y esto por qué lo he dicho?,  y ¿por qué de esta manera?,  y no hay respuesta.  Es entonces cuando pienso que viene de algún lado pero no del pensamiento, yo no pensaba en esos momentos, sólo escribía. Luego hay otros momentos como cuando haces un soneto y la misma rima te hace pensar y sabes que estás pensando aunque te lleguen las palabras ya por la experiencia, pero piensas en la rima, en la medida, en un sinfín de cosas mientras que otras muchas veces no. Admirado Bruno, no quiero extenderme más pues ya pienso (ahora sí pienso) que hemos de hablar alguna vez más sobre temas tan interesantes que nos sugieren la Poesía, cierta clase de Poesía. Y para no cansar ni aburrirle más, por el momento le envío mi más sincero abrazo de amistad, esperando ser acogida por usted en su Movimiento Interiorista, que tanta alegría ha suscitado en mí. Isabel Diez”.

Al día siguiente, di formal contestación a tan interesante carta de la poeta española, en la que le comunicaba por vía electrónica lo siguiente:

“Muy estimada Isabel: Fue recíproco el gozo que produjo nuestro encuentro en San Lorenzo de El Escorial, con motivo de la celebración del IV Congreso Internacional del Interiorismo. Casual o causal, de cualquier modo siempre es positivo y estimulante ampliar el radio de acción con personas de tu categoría, lo que nos potencia y enriquece, mucho más al compartir el sentimiento de identificación con el ideal interiorista de la creación, ámbito y meta de nuestra vocación más alta. Desde luego, nunca olvido el axioma del pensador presocrático Leucipo de Abdera: “Nada sucede por azar, sino por razón o necesidad”.

Sin duda, tu creación poética afina esencialmente con los postulados estéticos del Interiorismo y me alegra saber que ya te has vinculado a nuestro movimiento, razón por la cual me complace extenderte mi calurosa bienvenida, pues sé, además, que con tu obra, tu talento y tu estímulo, se potencia esta tendencia estética que ha surgido para enrumbar la creación literaria hacia la dimensión esencial y trascendente de la creatividad. Celebro también tu vínculo con Fredo Arias de la Canal, el gran mecenas de América. Admiro a ese eminente crítico y teórico mexicano, no solo por sus grandes conocimientos y su honda intuición estética, sino también por su vocación altruista a favor de la expansión de nuestras letras, cuyas publicaciones han significado un encomiable espaldarazo al quehacer poético de la literatura hispanoamericana, secundado a través del Frente de Afirmación Hispanista. El enfoque de Fredo Arias es válido, como lo es también la revelación, en la que creo, pues hay vertientes de la creatividad, como la inspiración, que vienen del Numen, de las Musas o de la Sabiduría Espiritual de la Memoria Cósmica o de la misma Divinidad. Ciertamente hay muchas intuiciones que proceden de la percepción de la realidad, cuando sintonizamos sus efluvios y, en estos casos, la teoría de Fredo Arias es válida porque ahí intervienen las neuronas cerebrales, que siempre juegan un rol en el proceso de la creación.

Estimo que los poetas, sobre todo, los metafísicos y los místicos, son amanuenses del Espíritu, vale decir, intermediarios de una Potencia Sobrenatural que “sopla donde quiere”, como dice el texto bíblico. De ahí la grandeza de los creadores que, desde su sensibilidad estética, establecen una profunda conexión con la Energía Superior de lo Viviente, como es tu caso. No dudes, querida poeta y amiga Isabel, que te he incorporado con emocionada satisfacción al Movimiento Interiorista para seguir alentando, con tu presencia y tu obra, el ideal de crecimiento espiritual a través del arte de la creación poética. Una faceta positiva del correo electrónico es el hecho de la reactivación del género epistolar, que valoro mucho en razón de que, al ser más ligero y fluyente, concita más atención y es un magnífico vehículo a través del cual podemos comunicar, pese a la brevedad de la misiva, algunas intuiciones esenciales, sin obviar el sentimiento o la expresión de la belleza, si está a nuestro alcance plasmarlos. Al agradecerle tu valiosa carta, recibe mi saludo emocionado y cariñoso. BrunoRC”.

A esa comunicación siguió otra de la autora sevilllana, que también cito: “Querido amigo, ya: No sabe cuán feliz me ha hecho su pronta respuesta, sus palabras hacia mi persona y mi obra, su aceptación al Movimiento Interiorista. Le agradezco en el alma esta deferencia, sin que ello signifique que se aumente mi ego, ay Dios, tan cerquita estamos siempre los poetas, el hombre en general... Su interpretación sobre los poetas metafísicos o místicos me hace mucho bien, ya que siempre supe que iba "contracorriente"  y me hacía sentir a veces como "un bicho raro" sin llegar a pensar que estaba loca, sino que algo había dentro de mí, que está, creo, en todo ser humano pero que, sin embargo, es preciso descubrir. Yo le di "a la caza alcance" en un solo instante, sin saber cómo ni por qué. Pero fue y eso para mí es lo real de mi existencia. Lo difícil es captar las palabras para contarlo a los demás.  Recibo su ponencia "Conciencia y creación poética en la lírica de Roberto José Adames". Leo con atención e interés y me admiro de veras de que se pueda penetrar tanto en unos cuantos poemas que aquí se muestran. Tanto desde el Movimiento Interiorista que usted representa, como desde el Protoidioma proclamado por nuestro común amigo Fredo Arias de la Canal, ¿divinidad? ¿paleocortex cerebral?, ¿inconsciente colectivo? Los poetas, al menos yo, nos quedamos boquiabiertos a veces, tantas veces de los resultados que los estudiosos como ustedes pueden sacar de nosotros, los humildes poetas que no aspiramos más que a comunicar aquello que se nos viene encima y no nos deja ni a sol ni a sombra, sin pensar en más consecuencias que el quererlo mostrar al mundo, o al menos al papel en blanco para un mejor alivio de tensiones, inquietudes, preguntas o de placeres sin resolver.  Menos aún, hay veces que sin ningún motivo sino empujados por una orden imperiosa de no se sabe qué ni de dónde. De cualquier forma, admiro su talento para descifrar el lenguaje tan especial de esta muestra tan cósmica de Roberto José Adames diría yo y dejo para nuestro amigo Fredo lo de  oral-traumático y que pese a los años que llevo dentro de su doctrina y su amistad, aún no he logrado comprender del todo.  Y mejor será que lo dejemos aquí, no quiero cansar de nuevo su espíritu bienhechor para que me tenga que contestar. Ya tendremos otras ocasiones en un futuro próximo.  Le felicito sinceramente por este estudio y le envío mi más cariñoso saludo.  Amigo Bruno,  me atrevo a enviarle un cariñoso abrazo. Isabel”.

Al corresponder a tan auspiciosa comunicación, le escribí a Isabel el 28 de junio de 2011 diciéndole: “Me encanta el contenido de tu mensaje, por el entusiasmo con que valoras el sentido de la poesía y la connotación exegética de la interpretación que hacemos los que nos dedicamos a la crítica literaria. Aunque hay un manto que impide ver el real trasfondo de lo que sus versos expresan, como le comenté a una poeta amiga, su realidad no es una mentira, sino una verdad oculta, que es diferente. No es lo mismo decir una mentira, que disfrazar con los procedimientos poéticos una verdad existencial o un planteamiento conceptual. Decir las cosas con el lenguaje de la poesía, aunque se mantenga oculta la motivación de su inspiración, como hace el poeta Roberto José Adames, es un procedimiento propio de la poesía, pues para eso están el lenguaje simbólico y las imágenes arquetípicas. Si el poeta canaliza en su creación expresiones que responden a los arquetipos oral-traumáticos propios del Protoidioma de la poesía, como ha enseñado Fredo Arias de la Canal (2), esa manera de escribir es una ingeniosidad de su don creador, indicativo de sus condiciones naturales para el arte de la creación poética.  En virtud de tu talento poético, tú has podido, Isabel, hacer lo mismo en tu creación, dando a conocer lo que concita tu sensibilidad profunda, vertida en fórmulas estéticas con imágenes crípticas para canalizar las singulares percepciones que, desde tu sensibilidad profunda, puedes auscultar en la cantera de la sabiduría espiritual de la memoria cósmica”, termina la carta a la nueva poeta interiorista.

En efecto, los poetas tienen un vínculo especial con la Fuerza Espiritual del Universo para canalizar a su través verdades provenientes de esa cantera infinita. Alude la poeta radicada en El Escorial a la transmutación que su sensibilidad experimenta cuando entra en relación imaginativa, espiritual y afectiva con la sustancia de los elementos y el alma de lo viviente, como se manifiesta en su poesía (3):

Existo desde siempre,

llevo en el monte de mis manos

la sal del Universo.

Soy materia ambulante que se muta

y tantas veces con las sienes rotas,

un sabor a ceniza me estreno nuevamente.

Este irse y no irse es una farsa, una imagen fugaz,

el caz del río por donde ha de perderse la memoria.

Desde este sueño donde junto habitan

la tiniebla y la luz,

caigo de nuevo en brazos de la tierra,

hambriento de latido,

sin otra ceremonia que la carne

y el mito milagroso que la inflama.

(Relámpagos interiores, p. 26)

 

Los poetas han desarrollado la sensibilidad trascendente, por la cual se manifiesta la intuición estética y la intuición metafísica, que les permite canalizar la energía interior de la conciencia mediante la cual se interconectan con el vínculo del Logos, la memoria cósmica y la sabiduría universal. Con su sensibilidad estremecida, nuestra poeta canta al dolor que la convoca con el aliento sideral de lo viviente, como se aprecia en “Olvidó su canción mientras dormía”:

 

Fue verso confinado nacido sin palabras,

una triste manera de morirse,

lo demás fue grito de piedra, grito quebrado

desgarrando la orilla de la vida,

y la muerte era toda una amazona

que cabalgaba al aire devanaba la prisa.

El corazón rompía en el costado

y rayaba un mundo de tinieblas

sin canto ya, sin trino, con la raíz

ya casi descubierta desnudando el latir.

Tras dura lucha, entre luces y sombras

mil dolores ocultos y un verso confinado

ganaron los aleros de Dios, mientras vencida,

recogían los ángeles su aliento.

(Relámpagos interiores, p. 28)

 

Intuye Isabel que, a pesar del fuego que le impregna una porción del hálito sagrado, su naturaleza atisba una magra señal que la ata a una condición cambiante y pasajera:

 

El fuego, sí, era fuego, naturaleza o vida,

esa zarpa dispuesta que serpentea, arrasa

allá desde su altura pues que se sabe

virgen o milagro en actitud de entrega.

Y lo supimos tarde, cuando juntos, prendidos

descubrimos entre la esfinge nuestro caos,

nuestro rotundo mineral.

Oh fuego, majestuoso y libre,

música seca que engulles cuanto alcanzas

en todas direcciones, y mandas, vertical.

Todavía has de venir con tono grave

a rodear con brazos sapientísimos

un mundo cuyos cimientos ya se resquebrajan.

Mas nosotros no tenemos capacidad de sacrificio

y nos mantiene este profundo afán de sementera.

Déjanos, al menos una linde

para los tontos, los pobres o los místicos

que ya sabemos del sudor de nuestro pecho

y el humo nos asfixia de tan cerca.

Déjanos escapar de aquella madrugada

cuando teníamos el pelo de tan moreno, azul.

Aún llevamos en nuestras células tu estirpe.

Solo cabe esperar la lógica

de este reloj ardiente que es el hombre

y sepa darle marcha, atrás

en el momento exacto de toda conclusión.

Mas si me llamas…

(Relámpagos interiores, pp. 48-49)

 

Presiente la poeta la extraña sensación de sentirse uno y su contrario (luz y sombra, infierno/paraíso) cuando entra en sintonía con la naturaleza de lo viviente en cordial coparticipación y entrega:

 

Todo es cuestión de tiempo, me dijisteis

y yo dije, y de aire ya que la muerte es algo palpable

y se olfatea en este hospital blanco donde llama la nieve,

y los cristales gritan porque los toca el aire

limpio como una hostia que levanta la noche

despertando conciencias aún dormidas,

aunque se sienta frío, el frío del que nace

en esta encrucijada o laberinto

que a todos nos encierra pues que somos sus presos

y los árboles se cansan de mentir.

Pero ah, soy Acuario y me siento hecha de aire,

de sol, de luna nueva, el cielo es mi refugio

porque subo y desciendo y siempre permanece

y se alquilan balcones para mirar al mundo.

No me dejo engañar, el aire que me lleva y trasciende

mi pecho no es solo imaginario,

con los ojos abiertos, veo altura, colores girando sin cesar

y las sendas se abren y móviles se crecen,

alcanzan precipicios que no llegan a infiernos,

ya que infierno está dentro y dentro, paraíso.

(Relámpagos interiores, p. 52)

 

Al contemplar el mundo circundante, la poeta se siente una sola cosa con todo lo existente desde la esencia primigenia que unifica a fenómenos y criaturas en comunión mística con lo viviente:

 

Yo sabía esta casa,

allá en la lejanía de mi tiempo, yo la soñaba.

Hasta el silencio en ella es música, armonía

y la vida se crece en sus contornos y ahora

el agua canta en este día pleno,

canta a mis pies minúsculos que golpean la yerba.

Una ola de dicha me envuelve, me agiganta

y mis ojos recrean el baile de la espuma.

Respiro hondo e intuyo que Dios me ha penetrado

y todo, fuera y dentro se amansa, se unifica.

Los árboles se inclinan por verse en el espejo,

parece que nos hablan con un lenguaje antiguo.

Las piedras marcan límites que la danza rebasa

y nace el musgo niño que adorna y enriquece.

Vuelvo de nuevo a casa, el tiempo se ha borrado

y me siento hecha de aire, de sol, de hierbabuena.

Qué fácil es perderse, fundirse en este valle y esta casa

encendida que hace siglos de luna esperaba. Me espera.

(Relámpagos interiores, p. 57)

 

Al sentirse atada a la “noche oscura del alma”, sensación que experimenta con la contrición consecuente, desde su particular condición de poeta y de creyente, clama Isabel al Amor que su corazón anhela:

 

Sobre mi frágil carne

hoguera, verbo nuevo, corazón que galopa

y repito tu nombre, mi Dios, el tuyo solo.

Prisionera de ti, mendigo de tu pan

que es pan de Amores

y yo para tu Amor nacida, peregrina del agua

que apacienta mi cauce, que nunca el desaliento,

la culpa o el pecado detengan mi andadura,

yo, caminando en la luz, la perfección.

Tú solo mi tesoro, mi espejo, mi aleteo.

Náufrago de tu mar, borrachera divina

que perfora mi entraña.

Que mi grito y mis lágrimas se enreden en tu estela,

mi temblor sea ascua esperando la muerte

-paloma herida, cárcel y delirio

calofrío que recorre mi piel y la traspasa-.

Te ofrezco mi cansancio, mi voz de bajamar,

estos ojos diezmados por fuego y por cellisca

que otros días brillaron con prodigio divino.

(Relámpagos interiores, p. 95)

 

La poeta tiene la sensación de sentirse conmocionada por el impacto de un relámpago que estremece su sensibilidad al entrar en contacto con un hondo aliento cósmico:

 

Y qué de las cigüeñas, de febrero.

Siempre, poetas, cantando a los azules.

Llueve, el agua se estremece en las baldosas,

taconea y llueve, el aire se nos colma

de una música nueva,

ayer un vendaval, hoy aguacero,

y se ven los tejados de un color de aventura.

Mi ventana se empaña

con el aliento fácil de la respiración.

Tantas tardes iguales pero hoy tan distinta

porque me estoy nutriendo de un relámpago

que irrumpe en estos muros.

Estoy sola y me da por mirar tras los encajes

y no descubro nada más febrero que llega

y nunca lo había yo cantado.

Qué deciros que no sepáis vosotros…

ah, sí que estoy sola y que llueve

y eso no es común. Y espero, espero.

(Relámpagos interiores, p. 200)

 

La poeta española experimenta, desde el vértice de su sensibilidad profunda, una honda conexión cósmica con la Energía del Universo que la estremece y le insufla el poder de creación, canalizado con el lenguaje del Protoidioma de los poetas, como lo hace en “Semejantes a estrellas”:

Mi alma los acogió cuando llegaban

y en mi cintura los sentí crecer.

Semejantes a estrellas calentaron mi entraña

y poblaron mis surcos con estrenada sangre.

Dos pulsos compartieron mi tierra ya labrada.

Dos luceros en mientes calándome la carne.

Y esperé, como espera la gota de rocío

resbalar lentamente, mirándome hacia dentro

redonda desnudez.

Dos gotas, una a una tatuándome silentes

con armonioso ritmo pero distinta voz.

Dos suspiros, dos sonrisas,

dos lágrimas blancas me nacieron.

(Relámpagos interiores, p. 203)

 

En virtud del vínculo que la energía interior de la conciencia establece con la totalidad de lo viviente, la poeta es canal del torrente espiritual procedente de la memoria cósmica, que su lírica engarza con los arquetipos del Protoidioma y el aliento de la visión interiorista de la creación:

Han sido muchos siglos los que por mí pasaron.

Entre la luna y yo siempre hay un aleteo.

Sé que algo muy ardiente me persigue

mas no veo su rostro

por eso el hambre a veces llega y reclama su sitio.

Este ir y venir, ese andar preguntando…

los recuerdos son parte de la vida, los sueños, el futuro

y se detiene el tiempo allá donde queramos,

el grito adolescente, la angustia de ser hombre

finalmente, serenos, esa serenidad, hermanos,

que nosotros mismos tantas veces dejamos abortar.

Mientras, nos vamos desviviendo, dejando en el camino

esa herida que no puede cerrarse

porque no ha sido ungida con amor.

(Relámpagos interiores, pp. 210-211)

 

Con su visión interiorizada (4) mediante su conexión íntima con la esencia del Universo, la poeta española intuye el alma del mundo expresada mediante los arquetipos cósmicos:

 

Hay rosas de silencio en mi jardín

panal de besos, íntima caricia,

de los árboles bajan zafiros invisibles,

veo alzarse las aves, dejar su dormitorio

y al césped saludarlas por si luego más tarde.

El sol abre su pecho, sigue el agua su canto

y hasta la hiedra calla mientras se aferra al muro.

Te miro, madre observo.

Se te ha puesto la boca cual pálido rubí,

los ojos cual diamantes de apagado fulgor,

muy cerca del ciprés, del viento, de noviembre.

(Relámpagos interiores, p. 212)

La poeta experimenta el sentimiento de coparticipación con lo viviente y de todo con el Todo en virtud de la ternura cósmica que embriaga su costado para sentir esa integración de criaturas y elementos bajo el predicamento del vínculo que unifica y exalta la condición ontológica:

 

Supone un día de espacios siderales.

Ascendí por la ruta del verso.

Una música virgen me circundaba el paso

y es ahora la mar la que me llama

tan cargada de frutos, tan de incógnito

que una gota de espuma entre los ojos

me hace recordar que todo es Uno y Todo.

Que puede haber estrellas vegetales,

pájaros marineros y peces voladores

que habiten las ciudades de la luna;

que el sol se nos presenta

volcán, fósforo, antorcha

que ilumina los valles más profundos del hombre

y los rayos de Dios nos atraviesan concéntricos

y no hay escapatoria; todo es común,

todo es común a todos, como la primavera

nos nace cada marzo

y hace crecer espigas que derraman

su grano en el granero, solo para unos cuantos.

Los hilos fraternales nos detienen a veces el combate

porque son inocentes todos los que no llegan.

Hay heridas que sigo reclamando

desde la orilla donde me contemplo;

quiero otear el campanario aquel

y decirle a las nubes que no duerman,

que derramen sus aguas sobre el mar,

el mar que está despierto dando abrigo a la vida.

Que se quiebren sus bordes,

que nunca se detenga y se llenen sus fuentes.

Hay fuentes, hay caminos, hollados hay estelas, crepusculares.

Tengo aroma de pinos y la sangre caliente.

Tengo sal en las manos  y el sabor primigenio del mar.

Tengo  diminutas estrellas que me mantienen viva

una niña desnuda

y una fuerte esperanza de crecer y llegar.

(Relámpagos interiores, pp. 255-256)

 

Compenetrada con la energía interior de lo viviente, la poeta sevillana vive el sentido de la poesía bajo la llama que activa la energía interior de la conciencia con los arquetipos del lenguaje de los poetas:

 

De tu verbo aprendí, cogí el gusano

del diario escritor, cuasi poeta,

hablaba con mi Dios y en mi delirio

me agarraba a la pluma -sol ardiente-

calentando mis manos su fluido

líquido azul, que de la mente alquimia.

Camino esplendoroso, la Poesía,

perdí el pudor, el miedo de decirme

que amaba lo inconsciente, el Dios de lo creado,

la lectura que siempre fue narcótica

veneno dulce, despertando al tiempo

placeres que dormían, telarañas

de una mente o cerebro al rojo vivo.

Tu voz de ruiseñor, mística y plena

me llegaba serena y amatista

tiñendo mis tejidos, mis vocablos.

Sedienta de palabras, comencé a vomitarlas,

primero fueron lágrimas

después risas, aúllos, tardías esperanzas.

Bebí de tu licor y me embriagaste

y hoy bebo, bebo, bebo mil vasos diferentes

que tiene la Poesía, hasta anegarme.

(Relámpagos interiores, p. 291)

 

Compenetrada con la onda lírica y estética de Pablo Neruda, la cantora de El Escorial otea, desde su eminencia metafísica, el aliento que hermana a los poetas bajo el torrente de las musas o de la memoria cósmica:

 

Amor, amor, que me dejaste

tan vehementemente trasnochada,

mis lágrimas resbalan, se hacen hueco

y riegan las petunias que plantaron nuestros días de abril.

Nuestras manos unidas, ese abril caminaban la tarde,

bajo el árbol, el árbol, ya mi tarde es noche,

siempre noche y tan de luto

que atraviesa el cristal como una espada

que se hunde en lo infinito. Latidos, turbios pájaros

que cantan hacia adentro, desconsuelo

garganta siempre seca, enronquecida,

tan plena de oleaje, de ojos verdes

que lloran y enceguecen la mirada.

Mi tiempo es ya cautivo de la muerte

no veo más que sombra ya, y mi pelo

-incontrolable zubia desbocada-

se vuelca, amarillece enfebrecido.

Mi frente se hace pálida, presiente el peso

del adiós la despedida del sueño que nos trajo

aquel eclipse de sol, de luna nueva, amanecida

de nunca primavera y mil colores

ardientes que armonicen el paisaje.

Negro olor en la almohada.

Mi vino es vino agrio y el odre se me llena.

Ah Pablo, Pablo hoy te recuerdo

porque tengo el amor desesperado,

la canción que no entono porque es triste,

tan tristemente sola, opalescente…

quiero hacer una paréntesis, quisiera

colgar a la tristeza, de mañana

mas hoy es esta noche y aún puedo

“puedo escribir los versos…”

(Relámpagos interiores, pp. 294-295)

 

Puedo sintetizar la creación poética de Isabel Diez Serrano, en cuya cosmovisión literaria aprecio los siguientes rasgos:

  1. Es poeta cósmica por el uso de los arquetipos del Protoidioma, identificados por Fredo Arias de la Canal. Los poetas conocen por intuición el lenguaje del Protoidioma, aunque desconozcan lo que ha planteado Platón, José Ortega y Gasset o Fredo Arias de la Canal.
  2. Es poeta interiorista porque mediante su intuición se instala en el interior de la cosa para conocer su dimensión esencial y trascendente, procedimiento recomendado por Henry Bergson, que formalizo en El ideal interior (5). Un creador es interiorista si aplica los postulados estéticos de esta tendencia literaria por identificación de su sensibilidad estética y espiritual, que le lleva a captar y expresar la dimensión esencial de lo existente.
  3. Es poeta española por origen, lengua y cultura, ya que asume y recrea por ósmosis literaria, el gracejo andaluz, el lenguaje castellano y la vocación mística española (6) en cuya virtud encauza sus sentimientos espirituales y estéticos para hacer de la poesía, canal de su sensibilidad, una expresión artística con sentido trascendente.

 

Bruno Rosario Candelier

Moca, Ateneo Insular, 9 de julio de 2011.-

Notas:

  1. 1. Isabel Diez Serrano nació en Sevilla, vivió en Madrid durante muchos años y actualmente reside en El Escorial. Autora de varios libros de poesía y ficción, ha ganado numerosos premios literarios, despliega una labor de promoción cultural y dirige grupos artísticos y literarios. Forma parte del Grupo Literario del Movimiento Interiorista en San Lorenzo de El Escorial.
  2. 2. Cfr. Fredo Arias de la Canal, De la filosofía al Protoidioma, México, FAH, 2005, pp. XIII ss.
  3. 3. Los poemas que ilustran este estudio proceden de la antología de Isabel Diez Serrano, Relámpagos interiores, San Lorenzo de El Escorial, 2010.
  4. 4. Henry Bergson, en Introducción a la metafísica y la intuición filosófica (Buenos Aires, Leviatán, 1956, pp. 11ss.) desarrolla el concepto de que el poeta “se instala en el interior de la cosa”.
  5. 5. Cfr. Bruno Rosario Candelier, Poética interior, Santiago, Rep. Dominicana, PUCMM, 1992, pp.9ss.
  6. 6. Cfr. Dámaso Alonso, Poesía Española, Madrid, Gredos, 1972, pp. 69 ss. En esta obra el filólogo español asigna a la visión mística uno de los atributos distintivos de la cosmovisión espiritual y estética de la literatura española.
 
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INTUICIÓN DE LA IMAGEN Y EL CONCEPTO

EN EL ARTE DE LA CREACIÓN LITERARIA

Por Bruno Rosario Candelier

A Aída Montero,

Que vive el sentido de la emoción estética.

Recurro a la palabra, mi herramienta.

Me la enseñaste Tú, Dios expresado.

Pero no es la palabra lo sagrado:

lo sagrado es la sed que la alimenta”.

(David Escobar Galindo)

 

La expresión de la imagen y el concepto

Tenemos dos formas de expresión: el concepto y la imagen. Mediante una operación intelectual, nuestra convierte la percepción de las cosas en conceptos o la formaliza en imágenes, que es el lenguaje del arte, cuya creación se funda en una intuición. La intuición captura una imagen o un concepto de la cosa al entrar en contacto con su esencia. Si en nuestra percepción predomina la imagen, con los rasgos sensoriales de las cosas creamos belleza, que es lo propio del lenguaje literario; en cambio, si en nuestra expresión predomina el concepto, creamos pensamiento, que da cuenta del sentido de la cosa, propio del lenguaje discursivo.

Con la energía interior de la conciencia, que el Logos formaliza en la palabra, desarrollamos la capacidad creativa de la mente al convertir en signos, imágenes y símbolos los conceptos que forjamos de las cosas, así como la expresión de lo que percibimos, intuimos y valoramos mediante el concurso de la inteligencia y la sensibilidad.

Los seres humanos vivimos múltiples experiencias fraguadas en hechos y fenómenos que marcan nuestra percepción y nuestra interioridad. La impronta que la realidad ejerce en nuestra sensibilidad se manifiesta en vivencias gozosas, dolorosas o traumáticas y, a veces, misteriosas y sorprendentes. Las vivencias que experimenta la sensibilidad se disfrutan en el interior de la conciencia y se canalizan a través de creaciones y actitudes, al tiempo que dan cuenta de la naturaleza de nuestras emociones y del talante espiritual y estético de nuestra sensibilidad.

La creación que realizamos con el concurso de la palabra es el resultado de la percepción de la inteligencia y la sensibilidad mediante un poder que el sujeto creador plasma en el lenguaje peculiar de su creación literaria (1).

La huella que lo real produce en la sensibilidad del sujeto concita una relación entre la realidad y la conciencia del contemplador, ya que cuanto experimenta, genera un efecto en su espíritu, puesto que lo que acontece, impregna los centros perceptivos de la conciencia. En tal virtud, contamos con la sustancia y el poder para encauzar creativamente esas vivencias y convertirlas en fuente de conocimiento y de sabiduría, lo que, naturalmente, enriquece la calidad del ser humano, razón por la cual Rainer María Rilke, el gran lírico alemán, consignó que lo más importante es sentir, justamente por lo que entraña la sensibilidad para el disfrute de la vida, la vivencia del esplendor de lo viviente y la creación de la obra literaria.

Mediante el cauce intuitivo de la sensibilidad, podemos enfocar tres aspectos vinculados con la percepción de lo real: el sujeto contemplador, que enfoca la dimensión sensorial de lo existente; el objeto de la contemplación, que comprende la sustancia de lo contemplado; y la relación que se establece entre el contemplador y lo contemplado, que da lugar a vivencias y expresiones que el arte canaliza mediante el lenguaje estético, como la poesía y la ficción, o mediante otra forma artística de la creatividad, como la pintura, la música o la danza. El poder de la sensibilidad, así como el hecho de la contemplación, están a nuestro alcance y, desde luego, enriquecen nuestro mundo interior con la belleza del contenido y el sentido de la creación.

La realidad de lo existente no tiene una sola dimensión, sino varias facetas y texturas, con diferentes ventanas, registros o niveles compartidos que conforman una totalidad con diferentes expresiones o sentidos, que están a la disposición de nuestra inteligencia y pueden modificar nuestra percepción de lo real con la impronta de nuestra cosmovisión.

La realidad objetiva que perciben nuestros sentidos corporales conforma la base primaria del conocimiento del mundo. La dimensión objetiva de lo existente comprende lo que perciben nuestros sentidos corporales del ámbito circundante, que está lleno de colores, olores, sabores, sonidos y formas cuyos datos sensoriales captan los poderes perceptivos de la sensibilidad. Por tal razón, quien sabe mirar adecuadamente, es decir, quien sabe percibir lo que la realidad contiene y sugiere, puede captar la dimensión hermosa de lo viviente con su sentido profundo. La sensibilidad que nos conecta con lo real circundante, también nos vincula con la dimensión trascendente de las cosas, gracias a los sentidos interiores o sentidos metafísicos dispuestos para la captación de la vertiente interna y esencial de lo existente, que comprende la dimensión metafísica y mística. Además, la realidad subjetiva que creamos con nuestra imaginación, que es la realidad imaginaria, se distingue por su carácter subjetivo plasmado en sueños, utopías, fantasías, invenciones imaginarias y especulaciones. Esa realidad imaginaria, impalpable y subjetiva, no se debe confundir con la realidad trascendente, que capta la dimensión interior e intangible de lo real, puesto que supera la percepción sensorial de los sentidos y se adentra en la dimensión metafísica de lo existente, como es su dimensión interna y mística, a la que podemos acceder en virtud de los sentidos interiores. No solamente poseemos sentidos físicos, como la vista, el tacto, el olfato, el oído y el gusto. Tenemos también sentidos metafísicos, como la intuición, la imaginación, la memoria, el sentido común y la estimativa, que perciben la dimensión extrasensorial de lo existente.

Pues bien, la realidad sensible tiene una dimensión aparente, que perciben los sentidos físicos, así como una dimensión intangible, interna y esencial, que perciben los sentidos metafísicos. Esos sentidos interiores auspician las grandes creaciones humanas que se manifiestan en el arte, la filosofía, la ciencia, la religión, la literatura y la mística, con el saber intuitivo que hace posible la  comprensión de lo existente. Por esa razón, ya en la Antigüedad griega, Heráclito de Éfeso subrayó la importancia del Logos, en cuya virtud el hombre habla, razona y crea. En tanto energía interior de la conciencia, el Logos canaliza en la palabra nuestros conceptos, voliciones y sentimientos, al tiempo que hace posible nuestras creaciones, así como nuestras relaciones verbales con la formalización de nuestras vivencias espirituales y estéticas, que la literatura canaliza en la expresión de la belleza con sentido.

En virtud del poder de la conciencia podemos acceder al plano profundo de la realidad, que comprende la dimensión interior de lo existente y la sabiduría espiritual de la memoria cósmica. A esa sabiduría espiritual acceden algunos seres privilegiados cuando afinan la intuición y desarrollan los poderes perceptivos de la sensibilidad trascendente. Justamente, porque tenemos poderes interiores, como la intuición, la reflexión y la creación, podemos desarrollar la excelsa condición de la naturaleza humana, como es la capacidad de entender el sentido del mundo y recrearlo con nuestra particular estimativa espiritual y estética. Una de nuestras grandes virtualidades se cifra en el poder de creación, ya que crear, es decir, generar una nueva realidad o producir imágenes y conceptos mediante la palabra o la imagen, conlleva generar ideas y expresiones que formalizan nuestra percepción de la realidad, con la plasmación del sentido que atribuimos a nuestras observaciones y experiencias de la vida, que encauzamos mediante el don creativo de la inteligencia y la sensibilidad. Tener la capacidad de trascendencia, es decir, el hecho de poder vincularnos con lo que está más allá de la realidad física es un fenómeno relevante y significativo. Por esa razón, Antoine de Saint-Exupery, en El principito, dijo que lo más importante no se ve, porque esa dimensión de la realidad, que alude a la dimensión metafísica de lo viviente, representa la vertiente interna y mística de lo real. Esa dimensión esencial y trascendente subyace en el interior de lo existente, a cuya instancia podemos llegar mediante el concurso de los sentidos interiores cuando nos instalamos en el interior de la cosa cuya esencia convertimos en sustancia de nuestras vivencias espirituales y estéticas, núcleo operativo de las creaciones literarias y artísticas.

Con la palabra recreamos nuestra percepción de la realidad, que la intuición atrapa, la inteligencia interpreta y el lenguaje formaliza, lo mismo del ámbito objetivo del mundo circundante, que de la dimensión subjetiva de nuestro interior profundo o la vertiente interna de lo viviente, eco de lo divino mismo, pues todo comenzó a ser cuando fue enunciado verbalmente, como una emanación de la Energía Espiritual que el Creador del Mundo insufló al hombre cuando lo hizo a su imagen y semejanza, razón por la cual la potencia del Logos, portador del Aliento Primordial de lo Viviente, sintetiza y expresa el genio de una estirpe que el lenguaje atesora en singulares efluvios de aliento, gracia y luz.

 

Expresión del sentido profundo y la belleza sutil

Los creadores, pensadores y estudiosos del pensamiento y la creatividad, en cualquiera de sus manifestaciones intelectuales o estéticas, requieren del desarrollo de la inteligencia sutil y la sensibilidad trascendente y, con ese desarrollo, la coparticipación de la intuición, la imaginación, la memoria, el lenguaje, la tradición y la inspiración, ya que esos factores se aúnan para hacer posible la creación inspirada en la realidad sensorial y metafísica.

Todos tenemos el don de la creatividad, potencial que recibimos con los  demás dones con que venimos a la vida. La creatividad no es un atributo exclusivo de seres privilegiados; está al alcance de todos los seres humanos, sin distinción de raza y cultura, condición que poseemos en virtud del poder creador de la palabra, mediante el testimonio de nuestra percepción singular del mundo. Desde que despertamos a la vida, nuestra sensibilidad se pone en contacto con los datos sensibles de la realidad circundante. Ese contacto con la naturaleza de lo viviente es individual, singular y peculiar, ya que cada uno percibe, según su talante y circunstancia, una faceta exclusiva de lo real. Desde su perspectiva y punto de vista, cada uno testimonia lo que su sensibilidad capta y tamiza con sus sentidos. Ese atributo de la sensibilidad revela el poder creativo que permite ensanchar la visión del mundo, enriquecer la tradición humanística y compartir nuestras percepciones y valoraciones, con la posibilidad de atizar la vida interior de la conciencia.

En la obra intelectual y artística, como creación de la inteligencia y la sensibilidad, intervienen el lenguaje, la imitación, la técnica y la tradición. La obra del creador canaliza varias manifestaciones de la realidad vivencial, así como el hallazgo de la intuición y el aporte de la invención, que realiza con el concurso de la memoria y la imaginación, facultades que nos permiten recordar, asociar, inventar y crear. Cuando Federico García Lorca dijo que era poeta por la gracia de Dios o del demonio, añadió que también lo era por la gracia del esfuerzo y la técnica, con lo que enfatizaba al rol de la inspiración y la transpiración (2).

Desarrollamos la creatividad con el aporte de la inspiración y el concurso de la dedicación, mediante el estudio, la disciplina, la observación de la realidad y, desde luego, la lectura y el conocimiento del legado de nuestros predecesores en los diversos campos del saber. En el estadio actual del desarrollo científico y artístico, nadie comienza de cero, puesto que hay una inveterada tradición con un inmenso caudal de conocimientos en todos los órdenes, cuyos fundamentos debemos conocer para iniciar nuestro despegue a partir del logro alcanzado por nuestros más inmediatos predecesores, de manera que el proceso de evolución y crecimiento siga su ascenso evolutivo con la contribución que podamos aportar.

Lo que estoy diciendo respecto a la tradición de las artes y las letras, cada uno lo puede adaptar a su propia disciplina y vocación, ya que cada cual puede adecuar a sus personales circunstancias, la experiencia y las opciones de formación y desarrollo en atención a su nivel intelectual, estético y espiritual. Cada uno tiene sus peculiares condiciones e inclinaciones enmarcadas en su personalidad, su intelecto y su talante. Nos vamos preparando en lo que nos motiva o interesa, por lo que tenemos a nuestro alcance la posibilidad de satisfacer las demandas de nuestra vocación.

La vocación obedece a una singular apelación. Todos experimentamos una determinada llamada para realizar algo en la vida. Como fuerza que nos concita a emprender una acción vinculada con nuestras inclinaciones creativas, la apelación genera un incentivo en la creación. Cada uno experimenta una singular inclinación en conformidad con su intelecto, su sensibilidad, su situación personal, la formación recibida en el hogar y la escuela, los incentivos que concitan allegados y amigos o los maestros que influyen en nuestra formación y todo cuanto incide en el desarrollo de la inteligencia y la sensibilidad, como la cultura de la tierra, el lenguaje heredado, el afecto y la familia, clave para el desarrollo de la personalidad (3). Las diversas apelaciones suelen enmarcar y señalar el rumbo que debemos seguir en nuestra vida y lo que podemos hacer con el talento y los bienes recibidos. Paralelamente, contamos con una energía creadora que demanda la realización de esas inclinaciones intelectuales, morales, estéticas y espirituales, que se suman al impulso de creación. Por eso es importante identificar la vocación y hacer lo que conlleva esa llamada interior de la conciencia. Podemos dar lo mejor de nosotros si damos cabal satisfacción a lo que entraña esa apelación, porque podemos consagrarnos con plena entrega a la acción que realizamos, la profesión que elegimos o la tarea a la que dedicamos esfuerzo, talento y pasión.

Hay expresiones de la realidad que a todos nos alientan, como la verdad, la belleza y el bien. La verdad es la apelación del sentido; la belleza es el fulgor de lo viviente que nos llama; y el bien, una dación de amor que nos convoca. La verdad, la belleza y el bien tienen un vínculo con la inteligencia, la sensibilidad y la voluntad, las tres grandes potencias de la naturaleza humana.

Cuando la sensación que genera la belleza hace sentir el esplendor de lo viviente, se despierta el SENTIDO ESTÉTICO. La vivencia de la belleza genera la emoción estética, el gozo de sentir el encanto de lo viviente.

Cuando la contemplación de la belleza concita el encanto de lo viviente, se despierta la sensibilidad estética. La vivencia de la emoción estética genera el sentido estético.

Cuando la vivencia de la emoción estética concita el encanto de lo viviente, se despierta la sensibilidad cósmica. La emoción de esa vivencia genera el SENTIDO CÓSMICO. La emoción que produce del esplendor de lo viviente genera un asombro que despierta el sentido cósmico. El sentido cósmico, según Pierre Teilhard de Chardin, debió nacer tan pronto como el hombre se encontró frente a la selva, el mar y las estrellas con el consecuente sentimiento que concita el esplendor de lo viviente (4).

Cuando la vivencia del sentido cósmico concita el encanto de la Creación, se despierta la sensibilidad mística. La emoción de ese sentimiento de lo divino despierta el SENTIDO MÍSTICO. En la vivencia de la belleza y el sentido aflora la fruición espiritual del aliento místico, que en algunos casos llega al éxtasis, como lo han experimentado iluminados, místicos y contemplativos, con el consecuente efecto transformante.

La contemplación de lo natural permite aprovechar lo que nos aporta el mundo circundante, al tiempo que genera una compenetración sensorial, intelectual, afectiva, imaginativa y espiritual con lo viviente. La vivencia del sentido cósmico produce un sentimiento de afinidad con lo existente y, en tal virtud, genera una empatía cósmica. Esa vivencia de la sensibilidad nos enriquece interiormente, genera una valoración de la dimensión espiritual de lo existente y proporciona el disfrute de la fruición mística (5).

Con el concepto del Logos, Heráclito de Éfeso intuyó también la existencia de una sabiduría espiritual registrada en la memoria cósmica y esa sabiduría, que potencia la energía interior de la conciencia, permite establecer un vínculo con la dimensión numénica de lo viviente. De esa manera podemos tomar conciencia de la conexión que establece nuestro yo profundo, como contemplador de lo viviente, con la sustancia de lo contemplado, como esencia de la Creación, al tiempo que concita el aliento de la contemplación, que atiza la creación artística o literaria.

Los contemplativos de las diferentes confesiones y culturas han llegado a la conclusión de que “todo forma parte de Todo”. Muchos iluminados y poetas han reiterado su intuición de una verdad profunda, que infieren de la vivencia interior de su conciencia o de la revelación de una sabiduría superior. Constituye una manera de aludir al vínculo entrañable que se establece entre una criatura con la dimensión esencial del Universo. Cuando tenemos conciencia de esa realidad, podemos establecer una relación armoniosa y empática con el mundo circundante. Mediante ese vínculo se fortalecen los poderes de la sensibilidad y la conciencia, al tiempo que despertamos los sentimientos estéticos, cósmicos y místicos, vertientes luminosas de nuestra dimensión espiritual y creativa.

Las diferentes manifestaciones del arte, la filosofía, la literatura, la religión y la mística despiertan la sensibilidad estética y espiritual, ahondan en la energía interior de la conciencia y potencian la vida del espíritu, cuyo disfrute permite ahondar en el sentido de lo viviente mediante el cultivo de la verdad que edifica y la belleza que ilumina.

 

Sensibilidad, contemplación y  creación

 

En vista del impacto que lo real produce en la conciencia, hay implicaciones físicas y metafísicas en el desarrollo de la sensibilidad estética y espiritual. La obra de arte suele ser el producto más reputado de la sensibilidad estética y, en tal virtud, genera la emoción estética con el reconocimiento de lo que somos interiormente. En atención a la valoración de lo que permanece y trasciende, esta valiosa faceta de la creación artística y literaria presenta un nivel de intelección que no suele llegar a la multitud, sino al interior de la persona con sensibilidad estética y espiritual, al interior del contemplador consciente, en cuya virtud experimenta lo que estremece la sensibilidad y la conciencia. Si valoramos esa dimensión espiritual de la sensibilidad, podemos tener una vida más luminosa, creativa y fecunda.

Contamos con varios poderes perceptivos, como los sentidos físicos, que perciben la dimensión sensorial de lo existente, así como los sentidos metafísicos, que captan la faceta trascendente de las cosas. Entre esos sentidos metafísicos o interiores prevalecen la intuición, la imaginación y la memoria, claves para la operación intelectiva y operativa de la creación.

Hay fuerzas que motorizan la creatividad y con ella el disfrute de la belleza y el sentido. Existen también fuerzas negativas, como el miedo, baja autoestima y, en el peor de los casos, el desaliento del espíritu, que menguan el disfrute de la vida y la creación. Por suerte, hay fuerzas positivas, como el amor, la confianza y el entusiasmo, que impulsan la vivencia interior y la creatividad. Desde luego, los aspectos negativos que disminuyen la capacidad de creación, como la ignorancia, el atraso o la indiferencia, se pueden combatir. La indiferencia ante la belleza y el sentido es una expresión de un estado de aneromia (palabra formada por los vocablos griegos an, ´sin´ y eros ´amor´), una dolencia de la sensibilidad. Para los antiguos griegos, el concepto de eros no se refería solo a la dimensión sexual o erótica del amor, sino también a la potencia interior de la conciencia que concita entusiasmo para vivir, aliento para crear y anhelo para progresar, de manera que la energía erótica entraña un poder interior que desata la potencia creadora, así como el deseo de vivir y de saber. Sin eros el hombre carece de aliento y entusiasmo. En estado anerómico, el individuo no tiene motivación para actuar, desarrollarse o medrar. En cambio, el entusiasmo alienta la sensibilidad y la conciencia. El entusiasmo es un don  divino (“entusiasmo” viene del griego en ´dentro´ y Theos ´Dios´, ´estar en Dios´, vale decir, experimentar el estado interior de la conciencia en cuya virtud el sujeto recibe el aliento divino. (Del griego ἐνθουσιασμός se formó enthusiasmus en latín y entusiasmo en español).

Una persona entusiasta se muestra henchida de emoción y alegría, ya que cuenta con el aliento vigoroso de la divinidad. Por eso, los místicos son seres entusiastas y jubilosos porque tienen el aliento que estimula el intelecto, la llama que atiza la sensibilidad y el impulso que alienta la creatividad. Mediante la contemplación de lo viviente, usufructuamos el encanto de la Creación y se enriquecen nuestras vivencias y emociones.

Entre los atributos del lenguaje, están el poder de reflexión y el de la creatividad, como una manifestación singular de nuestra condición humana, derivado del Logos, identificado por los antiguos pensadores presocráticos como la clave del homo sapiens. El Logos funda la energía interior de la conciencia, poder que posibilita el desarrollo del lenguaje, el poder de reflexión y la creatividad. Entre las manifestaciones operativas del Logos, contamos con la vida interior de la conciencia, el disfrute de la vivencia estética y la vocación de trascendencia. El creador de una obra literaria, de pensamiento o de ciencia, cuenta con esos atributos, a los que suma la intuición y la inspiración.

Es ingente el aporte de la inteligencia y la sensibilidad en orden a la creación científica, humanística o artística: el fenómeno de la percepción, mediante los sentidos físicos y metafísicos; el poder de comprensión, mediante la captación de lo sensorial y lo trascendente; el sentido profundo de las cosas, con su valor y su connotación simbólica; y la dimensión interior de lo viviente, en cuya virtud consignó William Blake que el genuino creador es aquel que sabe “ver un mundo en un grano de arena o un cielo en el pétalo de una flor”. De ahí la importancia de la intuición, básica para entender el lenguaje del arte, sentir la emoción estética y disfrutar la fruición espiritual. Por eso, los creadores de poesía y ficción no pueden ser meramente intuitivos, sino individuos con formación intelectual y estética.

Respecto a la valoración y el sentimiento de la belleza y el sentido, los dos polos esenciales de la creación literaria, hay tres manifestaciones de la sensibilidad trascendente:

1.     La vivencia estética en cuya virtud la contemplación de la belleza concita el encanto ante el esplendor de lo viviente, con el disfrute de la emoción estética.

2.     El sentido cósmico en cuya virtud la contemplación de la belleza genera admiración y asombro, con el consecuente sentido de lo bello. La vivencia del sentido cósmico genera un sentimiento de afinidad con lo existente que llamamos empatía cósmica.

3.     El sentimiento místico en cuya virtud la contemplación de la belleza genera el sentimiento de lo divino, con la admiración por el Creador del Mundo. Esa vivencia de la sensibilidad combina el deleite sensorial, el sentido cósmico y la fruición mística. La vivencia de la mística genera la fruición espiritual y, a veces, la experiencia extática.

Esos aspectos son complementarios de los motivos que propician la energía creadora y el impulso de creación. Por eso los griegos llamaban poiesiς (poiesis) a la creación artística y literaria (6).

 

Sentido trascendente del arte y la literatura

El arte encauza el sentimiento de ternura cósmica o sentimiento espiritual hacia la Naturaleza: permite recuperar la relación con el ambiente natural, a través de la contemplación del bosque, la lluvia, la noche, las estrellas… Al sentir sus efluvios, la sensibilidad establece el vínculo espiritual con lo viviente y atiza el sentido estético, el sentido cósmico y el sentido místico.

En tal virtud, el desarrollo de la sensibilidad trascendente concita:

1. La contemplación de la Naturaleza como recurso para recuperar la relación empática con lo viviente a través de sus fenómenos y cosas.

2. La sensación de compenetración sensorial, afectiva, intelectual, imaginativa y espiritual con lo existente. Los niños, los primitivos y los místicos experimentan un sentimiento de coparticipación con lo viviente de una manera entrañable y rotunda.

3. La percepción de la dimensión espiritual de lo existente, hecho que permite sintonizar los efluvios de las cosas y valorar su dimensión esencial.

4. La comprensión de pertenencia a la totalidad de lo existente, en virtud del concepto de que todo forma del Todo. La sabiduría espiritual de la memoria cósmica es la fuente vinculante con el Numen del Cosmos.

5. El sentimiento místico de lo viviente, con la convicción de que, al compartir un vínculo con la Energía Espiritual del Universo, la vida tiene un sentido con una misión inherente a la condición humana.

Desde luego, la obra artística o literaria tiene funciones específicas, ya que encauza el sentido de la creatividad; desarrolla la energía espiritual de la conciencia; concita la emoción estética; imprime un sentido trascendente a la vida y canaliza el sentido de la belleza, la verdad y el bien (7).

El arte propicia el reconocimiento de las apelaciones profundas de la sensibilidad y la conciencia. El desarrollo de la sensibilidad estética y espiritual entraña la contemplación y la valoración de la Naturaleza, con el consecuente sentimiento de identificación afectiva, intelectual y espiritual con lo existente. Ese hecho conlleva la valoración de lo existente, con la convicción de que todo tiene belleza y sentido (8). De ahí la captación de la fuerza espiritual de lo viviente con el aliento del poder creativo que testimonia la percepción del mundo, canaliza la dimensión interior de lo viviente y formaliza nuestro punto de contacto con el Universo.

Quien ama la belleza percibe la energía espiritual de lo viviente. En tal virtud, el contemplador entra en conexión con el espíritu de lo viviente, al tiempo que percibe el mundo como expresión de la potencia divina, razón por la cual puede vivir poética y místicamente el mundo. Con razón decía Platón que el sentimiento de la belleza culmina en la valoración de Dios.

Finalmente, es importante subrayar el sentido ético del arte. El artista (y desde luego, el intelectual) tienen conciencia de que: 1. Puede edificar con su arte o su escritura. 2. Impulsar el conocimiento y la sabiduría. 3. Usar su talento para hacer crecer en el espíritu. 4. Mostrar que la creación se escribe, no para gloria personal, sino para el bien común y, sobre todo, para contribuir al crecimiento del espíritu. 5. Comprender que la creación constituyen una búsqueda del destino final que a todos nos aguarda.

La siguiente creación poética de Tulio Cordero, del poeta interiorista dominicano (9), alude a los tres aspectos vinculados a la sensibilidad espiritual y estética para la valoración de la belleza y el sentido, ya que ilustra el sentimiento estético, el sentimiento cósmico y el sentimiento místico, como se aprecia en “A veces la noche y sus espejos”:

 

Sobre el pináculo de este día

cuelga su halo el azul.

Se postra.

Todas las gotas de agua en mil fuentes salpican.

Y el miedo se repliega. ¿Eres Tú que te acercas?

Tarde la vida en esta esquina bosteza.

Y tiembla la llama azul de la vela en la mesa.

¿Eres Tú que te asomas?

Espejo que son los vientos…

Jadea la brisa y se espanta.

¡Tardaste tanto! ¡Tardaste tanto!

Un ángel duerme en la puerta que nadie toca.

Espera. Dime. ¿Eres Tú que vienes a buscarme?

Pura como piedra en el arroyo va la noche.

A medio vestir la luna calla. Grillos se despiertan.

Viento zarandea puertas que no abre.

Viento alguna flor desnuda.

Canto de cristal la noche es.

Cada cosa está en el mismo lugar

donde la dejara el viento.

Duerme la noche.

(Era necesaria esta quietud para despertar los sueños).

Espera la luna que esa nube pase para acercar su lumbre

y desnudar bosques donde ya nadie va.

La luz espera para reunir los pétalos

que el viento nocturno ha de dispersar.

 

Bruno Rosario Candelier

Academia Dominicana de la Lengua

Santo Domingo, 7 de noviembre de 2011.-

 

Notas:

  1. Cfr. Werner Jaeger, Paideia: Los ideales de la cultura griega, México, FCE, 1973, 5ta. Ed., pp. 13ss. La persona que ha desarrollado el don de la creación, poieiς  para los griegos, hace un aporte creativo con sentido estético, que realiza mediante la sensibilidad => la base de la creación; la intuición => la chispa de la creación; la imaginación => la fuente de la creación; la pasión => el aliento de la creación; y la inspiración => el motivo de la creación.
  2. Cfr. Federico García Lorca, en Obras completas, Madrid, Aguilar, 1954, p. 93. La frase de García Lorca consigna: “(…) si es verdad que soy poeta por la gracia de Dios -o del demonio- también es verdad que lo soy por la gracia de la técnica y el esfuerzo, y de darme cuenta en absoluto de lo que es un poema”.
  3. Cfr. Bruno Rosario Candelier, El Logos en la conciencia, Santo Domingo, Academia Dominicana de la Lengua, 2010, pp. 9-21.
  4. Dice Pierre Teilhard de Chardin (Yo me explico, Madrid, Taurus Ediciones, 1996, p. 151): “Llamo Sentido Cósmico a la afinidad, más o menos confusa, que nos liga sicológicamente al Todo que nos envuelve. La existencia de este sentimiento es indudable y tan antigua aparentemente como el origen del pensamiento. El Sentido Cósmico debió nacer tan pronto como el hombre se encontró frente a la selva, el mar, las estrellas. Y desde entonces se manifiesta su huella en todo lo que experimenta de grande y e indefinible en el arte, la poesía y la religión”.
  5. Cfr. Bruno Rosario Candelier, La mística en América: Contemplación, poesía y espiritualidad, Santo Domingo, Ateneo Insular, 2010, pp. 13ss.
  6. Entre los motivos creadores figuran sueños, desventuras, miedos y obsesiones. Mientras que, entre los factores de la creación, contamos con la nostalgia, la búsqueda, la apertura, la recuperación y la utopía.
  7. Cfr. Alexis Carrel, La incógnita del hombre, México, Editorial Diana, 1963, 2ª. ed., pp. 69ss. Los atributos de la inteligencia, la intuición y la sensibilidad son percepción, comprensión, interpretación, valoración e identificación.
  8. El arte tiene como objetivo generar una emoción estética y un sentido trascendente. En tal virtud, desarrolla la sensibilidad estética y espiritual; despierta el sentido de la belleza y el encanto del misterio; d­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­espliega la energía espiritual subyacente en el ser humano; potencia las inclinaciones intelectuales, morales, estéticas y espirituales; canaliza los valores interiores que dan un fundamento ético a la sociedad y la cultura; y propicia el desarrollo del espíritu.
  9. Tulio Cordero es un poeta dominicano del Movimiento Interiorista. Autor de valiosos poemas inspirados en el sentimiento de lo divino, tiene el don del sacerdocio, que comparte con el don de la poesía y la gracia de la mística. Tulio Cordero ha enaltecido la línea mística de la creación con la que potencia el desarrollo de la sensibilidad trascendente, mediante la cual disfruta la belleza sublime y el sentido profundo. La creatividad es un poder del que disponemos los hablantes y, justamente, un poder que se nos da para hacer la vida más hermosa, edificante y auspiciosa. Cfr. Bruno Rosario Candelier, Poesía Mística del Interiorismo, Santo Domingo, Ateneo Insular, 2007, pp. 217-223.

 

INTUICIÓN DE LA IMAGEN Y EL CONCEPTO

EN EL ARTE DE LA CREACIÓN LITERARIA

RESUMEN

La creación literaria es expresión de la sensibilidad espiritual y estética, que manifiesta tres aspectos vinculados con el hecho creador: el sujeto contemplador, que enfoca la dimensión sensorial de lo existente; el objeto de la contemplación, que aporta la sustancia de lo contemplado; y la relación entre el contemplador y lo contemplado, que genera intuiciones y vivencias canalizables mediante el lenguaje apropiado a cada arte.

El impacto que lo real produce en la conciencia genera una relación entre la inteligencia y la sensibilidad, ya que cuanto sucede, impregna una huella en la interioridad, que la obra literaria asume y recrea con sus recursos y figuraciones. En tal virtud, podemos encauzar creativamente el caudal de nuestras intuiciones y vivencias como fuente de emoción estética y fruición espiritual.

El mundo circundante está lleno de datos sensoriales que captan los poderes perceptivos de nuestra sensibilidad. El creador literario percibe lo que las cosas aparentan y sugieren, ya que puede captar el sentido profundo de su dimensión hermosa y elocuente. La sensibilidad espiritual y estética también nos vincula con la realidad profunda, que complementa y potencia, ya que la realidad no tiene una sola textura, sino varias facetas y vertientes, que en sus diferentes expresiones, están a disposición de nuestra percepción y pueden modificar nuestra valoración de lo existente e, incluso, nuestra misma creatividad. Tenemos la realidad objetiva, que perciben nuestros sentidos corporales; la realidad subjetiva, que crea nuestra imaginación; y la realidad trascendente, que no se agota en la percepción sensorial de los sentidos ni en la invención de la imaginación, sino que comprende la dimensión interna y metafísica, a la que podemos acceder mediante los sentidos interiores. La razón profunda del arte y la literatura es contribuir al desarrollo de la sensibilidad trascendente para impulsar la vivencia de la emoción estética y la fruición espiritual de la conciencia. Mediante el concurso de la palabra, las imágenes simbólicas y los recursos compositivos, formalizamos la percepción de la belleza y el sentido.

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En las dos, es decir, en la del Ateneo y la Academia.
Un abrazo
Brc
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Hay fuerzas que motorizan la creatividad y con ella el disfrute de la belleza y el sentido. Existen también fuerzas negativas, como el miedo, baja autoestima y, en el peor de los casos, el desaliento del espíritu, que menguan el disfrute de la vida y la creación. Por suerte, hay fuerzas positivas, como el amor, la confianza y el entusiasmo, que impulsan la vivencia interior y la creatividad. Desde luego, los aspectos negativos que disminuyen la capacidad de creación, como la ignorancia, el atraso o la indiferencia, se pueden combatir. La indiferencia ante la belleza y el sentido es una expresión de un estado de aneromia (palabra formada por los vocablos griegos an, ?sin? y eros ?amor?), una dolencia de la sensibilidad. Para los antiguos griegos, el concepto de eros no se refería solo a la dimensión sexual o erótica del amor, sino también a la potencia interior de la conciencia que concita entusiasmo para vivir, aliento para crear y anhelo para progresar, de manera que la energía erótica entraña un poder interior que desata la potencia creadora, así como el deseo de vivir y de saber. Sin eros el hombre carece de aliento y entusiasmo. En estado anerómico, el individuo no tiene motivación para actuar, desarrollarse o medrar. En cambio, el entusiasmo alienta la sensibilidad y la conciencia. El entusiasmo es un don  divino ("entusiasmo" viene del griego en ?dentro? y Theos ?Dios?, ?estar en Dios?, vale decir, experimentar el estado interior de la conciencia en cuya virtud el sujeto recibe el aliento divino. (Del griego ???????????? se formó enthusiasmus en latín y entusiasmo en español).
Una persona entusiasta se muestra henchida de emoción y alegría, ya que cuenta con el aliento vigoroso de la divinidad. Por eso, los místicos son seres entusiastas y jubilosos porque tienen el aliento que estimula el intelecto, la llama que atiza la sensibilidad y el impulso que alienta la creatividad. Mediante la contemplación de lo viviente, usufructuamos el encanto de la Creación y se enriquecen nuestras vivencias y emociones.
Entre los atributos del lenguaje, están el poder de reflexión y el de la creatividad, como una manifestación singular de nuestra condición humana, derivado del Logos, identificado por los antiguos pensadores presocráticos como la clave del homo sapiens. El Logos funda la energía interior de la conciencia, poder que posibilita el desarrollo del lenguaje, el poder de reflexión y la creatividad. Entre las manifestaciones operativas del Logos, contamos con la vida interior de la conciencia, el disfrute de la vivencia estética y la vocación de trascendencia. El creador de una obra literaria, de pensamiento o de ciencia, cuenta con esos atributos, a los que suma la intuición y la inspiración.
Es ingente el aporte de la inteligencia y la sensibilidad en orden a la creación científica, humanística o artística: el fenómeno de la percepción, mediante los sentidos físicos y metafísicos; el poder de comprensión, mediante la captación de lo sensorial y lo trascendente; el sentido profundo de las cosas, con su valor y su connotación simbólica; y la dimensión interior de lo viviente, en cuya virtud consignó William Blake que el genuino creador es aquel que sabe "ver un mundo en un grano de arena o un cielo en el pétalo de una flor". De ahí la importancia de la intuición, básica para entender el lenguaje del arte, sentir la emoción estética y disfrutar la fruición espiritual. Por eso, los creadores de poesía y ficción no pueden ser meramente intuitivos, sino individuos con formación intelectual y estética.
Respecto a la valoración y el sentimiento de la belleza y el sentido, los dos polos esenciales de la creación literaria, hay tres manifestaciones de la sensibilidad trascendente:
1.     La vivencia estética en cuya virtud la contemplación de la belleza concita el encanto ante el esplendor de lo viviente, con el disfrute de la emoción estética.
2.     El sentido cósmico en cuya virtud la contemplación de la belleza genera admiración y asombro, con el consecuente sentido de lo bello. La vivencia del sentido cósmico genera un sentimiento de afinidad con lo existente que llamamos empatía cósmica.
3.     El sentimiento místico en cuya virtud la contemplación de la belleza genera el sentimiento de lo divino, con la admiración por el Creador del Mundo. Esa vivencia de la sensibilidad combina el deleite sensorial, el sentido cósmico y la fruición mística. La vivencia de la mística genera la fruición espiritual y, a veces, la experiencia extática.
Esos aspectos son complementarios de los motivos que propician la energía creadora y el impulso de creación. Por eso los griegos llamaban poiesi? (poiesis) a la creación artística y literaria (6).

Sentido trascendente del arte y la literatura

El arte encauza el sentimiento de ternura cósmica o sentimiento espiritual hacia la Naturaleza: permite recuperar la relación con el ambiente natural, a través de la contemplación del bosque, la lluvia, la noche, las estrellas. Al sentir sus efluvios, la sensibilidad establece el vínculo espiritual con lo viviente y atiza el sentido estético, el sentido cósmico y el sentido místico.
En tal virtud, el desarrollo de la sensibilidad trascendente concita:
1. La contemplación de la Naturaleza como recurso para recuperar la relación empática con lo viviente a través de sus fenómenos y cosas.
2. La sensación de compenetración sensorial, afectiva, intelectual, imaginativa y espiritual con lo existente. Los niños, los primitivos y los místicos experimentan un sentimiento de coparticipación con lo viviente de una manera entrañable y rotunda.
3. La percepción de la dimensión espiritual de lo existente, hecho que permite sintonizar los efluvios de las cosas y valorar su dimensión esencial.
4. La comprensión de pertenencia a la totalidad de lo existente, en virtud del concepto de que todo forma del Todo. La sabiduría espiritual de la memoria cósmica es la fuente vinculante con el Numen del Cosmos.
5. El sentimiento místico de lo viviente, con la convicción de que, al compartir un vínculo con la Energía Espiritual del Universo, la vida tiene un sentido con una misión inherente a la condición humana.
Desde luego, la obra artística o literaria tiene funciones específicas, ya que encauza el sentido de la creatividad; desarrolla la energía espiritual de la conciencia; concita la emoción estética; imprime un sentido trascendente a la vida y canaliza el sentido de la belleza, la verdad y el bien (7).
El arte propicia el reconocimiento de las apelaciones profundas de la sensibilidad y la conciencia. El desarrollo de la sensibilidad estética y espiritual entraña la contemplación y la valoración de la Naturaleza, con el consecuente sentimiento de identificación afectiva, intelectual y espiritual con lo existente. Ese hecho conlleva la valoración de lo existente, con la convicción de que todo tiene belleza y sentido (8). De ahí la captación de la fuerza espiritual de lo viviente con el aliento del poder creativo que testimonia la percepción del mundo, canaliza la dimensión interior de lo viviente y formaliza nuestro punto de contacto con el Universo.
Quien ama la belleza percibe la energía espiritual de lo viviente. En tal virtud, el contemplador entra en conexión con el espíritu de lo viviente, al tiempo que percibe el mundo como expresión de la potencia divina, razón por la cual puede vivir poética y místicamente el mundo. Con razón decía Platón que el sentimiento de la belleza culmina en la valoración de Dios.
Finalmente, es importante subrayar el sentido ético del arte. El artista (y desde luego, el intelectual) tienen conciencia de que: 1. Puede edificar con su arte o su escritura. 2. Impulsar el conocimiento y la sabiduría. 3. Usar su talento para hacer crecer en el espíritu. 4. Mostrar que la creación se escribe, no para gloria personal, sino para el bien común y, sobre todo, para contribuir al crecimiento del espíritu. 5. Comprender que la creación constituyen una búsqueda del destino final que a todos nos aguarda.
La siguiente creación poética de Tulio Cordero, del poeta interiorista dominicano (9), alude a los tres aspectos vinculados a la sensibilidad espiritual y estética para la valoración de la belleza y el sentido, ya que ilustra el sentimiento estético, el sentimiento cósmico y el sentimiento místico, como se aprecia en "A veces la noche y sus espejos":

Sobre el pináculo de este día
cuelga su halo el azul.
Se postra.
Todas las gotas de agua en mil fuentes salpican.
Y el miedo se repliega. ¿Eres Tú que te acercas?
Tarde la vida en esta esquina bosteza.
Y tiembla la llama azul de la vela en la mesa.
¿Eres Tú que te asomas?
Espejo que son los vientos.
Jadea la brisa y se espanta.
¡Tardaste tanto! ¡Tardaste tanto!
Un ángel duerme en la puerta que nadie toca.
Espera. Dime. ¿Eres Tú que vienes a buscarme?
Pura como piedra en el arroyo va la noche.
A medio vestir la luna calla. Grillos se despiertan.
Viento zarandea puertas que no abre.
Viento alguna flor desnuda.
Canto de cristal la noche es.
Cada cosa está en el mismo lugar
donde la dejara el viento.
Duerme la noche.
(Era necesaria esta quietud para despertar los sueños).
Espera la luna que esa nube pase para acercar su lumbre
y desnudar bosques donde ya nadie va.
La luz espera para reunir los pétalos
que el viento nocturno ha de dispersar.

Bruno Rosario Candelier
Academia Dominicana de la Lengua
Santo Domingo, 7 de noviembre de 2011.-

Notas:
1. Cfr. Werner Jaeger, Paideia: Los ideales de la cultura griega, México, FCE, 1973, 5ta. Ed., pp. 13ss. La persona que ha desarrollado el don de la creación, poiei?  para los griegos, hace un aporte creativo con sentido estético, que realiza mediante la sensibilidad => la base de la creación; la intuición => la chispa de la creación; la imaginación => la fuente de la creación; la pasión => el aliento de la creación; y la inspiración => el motivo de la creación.
2. Cfr. Federico García Lorca, en Obras completas, Madrid, Aguilar, 1954, p. 93. La frase de García Lorca consigna: "(.) si es verdad que soy poeta por la gracia de Dios -o del demonio- también es verdad que lo soy por la gracia de la técnica y el esfuerzo, y de darme cuenta en absoluto de lo que es un poema".
3. Cfr. Bruno Rosario Candelier, El Logos en la conciencia, Santo Domingo, Academia Dominicana de la Lengua, 2010, pp. 9-21.
4. Dice Pierre Teilhard de Chardin (Yo me explico, Madrid, Taurus Ediciones, 1996, p. 151): "Llamo Sentido Cósmico a la afinidad, más o menos confusa, que nos liga sicológicamente al Todo que nos envuelve. La existencia de este sentimiento es indudable y tan antigua aparentemente como el origen del pensamiento. El Sentido Cósmico debió nacer tan pronto como el hombre se encontró frente a la selva, el mar, las estrellas. Y desde entonces se manifiesta su huella en todo lo que experimenta de grande y e indefinible en el arte, la poesía y la religión".
5. Cfr. Bruno Rosario Candelier, La mística en América: Contemplación, poesía y espiritualidad, Santo Domingo, Ateneo Insular, 2010, pp. 13ss.
6. Entre los motivos creadores figuran sueños, desventuras, miedos y obsesiones. Mientras que, entre los factores de la creación, contamos con la nostalgia, la búsqueda, la apertura, la recuperación y la utopía.
7. Cfr. Alexis Carrel, La incógnita del hombre, México, Editorial Diana, 1963, 2ª. ed., pp. 69ss. Los atributos de la inteligencia, la intuición y la sensibilidad son percepción, comprensión, interpretación, valoración e identificación.
8. El arte tiene como objetivo generar una emoción estética y un sentido trascendente. En tal virtud, desarrolla la sensibilidad estética y espiritual; despierta el sentido de la belleza y el encanto del misterio; d­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­espliega la energía espiritual subyacente en el ser humano; potencia las inclinaciones intelectuales, morales, estéticas y espirituales; canaliza los valores interiores que dan un fundamento ético a la sociedad y la cultura; y propicia el desarrollo del espíritu.
9. Tulio Cordero es un poeta dominicano del Movimiento Interiorista. Autor de valiosos poemas inspirados en el sentimiento de lo divino, tiene el don del sacerdocio, que comparte con el don de la poesía y la gracia de la mística. Tulio Cordero ha enaltecido la línea mística de la creación con la que potencia el desarrollo de la sensibilidad trascendente, mediante la cual disfruta la belleza sublime y el sentido profundo. La creatividad es un poder del que disponemos los hablantes y, justamente, un poder que se nos da para hacer la vida más hermosa, edificante y auspiciosa. Cfr. Bruno Rosario Candelier, Poesía Mística del Interiorismo, Santo Domingo, Ateneo Insular, 2007, pp. 217-223.
 
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FUNDAMENTO ESTÉTICO DEL INTERIORISMO

CONCIENCIA, INTERIORIDAD Y CREACIÓN

Por Bruno Rosario Candelier 

 

“Dado que en un punto determinado la trama del Universo posee una cara interna, resulta indiscutible que es bifaz por estructura, es decir, en toda región del espacio y el tiempo… coextensivo a su exterior, existe un interior de las cosas” (Pierre Teilhard de Chardin).

 

Contemplación, intuición y creación poética

Cuando en 1990 formalicé el ideario estético de la POÉTICA INTERIOR para promover una literatura trascendente, desarrollé tres intuiciones operativas: el principio de la INTERIORIZACIÓN, mecanismo de la creación para captar y expresar la dimensión de lo real que produce un impacto en la conciencia; el principio de la REALIDAD TRASCENDENTE, fuente de la faceta esencial de lo existente; y el principio del SENTIDO METAFÍSICO, clave para la valoración de la vertiente interna y mística de lo viviente.

Como movimiento literario, el Interiorismo enfoca, mediante el lenguaje de la intuición, la dimensión esencial y trascendente de las cosas, la huella de lo real en la conciencia y el sentido que alienta el desarrollo de la sensibilidad espiritual y estética (1).

La energía interior de la conciencia cifra el don del lenguaje, el poder de reflexión y la capacidad de creación. Intuido por Heráclito de Éfeso como la clave de la inteligencia, el Logos funda la intuición de la conciencia, la iluminación de la realidad y la creación espiritual y estética, que los principios, técnicas e imágenes del Interiorismo procuran para el despliegue de la inteligencia y la sensibilidad en busca de la belleza que deslumbra y el sentido que edifica.

 
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EL LOGOS EN LA GESTACIÓN DE LA CONCIENCIA

LENGUAJE, CONCEPTUALIZACIÓN Y CREACIÓN

Por Bruno Rosario Candelier

 

A Federico Henríquez Gratereaux,

Pensador luminoso de reflexiones profundas.

 

“La palabra, antes de ser pronunciada en el escenario,

vive en la historia del hombre como dimensión fundamental

de su experiencia espiritual” (Karol Wojtyla, Mousiké).

 

Lenguaje, intuición y conceptualización

 

Fueron los antiguos pensadores presocráticos, con Heráclito a la cabeza, los que inventaron el concepto de Logos, al que asignaron el significado de ´pensamiento´, ´espíritu´, ´idea´, ´sentido´, ´discurso´, ´palabra´ y ´verbo´. Al concebir el logos como esencia del espíritu y alma de las palabras, Heráclito le atribuía un carácter divino, que posteriormente san Juan, en su Evangelio, vincularía al mismo Dios, llamándolo Logos o Verbo, con mayúscula, para distinguirlo de la palabra encarnada o del logos que atesoramos los humanos.

Los antiguos griegos concebían la Naturaleza como expresión sagrada en razón de su origen divino. Los pensadores presocráticos, en estado de contemplación, se dedicaban a pensar el Mundo y a crear belleza. Heráclito reflexionó sobre el ordenamiento de lo viviente, el desarrollo de la conciencia y la potencia de la palabra.

De las reflexiones de Heráclito de Éfeso podemos inferir tres profundas intuiciones que fundaron la cultura de Occidente: 1. La presencia de la energía interior de la conciencia, principio espiritual del pensamiento, que denominó LOGOS. 2. La existencia de una sabiduría universal o memoria cósmica acumulada en algunas capas del Universo, aliento de la inteligencia y la sensibilidad, que llamó NUMEN. 3. La necesidad de la vida interior de la conciencia a favor del crecimiento del espíritu, que nombró NOMOS.

 
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LA LENGUA Y LA BELLEZA DE LA PALABRA

La belleza de la forma y la belleza del concepto

 

Por Bruno Rosario Candelier

“…el don de la vida es ya poema,

aunque estemos necesitados, todos,

de la belleza encarnada de su Verbo”.

(Helena Ospina Garcés)

 

A Érika Chinchilla,

que apacienta la belleza sutil.

La belleza de la forma en la palabra

Como un don singular de la condición humana y como expresión de la energía interior de la conciencia, la lengua encarna el caudal de palabras y conceptos que refieren la percepción de lo real, el testimonio de nuestra capacidad de reflexión y el poder de nuestra creatividad.

La palabra tiene dos aspectos claramente definibles: la belleza de la forma y la belleza del concepto. La primera se vincula con la forma de presentación que, en el arte literario, se canaliza en el estilo; la segunda se relaciona con la conceptuación del pensamiento que, en la obra literaria tiene la función de apelación, cosmovisión y orientación.

La poesía propicia una luminosa comprensión de lo real ya que la esencia de esa creación verbal radica en ser la voz de la conciencia y la voz profunda del Cosmos. En tal virtud, además de la belleza de su forma, tiene un perfil conceptual de honda repercusión intelectiva y espiritual, ya que la gran poesía revela la voz interior, tanto del hablante, como de la realidad misma de las cosas.

 
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CONCIENCIA Y CREACIÓN POÉTICA
EN LA LÍRICA DE ROBERTO JOSÉ ADAMES

Por Bruno Rosario Candelier

A Eduardo Gautreau de Windt
Voz acabalgante de la belleza y el misterio.

Por donde escapa distendida la luz
El ojo de la carne digo
no el inmortal que nos devela
una gravitación o una presencia
”.
(Roberto José Adames)

Hay un tema vinculante entre el contenido de una obra poética y la realidad que la inspira en atención al vínculo entrañable en todo lo que existe. Lo que percibimos a través de los sentidos (datos sensoriales de cosas, personas y bestias, fenómenos naturales, mares y estrellas) constituye una manifestación de la realidad natural y una expresión de la Energía Superior de lo existente, cantera de la que procede el ordenamiento natural. Ese ORDENAMIENTO es la clave del COSMOS, con el ORDEN DEL MUNDO. Todo, entonces, se somete a un orden en función de una relación armoniosa y ordenada.

 
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LA POESÍA RELIGIOSA EN LAS LETRAS DOMINICANAS
EXPERIENCIA ESPIRITUAL Y CONEXIÓN CÓSMICA

Por Bruno Rosario Candelier

A Ofelia Berrido,
Que vive el fulgor de la Llama divina.

“Soy un gorrión que habita entre vosotros”.
(Salmos bíblicos)

 

Las tendencias de la espiritualidad se manifiestan en la creación literaria, que autores y estudiosos de las humanidades asumen como una expresión del talento creativo de ser humano y, en consecuencia, su cultivo y su estudio responden a una necesidad interior inherente a nuestra esencia, aunque a menudo, en virtud de corrientes adversas de pensamiento con actitudes displicentes de descreimiento, vaivenes ideológicos y prejuicios conceptuosos, algunos intelectuales y científicos soslayan las tendencias espirituales que fortalecen la base de la condición humana, vinculada al desarrollo de la conciencia.

En virtud de la Sabiduría Espiritual del Numen y de doctrinas y creencias, se potencian las mejores fuerzas de nuestro espíritu y se canalizan las manifestaciones creativas de la inteligencia y la sensibilidad. Las dos grandes vertientes de la dimensión espiritual del creyente son la religiosa y la mística, que tienen su cauce expresivo en el arte y la poesía.

La espiritualidad, la religiosidad y la mística constituyen una genuina expresión de la dimensión trascendente del ser humano. En tal virtud, tenemos una vida interior que fragua el crecimiento del espíritu, con la obra emanada de la dimensión metafísica de la conciencia. Esa dimensión propicia la experiencia estética, la experiencia religiosa y la experiencia mística, cauce de un placer emocional, una fruición interior y un éxtasis arrobador, como se ha plasmado en la poesía religiosa y la lírica mística.

 
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FUNDAMENTO ESTÉTICO DEL INTERIORISMO

CONCIENCIA, INTERIORIDAD Y CREACIÓN

Por Bruno Rosario Candelier

"Dado que en un punto determinado la trama del Universo posee una cara interna, resulta indiscutible que es bifaz por estructura, es decir, en toda región del espacio y el tiempo... coextensivo a su exterior, existe un interior de las cosas". (Pierre Teilhard de Chardin)

Contemplación, intuición y creación poética

 

 

En la fragua de la experiencia interiorista

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El apetito de sus miradas me enloquece, lo admito: mi corazón late al ritmo de vuestro  parpadear   . Quiero recordarlos como algo que es y al mirarlos descubro que hasta el Sol quiere estar en sus ojos y que en cada interpretación  que hacen de mis gestos, de mis versos y de mi prosa  me dan un abrazo. Me aseguraré de que sus mercados espirituales sean eficientemente abastecidos, a buenos precios.

No saber debatir los desafíos de las evoluciones espirituales de nuestras  sociedades y el no saber crear marcos teóricos que posibiliten su sana expansión, sino gastar nuestro caminar en este sendero de la vida debatiendo  los proyectos personales y legislando emociones  para garantizarnos impunidades de conciencia, hace de los liderazgos un verdadero lodazal, estanca la evolución espiritual del alma humana y frena las posibilidades del amor, ata a  ese divino sentimiento integrado por la poesía, la música y la libertad.

 
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Equilibrio y Felicidad en Utopía

 

La búsqueda de la felicidad supone el encuentro con el  equilibrio. En el mundo de los cuatro elementos, es decir, el fuego, la tierra, el aire y el agua, la presencia o no de ese equilibrio podemos medirla digitalmente, en el universo espiritual, en el mapa del alma la medida del mismo es ilusoria, sentida su presencia  por un sentimiento de fuerza interior que los humanos hemos bautizado como Fe. El punto más álgido de felicidad que puede alcanzar una persona, tanto en el universo físico como en el espiritual, es que logre su sueño. Y Utopía culmina su aventura haciéndolo, logra el sueño de reunirse con Tarzán, aunque lo haya encontrado en un estado de desintegración arrancador de lágrimas, parido de dolor.

 
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Acerca del Autor

Don Bruno Rosario Candelier
Nació en Moca el 6 de octubre de 1941. Filólogo, ensayista, crítico literario, narrador, educador y promotor literario. Es licenciado en educación por la Universidad Católica Madre y Maestra y doctor en filología hispánica por la Universidad Complutense de Madrid. Preside la Academia Dominicana de la Lengua y es miembro de la Academia Norteamericana de la Lengua Española.