Por Bruno Rosario Candelier

 

Te miro y el fuego de tus ojos me consume.

El viento recio de tu aliento se lleva mis palabras”.

(Josanny Moní Mota)

   El primer encuentro literario del Ateneo Insular al que asistió Josanny Moní (1) fue el que celebramos en la Colina Mística de Santo Cerro hacia finales de 2014.

   -Aquí le traigo a esta bella poeta -me dijo Rafael Peralta Romero al presentármela.

   Y yo advertí en la sonrisa luminosa de Moní, en su mirada escrutadora y en su actitud abierta y empática, un singular talante que luego confirmé en su caudalosa sensibilidad espiritual, su fina expresión estética y su entrañable conexión con el fluir de lo viviente, según el testimonio poético consignado en el poemario Musa (2).

   Esta agraciada poeta oriunda de Miches, llamada Josanny Moní Mota (1), vino al mundo con una vigorosa dotación perceptiva de su sensibilidad estética para sintonizar los fluidos telúricos de su terruño natal y las emanaciones estelares del cielo soldeño, lo que atizara su conciencia espiritual de lo viviente con un sentido de coparticipación de su ser con el alma del mundo, como se aprecia en el siguiente texto (3):

 

Soy un grano de arena

que late en las aguas profundas del Universo

volcada por sus olas telúricas hacia la superficie

Soy una brizna de luz

en la frontera de la risa y el llanto.

Tengo todo porque primero fui nada

sumergida, arrastrada, sacudida…

Tejida entre frialdad y espanto

para luego renacer a una nueva conciencia

más ligera para caminar por nuevas realidades.

Ajena al prurito de lavas volcánicas

que arden en mis silencios

cerré los ojos y pude ver la luz.

   El poemario Musa irradia una onda sugerente de la gema estética y espiritual de la sensibilidad de Josanny Moní como un crisol de luz y sabiduría. “Bañada de luna” en el fuero de su interioridad, según revela en uno de sus poemas, nuestra autora se siente impregnada de “amapolas de estrellas”, como expresa en “Al verde mi alma”.

La agraciada poeta interiorista de Miches tiene una alta ponderación del espíritu que acompaña a lo viviente, dimensión esencial para entender el sentido de la vida desde lo material hasta lo trascendente. De cuanto fluye de su ser, límpido y genuino, puedo inferir algunos rasgos indicativos de su genio interior, como la singular condición de su alma en sintonía con la esencia cósmica. La connotación física y espiritual de la gracia inmersa en la luz afloran en sus versos. Con una alta valoración de la belleza sutil, que fecunda su sensibilidad estremecida, eleva el alma que su espíritu consiente, tras asumir el fluir de lo viviente en una relación sensorial, erótica y espiritual de su ser interior con el ser de las cosas. En esa compenetración profunda, esa mujer con esos singulares atributos se empalma a la urdimbre cósmica como medio de conexión para ascender, a través de las ondas telúricas y estelares, a la belleza inmarcesible y al sentido que no perece, concitado por la pasión subterránea de esta Eva tropical y antillana.

   La doctrina de la contemplación estética enseña el concepto de que hemos de sentir lo contemplado para captar su esencia. Ese planteamiento se corresponde, en la vivencia erótica y mística, con la experiencia de fusión, que consiste en sentirse integrado a la esencia de lo viviente, en la que el alma de nuestra poeta tiene la sensación de confundirse con la cosa. Contemplando la flor, percibe y pondera la flor, siente como la flor y finalmente encarna la flor en su ánfora interior, sintiendo que ella es el objeto contemplado. Es una manera de sentir, disfrutar y compartir el esplendor de la Creación.

   Cuando le envié el texto del párrafo anterior por correo electrónico a Josanny Moní, ella me escribió el 26 de agosto de 2015 esta perla: “Cuánto agradezco el gesto de sus palabras, en las cuales me deleito una y otra vez como el agua que cae de una fuente inagotable en las profundidades de las montañas. Quiero tatuar estas palabras en mi memoria, que se disuelvan en mi sangre, que formen parte de mi ADN; por eso tomé el texto y lo imprimí, con la intención de colocarlo cerca de mi almohada para que sea el último bocado que pruebe mi ser antes de dormir y el primero al despertar. ¡Gracias!”.

   Al día siguiente le escribí a la agraciada poeta michense lo que sigue: “Un singular atributo que pude apreciar en tu alma es el poder interior de tu conexión cósmica, vale decir, el potencial de tu conciencia trascendente. Viniste al mundo con la capacidad para sentir y entender el sentido de fenómenos y cosas, captar verdades profundas y recrear cuanto ves, imaginas o intuyes. En virtud del Logos que nos identifica, tenemos el instrumental para pensar, sentir y expresar nuestras percepciones entrañables. Desde que fuimos creados e instalados en algún ámbito de este mundo contamos con poderes que nos fueron otorgados por Quien nos hizo a su imagen y semejanza para que hagamos de nuestra vida una estancia luminosa en la tierra mediante la vivencia de la belleza y el sentido que capta la esencia y el fulgor de lo viviente. Por eso la belleza, la gracia y la intuición te fueron dadas para que tengas una vida más hermosa y una existencia más grata. Fuiste agraciada con una dotación física y espiritual para sentir el esplendor del mundo mediante los sentidos físicos y espirituales, con el poder de la sensibilidad para sentir, la dotación del intelecto para comprender y el don del lenguaje para crear y expresar el encanto del mundo, como lo haces en tu poesía y ficción, y esos poderes alcanzan tantas posibilidades en la reflexión, la creación y la interpretación. En tu lírica se atisban tus dones, una vía excelsa para trascender, y un medio para experimentar, con armonía y esplendor, las vivencias del espíritu en su triple dimensión estética, erótica y mística, viviendo el más auténtico sentido de la vida. Cuando vencemos los factores que coartan la sensibilidad, nos sobreponemos a las fuerzas negativas y activamos la energía creadora en armonía con la Fuerza Espiritual del Cosmos, haciendo el aporte de nuestra intuición al cauce infinito de la conciencia trascendente”.

   Entonces Moní Mota de nuevo se sintió motivada para escribirme, como en efecto lo hizo el 30 de agosto de 2015, remiéndome el siguiente mensaje: “Una vez más gracias por sus palabras, aunque no sé si alegrarme  o asustarme: en realidad es mucho lo que dice, que no sé si esté en la capacidad de encarnar lo que expresa. Nunca me había percibido nadie así, ni siquiera yo misma, tal como lo hace usted. Vayan estas palabras como agradecimiento. Quisiera ser más prolífera en la pluma como lo es usted. A veces se me ocurren buenas ideas, pero a la hora de plasmarlas se esfuman parcialmente o lo que logro escribir es un triste reflejo de lo que siento y pienso, por lo cual he deseado muchas veces que existiese una máquina que pueda ir escribiendo mis pensamientos, al tiempo que van surgiendo nuevas ideas. Con toda honestidad le digo que no sé si es verdad todo lo que externa de mi persona, pero he decidido creerlo y asumirlo. La vida viene de la Vida, los pensamientos y análisis también surgen de algún lugar que bien pueden ser sobre de la base de ciertos planteamientos ya existentes o simplemente de una idea que el viento pone en nuestras cabezas con la misma normalidad que da vida a los columpios del parque o a las mecedoras de cualquier balcón dando la impresión de tener vida propia aun cuando nadie les ocupe. Del mismo modo puede recibir un alma datos del día, de la noche o de una aparente nada que está cargada de vida y significado, y  que podemos sintonizar con lo que constantemente tañen los vientos. La experiencia de entrar en contacto con otras experiencias puede resultar una ventana para acercarnos al mundo de otros, contemplar su interior y beber de las gotas que emanan de su ser hasta sentir (aun sea por breves instantes) como la fuente que destila. Esta es quizás la única forma de permanecer vivos… Gracias, Moní”.

El mensaje de Josanny Moní confirma que nuestra poeta participa del “dolorido sentir” de Garcilaso de la Vega. Posee la dotación de la sensibilidad para “sentir en la materia”, y la dotación de la conciencia para “sentir en el espíritu”. Esa doble condición de la interioridad humana indica que el mundo de sus vivencias va más allá de las manifestaciones aparentes ya que es amplia, abierta y empática su antena espiritual, lo que confirma que ella tiene desarrollada la sensibilidad trascendente (que es la dimensión espiritual de la interioridad), pues en ella hay signos de una alta dotación interior. Mediante la conexión de su alma con el alma del mundo fluyen irradiaciones estelares, una manera de decir, que tiene las condiciones estéticas y espirituales para percibir y canalizar las altas vivencias del espíritu y, desde luego, para canalizar la creatividad estética y espiritual de su inteligencia en virtud de la conexión cósmica de su sensibilidad, condición que le permite crear poesía y ficción, al tiempo que capta, entiende y recrea mensajes profundos de la cantera infinita.

   Edificante y hermosa es la disposición de la conciencia para desarrollar el talento creador a la luz de nuestras intuiciones y vivencias. Desde el asombro que producen las hermosas sensaciones y los fenómenos sutiles, encauzamos las inquietudes que nos llevan al silencio, la contemplación, la meditación, la oración o la creación. Moní Mota experimenta una especial inclinación hacia la naturaleza, en un todo armónico; ese ‘fundirse’ con el alma de lo viviente para encontrarse con la trascendencia, implica sentirse parte de un todo con ‘alma’, con cabal conciencia luminosa.

   Josanny Moní tiene un alma “bañada de luna” y un corazón impregnado de “amapolas de estrellas”. Fluye el aliento de su espíritu en sus cantos y la energía de lo viviente en sus palabras, vale decir, todo su ser se manifiesta en una onda de luz desde su alma tocada por el alma del mundo. Una honda vibración procedente de su conciencia concita la dimensión de lo viviente desde la fragua de su sensibilidad y su espíritu.

   En otra parte he dicho que bajo la perspectiva de la trayectoria existencial, la vida se puede vislumbrar como un viaje desde uno mismo hacia la Eternidad, desde la conciencia interior hacia la Conciencia Cósmica. Cada uno tiene su propia ruta y su propia circunstancia, con su historia y sus peculiares condiciones materiales y espirituales. En ese tránsito físico y espiritual, la mente intuye un cauce que la poesía, el arte, la religión, la filosofía y la mística ayudan a perfilar como se aprecia en la creación poética, la experiencia religiosa o la vivencia mística. Cada uno tiene un lugar y un punto de contacto en el Universo, mediante una conexión con la Energía Suprema de la Creación. Y cada uno experimenta apelaciones entrañables y descubre su vocación y la vía para su materialización. Se trata de una singular conexión que pauta la vía de una apelación y la ruta de un destino. Quien tiene conciencia de sí mismo, conciencia de la realidad y conciencia de la relación de todo con el Todo, vive una vida con hondura y sentido, y logra altos niveles en el ascenso del espíritu. Quien se ausculta a sí mismo y procura el sentido de fenómenos y cosas, con su intuición descubre que hay verdades poéticas y verdades interiores que la palabra formaliza en imágenes y conceptos. A la voz interior de la conciencia individual se suma la voz universal de la sabiduría cósmica, que el Numen registra con su estirpe espiritual de resonancias cósmicas, como la plasma la gran poesía cuando asume, perfila y recrea las señales secretas de lo arcano. Desde luego, los elegidos para canalizar la voz interior de la conciencia o la voz profunda del Cosmos, han de saber la alta misión para la que han sido convocados.

   La anterior reflexión nos podría ayudar a apreciar la imbricación erótico-cósmica en la escritura de Josanny Moní, en la que entrelaza el cuerpo humano con el cuerpo celeste visualizado en los astros, índice de la compenetración de la sensibilidad estética y espiritual de nuestra joven poeta interiorista:

Un pensamiento se derrite en tus labios

recién sacados del horno

que crece y fortalece como roble silvestre

Sus ramas tocando el firmamento de sus lunas

acariciando las estrellas detrás del cuello

Tus ojos han quedado enganchados en el astro

que cuelga de su oreja.

   La persona lírica de estos consentidos versos sabe jugar con las palabras que dejan escabullir las emociones entrañables con la personificación de las partes de la oración:

Corrientes encontradas levantando muros de frío

que paralizan a los verbos más inquietos

callando al sujeto que carece de predicado

fino, voluble y trasparente

Y ahora no dejo de respirarte

Te place cortarme la respiración

con cada suspiro atravesado.

   La emisora de estos dolientes versos, índice del “dolorido sentir”, confirma su identificación con la naturaleza. Nuestra poeta se siente parte de todo en comunión con el Todo. Y con orgullo se visualiza a sí misma como una de las criaturas de la Creación:

El aire está lleno de mi voz

Los ojos de las que me miran

son iguales a los míos

Cómo un sinfín de espejos

reflejan mi imagen

Rodeada estoy de mí

Soy un pájaro mirándose en un lago

Mi imagen distorsionada por la corriente

es una hoja que bate el viento

Un canto como el trinar de muchos pájaros

se escucha de mis entrañas

Y algunas plumas salen de mi cuerpo

sin que pueda evitarlo

Hay una voz que habla diferente

pero se escucha tan mía

que no sé si soy la que habla

o yo quien escucha.

En su doliente poetizar, expresión del caudal emotivo de su ánfora sagrada, Josanny Moní afirma su ser, certifica su voz y confirma su reclamo como una forma de sentirse a sí misma, revelar lo que su corazón anhela y canalizar el grito incontenible que mana del fuero secreto de su sensibilidad profunda, cauce y crisol de su conciencia sutil, que nuestra poeta expresa con la potencia de una sensibilidad crispada al modo lírico y volcánico de un Pablo Neruda en la estremecedora voz de Jorge Raúl Guerrero:

Yo soy la que grita

soy la que siente

la que gime

la que no duerme la que sufre

soy el llanto sin voz

La que corre por las noches desnuda

Soy la invisible   la que toca la puerta

la que rasguña la puerta

la que llama   la que grita

Si, la que grita

Yo soy la que espera

Tú eres la otra

Yo soy la que llama,

la que toca, la que toca.

Soy la que vibra

Yo soy la que arde.

 

Bruno Rosario Candelier

Encuentro del Ateneo Insular
Miches, Seybo, 18 de mayo de 2019.

Notas:

  1. Natural de Miches, provincia de El Seybo, República Dominicana, Josanny Moní Mota nació el 29 de diciembre de xxxx. Comunicadora social de profesión y oficio, se graduó en la Universidad Autónoma de Santo Domingo. Es miembro del Ateneo Insular y cultora del Movimiento Interiorista. Ha realizado varios cursos en diferentes disciplinas humanísticas. Y publicó su primera obra poética Musa, en 2014, con un prólogo de Rafael Peralta Romero.
  2. Josanny Moní Mota, Musa, Santo Domingo, Impresora Color Plas, 2014.
  3. “Una brizna de luz”. Poema inédito de Josanny Moní, al igual que otros textos suyos citados en este estudio sobre su creación poética.

Acerca del autor


Bruno Rosario CandelierNació en Moca el 6 de octubre de 1941. Filólogo, ensayista, crítico literario, narrador, educador y promotor literario. Es licenciado en educación por la Universidad Católica Madre y Maestra y doctor en filología hispánica por la Universidad Complutense de Madrid. Preside la Academia Dominicana de la Lengua y es miembro de la Academia Norteamericana de la Lengua Española.

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