BRUNO ROSARIO CANDELIER

IRENE PÉREZ GUERRA

ROBERTO GUZMÁN

 

DICCIONARIO FRASEOLÓGICO

DEL ESPAÑOL DOMINICANO

 

 

Academia Dominicana de la Lengua

Santo Domingo

2016

  

Colección “Estudios de nuestra lengua”, no. 2

Dirigida por Bruno Rosario Candelier

 

 

Diccionario fraseológico del español dominicano

Bruno Rosario Candelier, Irene Pérez Guerra, Roberto Guzmán

 

 

Agradecimiento:

A Fabio J. Guzmán Ariza

Presidente de la Fundación Guzmán Ariza

Pro Academia Dominicana de la Lengua

Colaboradores: Teresa Ayala, Lourdes Reyes, Mariela Guzmán, Mikenia Vargas, Perla Guerrero, Karla Tejeda, Rita Díaz, Inés Méndez, Valentina Flaquer y Francisco Rosario.

Revisión: Ruth Ruiz

Diagramación: Miguelina Frith

Impresión: Amigo del Hogar

ISBN:

Dirección postal
Casa de las Academias

C/Mercedes 204, Ciudad Colonial

Santo Domingo, República Dominicana

Dirección electrónica

Tel. y fax: 809-687-9197

http://www.academia.org.do

 

 

 

 

Academia Dominicana de la Lengua

Santo Domingo, Rep. Dominicana

2016

 

 

 

 

EL FUERO FRASEOLÓGICO DEL ESPAÑOL DOMINICANO

USO Y CREACIÓN DE IDIOLEXÍAS CRIOLLAS

 

Por Bruno Rosario Candelier

 

A Juan Alberto Peña Lebrón,

Estudioso y cultor de nuestro lenguaje.

“En la calle, en el tren, en el supermercado, oímos frases hermosas, ingeniosas o penetrantes, que fluyen espontáneamente en cualquier lengua viva” (Federico Henríquez Gratereaux, “A pleno pulmón”, Hoy, Santo Domingo, 24 de mayo de 2014, p. 2A).

   Cuando laborábamos en la confección del Diccionario del español dominicano, en el que incluimos un caudal de expresiones idiomáticas de nuestro pueblo, comprendí la necesidad de confeccionar un diccionario de las unidades fraseológicas del lenguaje dominicano, por la variopinta gestación de frases peculiares, la significación de las manifestaciones expresivas y el encanto de las idiolexías del habla criolla, una rica veta idiomática de nuestra creatividad lingüística y una singular muestra de nuestros modismos lingüísticos.

   Llamo idiolexías a la construcción de expresiones idiomáticas que forman frases, locuciones, giros, adagios, máximas, proverbios y refranes. De esas siete expresiones idiomáticas de nuestra lengua, en este Diccionario fraseológico del español dominicano (Difrado), vamos a privilegiar las cuatro primeras, es decir, frases, locuciones, giros y adagios. Las restantes serán trabajadas en un segundo volumen, Dios mediante.

   La conciencia de un lenguaje peculiar, con voces y expresiones que perfilan una identidad lingüística y un talante cultural, ha sido la motivación para emprender, en nombre de la Academia Dominicana de la Lengua, el acarreo y la descripción de idiolexías o frases idiomáticas para la confección de un diccionario fraseológico que comprenda el lexicón de locuciones, frases, adagios y giros del español hablado y escrito en la República Dominicana, cuyo contenido seleccionamos, definimos e ilustramos conforme la pauta establecida por la ciencia de la fraseología de la lengua española. Hemos acarreado las expresiones del español dominicano en la lengua oral y escrita de los diferentes estratos sociales y culturales, ambientes urbanos y campesinos, estamentos juveniles y adultos de la sociedad dominicana para la elaboración de este diccionario, incluidas las expresiones del lenguaje de la calle y del habla rural, de letrados e incultos, de analfabetos e ilustrados.

   La descripción de las unidades fraseológicas, con los significados, las acepciones y los usos de los hablantes, implicaba la confección de un diccionario especializado en las expresiones de una de las modalidades de nuestra lengua, como es el español hablado y escrito en la República Dominicana. Eso es lo que presentamos en este diccionario fraseológico dominicano, donde recogemos las expresiones idiomáticas en el uso del habla viva de los dominicanos y en la expresión escrita en periódicos, revistas y libros de autores que han hecho uso de las diversas idiolexías. Este diccionario está destinado a todos los hablantes y estudiosos de nuestra lengua, confiados en que es una útil fuente de consulta de cuantos se interesan por el conocimiento y el estudio del español dominicano.  

   Las unidades léxicas forman las palabras, y las unidades fraseológicas perfilan las idiolexías. Con dos o más palabras se forman las unidades fraseológicas o idiolexías, en virtud de su composición, sus variantes distintivas y sus connotaciones semánticas que dan cuenta del modo de hablar de una comunidad en sus diferentes sectores demográficos y socioculturales. Esas formas del habla colectiva, integradas casi siempre por dos o más palabras, son expresiones idiomáticas del español de España, del español de América y del español dominicano. Desde luego, no siempre la unión de dos palabras forma una idiolexía, pues a menudo constituyen una lexía compleja. Por ejemplo, “cabeza visible” no es una unidad fraseológica sino una lexía compleja ya que está compuesta de dos vocablos con el significado propio de un lema o entrada del diccionario. Las lexías complejas o compuestas no constituyen expresiones idiomáticas o unidades fraseológicas de la lengua. Por esa razón, según este criterio, no son idiolexías las creaciones de expresiones complejas formadas por un sustantivo y un adjetivo, como “cabra loca”, “calor humano”, “cara dura”, “cuento chino”, “disco duro”, “disco rayado”, “buen diente”, “oro cochano”, etc., aunque si a esas formas complejas del habla se les agrega un verbo, pueden formar un frasema o idiolexía, como “tener buen diente” o “ser un disco rayado”.

Por otra parte, debemos distinguir la frase idiomática, de la frase literaria. Llamo frase literaria a citas conceptuales o expresivas importantes que contienen un pensamiento y una forma elegante en su expresión, usada con propiedad, corrección y belleza, en la que suele haber una verdad profunda o un contenido edificante y sugerente. En cambio, denomino frase idiomática a la unidad fraseológica que, conformada por dos o más palabras, perfilan una fórmula expresiva llamada modismo, locución o frase, que se usa con frecuencia en el lenguaje coloquial. El siguiente planteamiento del educador romano Plutarco, “Las almas no son vasos que se han de llenar, sino antorchas que se han de encender”, es una frase literaria; pero, si empleo uno de los verbos de esa cita, “llenar”, y digo “poco a poco llena la gallina el buche”, se trata de una frase idiomática por la implicación coloquial y la aplicación comparativa en el uso del lenguaje.

   El campo de la fraseología constituye una singular faceta de la peculiaridad idiomática de nuestra lengua ya que el cultivo y la creación de expresiones idiomáticas revelan aspectos entrañables del genio lingüístico de nuestros hablantes.

   Tres rasgos manifiestan las unidades fraseológicas de nuestra lengua: su condición traslaticia, emocional y coloquial, que aportan un matiz singular a las idiolexías de nuestra lengua. Así lo confirman las variopintas expresiones del español dominicano (“La soga se parte por lo más fino”; “Las palmas son más altas y los puercos comen de ellas”; “Terco como una mula”; “Nunca es más negra la noche que cuando va a amanecer”; “¡Borrón y cuenta nueva!”, “Me tiene quillao”, etc.).

   Recogemos y desglosamos en este Diccionario las expresiones que usan los dominicanos de los diferentes estamentos generacionales, socioculturales y estilísticos sin cortapisas: andar de capa caída, al paso, subir el vidrio, buche y pluma no más, dar lengua, ser un fanfarrón, meter la pata, crecer de vicio, no sacar una gata a mear, echar un polvo, donde el diablo dio tres gritos, privar en guapo, andel diablo, etc.

   Sea de factura criolla (meter un chivo), originario de España (mandar a la porra), usado en Argentina (andar de capa caída) o creado en Puerto Rico (pasarla bomba), si se usa en República Dominicana, registramos esas expresiones en este Diccionario.

   Clasifico el campo fraseológico en dos grandes parcelas de expresiones idiomáticas: los idiolemas o frasemas (locuciones, frases, adagios y giros) y las paremias (máximas, proverbios y refranes). En este Diccionario fraseológico dominicano incluimos los idiolemas, y dejamos para otro libro las paremias, que también conforman las unidades fraseológicas que registra la lengua española en todas las variantes geográficas.

   Entiendo por locución la expresión idiomática en la que el sujeto de la oración es activo, es decir, ejecuta la acción del verbo. Ejemplos:

-soltar el buche. loc. vb. Decir la verdad. “Si fueran honestos y soltaran el buche, como se dice, se conociera la verdadera opinión de las partes…” (Orlando Gil, “Orlando dice”, Listín Diario, 23 de abril de 2014, p. 6A).

-tirar piedras hacia /para atrás. loc. vb. Cuestionar el pasado. “Dijo que no iba a tirar piedra hacia atrás…” (Orlando Gil, “Orlando dice”, Listín Diario, 21 de abril de 2014, p. 6A).

-afilar cuchillo para su propia garganta. loc. vb. Actuar contra sí mismo. “Afiló cuchillo para su propia garganta porque perdió de Leonel, que aprovechó la brecha para reelegirse en 2008” (César Medina, “Fuera de cámara”, Listín Diario, 24 de mayo de 2014, p. 2A).

   Distingo la frase porque en ella el sujeto de la oración es pasivo, es decir, no ejecuta la acción sino que la recibe, la contiene o la padece. También la frase se distingue en que es una expresión con un enunciado precedido de una conjunción o preposición en cuyo caso el enunciado supone o contiene tácito una forma del verbo ser. Ejemplos:

-el mismo que viste y calza. fr. col. Indica que se trata de quien habla o actúa.

-para decir mentiras y comer pescado hay que tener mucho cuidado. fr. col.

-ser cabeza dura. fr. pop. Ser terco y obstinado.

muchos caciques y pocos indios! fr. col. Indica que hay demasiados jefes y pocos subordinados.

   A su vez, el adagio es la expresión idiomática que entraña una enseñanza, una lección, una reflexión, un pensamiento o un sentido de las cosas. Tanto el adagio, como la frase, suelen tener una forma invariable. Ejemplos:

-las oportunidades las pintan calvas. adg. Enseña que cuando la ocasión se presenta, hay que aprovecharla. “Las oportunidades, dicen, se pintan calvas, y él tiene muchos cabellos” (Orlando Gil, “Orlando dice”, Listín Diario, 16/05/14/6A).

-después que se reparte el bizcocho, solo queda suspiro. adg. Indica que hay que hacer a tiempo las cosas, para no lamentarse. “Ellos fueron parte de la oposición a Miguel Vargas, y cuando vinieron a cambiar de idea, ya el bizcocho estaba repartido y solo quedaba el suspiro” (OGil, “Dice”, L. D., 1/04/14/ 6A).

   Por giro entiendo una expresión idiomática al margen de la cadena oracional que indica pregunta, salutación, admiración, asombro, queja, sorpresa, etc., como se puede apreciar en los siguientes ejemplos: “¿cómo estamos?”, “¡ah, pero bueno!”, “na e´na”, “hola, qué tal”, ¡no puede ser! Ejemplo de un giro que entraña una fórmula de rechazo o de incredulidad a algo inevitable. “(…) cuando tomaba fuerza ese increíble régimen dictatorial que habría de transformar el “¡no puede ser!” de sus opositores iniciales…” (Jacinto Gimbernard, “Otras cosas de la Era”, Hoy, 24/05/14/ 9A).

¡manos a la obra! giro. Auto para incitar a la acción. “Habiendo hecho este preámbulo, ¡manos a la obra!” (José Silié Ruiz, “De la moral”, Hoy, 25/05/14/10A).

¡anda pal carajo! giro. Expresa sorpresa, rabia o alegría. “¡Anda pal carajo! Los dominicanos deben tenerlo claro” (Orlando Gil, “Dice”, L. D., 26/05/14/6A).

   La locución tiene variantes: locución verbal (loc. vb.), locución adversativa (loc. adv.), locución adjetiva (loc. adj.) y locución sustantiva (loc. sust). Y la frase también: frase coloquial (fr. col.) y frase popular (fr. pop.). Los giros y los adagios no tienen clasificación.

Conviene distinguir los rasgos de cada una de las idiolexías o unidades fraseológicas, que comprenden locuciones, frases, adagios y giros. Si en la locución el sujeto es activo y, en tal virtud, ejecuta la acción (“Coger la calle”, dicho de una mujer, ´prostituirse´; “Guayar la yuca”, ´trabajar duro´; “tirar la toalla”, ‘abandonar una tarea’), en la frase el sujeto recibe el efecto de la acción (“Fulano es terco como una mula”, ‘indica que alguien es tozudo o testarudo’). Por adagio entiendo una frase conceptuosa que encierra una enseñanza o lección (“Más vale tarde que nunca”, “No hay mal que por bien no venga”). Y giro es un dicho o fórmula expresiva (“de tú a tú”, “de ahí, ahí”, “dime a ver”, “qué es lo qué”, “¡ah, pero bueno!”) que inicia o finaliza la comunicación.

   En el siguiente ejemplo, los coautores de esta obra hemos aplicado los criterios que consignamos en las unidades fraseológicas, según la siguiente ilustración:

adelante

dar para adelante/pa’lante. loc. vb. 1. Aprobar algo. Me preguntaste si apoyaba tu proyecto y yo te dije dale pa´ lante”. 2. Favorecer que se inicie una acción o un asunto. “Que tramiten todos los expedientes y le den para adelante” (MMatosMHabla222). 3. Animar o alentar a alguien para la consecución de su meta. "Hay que darle pa´ lante a los proyectos”.

   En nuestras operaciones fraseográficas aplicamos el siguiente decálogo:

  1. La entrada o palabra clave, con letras en negritas y en minúsculas, se consigna una vez para todos los ejemplos. Usamos la tipografía de Book Antiqua, no. 12.
  2. La unidad fraseológica, idiolexía o frasema se escribe en minúsculas y en negritas.
  3. La clasificación (loc. vb., loc. adj., loc. sust., loc. adv., fr. col., fr. pop., adg., prov., máx., sent., ref., giro), es decir, locución verbal, locución sustantiva, locución adverbial, frase coloquial, frase popular, adagio, proverbio, máxima, sentencia, refrán y giro se escriben en letras normales, en minúsculas, al lado de la idiolexía correspondiente.
  4. Se describe o formaliza la definición de la unidad fraseológica.
  5. Se consigna la numeración de las acepciones (si hay más de una), precedidas de los números, que se escriben en negritas.
  6. Se pone entre comillas el ejemplo de ilustración. Si no aparece la fuente del ejemplo, indica que es una creación de los redactores.
  7. Se resalta la frase en versalitas dentro del ejemplo donde aparece.
  8. Se pone entre paréntesis el nombre del autor (en el siguiente orden: inicial del nombre, los apellidos, el sustantivo que identifique el título de la obra, en cursivas, la numeración de la página donde aparece; si es de un periódico, el nombre del autor (con el mismo procedimiento), la inicial del periódico, la fecha consignada en día, mes y año de la siguiente manera: 18/10/15/3 (que equivale a 18 de octubre de 2015, p. 3).
  9. Cada nueva acepción, precedida de la numeración correspondiente en negritas, se define de acuerdo con la clasificación de dicha unidad fraseológica: la loc. vb. con un verbo en infinitivo; la loc. adj., con un adjetivo; la loc. adv., con un adverbio o similar; la frase y el adagio con el verbo “indica” o “se usa para…”; el giro con la indicación “Dicho”, “Fórmula” o “Se usa…”. 

   En la concurrencia de dos o más palabras que forman las idiolexías en sus locuciones, frases, adagios y giros idiomáticos está presente el atributo de la idiomaticidad en cuya virtud el significado de la frase no depende del sentido de cada uno de sus vocablos, sino de la significación global del conjunto de palabras que integran el enunciado idioléxico. De ahí la lexicalización o petrificación de las unidades fraseológicas, hecho que marca el carácter fijo y repetitivo de las expresiones idiomáticas que el uso oficializa y adopta en formas más o menos invariables. Cuando el hablante usa determinadas frases o locuciones, integradas a su discurso de una manera natural y espontánea, está activando una fórmula expresiva establecida, que viene en auxilio de la efectividad de la comunicación. (“contra viento y marea”, “entre Lucas y Juan Mejía”, “por las buenas o por las malas”).

   En la confección del Difrado procuramos recopilar el mayor caudal de idiolexías del habla de los dominicanos en sus diferentes niveles, tipos y variables, ordenados alfabéticamente bajo el lema o entrada clave, con la clasificación fraseológica correspondiente, las acepciones y significados pertinentes y sus ilustraciones oportunas. Para cubrir todo el abanico de posibilidades, hicimos acopio de idiolexías de hablantes del pasado y del presente, de jóvenes y adultos, sin establecer distingos entre campesinos y urbanos, iletrados e intelectuales, así como de las diferentes disciplinas y actividades humanas.

   Al ser esta obra el primer diccionario fraseológico dominicano hecho conforme la pauta lingüística de la fraseología, contiene idiolexías con sus respectivas connotaciones semánticas, en gran parte con su correspondiente ilustración o ejemplificación. En ese tenor, es un diccionario dialectal por su condición diferencial del español dominicano, que recoge cuatro de las idiolexías principales (locuciones, frases, adagios y giros), ya que dejamos para otro diccionario las expresiones paremiológicas (refranes, proverbios y máximas) que, Dios mediante, emprenderemos a su debido tiempo.

   Al registrar y definir el uso de las unidades fraseológicas del español dominicano, no discriminamos si son o no modalidades exclusivas de nuestro lenguaje, del habla americana o del español europeo, sino simplemente si los hablantes dominicanos las emplean en su habla viva o en sus escritos discursivos o literarios.

   Somos herederos y cultores de la lengua de Castilla, rica, fecunda y abierta, que en nuestra América hemos potenciado y enriquecido con nuevos aderezos semánticos, nuevas invenciones léxicas y nuevas formas idioléxicas en cuyo arsenal idiomático figuran voces y expresiones de un decir vivo, variado y elocuente que perfila nuestra identidad cultural. Los hablantes nacionales o los estudiosos extranjeros que hacen uso de nuestra lengua tienen a su alcance, con este Diccionario, datos y referencias de los fraseologismos léxicos y semánticos del español dominicano.

Tanto la macroestructura de la obra, como la microestructura de las entradas, fueron debidamente ponderadas a la hora de asentar las expresiones en este Diccionario. En efecto, tuvimos en cuenta la orientación fraseológica existente, aunque en ocasiones optamos por nuestro propio criterio para la descripción de las unidades fraseológicas. Valoramos por igual el habla oral, la página escrita de libros y periódicos y la fuente electrónica de medios audiovisuales. En todos los casos, hemos privilegiado el uso y dimos una definición pertinente y clara, a la que añadimos el ejemplo de uso, documentado en texto escrito o inventado por los redactores.

   En nuestro lexicón fraseológico hay frases heredadas de España (“Hay más días que longaniza”), expresiones de uso común en Europa y América (“A Dios rogando con el mazo dando”), dichos compartidos con algunos países americanos (“A otro perro con ese hueso”) o privativos del español dominicano (“Mandar a Higüey sin tortilla”). De todos modos, los autores de este Diccionario fraseológico optamos por incluir las expresiones que usan los hablantes dominicanos en su lengua oral (“Se le cayeron los palitos”) o en su lengua escrita (“A flor de piel”).

Hemos recogido las expresiones idioléxicas sin poner cortapisas a su forma, aunque sabemos que el uso tabuizado en nuestra sociedad impone en alguna circunstancia social alguna variante eufemística, ya que si en privado se dice “Cagarse fuera del cajón”, en público se prefiere “Hacerse pupú fuera del cajón”.

   El carácter fijo de las locuciones garantiza la conservación de sus partes y estructuras, y, desde luego, del código normativo de nuestra lengua. De ahí la conservación, a lo largo del tiempo, de las fórmulas expresivas del lenguaje coloquial y popular.

   Las modalidades que registran los fenómenos sociolingüísticos en su dimensión regional, social y estilística, que la ciencia del lenguaje clasifica en variantes dialectales en función de sus manifestaciones locales, de niveles y estilos (expresiones diatópicas, diastráticas y diafásicas), se manifiestan también en la creación de giros y fórmulas elocutivas, de la que el habla coloquial es la mayor cantera del decir fraseológico.

   En el lenguaje coloquial hay vocablos que tienen mucha vitalidad en expresiones populares, como la palabra “chivo”: ser un hombre chivo, ´ser terco y desconfiado´; meter un chivo, ‘introducir un escrito con disimulo a un examen’; ser una chiva, ‘dicho de una mujer liviana y fácil’; amarrar la chiva, ‘fingir que trabaja o pactar’; tener boca de chivo, ‘anticipar lo que va a suceder’; como chivo sin ley, ‘sin orden ni disciplina’; hacerse el chivo loco, ‘desentenderse’; ponerse chivo, ‘sospechar’; usar como chivo expiatorio, ‘castigar a alguien sin ser culpable’, etc.

   La contradicción de las unidades fraseológicas se manifiesta en que, a pesar de su estructura fija, aspecto que apuntala su carácter cerrado, el uso de frases y locuciones propicia un lenguaje vivo, es decir, coloquial, popular y ameno. Decir “cuando Pepito tenía la edad de hacerle el ruedo a las muchachas”, como dice Juan Bosch en La Mañosa, es una locución metafórica del lenguaje tradicional que le da cierto encanto a la narración. Por eso el lector hallará en esta obra locuciones tanto del campo (“Aquí amolando y siempre boto”), como de la ciudad (“Algunos no bajan el vidrio por privanza”); frases antiguas (“Pretender cargo”) y modernas (“darse un tire”); adagios obsoletos (“Qué culpa tiene la estaca que el maco salte y se enganche”) y actuales (“Hombre de una sola pieza”); giros juveniles (“¡Me tiene quillao!”), de los pequeñuelos (“hacer una piyamada”) o de los antiguos (“¡Agüaita, mamá!”).

   La connotación metafórica de las idiolexías se puede apreciar en su peculiar atributo referencial, es decir, sus formas expresivas dicen una cosa para aplicarse a otra. En efecto, si decimos “cruzar la raya”, no nos referimos al hecho físico de atravesar una marca, suceso que la originó, sino a tomar una decisión o realizar una operación que implica un acto de voluntad fuera de lo común. Si decimos “guayar la yuca”, no aludimos al hecho de rayar ese tubérculo comestible, como aparece en Indios, de Juan Bosch, sino a su aplicación traslaticia de ‘fajarse a trabajar’. El adagio “agua que no has de beber, déjala correr” se aplica no al agua en sí, sino a cualquier otra cosa que no debemos retener. Las expresiones idiomáticas del lenguaje tienen, pues, una vertiente traslaticia que las hace sugerentes y multívocas en sus sentidos y connotaciones.

   Aunque las frases tienen una implicación metafórica, no se deben confundir con metáforas. Por ejemplo, podemos usar metáforas en nuestra conversación o en cualquier escrito, pero las metáforas, como expresiones tropológicas del lenguaje, no son frases del caudal fraseológico sino recursos literarios del buen decir. “Al rayar el alba” es una metáfora, no un frasema, pero “tu lenguaje es un disco rayado” es una frase, no por su connotación metafórica, sino por la aplicación traslaticia de su uso. La expresión “hablar en parábolas” es una metáfora de origen bíblico, aunque se repita su empleo, como se repiten con frecuencia metáforas al estilo de “labios de rubí” o “las nieves del tiempo platearon mi sien”, como dice el tango. Desde luego, cuando las metáforas se repiten con frecuencia suelen lexicalizarse y perder su encanto metafórico, como ha pasado con muchas creaciones metafóricas, como “quemarse en un examen”, “perder de vista” o “tragarse un cable”. Las frases y locuciones suelen repetirse, pero su valor idioléxico radica, no en su condición metafórica, sino en la función significadora de su contenido por lo cual se pueden aplicar a diversas situaciones con las que guardan cierta relación. “Picar adelante”, originalmente fue una metáfora cuya repetición se convirtió en una frase de la lengua.

   La peculiaridad significativa de las unidades fraseológicas en el ámbito expresivo es lo que origina una frase, que suele ser un hecho real cuya connotación o atribución se puede aplicar, con sentido metafórico, a nuevas situaciones y nuevos usos. La frase “caer en un gancho” originalmente fue un hecho real que afectó a la víctima, pero repetida como frase no alude a la acción de ‘caer en una trampa’, sino al sentido de ‘ser sorprendido en su inocencia’, lo que tiene una connotación traslaticia. Esa es la diferencia de una frase del ámbito de la fraseología y una metáfora del lenguaje literario. Cuando surgió la frase “Quien quiere moño bonito aguanta jalones”, nació de un hecho real, es decir, de una mujer con “cabellos malos”, que a base de jalones, se los alisaron; pero esa frase, en sede fraseológica, tiene una aplicación metafórica porque se puede usar en cualquier situación que exija esfuerzo o sacrificio del sujeto para conseguir una mejoría. Por eso digo que las frases se inspiran en una ocurrencia de una realidad real y se aplican a otra realidad por su connotación o implicación traslaticia.

   La creatividad lingüística más copiosa se produce en el lenguaje coloquial, en la expresión espontánea del pueblo, que usa y conserva una mina de voces y expresiones de la lengua viva. Es el lenguaje de la calle o la vereda o el trillo, de la iglesia y el mercado, de la sala de fiesta y las tiendas, de las peluquerías y los colmadones, es decir, es en el lenguaje de la vida ordinaria, de la cotidianidad expresiva donde hallamos un caudal de expresiones fraseológicas, que los narradores y articulistas suelen incorporar a sus escritos, razón por la cual la fuente bibliográfica de la narrativa y la prensa escrita es una de las vías, después de la oralidad, donde encontramos la variedad de unidades fraseológicas que nos permiten mosstrar ejemplos contundentes.

   Las expresiones idiomáticas o idiolexías le dan un sabor peculiar al lenguaje distintivo de un pueblo con sus locuciones, frases, adagios, giros, refranes y máximas que matizan el decir de una comunidad de hablantes mediante la creación de aderezos fraseológicos del decir. Al sentido de una palabra, que describe la lexicografía, se suma el significado de una frase, como acontece en el fuero fraseográfico. Cada unidad fraseológica tiene un significado diferente al sentido de cada una de las palabras que la componen, lo que justifica su incorporación lo mismo en el diccionario de la lengua general, que en un diccionario de una variante regional o en un lexicón ad hoc, como es un diccionario fraseológico. Locución, frase, adagio o giro entrañan una unidad fraseológica compuesta por dos o más palabras (aunque el giro puede ser con una sola palabra), en cuyo contexto no se pondera el sentido de cada palabra individual, sino el significado del conjunto de las palabras que la componen, que en cada idioma tiene una función peculiar en atención al valor y la singularidad de las idiolexías, frasemas o expresiones fraseológicas.

   Por esa razón es pertinente diferenciar a cada una de las idiolexías del discurso fraseológico. La locución es un modismo del habla ordinaria que tiene un sujeto activo en cuya virtud ejecuta la acción. “Ramonita cogió fiao”, dice la vecina, para sugerir que su amiga mantuvo relaciones prematrimoniales. De ahí la marca diatópica o regional que se puede detectar en las expresiones fraseológicas. La locución tiene cuatro variantes: verbal, adverbial, sustantiva y adjetiva.

   La frase, por su parte, es también un modismo del habla corriente cuyo sujeto es pasivo, es decir, recibe el efecto de la acción verbal y suele usarse en un contexto oracional con sentido fijo. “Esa tarea es un cachú” (dicha de algo fácil de hacer), es una frase, como lo son las expresiones formadas con el verbo “ser”: ser una lámina, ‘exhibir una mujer una gran belleza’; ser una chiva, ‘gustar una mujer compartir su sexo’.

   Frases y locuciones entrañan la descripción de un sentido que se aplica a una situación diferente por la semejanza que guardan entre sí. De ahí la implicación metafórica de la fraseología. Si aplicamos la expresión “viento en popa” a una situación de bonanza, no significa que “viento”, como fenómeno de la naturaleza, esté en ese momento soplando a favor, sino que ese hecho, el del “viento que sopla a favor”, se aprovecha para aludir, metafóricamente, a una situación favorable. Por eso, esperar que el viento sople a favor es siempre recomendable, lo mismo en política, que en economía, en deporte o en amor. La frase puede ser coloquial, si se usa en todos los niveles socioculturales; y popular, si la emplean los sectores del populacho.

Las expresiones de giros, adagios, frases y locuciones son formas de la comunicación coloquial y culta que ponen sal al lenguaje. Tienen un rasgo expresivo y la impronta estilística del hablante. “Quieres darme pa’bajo y, después, adiós”. “Qué e’ lo que hay”, “guay, mama”, etc., tienen una marca diastrática o socio-cultural. Los giros idiomáticos, como fórmula expresiva del habla, tienen un uso contextual, coloquial y popular.

   La fuente donde abrevamos para expurgar las expresiones fraseológicas que aparecen en este Diccionario fueron las siguientes: la oralidad, la fuente primaria del uso vivo y elocuente del habla de una comunidad de hablantes, incluyendo la radio y la tv; la narrativa, especialmente obras de ficción, que registran el lenguaje de los personajes con sus locuciones, frases, adagios y giros idiomáticos; los diarios impresos, periódicos digitales y revistas electrónicas, que contienen un caudal de voces y expresiones.

   En su variopinta manifestación expresiva, las unidades fraseológicas se concretizan en locuciones, frases, adagios, giros, proverbios, refranes y sentencias. Como expresión adoptada de la lengua original o creada por la comunidad de hablantes, las expresiones idioléxicas fueron inicialmente una creación idiomática individual que pasó al arsenal colectivo del lenguaje popular o coloquial.

   Cuando hablamos de las expresiones fraseológicas, incursionamos en el fuero de las construcciones idiomáticas de amplio espectro a las que acuden los hablantes de nuestra lengua, lo mismo en España que en América, en Filipinas o en la Guinea ecuatorial de África. Lo mismo acontece en la lengua literaria como en el habla iletrada de nuestros pueblos, según podrá apreciar en este Diccionario el lector interesado en esta vertiente del lenguaje. Lo “cogieron asando batata”, locución del español criollo, equivale a la expresión española “lo pillaron con las manos en la masa”.

   Casi siempre, las frases y locuciones son creaciones espontáneas de los hablantes que, por su impacto expresivo y metafórico, se asumen como parte del lenguaje común y corriente de una comunidad. La frase “Hay más días que longaniza”, que me parecía de factura criolla, fue para mí una sorpresa cuando recientemente la escuché en una película española. Sin embargo, tanto esa frase, como las restantes expresiones fraseológicas que usa nuestro pueblo, aunque procedan de España o se usen en otros países, figuran en este Diccionario, que recoge esas expresiones en uso.

   En los libros, revistas y periódicos donde, además de la oralidad, rastreamos frases, locuciones, giros y adagios del español dominicano, he podido apreciar que los articulistas de prensa y los autores de obras de ficción que incorporan frases y locuciones a sus escritos son los que sienten una mayor identificación con el lenguaje de su pueblo y, en tal virtud, se pueden tipificar como los autores nacionales que experimentan una genuina identificación emocional con el alma dominicana y la expresión de nuestra gente, lo que confirma que el lenguaje es la mejor carta de identidad de nuestra idiosincrasia cultural. Y ya sabemos que la lengua es la cara visible de la cultura de un pueblo.

   Por esa razón, cuando me correspondió representar a la Academia Dominicana de la Lengua ante la Real Academia Española para colaborar en la actualización del Diccionario de la lengua española y en la confección del Diccionario de americanismos, tuve la satisfacción de proponer la incorporación de centenares de vocablos del español dominicano y de expresiones de nuestro lenguaje a esos importantes códigos lexicográficos de nuestra lengua. He aquí algunas de las locuciones dominicanas incorporadas al DA:

no ser cata ni garrapata. fr. pop. RD. No tener parentesco ni lazos familiares.

saber más que el lápiz. loc. vb. RD. Tener muchos conocimientos.  

serruchar el palo. loc. vb. RD. Quitarle el puesto a alguien.

pajaritos en el aire. loc. sust. RD. Promesas de difícil cumplimiento.

paño con pasta. loc. sust. RD. Arreglo de forma provisional.

en la olla. loc. adv. RD. Sin dinero, en estado crítico.

nacer para semilla. loc. vb. RD. Vivir para siempre, no morir.

meter un chivo. loc. vb. RD. Introducir veladamente un escrito en un examen.

mojar la mano. loc. vb. RD. Sobornar a alguien.

con el moño hecho. loc. adv. RD. A la espera de algo… que no sucede.

ahí se paran las aguas. fr. col. RD. Se usa para destacar el valor de algo o de alguien.

bajar el lomo. loc. vb. RD. Trabajar.

botar el golpe. loc. vb. RD. Descansar.

dar carpeta. loc. vb. RD. Molestar.

coger asando batata. RD. loc. vb. Atrapar en el acto.

coger la calle. loc. vb. RD. Prostituirse una mujer.

guayar la yuca. loc. vb. RD. Trabajar con esfuerzo.

hijo de Machepa. loc. sust. RD. Hombre pobre del pueblo.

El caudal de las expresiones fraseológicas recogidas en este Diccionario proceden de las siguientes fuentes: 1. El Diccionario del español dominicano, cuyas locuciones fueron reproducidas casi en su totalidad. 2. Obras narrativas de autores dominicanos que nuestro equipo pudo leer, ponderar y expurgar. 3. La fuente informativa de periódicos y revistas, en impresos físicos y formatos electrónicos. 4. La expresión oral escuchada en diversos escenarios (la calle, el campo, escuelas, templos, salas de audiencia, salones de labor o de fiesta, centros culturales, hospitalarios, colmados, supermercados y tiendas de expendio) o captada a través de la radio y la televisión dominicanas.

   Algunos usos los hemos compulsado con el Diccionario de americanismos, de ASALE, y el Diccionario de la lengua española; en diccionarios americanos, como el Diccionario fraseológico del habla argentina, de Pedro Luis Barcia y Gabriela Pauer; y el Diccionario fraseológico documentado del español actual, de Manuel Seco, Olimpia Andrés y Gabino Ramos, así como otros diccionarios del español americano.

   Esta nueva obra de la Academia Dominicana de la Lengua da un nuevo impulso a la bibliografía dominicana en el campo lexicográfico y enriquece el caudal de frases y locuciones del habla hispana, rica cantera del decir fraseológico.

   La lengua que hablamos, el español, se revitaliza con el aporte creativo de nuestro pueblo, cuyo acervo fraseológico mostramos en esta obra con la satisfacción de ofrecer a cuantos acudan a este libro la primera muestra de frases, locuciones, giros y adagios del español dominicano confeccionado bajo la pauta de la fraseografía hispánica.

   El uso de las formas fraseológicas en el español dominicano, que este Diccionario presenta, apuntala el caudal de locuciones, frases, adagios y giros del habla criolla que por vez primera se estudia en nuestro país con el rigor lingüístico pertinente.

   Los redactores de este Diccionario fraseológico (Bruno Rosario Candelier, Irene Pérez Guerra y Roberto Guzmán), al tiempo que recolectamos idiolexías en las fuentes correspondientes ya citadas, contamos con la colaboración en la búsqueda de ejemplos, bajo la supervisión de este director, de quienes espigaron idiolexías. Laboramos en el acarreo, la identificación y el expurgo de expresiones fraseológicas del español dominicano en uso, tomadas del lenguaje vivo de la oralidad y de la fuente literaria de libros, periódicos y revistas, incluidas las ediciones electrónicas de las redes en líneas.

   Este Diccionario es fruto del trabajo de tres autores: Bruno Rosario Candelier, Irene Pérez Guerra y Roberto Guzmán, que realizamos con la ayuda de colaboradores (Teresa Ayala, Lourdes Reyes, Mariela Guzmán, Mikenia Vargas, Perla Guerrero, Rita Díaz, Karla Tejeda, Inés Méndez, Valentina Flaquer y Francisco Rosario), la revisión de Ruth Ruiz y el diseño de Miguelina Frith, a quienes les agradecemos su valioso concurso.

   Queremos consignar nuestra gratitud al escritor y académico Fabio J. Guzmán Ariza, presidente de la Fundación Guzmán Ariza Pro Academia Dominicana de la Lengua, por su generoso auspicio para la publicación de esta obra.

   Los escritores de ensayo y ficción, en sus escritos discursivos y literarios, suelen emplear frases y locuciones del caudal de las idiolexías del lenguaje natural de su tierra, con lo cual patentizan el modo de expresión más genuino del pueblo, al tiempo que sintonizan una dimensión peculiar del decir criollo en su vertiente popular y coloquial, una manera efectiva y edificadora de conectar con la idiosincrasia de los hablantes y proyectar el talante de su cultura, cuya variante idiomática se describe en esta obra que perfila y enaltece la vertiente caribeña del español dominicano en América.

Bruno Rosario Candelier

Academia Dominicana de la Lengua

Moca, R. Dom., 28 de diciembre de 2015.

 

 

RECOMENDACIONES PARA EL USO DEL DICCIONARIO FRASEOLÓGICO DEL ESPAÑOL DOMINICANO

Por Yrene Pérez Guerra

  1. Objetivos y destinatarios

     El Diccionario fraseológico del español dominicano (Difrado) contiene los fraseologismos o unidades fraseológicas (UF) de uso empleados por el hablante nativo del español de la República Dominicana.

     Es el primer diccionario fraseológico académico del español dominicano, y ha sido concebido con rigor científico y apego a las técnicas fraseográficas empleadas en la confección de este tipo de obra lexicográfica.

     Debido a su carácter didáctico, el Difrado está dirigido a los usuarios de la lengua española, profesores, estudiantes, profesionales y hablantes en general del español que deseen entender y comprender mejor el entramado fraseológico de uso de la variante lingüística de la República Dominicana.

     De modo que, un hablante nativo puede reconocer el significado de las UF en la praxis del habla. Sin embargo, para los usuarios del español como segunda lengua y de los demás países de habla hispana, este proceso puede revelar dificultades a la hora de establecer el significado propio de cada UF y su uso en una determinada variedad lingüística. En sentido general, es evidente que el Difrado podrá ser aprovechado por todo tipo de público.

  1. Características del diccionario

2.1. Fraseológico

     Por lo general, los diccionarios de lengua son colecciones ordenadas alfabéticamente con el caudal léxico o palabras pertenecientes a un determinado idioma. Se trata, pues, de diccionarios semasiológicos que registran los términos y locuciones pertenecientes a una lengua dada.

     En cambio, un diccionario fraseológico no es un repertorio de palabras, sino de fraseologismos propios del modo de expresión en una lengua dada, en el que se incluyen diversos tipos de agrupaciones más o menos fijas de palabras o conjuntos que cumplen una función gramatical[1], y un valor más o menos estable propio.  

       En el entramado o caudal fraseológico incluido en este tipo de diccionario se encuentran locuciones, frases, modismos, etc., y se elabora con las técnicas propias de la fraseografía, la cual comparte gran parte de los principios fundamentales de la lexicografía tradicional.

   El adjetivo fraseológico asignado a este diccionario alude a las formas estables, prefabricadas con valor propio que proceden de la expresión lingüística imaginativa, pintoresca o peculiar del idioma.

2.2. Documentado

       Este diccionario ha sido elaborado en base al caudal fraseológico empleado en obras escritas y fuentes orales. Entre las primeras se encuentran tanto las fuentes primarias, como secundarias, de autores dominicanos, entre las obras literarias, textos lingüísticos (diccionarios y obras lexicográficas), periodismo escrito y revistas de actualidad. Entre las segundas se incluye el material procedente de la oralidad: medios de comunicación oral (radio y televisión) y del lenguaje hablado de uso común, para lo cual se han empleado los procedimientos investigativos propios de este tipo de datos lingüísticos (cuestionarios, encuestas, grabaciones y observación participante).

   Debido a la afinidad existente y notoria entre lo fraseológico y el habla, es oportuno haber tenido en cuenta la oralidad para establecer un inventario de UF lo más completo posible del lenguaje común. Es decir, el material incluido en este diccionario no se ha limitado únicamente al ámbito escrito sino también al oral, siempre y cuando todos los datos recogidos hayan sido empleados ante un público, tal como ocurre con las obras literarias o de otra índole. De este modo se zanja la idea tradicional de la no utilización de la oralidad en los diccionarios. Los medios de comunicación oral (radio y televisión) sirven de apoyo documental para este propósito.

 

2.3. De uso

     A pesar de ser un diccionario sincrónico, en el Difrado se toma en cuenta el uso fraseológico del español dominicano de los siglos XVI al XXI, con predominio de la actualidad idiomática, lo cual revela las particularidades propias del fraseologismo vigente y del que desaparece paulatinamente. Por lo que era necesario reunirlo en un volumen para su conservación, tanto a partir de datos orales como de escritos.

2.4. Descriptivo, diferencial y panhispánico  

       En el Difrado se incluyen tanto las UF propias del uso del habla local como los fraseologismos empleados en otros ámbitos del escenario lingüístico hispanohablante, tal como los emplean nuestros hablantes.

   En muchas ocasiones, las diferencias se pueden encontrar en el fraseologismo léxico (UF) o en el fraseologismo semántico (significado o acepciones).

   Se registran, igualmente, las UF de uso en el español dominicano que coinciden con otras del mundo hispanohablante con el propósito de atestiguar un empleo global de dicho caudal fraseológico.

   Los ejemplos reunidos en este diccionario muestran la necesidad de establecer o saber qué fraseologismos son realmente panhispánicos, o sea, empleados de manera idéntica en todo el mundo hispanohablante, y cuáles son particulares, o sea, utilizados de manera diferencial en una región lingüística dada o, además, cuáles son exclusivos de una sola comunidad de habla. Por tales razones, se incluyen en este diccionario las UF que pasan por un proceso de globalización léxica, algunas coincidentes, mientras que otras son diferenciales o exclusivas.

 

  1. Macroestructura

3.1. Selección del material fraseológico

   Las UF propias de este diccionario responden al criterio adoptado para su inclusión: la perspectiva estrecha o restringida.

   De acuerdo con esta metodología, hemos decidido incluir los siguientes tipos de fraseologismos que a continuación mencionamos con la siguiente denominación:

  • locuciones idiomáticas [2]
  • frases idiomáticas
  • adagios de la lengua
  • fórmulas idiomáticas

     Quedan fuera de este diccionario las UF tomadas en cuenta en la perspectiva amplia, tales como los refranes, proverbios, máximas y otros fraseologismos propios de este criterio de selección.

 

3.2. Locuciones

       Una locución idiomática es una secuencia de palabras con fijación interna, significado global y función gramatical, que funcionan como elementos de una oración y como un grupo de palabras que forman sentido.

3.2.1. Clasificación y ejemplos

   La taxonomía de las locuciones se basa tradicionalmente en las partes de la oración. Adoptando este principio, hemos incluido la siguiente clasificación que corresponde a las más frecuentes:

  • locución sustantiva (loc. sust.): la que hace función de sustantivo.

cabeza bien amueblada. loc. sust. 1. Persona capaz, ecuánime e inteligente. 2. Persona que disfruta de una mente privilegiada, equilibrada y buena preparación intelectual.

  • locución adjetiva (loc. adj.): la que hace función de adjetivo.

de caché bombita. loc. adj. 1. Referida a una situación, maravillosa, muy buena. 2. Referida a cosa, excelente. 3. Referida a persona, conforme, alegre y entusiasta.

  • locución verbal (loc. vb.): la que hace función de verbo.

dar con banda. loc. vb. Realizar algo con rapidez y sin control.

  • locución adverbial (loc. adv.): la que hace función de adverbio.

a la brigandina. loc. adv. A la ligera o mal hecho.

ni agua en el buche. loc. adv. Sin condiciones materiales, en especial monetaria.

3.2.2. Frases idiomáticas

   Bajo esta denominación se incluyen las expresiones o modismos formados por varias palabras, con significado global y que constituyen unidades de comunicación autónomas, independientemente de su estructura sintáctica o idiomaticidad.

   Las frases fijas idiomáticas se diferencian de las locuciones referenciales por su autonomía comunicativa.

   En esta denominación hemos incluido los siguientes tipos:

  • frase coloquial (fr. col.), que alude a las expresiones idiomáticas de uso espontáneo y generalizado:

a un bagazo poco caso, a un mojón poca atención. fr col. Indica la respuesta que se dice a alguien muy molestoso e insoportable.

  • frase popular (fr. pop.), que alude a las expresiones idiomáticas de uso menos generalizado y por un segmento social menos instruido:

entre bomberos no se pisan las mangueras. fr pop. Alude a que dos personas con los mismos gustos e intereses no se lastiman entre sí.

3.2.3. Adagio

           Hemos incluido, además, las formas idiomáticas que aluden y contienen un pensamiento y una enseñanza, dentro de una categorización de tipo mixto, complementaria con la restringida propia de este diccionario.

quien hizo la ley, hizo la trampa. adg. Indica que quien marca las pautas de una acción, puede ofrecer alternativas a su realización.

hasta lo mucho Dios lo ve. adg. Señala que todo el mundo percibe o distingue algunas cosas.

lo que no abunda no daña. adg. Muestra que siempre es bueno tener varias opciones para hacer o decidir algo.

3.2.4. Fórmulas rutinarias

   Este término designa los enunciados fraseológicos con función pragmática que funcionan como actos de habla utilizados de manera habitual o rutinaria. Hemos denominado a este grupo bajo el término genérico de giro, en el que se incluyen, igualmente, las locuciones interjectivas, las cuales poseen un fuerte componente pragmático en relación con los usuarios y las circunstancias de la comunicación.

¡dímelo, varón! giro. Se usa como forma de saludo entre iguales, amigos o conocidos.

¡qué cachaza! giro. Se usa para expresar asombro por una acción de soberbia y prepotencia.

¡qué caché! giro. Se usa para piropear a u. p.

  1. Lematización

   En este diccionario cada UF se consigna bajo una palabra clave, la cual constituye el lema del artículo fraseológico, ordenada alfabéticamente.

   De acuerdo con este criterio formal (Varela y Kubarth, 1996), se selecciona la palabra clave que ocupa el rango más alto en la jerarquía siguiente:

   Jerarquía: 1. Nombre propio. 2. Sustantivos. 3. Adjetivos. 4. Participios. 5. Adverbios. 6. Verbos plenos. 7. Pronombres. 8. Numerales. 9. Verbos ser y estar. 10. Primera palabra[3]. Dadas las características propias del material fraseológico reunido en este diccionario, hemos privilegiado la jerarquización fraseográfica; sin embargo, cuando en una UF aparecen verbos con rica carga semántica, y un uso frecuente, hemos preferido incluirlas alfabéticamente en la letra correspondiente a la primera palabra.

  1. Microestructura de los artículos fraseográficos

5.1. Composición de los artículos fraseográficos

     Como diccionario ordenado por orden alfabético, cada UF se describe en un artículo encabezado por un lema (entrada), en el que se incluyen los elementos considerados para su estructura: lema, UF, tipo de UF, definición, ejemplos entre comillas, referencias de obras primarias, referencias de obras periodísticas escritas, muchas de las cuales no siempre aparecen en el artículo fraseográfico. Las referencias se incluyen al final de cada artículo entre paréntesis. Los artículos fraseográficos pueden ser simples, en los que aparece una sola acepción, y los complejos, en los que aparecen más de un significado. Si en un mismo artículo fraseográfico aparecen varias acepciones, el número en negrita correspondiente a cada significado está colocado después de la categorización de la UF. Asimismo, cada artículo presenta una ordenación alfabética interna de cada UF perteneciente a la palabra clave u ordenadora de la fraseología incluida en cada uno. Tanto el lema como las UF aparecen en negrita, y las acepciones con número arábigo e igualmente en negrita. Ejemplo de artículo simple:

damisela

ir con damisela gigante. loc vb. Acompañarse de una mujer elegante y presumida.

Ejemplo de artículo complejo:

cargar(le) los dados. loc. vb. 1. Hacer trampa. 2. Ser enemigo de alguien. 3. Asumir alguien la responsabilidad de otro. 4. Culpar a alguien por algo que no hizo. 5. Ser impertinente con alguien.

                                                    

  1. 2 Definiciones

   De acuerdo con el tipo de material fraseológico incluido en este diccionario, los procedimientos para las definiciones son los siguientes:

  • definición perifrástica construida en metalengua de significado o analítica:

dar mucha agua de beber. loc vb. Provocar problemas e inconvenientes a alguien.

coger un aire. loc. vb. Enfermarse, con parálisis en alguna parte del cuerpo.

  • definición sinonímica, mediante una “unidad léxica simple” sinónima:

estericar la pata. loc vb. Morirse.

  • definición acorde con el tipo de UF: si es locución, frase, giro o adagio.

Las frases idiomáticas fijas (fr. col. y fr. pop.) y los adagios se inician con los términos indica, señala, alude, refiere, advierte, muestra, reconoce, destaca, da a entender; para los giros se incluye “se usa”, mientras que para las locuciones se adopta la convención establecida para cada tipo categorial. Si es sustantiva se expresa mediante un sustantivo; si es verbal, se selecciona un verbo; si es adjetiva, se encabeza con “referido a persona, cosa, situación”; y si es adverbial, se inicia con “en relación con…”, o una palabra equivalente a un adverbio, dado el caso de que la definición sea perifrástica. De lo contrario, cada UF se define con un sinónimo seleccionado de acuerdo con la categoría gramatical correspondiente a cada una.

  • frases idiomáticas:    

del mismo cuero saldrán las correas. fr. col. Indica que se obtendrá lo mismo en el lugar de siempre.

  • adagio:

si se abrevia el desorden, se evita el caos. adg. Señala que la organización asegura o garantiza la normalidad en algo.

  • giro:

¡y, cuidado! giro. Se usa para señalar que falta algo a lo dicho.

  • locución sustantiva:

cabeza de burro. loc. sust. Persona con ideas atrasadas.

  • locución verbal:
  • tener dentera. loc. vb. Molestar los dientes con la sensación de frío o de calor.
  • locución adjetiva:

de azuquita. loc. adj. Referida a persona, feliz, entusiasta, contenta.

  • locución adverbial:

fuera de base. loc. adv. En situación incómoda o comprometida.

  • con doble categoría:

de (los) dientes para afuera. loc adj/loc adv. Referido a persona, que actúa con falsedad e hipocresía.

                                                  

5.3. Convenciones

   En relación con la información gramatical, el género se señala en el mismo lema o palabra clave, cuando así lo requiera la UF. El uso y las definiciones determinan el género de cada UF.

Si una UF, en particular una locución, presenta más de una categoría gramatical, se incluirán separadas por una barra (/), y se definen de acuerdo a la mención de la primera identidad categorial. Por ejemplo: a todo dar. loc. adj./loc. adv. Magnífico, muy bien.

   Si una UF presenta varias acepciones, se menciona una sola vez la identidad categorial si esta se repite. Por ejemplo:

   jalar la sangre. loc. vb. 1. Gustarle una persona a otra. 2. Tener empatía dos personas, generalmente de la misma familia.

   Asimismo, las UF o idiolexías que están formadas por un término de otra lengua se consignan en su forma fonética hispanizada. Ejemplo:

kin sáis. loc. adj. 1. Referido a una cama, colchón o ropa de cama, de tamaño superior a la matrimonial. 2. De gran tamaño.

   Las convenciones tomadas en consideración en este diccionario son las siguientes:                  

       -letras: los lemas, las UF y el número de las acepciones se consignan en minúsculas y negrita; mientras que los ejemplos van en versalita.

       - (   ): se usa para indicar los elementos opcionales (palabras, morfemas de plural)

         -   /: la barra separa elementos conmutables, es decir, cambiar una palabra, UF, o forma por otra.

         - u.p., u.c., algo, alguien: las dos primeras se refieren a ´una persona´ y ´una cosa´ para distinguir sujetos humanos y otros. La misma distinción se hace en las dos últimas que designan complementos.

                                    

5.4. Ejemplos

     La ejemplificación de las UF escritas entre comillas, sobre el uso fraseológico del español dominicano en este repertorio procede, fundamentalmente, de la documentación considerada para la extracción de datos primarios (escritos y orales), tema abordado en el apartado 2.2. No se han incluido ejemplos sacados de las fuentes secundarias o lexicográficas. Sí, en cambio, se han añadido otros ejemplos redactados especialmente para este diccionario, así como del Diccionario del español dominicano, obra realizada por la ADL. Cada ejemplo incluido se consigna en el artículo fraseográfico resaltado en letra versalita.

   Queda documentada la evolución del fraseologismo del español dominicano y sus acepciones a través del tiempo, de acuerdo con la fecha de publicación de las distintas obras consideradas, y del material de los datos orales actuales.

Irene Pérez Guerra

Academia Dominicana de la Lengua

Santo Domingo, 23 de noviembre de 2015

 

 

UNA ORIENTACIÓN FRASEOGRÁFICA

 

Por Roberto Guzmán

 

   Aunque pueda parecer extraño en situación aislada, las frases hechas forman parte de una lengua coherente, clara, en tanto instrumento perfecto para la expresión del pensamiento, que no está desprovista de plasticidad. Además, juegan el papel de archivo donde reposan muchos de los rasgos que diferencian al hablante dominicano de otros hablantes de español. Constituyen estas frases partes de la memoria de la sociedad al reunir elementos de la cultura que las propicia pues son un producto espontáneo de la visión del mundo que los individuos de esa sociedad se forman. Los elementos que se incorporan en estas frases son extraídos de la sociedad por los individuos y se convierten en un testimonio de la sociedad misma. Estas unidades fraseológicas operan en el ámbito de la realidad, en el nivel de la actividad cotidiana del hablante.

   Las unidades fraseológicas en la lengua popular dominicana constituyen un vasto tapiz, un mosaico de colores variados, en el que los matices se establecen casi insensiblemente. Con la ayuda de ellas el dominicano no se expresa mediante conceptos, sino que recurre a imágenes. La característica muchas veces destacada de la fraseología es que contribuye en gran medida a imprimirle mayor amenidad a la expresión, ya sea esta oral o escrita. Ella se inserta sobre todo en el estilo coloquial y popular que es donde se reconoce el pueblo. Aquí, en este diccionario, se ha construido un recipiente para dar testimonio de la experiencia lingüística de la comunidad dominicana en lo concerniente a la fraseología. Este repertorio de un modo sutil refleja los sentimientos e intereses de los dominicanos.

   Generalmente, las expresiones, para acumular fuerza comunicativa necesitan del paso del tiempo y el uso intensivo. Nacen en un contexto histórico que permite establecer la asociación de las palabras con la idea evocada. Esta idea así motivada, deriva de la significación de las palabras componentes. A veces el nexo es arbitrario, pero es real, y transmite el mensaje sin dudas. Estas frases son el producto de una extraordinaria capacidad creativa en el nivel coloquial. La fuerza expresiva y el valor se los confiere la estabilidad de las combinaciones estables de palabras que conforman las frases mismas. Las locuciones ordenadas aquí forman parte de las que reposan en el acervo lingüístico dominicano y se utilizan en distintas situaciones como podrá comprobar quien consulte el diccionario.

   De la coherencia de las unidades fraseológicas da testimonio la imposibilidad que existe de descomponer o romper la unidad mediante la interpretación de los elementos que la conforman. Hasta el orden mismo de las palabras en el interior de las unidades fraseológicas es inalterable en muchos casos. El vínculo sintáctico creado en el interior de estas frases les viene a través de la tradición. No hay que sorprenderse si algunas frases muestran pequeñas opciones de palabras que pueden obviarse o emplearse en el uso, pues eso no altera los rasgos que permiten identificar el significado de estas. En algunos casos, al colocar estos elementos en el interior de la frase lo que hace el hablante es que le atribuye un matiz emocional particular y expresivo a esta, sin alterar su valor originario.

   Lo que se ha hecho es inventariar las expresiones, definirlas con precisión y conferirles autoridad con las citas tomadas de los libros, de los periódicos y revistas, así como de las intervenciones orales de los hablantes del español dominicano. Los autores originarios de estas expresiones descansan tranquilos en el anonimato. En los casos en que no fue posible encontrar ejemplos del uso de las frases en obras de literatura, revista o periódicos, se recurrió a la redacción de estas por los lexicógrafos para ilustrar los casos, teniendo en cuenta la realidad socio-histórica que propició la creación de la frase misma, así como de las circunstancias que les dieron vigencia.

   Este diccionario viene a colmar un vacío que existía en este campo de la cultura dominicana, para ese fin se preparó este inventario fidedigno. Es una obra original y auténtica en la bibliografía dominicana. Al llevarse a cabo una tarea como esta se consigue contribuir al conocimiento de la cultura dominicana. Este diccionario contiene una descripción de una parte importante del léxico de la variedad dominicana del español. Se ha trabajado sobre la memoria colectiva y las instituciones simbólicas de la sociedad para hacer acopio del material. No pretende ser una relación exhaustiva, sino más bien representativa en su género; no obstante, nada relevante se ha omitido.

   En este diccionario puede que se detecten olvidos involuntarios, pero algunas frases se han dejado fuera porque son de uso muy restringido en el ámbito del habla dominicana y no han generado prole. La recolección de materiales se hizo siguiendo un método riguroso, auxiliado por directrices coherentes. Si no se encuentran algunas frases puede deberse a que han sido acuñadas en fecha reciente, pues no debe olvidarse que el idioma se está continuamente inventando, renovando, ajustándose a las necesidades expresivas, sobre todo si se trata de comunicar algo para lo cual no se conoce la palabra precisa.

   Pertenecen estas frases al lenguaje ordinario, aun cuando en algunos casos han trascendido a la lengua culta, a la literatura, como podrá comprobarse al leer las referencias que constan en las ilustraciones del empleo de estas. Aunque han pasado por la pila bautismal de la literatura, estas frases no pertenecen al idioma artístico. Forman parte del discurso repetido que nace de la colectividad “cocreadora”, de la fuerza anónima del habla cotidiana. El valor de estas lo adquiere mediante la aceptación y absorción por la comunidad misma. La fraseología desplegada en estas páginas constituye un vehículo de comunicación, de conocimientos y de expresión de la cultura que ha desarrollado la sociedad dominicana a través de su historia. Estas frases forman parte del conocimiento espontáneo del hablante dominicano.

   Estas frases coleccionadas circulan libremente en las bocas de los hablantes sin pagar derechos de aduanas. Ellas transitan sin cesar activamente en la competencia lingüística de los hablantes, ajenas a la sujeción al comportamiento que las clases dominantes desean ver perpetuados, cuando estas empuñan las riendas de la creación y estrangulan con reglas la vena creativa del habla popular. A veces escapan de los códigos estándar, con la característica de que en vez de definir, ellas ilustran. Estas locuciones forman parte de la realidad vital del pueblo dominicano, por ello se procura aquí dar una descripción objetiva lo más amplia posible, apoyadas por criterios y métodos lingüísticos como corresponde hacerlo en al ámbito académico.

   En muchos casos no se considera necesario en el estado actual de la lengua que cuando se utilice una frase de este género se recurra a entrecomillarla porque esta forma parte del habla vernácula, pues al hacer esto parece que quien así escribe desea vacunarse o tomar distancia, como si esa habla fuera cosa extraña al país. No ha de olvidarse que el habla se considera más completa que la lengua. Muchas de las locuciones aquí listadas, por no decir todas, nacen de la necesidad de expresión de la comunidad lingüística dominicana en los diferentes momentos de su historia. Aquí se rescatan para que no queden al margen de los diccionarios.

Los dominicanos al consultar el diccionario se reconocerán de manera intuitiva o reflexionada. Esto les permitirá comparar sus recursos con los de otras comunidades y se sentirán legitimados en su dominicanidad expresada a través de la lengua. Esta consulta les permitirá encontrar el sentido semántico que poseen en el seno de su comunidad las locuciones que difieren de lo aceptado en otras comunidades. Sobre todo, que en algunos casos, la diferencia es solo sintomática y no diferencial. Teniendo en cuenta que es imposible reunir la totalidad de las expresiones en un diccionario, aquí puede asegurarse que se cuenta con una representatividad ejemplar.

   No puede desdeñarse que una de las fuentes principales, si no es la principal de una lengua, es el habla en el nivel popular, que es la forma en que se expresa el pueblo. Lo que sobresale en el tipo de habla consignado en este diccionario es la hermosura del colorido y el sabor y variedad de sus frutos. Al mismo tiempo, el material aquí reunido revela información de gran significado cultural. Consecuentes con los atributos que se mencionan, el registro adoptado para la redacción de las definiciones se ha llevado a un lenguaje común, evitándose los términos técnicos o especializados. Las definiciones y los ejemplos tienen por función situar en contexto las frases para aclarar, para despejar dudas, para fijar el concepto. Al final, con el concurso de estos dos, la definición y la cita, se explica el concepto en cada una de las acepciones.

   El resultado que ha surgido de la elaboración de este diccionario ha sido un trabajo grato porque uno de los mayores gozos es cuando uno aprende, cuando se desempeña una labor que se disfruta. El principio de imparcialidad ha guiado el acopio del material que aparece en este diccionario, para hacer de este un objeto lo menos controvertible posible. No es menos cierto que el lexicólogo y el lexicógrafo en cada etapa de su labor se ven obligados a interpretar y valorar. Como es un diccionario de la lengua viva se ha nutrido de la lengua oral, sobre todo de la que tiene incidencia pública, es decir, la radio, la televisión. Esta tarea ha sido fruto del trabajo en equipo de los responsables. Las definiciones que reposan en el DFD son el resultado del consenso logrado luego de un cotejo de opiniones y juicios. En estas se proyectan los elementos esenciales del contenido, que permite segregarla de sus semejantes. No cabe duda de que al final de la faena al definir las unidades fraseológicas, los redactores dan cuenta de la idea que tienen de la realidad de estas. Se ha trabajado para ofrecer una lista amplia y representativa de la fraseología dominicana.

   En las acepciones redactadas por los autores se definen los límites de las combinaciones indivisibles con gran exactitud. Se mantuvo durante su elaboración una constante vigilancia sobre el estilo utilizado en la redacción para mantener una prosa que no traicione la objetividad del diccionario. Se ha evitado la discriminación o la censura en la recogida de las unidades fraseológicas, así como en la selección de los ejemplos, muchos de ellos extraídos de artículos de actualidad política aparecidos en la prensa dominicana. La objetividad científica se ha mantenido en este diccionario agotando el tiempo necesario para la recogida del material, la clasificación, la catalogación, el análisis del material y los trabajos posteriores que han tomado años.

   En gran medida el Difrado es un diccionario local. Uno de los objetivos de esta obra es la de documentar las frases de uso en República Dominicana, sin ningún tipo de ánimo normativo. No se trata con este catálogo de legitimar su uso, sino de documentarlo y de suministrar las acepciones que gozan de prestigio en el seno de la comunidad hablante. Este diccionario es una obra informativa privilegiada por los recursos usados al recoger el material que lo conforma. Se hizo un cotejo profundo, un análisis exhaustivo del acervo lingüístico dominicano al confeccionar la lista que conforma la totalidad de frases consignadas en el diccionario. Se consideran legítimas para ser incluidas en el Diccionario fraseológico dominicano las locuciones dominicanas que son populares.

   La consulta del diccionario se hace más fácil porque las frases en los ejemplos de utilización de estas están resaltadas en versalitas. Los ejemplos confeccionados por los lexicógrafos son pertinentes de acuerdo con el tipo de frase, para facilitar así la comprensión por medio de los elementos descriptivos del uso. En ellos se ha adoptado un lenguaje habitual que se corresponde muy bien con el tipo de diccionario que es este, un diccionario fraseológico. Al redactar los ejemplos que no son extraídos de obras, revistas y periódicos, se ha tenido en cuenta la llaneza del estilo y la exactitud para facilitar su uso no solo para hispanohablantes, sino también para los extranjeros que se acerquen al estudio del vocabulario dominicano. De este modo, tanto los castellanohablantes como los extranjeros se beneficiarán de comprender el verdadero significado de las frases contenidas en este diccionario. Este es un diccionario rico en locuciones de estructura proposicional atributiva en el que no solo hay abundante información lexicográfica, sino también cuantiosa información cultural referente a aspectos de la identidad dominicana. No se pretende con este trabajo enseñar a hablar, sino a comprender algo que se lee o se oye.

   Como es de esperarse en un diccionario, en cada entrada consta la marca gramatical correspondiente a la unidad fraseológica consignada. Esta marca corresponde a la interacción y al papel que juegan las partes en el seno de la unidad fraseológica, en cuyo seno las relaciones sintácticas se neutralizan. Estas son las llamadas informaciones gramaticales. Con la consulta de las frases que constituyen el material primario de este diccionario, quienes abreven en este comprenderán que en el interior de las frases, las palabras que las forman pierden su sentido propio, independiente. De allí que se conviertan en una unidad indisoluble. El material reunido en el DFD no solamente representa la lengua en uno de sus aspectos, sino que permite al plasmarla por escrito, que se reflexione sobre ella. Así comprenderá el hablante que lo que figura en este diccionario es parte de la tradición lingüística, de la lengua real, concreta. El dominicano, al leer lo depositado aquí, sentirá que esta lengua no le es ajena ni tampoco le ha sido impuesta, es una lengua que ha surgido de las entrañas mismas del pueblo.

   Puede asegurarse que este diccionario materializa la fraseología de uso en la lengua de la sociedad dominicana, este constituye una muestra del modo en que se articula la lengua en la historia y la tradición dominicanas. Al hacer esto, sirve de órgano transmisor a esta generación y a las futuras de parte de la memoria del vocabulario de la lengua heredada de nuestros antepasados. Hay que aceptar esta obra como un fijador de la lengua alcanzada mediante el consenso social. En ella se encuentran las expresiones “queridas” de la identidad nacional. No cabe duda de que este diccionario es un reflejo parcial, en su especialidad, de la lengua amplia y rica de los dominicanos. Aquí se reivindican los verdaderos valores y tradiciones verbales de lo nacional dominicano.

   El corpus literario utilizado para la ejemplificación de las frases consta en la bibliografía de las obras despojadas con este propósito. La clave para cada una de las obras aparece allí, de modo que los lectores podrán saber a ciencia cierta a cuál autor u obra pertenece cada una de las referencias. Con respecto de los ejemplos tomados de periódicos; inmediatamente después de la cita aparece también el nombre de la persona abreviado, con un detalle del medio, la fecha de publicación, la página y todos los detalles. Por razones de espacio se ha tenido que utilizar en esos casos iniciales de los nombres de los periodistas y columnistas. Esa incógnita se despeja también con la ayuda incluida en el diccionario. Estas fuentes citadas sirven para reforzar el valor testimonial del diccionario.

   En la consulta, el lector en muchos casos podrá encontrar las expresiones bajo diferentes letras de la organización alfabética adoptada en el DFD. Esto redundará en beneficio de la consulta fácil. Se notará al hacerlo que las definiciones son cortas, sin sacrificar con esto la exactitud de la noción expuesta. No debe el lector sentir temor antes de utilizar este diccionario, porque en este no hay signos de contrastividad y diferencialidad que en muchos casos espantan a los lectores menos versados. Este diccionario de mantiene apegado a la preferencia de los hablantes y a la función social que tiene vocación de desempeñar.

Roberto E. Guzmán Silverio

Academia Dominicana de la Lengua

Miami Beach, USA, 27 de septiembre de 2015.

 

[1] Las palabras también las tienen.

[2] No se incluyen las locuciones de otros idiomas. Sí, en cambio, las de tipo mixto que adapta un término de otro idioma a la pronunciación del español como, por ejemplo, mangú power. En cada caso se ha preferido hispanizar la fonética de dicha UF: mangú páuer.

[3] Cuando el lema lo encabeza la primera palabra de la UF, u otra que no se corresponde con la categorización fraseográfica establecida, hemos optado por privilegiar este esquema por el fuerte contenido semántico de la palabra en cuestión.

HISTORIA DE GRUPOS, TENDENCIAS Y GÉNEROS

EN LA LITERATURA DOMINICANA CONTEMPORÁNEA 1960-2000

Por Bruno Rosario Candelier

La Generación del 60

   A partir de 1960 y, sobre todo, después de la caída del gobierno de Trujillo, emergió la Generación del 60, compuesta por narradores, poetas, dramaturgos, ensayistas, historiadores, periodistas, oradores y críticos literarios con una floración de entusiasmo que activó la creación literaria, propició un nuevo impulso al cultivo de las letras e incentivó la gestación de varios grupos literarios.

Los grandes escritores dominicanos del siglo xx lograron, en la segunda mitad de esa fecunda centuria, el mayor influjo de sus obras y muchos publicaron valiosas creaciones literarias. Me refiero a autores de la talla de Max Henríquez Ureña, Domingo Moreno Jimenes, Joaquín Balaguer, Juan Bosch, Flérida de Nolasco, Andrés Avelino, Carlos Federico Pérez, Manuel A. Amiama, Tomás Morel, Emilio Rodríguez Demorizi, Pedro Troncoso Sánchez, Manuel del Cabral, Rubén Suro, Mario Bobea Billini, Héctor Incháustegui Cabral, Pedro Mir, Alfredo Fernández Simó, Hilma Contreras, Franklin Mieses Burgos, Aída Cartagena Portalatín, Manuel Valerio, Rafael Américo Henríquez, Mariano Lebrón Saviñón, Pbro. Oscar Robles Toledano, Freddy Prestol Castillo, Rafael Herrera, Manuel Rueda, Freddy Gatón Arce, Antonio Fernández Spencer, Antonio Zaglul, Lupo Hernández Rueda, Máximo Avilés Blonda, Víctor Villegas, Rafael Valera Benítez, Luis Alfredo Torres, Alberto Peña Lebrón y otros.

   Algunos de esos prestantes autores fueron mentores de los grupos literarios que surgieron en la etapa posterior a la revuelta de abril de 1965. La existencia de los grupos literarios se produce en los países con un notable desarrollo cultural mediante la participación de sus escritores en las actividades organizativas, creativas y promocionales. La organización de grupos literarios auspicia un espacio adecuado para compartir inquietudes y motivaciones, promover la obra literaria y desarrollar la creatividad espiritual y estética. La literatura dominicana ha contado con numerosos grupos literarios, algunos de los cuales han seguido determinadas tendencias estéticas. De hecho, la mayoría de nuestros escritores, del pasado y del presente, han formado parte de alguna agrupación literaria. Todos se inscriben en una generación histórica y algunos suscriben una determinada tendencia estética.

El concepto de Generación se aplica en literatura al conjunto de intelectuales y escritores que surgen en un momento determinado con una misma motivación conceptual o bajo una inspiración y un rumbo definido en su ejercicio creativo. En el marco de una generación surgen promociones literarias o conjuntos de escritores que aparecen cada cierto tiempo. Dentro de una generación surgen también grupos literarios que constituyen una organización de escritores para llevar a cabo una tarea creadora o promover las artes y las letras.

Promociones y grupos literarios. Los integrantes de la Generación del 60 crecieron bajo el influjo de los escritores arriba citados. En sus creaciones literarias se instrumentaron de las técnicas más actualizadas y de las orientaciones intelectuales y estéticas predominantes en los centros culturales de Europa y América para testimoniar la realidad social y cultural dominicana con la meta del desarrollo en libertad. Varios factores concurren en la gestación de una generación literaria. Entre esos factores figuran guerras, alteraciones sociales y grandes cataclismos provocados por las transformaciones que impactan en la marcha de los acontecimientos y en la gestación de la obra artística o científica. Asimismo, influyen la aparición de ideologías o corrientes de pensamiento como elementos de una nueva cosmovisión y el surgimiento de grandes liderazgos que influyen con su pensamiento. En toda generación hay mentores que inspiran la creación de las letras.

Hans Jeschke plantea una serie de factores que determinan la aparición de una generación literaria. Esos factores son: 1) Un contexto histórico; 2) Un contexto ideológico; 3) Un acontecimiento aglutinante; 4) Un modelo literario compartido; 5) Mentores o guías intelectuales que actúan como inspiradores. Cada cierto tiempo, digamos cada diez años, hay cambios notables en la vida histórica, social, demográfica, académica y cultural de un país. Se trata de los rasgos que marcan el sello de una época, con expresiones peculiares en sus manifestaciones socioculturales. Esas etapas vienen marcadas por costumbres, estilos de vida, maneras de actuar y de sentir, corrientes de pensamiento y expresiones de la sensibilidad que se manifiestan en la diversión, la valoración de la ciencia y las humanidades, el desarrollo del comercio y los gustos implantados por la moda y algunas circunstancias socio-culturales, según estemos en tiempos de paz o de guerra, de progreso o retroceso, de crisis o estabilidad.

   Bajo el liderazgo intelectual de Marcio Veloz Maggiolo, Ramón Francisco y Federico Henríquez Gratereaux, los integrantes de la Generación del 60 fueron Ramón Emilio Reyes, Carlos Esteban Deive, René del Risco, Miguel Alfonseca, Antonio Lockward Artiles, Juan José Ayuso, Frank Moya Pons, Jeannette Miller, Iván García, Miguel Guerrero, Bruno Rosario Candelier, Fernando Pérez Memén, Santiago Estrella Veloz y otros. Los escritores de la Generación del 60 se caracterizaron por escribir una obra nacionalista y de contenido social; con características particulares: creencias y posiciones sociopolíticas como tema literario; el uso del versolibrismo en poesía y las técnicas renovadoras en narrativa; el desdén por temas subjetivos y espirituales, en algunos casos; el rechazo de los procedimientos surrealistas, considerados evasivos, en algunos sectores; la inquietud formal mediante la incorporación de nuevos procedimientos expresivos; enfoque de lo dominicano como expresión de lo nacional con temas, motivos y personajes inspirados en la realidad sociocultural local, desde la asunción de un lenguaje llano y directo; preferencia por procedimientos realistas para optar por la expresión de lo nacional y ponderación de la dimensión estética de la creación mediante el uso de los nuevos procedimientos compositivos. Esta generación de escritores tuvo en los suplementos literarios de la prensa nacional su principal órgano de publicación. Las obras de sus principales integrantes son las siguientes: Marcio Veloz Maggiolo: El sol y las cosas, El buen ladrón, El prófugo, La vida no tiene nombre, Nosotros los suicidas, Los ángeles de hueso, De abril en adelante; Ramón Francisco: La patria montonera, Odas a Walt Whitman; Federico Henríquez Gratereaux: La feria de las ideas, Un ciclón en una botella; Miguel Alfonseca: La guerra y los cantos, Arribo de la luz; Juan José 648 Literatura dominicana contemporánea. Grupos, tendencias y géneros literarios, 1960-2000 Ayuso: Bienaventurados los cimarrones; Carlos Esteban Deive: Magdalena, Las devastaciones; Ramón Emilio Reyes: El Testimonio; Antonio Lockward Artiles: Espíritu intranquilo, Los poemas del Ferrocarril Central; Bruno Rosario Candelier: Lo popular y lo culto en la poesía dominicana, Ensayos críticos, La imaginación insular; Iván García: Más allá de la búsqueda; Jeannette Miller: Fórmulas para combatir el miedo; Santiago Estrella Veloz, Igual que antes, etc. Con los aires de libertad y crecimiento económico, en esta generación literaria surgieron varios grupos literarios en Santo Domingo y en diferentes poblaciones del país. Los grupos que han tenido una presencia significativa son: Grupo Amidversa de Pimentel. Casi en las postrimerías del régimen de Rafael Trujillo, un grupo de poetas de Pimentel celebraban reuniones con lecturas en común, debates intelectuales, análisis de textos, estudio de autores y tendencias hasta cuajar, en 1961, en la agrupación literaria Amidverza (Amigos de la Verdad y la Belleza), cuyo órgano literario los identificaba. Capitaneados por Manuel Mora Serrano, esos inquietos muchachos de provincia constituyeron un fenómeno aldeano, inusual y sorprendente, al consagrarse al cultivo de las letras, a pesar de las condiciones adversas de la época y del medio. Procuraban la conjunción de lo popular y lo culto; revelaciones originales; cultivo de metáforas deslumbrantes; ahínco en las raíces tradicionales, campesinas y folklóricas; ahondamiento de los logros de la tradición literaria nacional y contactos con los escritores nacionales de todas las tendencias. Sus dos principales integrantes, Manuel Mora Serrano, con Juego de dominó y Francisco Nolasco Cordero, con Caricias de Lumbre, tendrían luego una activa vida literaria. Grupo El Puño. La Generación del 60 inspiró en Santo Domingo varios grupos literarios, el primero de los cuales se llamó El Puño. Encabezado por Ramón Francisco, cobró fuerza después de la revuelta de abril de 1965. Sus miembros celebraban reuniones en la residencia de su coordinador, donde leían y comentaban sus creaciones y desataban sus inquietudes intelectuales y estéticas. Tertuliaban sobre temas culturales, políticos, artísticos y literarios y, en sus creaciones, procuraban expresar lo dominicano con una actitud de denuncia mediante un lenguaje transparente, un sentimiento patriótico y una vocación creadora bajo un criterio de fidelidad al ideal estético de la literatura. Formaban el grupo Ramón Francisco (Odas a Walt Whitman, La patria montonera); Marcio Veloz Maggiolo (La vida no tiene nombre, Los ángeles de hueso); René del Risco (El viento frío, En el barrio no hay banderas), Miguel Alfonseca (La guerra y los cantos); Juan José Ayuso (Bienaventurados los cimarrones); Iván Historia general del pueblo dominicano 649 García (Más allá de la búsqueda); Jeannette Miller (Fórmulas para combatir el miedo); Enriquillo Sánchez (Pájaro dentro de la lluvia). Taller Literario de Licey al Medio. Formado en 1966 por Bruno Rosario Candelier en la Escuela Normal de Licey, de la provincia de Santiago, constituyó el primer grupo literario del país que se dio a conocer con el nombre de taller, creado para cultivar la creación poética entre sus miembros, enfatizando el estudio de los autores nacionales y el uso de la lengua literaria. En este grupo se formaron José Enrique García, Belarmino Díaz, Luis Ernesto Mejía y otros. Con el propósito de promover la creación literaria entre sus integrantes, celebraban sus reuniones con un plan de estudio y de análisis de obras. Periódicamente, el director del grupo invitaba a intelectuales y escritores a dictar conferencias a los estudiantes del grupo y del plantel escolar para incentivar la formación intelectual. Grupo La Isla. Integrado por creadores bajo la conducción de Antonio Lokward Artiles, hacia 1967 sus miembros acudían a la literatura con una actitud cuestionadora y una tendencia nacionalista para dar un testimonio de denuncia y de protesta contra las injusticias, una forma de canalizar inquietudes y rebeldías mediante un arte de intención social y una literatura comprometida. Este grupo celebró en 1971, en la UASD, un importante congreso literario que, con el nombre de Congreso de la Joven Poesía, contribuyó a la renovación de los estudios literarios desde una visión científica de la literatura. Integraron este grupo Antonio Lockward Artiles, Norberto James, Andrés L. Mateo, Wilfredo Lozano y Fernando Sánchez Martínez. Grupo La Máscara. Hizo una activa vida cultural y literaria hacia finales de la década de 1960 y sus miembros se instrumentaron de la palabra para formalizar un testimonio social, intelectual y estético. Integraron este grupo Héctor Díaz Polanco, Freddy Ginebra, Aquiles Azar y Lourdes Billini. Grupo La Antorcha. Dirigido por Mateo Morrison, a partir de 1967 unos jóvenes poetas asumen la creación literaria como alternativa en la lucha por la esperanza viendo en la poesía una antorcha para encender su utopía. Entre sus integrantes figuraban Soledad Álvarez, Enrique Eusebio, Rafael Abreu Mejía, Johnny A. Gómez y Fernando Vargas. El Grupo de la Joven Poesía. A finales de los años 60, varios poetas procedentes de diversos grupos y tendencias integraron la Joven Poesía, cuya 650 Literatura dominicana contemporánea. Grupos, tendencias y géneros literarios, 1960-2000 producción poética revela una preocupación social y una inquietud intelectual, con una orientación ideológica progresista, que se tradujo, en el plano artístico, en la intención de llegar al pueblo. Sus creaciones se inspiraban en la tradición realista de la literatura nacional enfocando temas elaborados con sentido crítico. Postulaban una línea socio-realista con compromiso social mediante lenguaje directo con humor e ironía; desmitificación de los valores establecidos; actitudes y temas urbanos y populares, con las frustraciones colectivas; rebeldía contra el statu quo mediante un léxico bélico y una actitud crítica. Sus integrantes fueron Andrés L. Mateo: La otra Penélope, Pisar los dedos de Dios; Norberto James: Sobre la marcha, La provincia sublevada; Mateo Morrison: Aniversario del dolor, Visiones del transeúnte; Alexis Gómez: Oficio de postmortem; Federico Jóvine Bermúdez: Huellas de la ira; Enriquillo Sánchez: Sheriff on ice cream soda, Convicto y confeso; Tony Raful: La poesía y el tiempo, Gestión de alborada, Abril, nacen alas delante de tus ojos, Visiones del escriba; Enrique Eusebio: Desde la presencia del mar hasta el centro de la vida; Soledad Álvarez: Primer canto a la ternura; Radhamés Reyes Vásquez: El imperio del grito, etc. Grupo de Escritores del Cibao. Integrado por narradores, poetas y ensayistas de varias poblaciones cibaeñas: (Alberto Peña Lebrón, Bruno Rosario Candelier, Sally Rodríguez y Pedro Pompeyo Rosario, de Moca; José Enrique García, Rafael Castillo y Pedro José Gris, de Santiago; Pedro Camilo y Emelda Ramos, de Salcedo; Héctor Amarante, Orlando Morel y Cayo Claudio Espinal, de San Francisco de Macorís; Manuel Mora Serrano y Francisco Nolasco Cordero, de Pimentel). Orientado por Manuel Mora Serrano y Bruno Rosario Candelier, los miembros de esta agrupación desarrollaron una fecunda actividad literaria. Antes de cristalizar en libros, publicaron en revistas y suplementos culturales. Celebraban jornadas literarias mediante tertulias y encuentros informales. Desde el año 1974 sus participantes asumieron el cultivo literario, el interés por el lenguaje y la vanguardia artística del país, con obras avaladas por premios literarios nacionales e internacionales. Características: 1. Reacción contra la inmediatez localista en procura de la universalidad. 2. Interés por el lenguaje a favor de un desarrollo depurado de la literatura. 3. Asunción de una actitud crítica avalada por las orientaciones teóricas. 4. Rigor formal mediante técnicas, estilos y recursos apropiados. 5. Revalorización de lo dominicano en sus diversas manifestaciones socio-culturales, folklóricas y literarias, tanto de la cultura viva del pueblo como de la cultura intelectual. 6. Integración de logros aportados por las diferentes tendencias y corrientes. 7. Planteamiento de una actitud humanista Historia general del pueblo dominicano 651 y trascendente. 8. Profundización de la línea imaginativa con el acento en lo maravilloso (lo fantástico, lo mágico y lo mítico) como expresión viva de nuestra cultura. 9. Valorización de las vertientes de la crítica, la teoría y la ficción. 10. Síntesis de los logros clásicos y modernos, imbricados a la propia realidad socio-cultural. Autores y obras: Manuel Mora Serrano: Juego de dominó, Goeíza, Decir samán; Bruno Rosario Candelier: Ensayos críticos, La imaginación insular, La creación mitopoética; Francisco Nolasco Cordero: Tracaveto, Tu sombra 3; Cayo Claudio Espinal: Banquetes de aflicción, Utopía de los vínculos; Héctor Amarante: Retrato, Ritos; José Enrique García: Meditaciones alrededor de una sospecha; Pedro José Gris, Las voces; Rafael Castillo: La viuda de Martín Contreras y otros cuentos; Emelda Ramos: El despojo o por los trillos de la leyenda; Sally Rodríguez, Luz de los cuerpos; Pedro Camilo, Cuentos; Orlando Morel, Ciguapapoesía. Organizaciones y tendencias estéticas El Grupo Literario Octavio Guzmán Carretero. Fundado y dirigido por Bruno Rosario Candelier en Moca, emergió al escenario literario el 21 de marzo de 1979. Motivado en el propósito de formalizar, a través de la literatura, un ideal de creación, sus miembros celebraban reuniones y tertulias mediante un plan de trabajo para la formación intelectual, el estudio de los escritores establecidos y el análisis de sus creaciones, entre los cuales figuraron, en diversas promociones, Pedro Ovalles, Iki Tejada, Sally Rodríguez, Eugenio Camacho, Artagnan Pérez Méndez, Carmen Comprés, Basilio Belliard, Fari Rosario y Rosalba Escaño. El Taller Literario César Vallejo. Fundado por Mateo Morrison hacia octubre de 1979 en la Universidad Autónoma de Santo Domingo con intención socio-realista, aglutinó a numerosos jóvenes con inquietudes literarias, algunos de los cuales se convertirían en líderes intelectuales, como José Mármol, Rafael García Romero, Franklin Gutiérrez, Plinio Chahín, Miguel D. Mena, Tomás Castro, César Augusto Zapata, Dionisio de Jesús, Juan Freddy Armando, José Carvajal, Miguel Collado, Julio Cuevas, Ilonka Nacidit y otros. En los dos decenios finiseculares hay varias vertientes, entre las cuales están los galardonados con el Premio Siboney (Manuel Marcano Sánchez, Rafael García Bidó, Juan Carlos Mieses, Manuel García Cartagena…); los miembros 652 Literatura dominicana contemporánea. Grupos, tendencias y géneros literarios, 1960-2000 de diversos grupos literarios: el Atalaya, de Constanza (Julio Adames); La Matrácala, de La Vega (Pedro Antonio Valdez), el Círculo de Mujeres Poetas, de Santo Domingo (Chiqui Vicioso, Carmen Sánchez, Sabrina Román, Carmen Imbert Brugal, Dulce Ureña, Mayra Alemán, Miriam Ventura) y el Grupo de Mujeres Creadoras (Ángela Hernández, Irene Santos, Marianela Medrano, Aurora Arias, Nelly Ciprián y Mayra Gutiérrez). Paralelamente a las tendencias estéticas, figuran voces claves del quehacer intelectual, como Jacinto Gimbernard Pellerano, José Alcántara Almánzar, José Israel Cuello, Cándido Gerón, Edgardo Hernández Mejía, Hamlet Hermann, José Miguel Soto Jiménez, Jesús de la Rosa, Carmen Heredia, Pedro Conde, Orlando Gil, Nelson Minaya, Marino Berigüete, Celsa Albert, Freddy Bretón Martínez, Miguel Franjul, Mario Emilio Pérez, Ivelisse Prats de Pérez, Bienvenido Álvarez Vega, Mario Bonetti, Juan Aulio Ortiz, Orlando Inoa, Tony Raful, Odalís Pérez y otros. El Grupo Literario de la Pucmm, de Santiago, fundado en 1980 por Bruno Rosario Candelier, del que egresaron Pedro José Gris, Juan la Mur, Zaidy Zouain, Sally Rodríguez, Oscar de León Silverio, Anelsa Vásquez, José López Larache, Virgilio López Azuán, Luis R. Santos, Fernando Cabrera y otros. El Círculo de Estudios Literarios Azuanos. Grupo que integraron Virgilio López Azuán, Emilia Pereyra, Bernardo Silfa y Otto Milanese. Estos narradores y poetas han testimoniado la realidad doliente del Sur del país, con su naturaleza agreste, su nostalgia y su dolor. Emilia Pereyra potenció su nombradía con su novela Cenizas del querer, finalista en el Concurso Planeta de Barcelona. Virgilio López, con Incendios del agua, mantiene viva la tradición cultural y literaria en esa importante zona sureña. El Grupo Luciérnaga de La Romana. A principios de los ochenta se formó en La Romana el grupo Luciérnaga integrado por narradores y poetas que asumieron la creación literaria con un sentido regional en busca de lo dominicano. Posteriormente formaron el Colectivo de Escritores Romanenses integrado por Frank Núñez, Avelino Stanley, Isael Pérez, Daniel Johnson Benoit, Gabino Severino y Miguel Ángel Gómez. Los grupos de San Pedro de Macorís. San Pedro de Macorís fue en el pasado una mina de creadores literarios y aportó al país importantes figuras nacionales. En los últimos años un renacer literario puja en la Sultana del Este con Miguel Phipps, Robert Berroa, Benito Ángeles Nieves, Simeón Historia general del pueblo dominicano 653 Arredondo, Rafael Ramírez Sepúlveda, Ana Teresa Martínez, Justiniano Estévez Aristy, Alfonso Trinidad, Julio Rafael Anglada y Ramón Perdomo. El Ateneo Insular tiene en esa localidad oriental el Grupo Literario Freddy Gatón Arce, que coordina Ana Teresa Martínez. El Taller Literario Minerva Mirabal, de Salcedo, formado en 1981 por Emelda Ramos, lo integraban Pedro Camilo, Jaime Tatem Brache y Zaida Corniel. Este grupo puso ahínco en el estudio de los clásicos, énfasis en la valoración de los autores nacionales y análisis de sus producciones poéticas con una vocación de fraternidad entre sus miembros. El Colectivo de Artistas de Santiago, formado en 1984 por Fernando Cabrera e integrado por Jim Ferdinand, Manuel Llibre, Puro Tejada, Máximo Vega, José D´Laura, Ramón Peralta, Dionisio López Cabral, Sara Pérez y Ruth Acosta. Procuraban restablecer la tradición literaria en Santiago. El Grupo Litera, de la Alianza Cibaeña, de Santiago, fue creado en 1985 por José Acosta, Cabral de la Torre, Pedro Pablo Marte, Enegildo Peña, Abersio Núñez y Andrés Acevedo. El Grupo Literario Yocahú, de San Francisco de Macorís, constituido en 1990 por Noé Zayas, lo integraban Juan Gelabert, Ramón Antonio Jiménez y Víctor Saldaña. Buscaban hacer de sus sueños una cantera de creación con un ideal centrado en la búsqueda del hombre interior. Entre sus rasgos fusionaban lo telúrico, lo surrealista y lo metafísico. El Grupo de Narradores de Santiago, formado en las postrimerías de los 90 por Máximo Vega, lo integraban José Adolfo Pichardo, Rosa Silverio y Altagracia Pérez. Y el Grupo Ondina, de Santiago, integrado por mujeres bajo la coordinación de Silvia di Franco. Al mismo tiempo surgieron en Santo Domingo otras agrupaciones de diversas tendencias, como el grupo Juan Sánchez Lamouth, con Nicolás Mateo; el Cardúmenes, con Roberto Sánchez; el Manuel del Cabral, con Frank Martínez, y La Carretilla, de Intec, que coordinó Maricécili Mora Ramis. El Colectivo de Escritores Hábeas Corpus, de Santo Domingo, publicó una antología con ese mismo título en 1986 y lo integraban Rafael García Romero, Tomás Castro, Carmen Sánchez, Juan Freddy Armando, Franklin Gutiérrez y Edwin Disla. 654 Literatura dominicana contemporánea. Grupos, tendencias y géneros literarios, 1960-2000 Destacables son los prestantes autores independientes,2 entre los cuales figuran los miembros de la Academia Dominicana de la Lengua (Mariano Lebrón Saviñón, Federico Henríquez Gratereaux, Bruno Rosario Candelier, Lupo Hernández Rueda, Rafael González Tirado, Marcio Veloz Maggiolo, Carlos Esteban Deive, Ramón Emilio Reyes, Víctor Villegas, Nicolás de Jesús Cardenal López Rodríguez, Ricardo Miniño Gómez, Andrés L. Mateo, Manuel Núñez, Manuel Matos Moquete, José Enrique García, Pedro Vergés, Guillermo Piña-Contreras, Juan José Jimenes Sabater, Dennis R. Simó, Ana Margarita Haché, Franklin Domínguez y José Rafael Lantigua) y de la Academia Dominicana de la Historia (Emilio Cordero Michel, Frank Moya Pons, Carlos Dobal Márquez, Manuel García Arévalo, Bernardo Vega, José Chez Checo, Mu-kieng Adriana Sang, Roberto Cassá, Juan Daniel Balcácer, Amadeo Julián, Wenceslao Vega, Eugenio Pérez Montás, José Luis Sáez, Jaime de Jesús Domínguez, Francisco Antonio Avelino, Américo Moreta Castillo, Franklin Franco, Raymundo González, Ciriaco Landolfi, José del Castillo, Rafael Emilio Yunén, Hugo Tolentino Dipp, Euclides Gutiérrez Félix, Juan Ventura, Héctor Lachapelle Díaz, Adriano Miguel Tejada), con valiosos libros de su especialidad. A principios de los 90 surge en Santo Domingo el Grupo de la Metapoesía, dirigido por Jorge Piña, de orientación psicoanalítica. Bajo la inspiración del Interiorismo, el Ateneo Insular formó en 1991 en Santo Domingo el Grupo Literario de Literatura Infantil y Juvenil Pedro Henríquez Ureña, coordinado por Oscar Holguín-Veras e integrado por Lucía Amelia Cabral, Aída Bonnelly de Díaz, Eleanor Grimaldi, Margarita Luciano, Brunilda Contreras, Rafael Peralta Romero, Carol Cárdenes y Leibi Ng. El Ateneo Insular formó también el Grupo Javier Angulo Guridi, con Manuel Salvador Gautier; el Franklin Mieses Burgos, con Valentín Amaro y Gahston Saint-Fleur; y el Manuel Valerio, con Eduardo Gautreau de Windt. La Generación del 90 Los factores que gestaron la Generación del 90 son los siguientes: como contexto ideológico, la crisis de las ideologías; contexto histórico, la caída del socialismo; contexto social, la crisis económica bajo el neoliberalismo y, como acontecimiento aglutinante, la frustración colectiva, la falta de horizonte y la Historia general del pueblo dominicano 655 disolución de paradigmas. Esos factores produjeron una reconsideración de los ideales de la existencia y, frente a la necesidad de una propuesta cónsona con la naturaleza humana, se produjo un repliegue interior, con una ponderación de los valores trascendentes y una vuelta a la identidad y la espiritualidad como alternativas contra el vacío, la soledad, la falta de horizonte y el apremio de una vida fincada en ideales inspiradores. La generación literaria de 1990 la conforman autores que comienzan a publicar en esa década, sin importar la edad, aunque la mayoría está integrada por jóvenes. Esa generación surge sobre los escombros de los ideales frustrados de los proyectos de renovación social y la pérdida de valores morales y espirituales. Ante ese cuadro sociocultural, la Generación del 90 tiende a la introspección recalando en la propia interioridad con énfasis en la identidad cultural, los valores interiores y la dimensión trascendente. Los integrantes de esta generación se sintieron apelados por la identidad interior, lo que demandaba actitudes metafísicas con la profundización en la búsqueda del sentido. Sus escritores tuvieron como motivación el sentido de la existencia. A los hombres y mujeres de esta generación les correspondió vivir un mundo en el que se cuestionaban las utopías, se subvaloraban los ideales y se despreciaban la creatividad y la participación solidaria, frente al contraejemplo del dinero fácil, las acciones indecorosas, la falta de fe con la consecuente mengua del entusiasmo, hecho que se acentuaba con la urgencia de los reclamos materiales al tiempo que se aupaban el vacío, la apatía, la falta de horizontes y estímulos orientadores para la búsqueda de alternativas creadoras. Las últimas promociones literarias del siglo xx fueron partícipes de esa herencia que contribuía a socavar los valores y creencias en los cuales nuestros antepasados fundaban sus vidas. Con el desarrollo de la tecnología y los medios de la comunicación, el ser humano se ha sentido menos vinculado a los valores interiores y en su lugar se instauran otras apelaciones, aunque el sentimiento frente al horror vacui, la soledad y la angustia hacen que el hombre reflexione, pondere el sentido de la existencia e indague el sentido de la trascendencia. De ahí que muchos intelectuales y creadores de esta generación tienen clara conciencia de la búsqueda trascendente, hecho que motivó la búsqueda de la identidad. Las características de esta generación las sintetizo en los siguientes rasgos: 1. Conciencia de que la creación literaria reclama disciplina y formación profesional, ya que sus cultores están llamados a desempeñar un rol en la creación de la cultura, los valores espirituales y el desarrollo de las artes y las 656 Literatura dominicana contemporánea. Grupos, tendencias y géneros literarios, 1960-2000 letras. 2. Valoración de la participación grupal y el intercambio de motivaciones e ideales para cumplimentar los requerimientos de la vocación artística, fortalecer la vocación creadora y potenciar el desarrollo de la literatura. Entre los factores que contribuyen a vigorizar el trabajo intelectual y estético hay que señalar, como elementos negativos, una mayor competencia en asuntos extraliterarios que afecta la dedicación y la consagración al trabajo creador, como la demanda económica, las numerosas tentaciones para la vida fácil y la diversión, la preeminencia de reclamos sociales, pero en su aspecto positivo hay que señalar la facilidad para conseguir el libro o la información por la vía moderna de comunicación, como el internet y el correo electrónico. 3. El desarrollo creciente de la tecnología y la concurrencia multidisciplinaria, que favorecen un mejor desenvolvimiento académico, formativo y documental, propicio para el trabajo creador. 4. Con la aparición del Contextualismo y el Interiorismo, el Cibao se convirtió en epicentro intelectual de la Generación literaria del 90, que hizo de San Francisco de Macorís, Salcedo, Moca, La Vega, Santiago y Puerto Plata, comunidades con un prestante liderazgo cultural. Los líderes literarios de la Generación del 90, Cayo Claudio Espinal y Bruno Rosario Candelier, actuaron secundados por importantes creadores de la región, como Pedro José Gris, José Frank Rosario, Iki Tejada, Pedro Antonio Valdez, Julio Adames, Sally Rodríguez, Ramón Antonio Jiménez, José Acosta, Tulio Cordero, Rafael Hernández, Henry Santos Lora, Pedro Camilo, Carmen Comprés, Artagnan Pérez Méndez, Oscar Holguín-Veras, Carmen Pérez Valerio, Pedro Ovalles, Jaime Tatem Brache, Manuel Llibre, Víctor Saldaña, Rafael P. Rodríguez, Jim Ferdinand, Guillermo Pérez Castillo, Ángel Rivera Juliao y Roberto José Adames, entre otros. 5. Los grupos literarios han jugado un rol significativo en la Generación del 90, entre los cuales hay que citar: el Grupo Atalaya, de Constanza, con Julio Adames; el Federico García Godoy, de La Vega, con Rafael Hernández; el Grupo de Escritores de Santiago, con Fernando Cabrera; el Virgilio Díaz Grullón, de Santiago, con Enegildo Peña; el Domingo Moreno Jimenes, de Santiago, con Carmen Pérez Valerio; Narradores de Santiago, con Máximo Vega; el Manuel Valerio, de Santo Domingo, con José Frank Rosario; el Chery Jimenes Rivera, de Monte Cristi, con Vidal Adolfo Cabrera; el Franklin Mieses Burgos, de San Francisco de Macorís, con Ramón Antonio Jiménez; el Virginia Elena Ortea, de Puerto Plata, con Guillermo Pérez Castillo; el Flérida de Nolasco, de La Romana, con José López; el Octavio Guzmán Carretero, de Moca, con Pedro Ovalles; y el Manuel del Cabral, de Constanza, con Roberto José Adames. Historia general del pueblo dominicano 657 Los nuevos movimientos literarios Un movimiento literario se funda en una tendencia estética que comparten diversos creadores para hacer una obra conforme los principios inspirados en un ideal de creación. La tendencia literaria se fundamenta en una orientación estética y suele prohijar una corriente literaria como variante de un movimiento. Por ejemplo, el Indigenismo es una corriente del Romanticismo, que es el movimiento literario inspirador. Cuatro tendencias estéticas vieron la luz en los últimos decenios del siglo XX: El Pluralismo de Manuel Rueda, la Poética del Pensar de José Mármol, el Contextualismo de Cayo C. Espinal y el Interiorismo de Bruno Rosario Candelier. El Pluralismo En 1974 irrumpió el Pluralismo, movimiento literario de vanguardia creado por Manuel Rueda en la capital dominicana. Las reacciones de adhesión y de rechazo surgieron de inmediato y hubo firmantes del Manifiesto Pluralista, que avalaron la propuesta de creación ilustrada en Con el tambor de las islas. Diferentes suplementos literarios dieron cabida a los textos de la nueva poética, como el suplemento cultural de El Nacional, en el que aparecieron las «Bases teóricas del Pluralismo», cuyo creador dio a conocer sus postulados en conferencias, charlas y tertulias. Características: 1. Creación de una corriente literaria integradora que aúna diferentes aportes técnicos de la Modernidad. 2. Elaboración del bloque poético o pluralema para la expresión de la multivocidad. 3. Superación del verso lineal, mediante un bloque que integra formas aleatorias de lecturas e interpretación. 4. Empleo de recursos experimentalistas. 5. Incorporación de diferentes formas musicales, cromáticas, gráficas y verbales. 6. Adecuación de la formalización literaria a una veta temática enraizada en la tradición nacional, desde el folklore hasta la expresión erudita. 7. Uso de la lengua en su potencia creadora, desde los recursos onomatopéyicos hasta sus connotaciones simbólicas. 8. Acopio de la palabra como «célula polisémica» en la que un término genera su contrario, mediante motivos y contramotivos. 9. Recreación del mito y de los recursos imaginativos del decir poético. 10. Poética generativa a partir de la cual una palabra genera asociaciones y aleaciones sonoras, sintácticas y semánticas. 658 Literatura dominicana contemporánea. Grupos, tendencias y géneros literarios, 1960-2000 Autores y obras pluralistas: Manuel Rueda: Con el tambor de las islas, Las edades del viento; Cayo Claudio Espinal: Banquetes de aflicción, Utopía de las vínculos; Alexis Gómez Rosa: Pluróscopo; José Enrique García: El fabulador; Enrique Eusebio: Consignas y subversiones. Poética del Pensar En la década de los 80 cobra fuerza la promoción poética que emerge al inicio de esa década en la capital dominicana bajo la orientación de José Mármol. Con el nombre de POÉTICA DEL PENSAR emergió al escenario literario una vigorosa promoción de creadores que articularon una nueva tendencia estética con todas las características de un movimiento literario. Es la línea dominante de la llamada Generación de los 80, que en realidad es una promoción literaria surgida con la crisis de los valores, el cuestionamiento a los postulados socializantes y la frustración de expectativas y utopías. Los integrantes de esta promoción se han replegado en sí mismos para buscar respuestas a sus inquietudes existenciales, pero al no secundar los valores trascendentes de la espiritualidad, aumenta su angustia, que se traduce en desgarradores testimonios reflexivos de sus estados de conciencia. Centrada en una creación poética de inspiración existencialista, los miembros de esta promoción de intelectuales encabezados por José Mármol y Plinio Chahín fincan su visión literaria en el lenguaje mismo con la consiguiente reflexión sobre el hombre y su obra mediante la exploración de motivos de corte introspectivo y tono angustioso, con los temas de la soledad, el miedo, la angustia, la muerte y el horror vacui enfocados con los recursos imaginativos de la palabra y la onda estética y simbólica de su creatividad. Ahondan en el pesar, la angustia existencial y la crisis de conciencia. Admiradores de J. L. Borges, Fernando Pessoa y Constantino Cavafis, son analíticos y reflexivos sobre temas de la cotidianidad, con el humor y el desgarro, al tiempo que ponen la fe en la creación literaria como fuente de realización personal. Entre las obras de su líder principal, José Mármol, se destacan Encuentro con las mismas otredades, La invención del día y La Poética del Pensar. Integrantes: José Mármol, Plinio Chahín, Dionisio de Jesús, Médar Serrata, Miguel D. Mena, Tomás Castro, Miguel Collado, Adrián Javier, Rafael García Romero, Ramón Tejada Holguín, René Rodríguez Soriano, José Bobadilla, Fernando Cabrera, José Alejandro Peña, Juan Manuel Sepúlveda, Martha Rivera, León Félix Batista, César Zapata y otros. La Generación del 90 del siglo xx vio el nacimiento de dos nuevos movimientos literarios. El Contextualismo, de inspiración pluralista y orientación Historia general del pueblo dominicano 659 experimental bajo el modo de ficción imaginaria, fue creado en San Francisco de Macorís por Cayo Claudio Espinal; y el Interiorismo, de inspiración clásica y orientación mística bajo el modo de ficción trascendente, fue creado en Moca por Bruno Rosario Candelier. El Contextualismo Movimiento experimentalista que aspira a implantar una nueva modalidad estética fundada en una teorización sobre el quehacer poético. Esta nueva pauta creadora pretende una ruptura con las poéticas prevalecientes. El creador de este movimiento, Cayo Claudio Espinal, había ampliado el abanico poético hacia los dominios imaginarios y trascendentes con Acontecen neblinas, pero cuando apareció el Pluralismo se alió a ese movimiento con su poemario Banquetes de aflicción. Mediante «La mampara», el poeta asume la idea de contexto (razón por la cual el suscrito denominó contextualista su poética), como confluencia de planos y niveles y al advertir que el texto, como la realidad, tiene múltiples facetas y texturas, cada una de ellas revela la peculiar condición que hace de su suma una realidad compleja, diversa y contradictoria, intento que podría ofrecer nuevas posibilidades expresivas. Sin embargo, el aliento estético se ve sofocado por los endosos contextualizadores. La apelación para decidir entre «la aventura y el orden», según los términos de Guillaume Apollinaire, esa lucha en que se han debatido algunos creadores entre la tradición (orden) o la renovación (aventura), polariza la ruta de la imaginación. Aunque la experimentación no alienta el placer estético, entendemos que debe haber creadores que se casen con la vanguardia y que indaguen senderos expresivos con nuevos caminos formales para enrumbar la literatura hacia la modernidad. Desde luego, la gran literatura de todos los tiempos es aquella que aporta, desde el trasfondo espiritual de su búsqueda, un nuevo sentido al cultivo de la belleza y el flechazo del misterio bajo la motivación profunda de la inspiración creadora. Como aliado del Pluralismo, Banquetes de aflicción, de Cayo Claudio Espinal, representó la primera variante pluralista significativa, con la angustia metafísica como trasfondo. Con la técnica plural cobra potencia la multivocidad y, en consecuencia, el lenguaje poético se carga de una propiedad mágica: multiplica sus sentidos, preña de misterio la significación y no se agota en una lectura su caudal de connotaciones. En Cayo Claudio Espinal la pluralidad formal se asocia a una pluralidad conceptual, puesto que su máxima aspiración es dar con la fórmula que explique la condición infinita del 660 Literatura dominicana contemporánea. Grupos, tendencias y géneros literarios, 1960-2000 hombre, según su visión poética. De ahí su interés en penetrar en la esencia de la naturaleza, en la lucha que libran los seres para ser y existir, con el fin de superar el conflicto entre la vida interior y la exterior, la confrontación de los contrarios que subyace a su creatividad. Cayo Claudio Espinal alcanzó notoriedad con «Acontecen neblinas», publicado en El Nacional en 1975 y con tres libros de corte pluralista: Banquetes de aflicción, Utopía de los vínculos y la obra contextualista Comedio, de 1993. En Banquetes de aflicción, Espinal se da a conocer como un joven poeta maduro, no solo por la densidad de sus planteamientos filosóficos, sino por la forma de asumir los influjos del Surrealismo, las huellas culturales de autores griegos como Platón, Eurípides y Homero, los ecos nutrientes de poetas modernos como William Blake, Artur Rimbaud y Rainer María Rilke y de los nacionales Rafael Américo Henríquez, Franklin Mieses Burgos y Manuel Rueda, con un arsenal cultural de Oriente y Occidente, que se remonta a la cultura persa y la hindú y desciende a las raíces folklóricas nacionales, entroncándolos al mito criollo de la ciguapa y algunos elementos de la fauna y la flora dominicanas. En «La mampara», que el suscrito dio a conocer en Coloquio, el suplemento literario de El Siglo, el 14 de octubre de 1989, Cayo Claudio Espinal se propuso ampliar el texto con nuevos contextos, para lo cual: a) busca mecanismos de asociación con el concurso de diferentes disciplinas (artísticas, científicas y filosóficas); b) crea una idea del universo en su heterogeneidad y multivocidad; c) aplica la teoría de la desconstrucción (Derrida, Greimas, Wittgenstein); d) trabaja la confluencia de géneros, discursos, corrientes, creencias y teorías; e) usa los recursos del metatexto y la metapoesía, con superposiciones espaciotemporales, motivos delirantes y reflexiones sobre la creación poética. En su intento de crear varios planos que se modifiquen o se complementen, añade formas y sentidos por la vía de contextos o yuxtaposiciones referenciales por lo que se acentúa, sin embargo, la parte conceptual no poética en menoscabo de la dimensión estética mediante el empleo de un lenguaje técnico y especializado de la corriente experimentalista que acentúa el papel de la inteligencia en detrimento de la sensibilidad. Por esa razón, a esta tendencia se le puede objetar que su poética constituye: a) una variante del Pluralismo; b) un predominio de lo conceptual en detrimento de la vivencia estética; y c) un rejuego verbalista mediante vacuos entretenimientos experimentalistas que actúan como retruécanos de la conciencia. Integrantes: Cayo Claudio Espinal, Comedio; Manuel Llibre, Serie de senos; Víctor Saldaña, Sombra de nada y Pastor de Moya, Cuentos. Historia general del pueblo dominicano 661 El Interiorismo Movimiento literario creado y orientado por Bruno Rosario Candelier bajo un nuevo modo de ficción trascendente. Esta nueva tendencia estética, impulsada por el Ateneo Insular, la organización de escritores y grupos literarios que promueve la Poética Interior, ha implantado una nueva sensibilidad mediante el cultivo literario. Esta tendencia literaria promueve el enfoque de la realidad trascendente, testimonia el impacto de lo real en la conciencia y procura la intuición de verdades profundas mediante la expresión de la belleza trascendente y el cultivo de los valores interiores a favor de una visión espiritual y estética. El Movimiento Interiorista aglutina a los escritores con vocación por la interioridad y la trascendencia con el fin de potenciar la creación literaria hacia dimensiones profundas y esenciales. La opción estética del Interiorismo induce a que cada escritor se encuentre a sí mismo y se instale en el interior de la cosa mediante la contemplación de lo viviente para hacer la obra que formalice la voz interior, los efluvios de la realidad trascendente y la dimensión interna y mística de lo real, de manera que pueda hallar su propio camino interior y orillarlo desde su propia sensibilidad con el concurso de la intuición, el lenguaje, la memoria y las vivencias para testimoniar su peculiar percepción del mundo mediante la expresión de la verdad poética, que es siempre personal y la canalización de la voz universal, como legado de la sabiduría cósmica. El creador interiorista se instala en el interior de la cosa para atrapar su valor y su sentido, bajo los siguientes principios: a) enfoque de la realidad trascendente para testimoniar la dimensión interior de lo existente con el sentido de hechos, fenómenos y cosas; b) canalización de la reacción interior que lo real produce en la conciencia; c) objetivación de la faceta esencial de lo real mediante la imagen que evoca o sugiere su rasgo sustancial; d) interiorización y coparticipación de la vertiente interna y mística de lo viviente en procura de la verdad profunda y la belleza sublime. Como estética literaria de introspección y trascendencia, el Interiorismo revela la verdad subjetiva de las cosas expresada como certeza de la conciencia mediante el lenguaje de la intuición. La Poética Interior recupera el sentido originario de la creación: postula que las cosas son conocibles en su interioridad y esa dimensión entrañable la asume como sustancia de la creación; enfatiza que la creación literaria ha de fundar una realidad estética, interior y profunda, que es igual y distinta de la cosa que la inspira, que convierte en sustancia de la creación literaria; y confirma que la obra del creador produce en la conciencia una verdad o sabiduría que entusiasma, ilumina y edifica. 662 Literatura dominicana contemporánea. Grupos, tendencias y géneros literarios, 1960-2000 El Interiorismo procura crear una literatura profunda y trascendente mediante: 1. Instalación del sujeto creador en el interior de la cosa para asumir su esencia, su sentido o su valor. 2. Ponderación del impacto del mundo circundante en el interior de la conciencia. 3. Identificación sensorial, intelectual, afectiva y espiritual con lo viviente. 4. Expresión de los valores interiores, como empatía universal, ternura cósmica, soledad sonora y silencio contemplativo. 5. Creación o revelación de la verdad profunda y la belleza sutil. 6. Exaltación de los valores universales, como la verdad metafísica, la belleza sublime o el bien supremo. 7. Aplicación de los poderes interiores (intuición, memoria, reflexión, aliento creativo y visión amorosa del Mundo). 8. Canalización de la voz interior y la voz universal. 9. Sentimiento de pertenencia a la Totalidad. 10. Convicción de nuestro vínculo entrañable con la Fuerza Espiritual del Universo. Para lograr una creación interiorista es necesario: 1. Tomar conciencia de la instalación del sujeto creador en el interior de cosas y fenómenos para asumir interiormente lo contemplado. 2. Articular, en una visión integral y armoniosa, formas, procedimientos y valores plasmados en las grandes creaciones de la literatura universal. 3. Recrear el entusiasmo lírico que transmite una visión amorosa, original y auténtica de nuestra percepción singular del mundo en su dimensión esencial, interna y mística. 4. Asumir un tono empá- tico para establecer un vínculo de identificación intelectual y emocional con la cosa. 5. Elaborar la imagen interior que fusiona lo sensible y lo intangible para la percepción de la realidad trascendente. El Interiorismo es el primer movimiento literario dominicano que ha logrado una proyección internacional en Latinoamérica y Europa. Con el apoyo del Ateneo Insular, tiene una red de grupos y escritores aglutinados bajo un plan de acción cultural. Es la primera organización de escritores que ha fundado quince grupos literarios en el país y otros tantos en el exterior. Sus creadores sesionan periódicamente en diferentes poblaciones del país y celebran sus convivencias literarias con un sentido de crecimiento, armonía y creatividad. Integrantes: Bruno Rosario Candelier, Pedro José Gris, José Frank Rosario, Iki Tejada, Sally Rodríguez, Ramón Antonio Jiménez, Tulio Cordero, José Acosta, Guillermo Pérez Castillo, Carmen Pérez Valerio, Ángel Rivera Juliao, Johanna Goede, Manuel Salvador Gautier, Pura Emeterio Rondón, Emilia Pereyra, Oscar Holguín-Veras, Artagnan Pérez Méndez, Rafael García Romero, Teresa Ortiz, Carmen Comprés, Roberto José Adames, Jaime Tatem Brache, León David, Joifre Pimentel, José López Larache, Miguel Solano, Isael Pérez, Emilia Pereyra, Ofelia Berrido, Bárbara Moreno, Arsenio Díaz, Rosa Julia Vargas, Fausto Leonardo Henríquez, Minelys Sánchez, Valentín Amaro, Historia general del pueblo dominicano 663 Leopoldo Minaya, Eduardo Tavárez Justo, Eduardo Gautreau de Windt, Fari Rosario, Farah Hallal, Gahston Saint-Fleur, Sélvido Candelaria, Henry Santos Lora y otros. Desde su fundación en 1990, el Ateneo Insular ha fomentado la formación de grupos literarios, como el Octavio Guzmán Carretero, en Moca; el Salomé Ureña y el Virginia Elena Ortea, en Puerto Plata; el Chery Jimenes Rivera, en Monte Cristi; el Juan de Jesús Reyes, en Mao; el Domingo Moreno Jimenes, en Santiago; el Franklin Mieses Burgos, en San Francisco de Macorís y Santo Domingo; el Federico García Godoy y el Rubén Suro en La Vega; el Máximo Avilés Blonda, en Jarabacoa; el Manuel del Cabral, en Constanza; el Javier Angulo Guridi y el Manuel Valerio, en Santo Domingo; el Flérida de Nolasco, en La Romana; el Freddy Gatón Arce, en San Pedro de Macorís; el Tomás Morel, en San José de Las Matas; el Hilma Contreras, en San Francisco de Macorís y otros en el exterior que funcionan en calidad de Correspondientes del Movimiento Interiorista del Ateneo Insular Internacional. El Interiorismo ha estimulado la gestación de autores fundamentales en las letras dominicanas, entre los cuales figuran Pedro José Gris, José Frank Rosario, Tulio Cordero, Iki Tejada, Sally Rodríguez, Carmen Comprés, Manuel Salvador Gautier, Pura Emeterio Rondón, Julio Adames, José Acosta, Guillermo Pérez Castillo, Emilia Pereyra, Nelson Minaya, Jaime Tatem Brache, Pedro Camilo, Rafael García Romero, Ramón Antonio Jiménez, Roberto José Adames, Blas Jiménez, Carmen Pérez Valerio, Ángel Rivera Juliao, Ofelia Berrido, Fausto Leonardo Henríquez y Leopoldo Minaya, entre otros. Autores y obras: Bruno Rosario Candelier: El sueño era Cipango, La búsqueda de lo Absoluto, El Movimiento Interiorista, La pasión inmortal, Poesía mística del Interiorismo y otras. Pedro José Gris: Las voces, Salmodia de los saltos; José Frank Rosario: Entre el polvo y la ceniza; Ramón Antonio Jiménez: Crónica circular, Apología del insomnio, La presencia del miedo; Oscar de León Silverio: Nostalgia de lo Eterno; Iki Tejada: Un latido en el bosque; Julio Adames: Huéspedes en la noche; León David: Parábola de la verdad sencilla; Tulio Cordero: Si el alba se tardara, Latido cierto, La sed del junco, La noche, las hojas y el viento; Johanna Goede: Aún no sé qué nombre ponerle; Ida Hernández: Viajera del polvo; Carmen Sánchez: Descalza entre piedras; Roberto José Adames: Antología del suicidio; José Acosta: Destrucciones; Carmen Pérez Valerio: Rumor cotidiano; Ángel Rivera Juliao: Ángel de luz, Memoria de la sal; Guillermo Pérez Castillo: Insondable acecho; Manuel Salvador Gautier: Serenata, Balance de tres, Celebración de la primavera, El asesino de las lluvias; Emilia Pereyra: Coctel con frenesí; Fausto Leonardo Henríquez: La isla presentida; Jaime Tatem Brache: Rituales de la lluvia; Ofelia Berrido: El Sol secreto. 664 Literatura dominicana contemporánea. Grupos, tendencias y géneros literarios, 1960-2000 El Interiorismo tiene el mérito de aglutinar decenas de grupos literarios creados bajo su inspiración estética con la mayor matrícula de integrantes en el territorio nacional y, sobre todo, constituye el primer movimiento literario dominicano que ha alcanzado una proyección internacional, razón por la cual la nueva acepción que este movimiento ha aportado al ánfora del lenguaje ya ha sido registrada en varios diccionarios, incluido el de la Real Academia Española, lo que le acredita el reconocimiento como tendencia estética de nuestra lengua, categoría que avala el aporte de su formulación estética y el legado literario de sus creadores. Las dos grandes tendencias estéticas finiseculares, el Contextualismo y el Interiorismo, aglutinaron a los mejores creadores de la Generación del 90. Sin embargo, valiosos integrantes de esa generación optaron por una orientación ecléctica y abierta a diferentes influjos estéticos, como Nan Chevalier, Basilio Belliard, Modesto Acevedo, Homero Pumarol, Rita Indiana Hernández, Frank Martínez, Máximo Vega, Eloy Alberto Tejera, Pedro Antonio Valdez y Ángela Hernández, entre otros. Géneros literarios: narrativa, poesía y teatro El auge de la novela La creación de la novela, el género literario que mejor da cuenta de la realidad histórica y cultural de un país en virtud del caudal de referencias antropológicas, lingüísticas y sociográficas en cuya temática aflora lo nacional, lo popular y lo culto, responde al desarrollo material y social de un país y en las últimas décadas del siglo xx se ha intensificado con el avance de las técnicas novelísticas, la cosmovisión de los autores con su peculiar sensibilidad y la invención de la imaginación aliada a la idiosincrasia de nuestro pueblo. Las novelas importantes de nuestro pasado literario, como las de Pedro Francisco Bonó, Manuel de Jesús Galván, Francisco Gregorio Billini, Federico García Godoy, Tulio M. Cestero, Juan Bosch, Alfredo Fernández Simó, Ramón Lacay Polanco, Manuel A. Amiama y Julio Vega Batlle en la primera mitad del siglo xx, alimentaron las creaciones novelísticas de autores contemporáneos como Carlos Federico Pérez, Freddy Prestol Castillo, Marcio Veloz Maggiolo, Carlos Esteban Deive, Ramón Emilio Reyes, Ángel Hernández Acosta, Aida Cartagena Portalatín, Pedro Mir, Virgilio Díaz Grullón, Manuel Mora Historia general del pueblo dominicano 665 Serrano, Pedro Vergés, Diógenes Valdez, Andrés L. Mateo, Ricardo Rivera Aybar, Julia Álvarez, Bruno Rosario Candelier, Manuel Matos Moquete, José Enrique García, Emilia Pereyra, Manuel Salvador Gautier y Ofelia Berrido en la segunda mitad de la vigésima centuria, mediante la creación de novelas que reflejan al hombre y el paisaje dominicanos con sus rasgos lingüísticos, su talante cultural y la realidad histórica y social. La novela dominicana tiene, según mi valoración teórica, tres grandes tendencias en su trayectoria creativa: • La tendencia histórica, con tres corrientes: a) Novela indigenista (Enriquillo, de Manuel de Jesús Galván, y Toeya, de Virginia de Peña de Bordas); b) Novela costumbrista (Baní o Engracia y Antoñita, de Francisco G. Billini y Medalaganario, de Jacinto Gimbernard Pellerano); y c) Novela histórica (Guanuma, de Federico García Godoy y El sueño era Cipango, de Bruno Rosario Candelier). Con ese sentido del pasado, la tendencia histórica cuyos lineamientos programáticos fueron prestigiados por Walter Scott y que en nuestro país aplicó ejemplarmente Manuel de Jesús Galván en Enriquillo, ha sido la tendencia dominante en la evolución del género en las letras dominicanas. • La tendencia social, con tres corrientes: a) Novela socio-realista (La Mañosa, de Juan Bosch y Tiempo para héroes, de Manuel Salvador Gautier); b) Novela socio-política (Over, de Ramón Marrero Aristy, y Cuando amaban las tierras comuneras, de Pedro Mir); c) Novela criollista (Guazábara, de Alfredo Fernández Simó y Tracaveto, de Francisco Nolasco Cordero); y d) la vertiente existencialista (En su niebla, de Ramón Lacay Polanco y Nostalgia de la nada, de Teté Robiou). • La tendencia experimental, con tres corrientes: a) Novela urbana (Lucinda Palmares, de Diógenes Valdez y La ciudad herida, de Carlos Federico Pérez; b) Novela vanguardista (Los ángeles de hueso, de Marcio Veloz Maggiolo, y Goeíza, de Manuel Mora Serrano) y c) Novela cosmopolita (Escalera para Electra, de Aída Cartagena, y Mutanville, de Arturo Rodríguez Fernández). • La tendencia interiorizadora, que gestó la vertiente identidista con Julia Álvarez en De cómo las chicas García perdieron su acento y la vertiente mística impulsada Bruno Rosario Candelier con El sueño era Cipango. Esas tendencias y vertientes novelísticas se entroncan con sus respectivas generaciones literarias: la tendencia histórica, con la Generación Romántica de 1870; la tendencia social, con la Generación Socio-Realista de 1930; la 666 Literatura dominicana contemporánea. Grupos, tendencias y géneros literarios, 1960-2000 tendencia experimental, con la Generación Mágico-Realista de 1960 y la Tendencia Interiorizadora, con la Generación Identidista de 1990. Por su entronque con la realidad social,3 el novelista es el escritor que da el testimonio más completo de su tiempo, al explorar los secretos de la intrahistoria o bosquejar la radiografía espiritual de su sociedad. Según Georg Lukács, la novela responde a una búsqueda «demoníaca» de los verdaderos valores que transforman el mundo degradado, de manera que el héroe se comporte como ser antagónico respecto a la realidad que cuestiona o rechaza.4 Si la novela es un reflejo de la madurez sociocultural de un pueblo, el novelista capta la realidad en sus expresiones antropológicas, sociales, psicológicas y culturales. El novelista toma en cuenta aspectos que a menudo margina el historiador, el periodista o el sociógrafo, pues como dijera Alberto Zum Felde, «la intrahistoria no la escriben los historiadores sino los novelistas».5 La intrahistoria comprende lo que no se ve, lo que subyace en la base de hechos y conflictos que, al menos para el novelar que ausculta el trasfondo de la historia, es más importante que lo que se ve. Desde el punto de vista del modo de ficción, la novela dominicana ha oscilado entre el modo realista y el modo imaginario, con una ocasional incursión del modo trascendente.6 Hasta la fecha el tercer modo de ficción, el modo trascendente o metafísico, solo cuenta en la novelística dominicana con cuatro novelas adscritas al ámbito de la realidad trascendente: Frondas alucinantes de Alfredo Fernández Simó, El sueño era Cipango de Bruno Rosario Candelier, La mosca soldado de Marcio Veloz Maggiolo y El Sol secreto de Ofelia Berrido. El novelista ha de pensar como narrador, en cuya virtud crea mundos imaginarios, escenas narrativas ficticias, personajes inventados. Si corresponde al poeta pensar en imágenes sensoriales, el novelista ha de crear mundos imaginarios a través de los cuales formaliza hechos, personajes y ambientes que concibe su ficción, que mediante la estructura del género, organiza obsesiones y proyectos, funda tramas y vivencias, coordina hechos y apelaciones creadoras. El novelista nutre su ficción en los fondos dramáticos de los conflictos profundos, razón por la cual ha de ahondar en las raíces de los acontecimientos que afectan a la sociedad. Pero como nos advierte Lionel Trilling: «[…] somos criaturas de la época, criaturas del sentido histórico, no solo como lo fueron siempre los hombres, sino en un nuevo sentido desde los tiempos de Walter Scott.7 La realidad sociográfica dominicana pautó en el pasado la primacía de la novela tradicional con el predominio de la sociedad rural y, con el auge de la sociedad urbana en los tiempos contemporáneos, la primacía de la novela moderna. La modernidad en la novelística cuenta con un valioso precursor Historia general del pueblo dominicano 667 en la figura de Ramón Lacay Polanco, que aplicó por vez primera en la novelística dominicana recursos modernizantes del novelar, al introducir el Existencialismo en las letras dominicanas con las novelas Hombre de piedra y En su niebla. Corresponde, sin embargo, a Marcio Veloz Maggiolo, como líder de la vanguardia novelística dominicana, el título de introductor de la experimentación novelística con El buen ladrón, La vida no tiene nombre, Los ángeles de hueso, De abril en adelante y Materia prima, entre otros títulos. Los 70 implantan definitivamente la ruptura de los viejos moldes narrativos con Escalera para Electra, de Aida Cartagena Portalatín; Anadel, de Julio Vega Batlle; El Masacre se pasa a pie, de Freddy Prestol Castillo; Lucinda Palmares, de Diógenes Valdez; Cuando amaban las tierras comuneras, de Pedro Mir; Carnavá, de Ángel Hernández Acosta; Mutanville, de Arturo Rodríguez Fernández; Currículum de Efraím Castillo; Solo cenizas hallarás (Bolero), de Pedro Vergés; Goeíza, de Manuel Mora Serrano y Tu sombra 3, de Francisco Nolasco Cordero. El proceso de desarrollo de nuestra novelística ha visto la gestación de cuatro ciclos narrativos significativos: • El ciclo de la montonera (La Mañosa de Juan Bosch, La Cacica de Rafael Damirón, Guazábara de Alfredo Fernández Simó). Las novelas de las revoluciones montoneras cobró impulso al inicio del régimen político ejercido en el lapso de 1930-1961 cuyo gobierno aplasta los levantamientos armados que protagonizaban las revoluciones montoneras y decapita a los caudillos revolucionarios que se levantaban contra los gobiernos establecidos (Desiderio Arias, Ciprián Bencosme, Juancito Rodríguez) y, desde luego, se aúpan las novelas que combaten los levantamientos armados y contribuyen a sostener el status quo del ré- gimen establecido (Enriquillo de Manuel de Jesús Galván, Guanuma de Federico García Godoy, La sangre de Tulio Cestero, La Mañosa de Juan Bosch). • El ciclo de la caña (Cañas y bueyes, de Francisco Moscoso Puello; Over, de Ramón Marrero Aristy; El terrateniente, de Manuel A. Amiama). El ciclo sobre las novelas de la caña, que florece al principio del régimen tiránico como una reacción interna contra la explotación que las leyes amparaban en desmedro de los asalariados de los ingenios azucareros. La novela de la caña inspiró después La vida no tiene nombre, de Marcio Veloz Maggiolo y Tiempo muerto, de Avelino Stanley. • El ciclo de tema bíblico (El Buen Ladrón, de Marcio Veloz Maggiolo; Magdalena, de Carlos Esteban Deive y El testimonio, de Ramón Emilio 668 Literatura dominicana contemporánea. Grupos, tendencias y géneros literarios, 1960-2000 Reyes). Este ciclo crea un novelar inspirado en temas y personajes bí- blicos, que surge en los finales del gobierno de Trujillo, constituye un vehículo, indirecto y traslaticio, de denuncia de los abusos del régimen dictatorial mediante un procedimiento simbólico que, al tiempo que formulaba subrepticiamente una denuncia, evitaba que peligrara el pellejo de sus autores porque esas novelas se situaban en tiempos de Jesús y, por tanto, los males apuntados eran los del Imperio romano. Esas tres novelas son obras ejemplares por la dimensión espiritual de su contenido y la caracterización de sus personajes, ubicados en la Galilea del Nazareno. Son novelas inspiradas en la Biblia y denuncian los asesinatos y la prepotencia de las autoridades imperiales y a través de esa denuncia condenaban sutilmente los atropellos del régimen que sus autores conocían vivencialmente. • El Ciclo del dictador desarrolla hechos y actitudes bajo la dictadura, directa o indirectamente (En tiempos de las mariposas, de Julia Álvarez; Ritos de cabaret y Uña y carne, de Marcio Veloz Maggiolo; La balada de Alfonsina Bairán, de Andrés L. Mateo; Juro que sabré vengarme, de Miguel Holguín-Veras; Domini canes, de Bernardo Vega; Al cruzar el Viaducto, de Artagnan Pérez Méndez; Musiquito, de Enriquillo Sánchez; Tartufo y las orquídeas, de Diógenes Valdez; Bienvenida y la noche, de Manuel Rueda; Toda la vida y Tiempo para héroes, de Manuel Salvador Gautier. • El ciclo de novelas del dictador cobra fuerza con la generación de escritores que surgieron tras la caída de Trujillo, ya que tiene no solo distancia y perspectiva para enfocar la naturaleza de ese régimen político sino que, además, sus autores están libres del miedo que inspiraban sus secuaces y verdugos, lo que les permitió escribir libremente sobre la realidad de un despotismo despiadado. Esas novelas enfocan al dictador desde el dominio omnipresente de su figura todopoderosa hasta las secuelas en la población que producía esa manera de ejercer el poder. Los autores de esas novelas, lo mismo si sufrieron las penas del exilio (Julia Álvarez con En el tiempo de las mariposas, Manuel Salvador Gautier con Toda la vida) o si fueron beneficiados por el régimen (Manuel Rueda con Bienvenida y la noche, Virgilio Díaz Grullón con Los algarrobos también sueñan) condenan, mediante la ficción, la realidad nefasta que la dictadura prohijó. Después del régimen de los 30 años, autores que vivieron la época publicaron novelas con el tema del dictador, como La ciudad herida, de Carlos Federico Pérez; Papaján, de Francisco Nolasco Cordero; Los algarrobos también sueñan, de Virgilio Díaz Grullón; Bienvenida y la noche, de Manuel Rueda y Historia general del pueblo dominicano 669 otras. En pleno régimen dictatorial se habían publicado algunas novelas sobre la dictadura, como Cementerio sin cruces, de Andrés Francisco Requena o Trementina, clerén y bongó de Julio González Herrera, que circularon con más profusión tras la caída del Jefe. La década de los 90 del siglo xx vio un florecimiento del ciclo del dictador como tema central o tema de trasfondo con la presencia del caudillo gobernante en la vida social del pueblo dominicano y las implicaciones emocionales de la dictadura en la psicología colectiva sofrenada por el miedo. El tema de la dictadura enfoca los efectos del régimen en la conducta de los personajes o las reacciones emocionales de la gente ante el poder avasallante. La producción de novelas es imparable. Autores de promociones precedentes, como Manuel del Cabral (El presidente negro); Juan Bosch (El oro y la paz), Aida Cartagena Portalatín (La tarde en que murió Estefanía); Freddy Prestol Castillo (Pablo Mamá); Joaquín Balaguer (Los Carpinteros); Virgilio Díaz Grullón (Los algarrobos también sueñan) y de las promociones contemporáneas, como Teté Robiou (La nostalgia de la nada); Marcio Veloz Maggiolo (Biografía difusa de Sombra Castañeda, La mosca soldado o El hombre del acordeón); Andrés L. Mateo (La balada de Alfonsina Bairán, El violín de la adúltera); Pedro Peix (El brigadier o La fábula del lobo y el sargento) y Diógenes Valdez (Tiempos revocables) remozan el cultivo de la novela. Otras novelas importantes por la historia que narran, como Escalera para Electra de Aida Cartagena, De abril en adelante de Marcio Veloz Maggiolo o Cuando amaban las tierras comuneras de Pedro Mir, parámetros de la modernidad, sin embargo flaquean por el exceso de experimentación o por ignorar la ley de la transformación, fundamental entre las leyes novelísticas. El hecho de que en 150 años de historia del género, apenas 10 o 12 novelas complementan cabalmente las exigencias del género, revela el precario desarrollo de nuestra novelística y manifiesta el porqué no hemos podido colocar una novela dominicana en la competencia internacional.8 Varias novelas impactan por la asunción de una temática vinculada a la realidad social, como El Masacre se pasa a pie, de Freddy Prestol Castillo; Solo cenizas hallarás (Bolero), de Pedro Vergés; Cuando amaban las tierras comuneras, de Pedro Mir; Balance de tres, de Manuel Salvador Gautier o El hombre del acordeón de Marcio Veloz Maggiolo. Aunque hay muchos novelistas, los escritores dominicanos con una sólida ejecutoria novelística son Marcio Veloz Maggiolo, Roberto Marcallé Abreu y Manuel Salvador Gautier. Hay novelas importantes por su historia en sí misma y la forma de conducirla, como Las devastaciones, de Carlos Esteban Deive; Materia prima, de 670 Literatura dominicana contemporánea. Grupos, tendencias y géneros literarios, 1960-2000 Marcio Veloz Maggiolo; La balada de Alfonsina Bairán, de Andrés L. Mateo o El testimonio, de Ramón Emilio Reyes. Mientras La vida no tiene nombre, de Marcio Veloz y El terrateniente, de Manuel A. Amiama, ubican sus historias en el Este del país; Carnavá, de Ángel Hernández Acosta; Pablo Mamá, de Freddy Prestol Castillo y Los Carpinteros, de Joaquín Balaguer, reviven el ámbito cultural sureño de la tierra dominicana. En cambio, novelas como Goeíza, de Manuel Mora Serrano; El rastro de Caín, de Rosa Julia Vargas, y Al cruzar el Viaducto, de Artagnan Pérez Méndez, se desarrollan en el Cibao. En las letras dominicanas actuales hay un impulso del novelar con autores consagrados y bisoños. Citamos los nombres de Eduardo Álvarez (El Fuerte de la Navidad); Tirso Toribio (La muerte de Jacinto Mendoza); Sueko (Rapto); Andrés L. Mateo (La balada de Alfonsina Bairán); Frank Núñez (La brega); Manuel Rueda (Bienvenida y la noche); Bruno Rosario Candelier (El sueño era Cipango); Avelino Stanley (Catedral de la libido); Máximo Vega (Juguete de madera); Rafael Peralta Romero (Residuos de sombra); Manuel Salvador Gautier (Tiempos para héroes, Serenata, El asesino de las lluvias); Edwin Disla (Vida de un tormento, Período de sombras); Manuel Matos Moquete (Los amantes de abril); José Enrique García (Una vez un hombre); Efraim Castillo (Guerrilla nuestra de cada día); Luis R. Santos (Un amante discreto) y Miguel Solano (Las lágrimas de mi papá). Los novelistas de la Generación del 90, animados por la búsqueda de la identidad, han tenido una importante presencia en la diáspora dominicana en los Estados Unidos de América con Julia Álvarez (De cómo las muchachas García perdieron el acento, En el tiempo de las mariposas, En el nombre de Salomé); Viriato Sención (Los que falsificaron la firma de Dios) y Tomás Modesto (Los cuentos de Mount Hope). La voz de la mujer se ha destapado en la novelística criolla con los nombres de Carmen Imbert Brugal (Distinguida señora), Emelda Ramos (El despojo); Emilia Pereyra (El crimen verde, Cenizas del querer, Coctel con frenesí); Martha Rivera (Se me olvidó tu nombre), Mélida García (Laberinto); Ofelia Berrido (El Sol secreto) y otras. Lo que no tenía nuestra novelística del pasado, que ya lo tiene en el presente, es un pensamiento fraguado en sus alforjas narrativas. Carecimos de una visión del mundo expresada en la novelística nacional. Lo que los alemanes llaman Weltannschauung, ese horizonte conceptual o filosófico a través del cual canalizamos verdades profundas en la manera de asumir e interpretar la realidad, tuvo una débil presencia en nuestras novelas anteriores. Ciertamente las novelas constituyen un canal de la dianoia, es decir, una expresión de las ideas que mueven las corrientes intelectuales o las motivaciones Historia general del pueblo dominicano 671 que subyacen en la intrahistoria, veta copiosa de las narraciones de largo aliento. La cosmovisión refleja el soporte ideológico de la condición humana, ámbito privilegiado del novelar que muchos de nuestros novelistas no han sabido aprovechar narrativamente. La cosmovisión entraña la búsqueda de un sentido del pasado, con el trasfondo conceptual que sustentan la acción, la conducta de los personajes o la filiación de los acontecimientos. Además del plano de la historia y el plano sociocultural, en la novela hay un plano simbólico y otro filosófico que comprenden el sustrato más hondo de la novela y a menudo motivan la creación de mundos imaginarios que dan cuenta de la rebelión del narrador, de la realidad nefasta que rechaza o cuestiona y del mundo ficticio o utópico que propone como antídoto del mundo degradado que adversa. Ya hay varias novelas que reflejan, mediante su cosmovisión, un planteamiento filosófico o espiritual profundo, como Las devastaciones, de Carlos Esteban Deive; Goeíza, de Manuel Mora Serrano; El sueño era Cipango, de Bruno Rosario Candelier; El reino de Mandinga, de Ricardo Rivera Aybar; La mosca soldado, de Marcio Veloz Maggiolo; Génesis si acaso, de Ángel Garrido; El Sol secreto, de Ofelia Berrido; Al fin del mundo me iré, de Avelino Stanley y Ubres de novelastra, de Federico Henríquez Gratereaux, por cuanto reflejan un cuerpo conceptual que las sustenta, paralelo al sustrato sociográfico y cultural con su fotograma histórico, epocal y ambiental, desde su dimensión social y estética. También están Bonaparte Gautreau Piñeyro, con la novela Al final del arco iris; Roberto Marcallé Abreu con Cinco bailadores sobre la tumba caliente del licenciado, Espera de penumbras en el viejo bar; Manuel Mora Serrano con la novela mágico-realista Goeíza; Diógenes Valdez, con Lucinda Palmares. La Universidad Católica Madre y Maestra publicó en 1966 Anadel, de Julio Vega Batlle. En las nuevas promociones de novelistas figuran G. C. Manuel, Pedro Peix, Manuel Salvador Gautier, Pedro Camilo, Avelino Stanley, Frank Núñez, Luis R. Santos, Sueko (Orlando Suriel), Miguel Holguín-Veras, Julia Álvarez, Emilia Pereyra y Ofelia Berrido entre otros. El canon de la novela dominicana presenta las siguientes características: La aparición de la novela dominicana es el producto del desarrollo material, social y cultural del pueblo dominicano pautado por los procesos históricos, razón por la cual carecemos de novelas en la época colonial. El desarrollo de la pequeña burguesía es el factor propicio del novelar dominicano, desde El montero, de Pedro F. Bonó, primer novelista dominicano, hasta La mosca soldado de Marcio Veloz Maggiolo, el primero en el rango de la calidad. La novela 672 Literatura dominicana contemporánea. Grupos, tendencias y géneros literarios, 1960-2000 dominicana revela facetas históricas, sociográficas y antropológicas con su perfil socio-cultural, ratificando al novelista como vocero de la sociedad. El molde clásico del género, en el que predominan las historias narradas, está presente en la mayoría de las novelas dominicanas, desde Enriquillo de Galván hasta El Sol secreto de Ofelia Berrido. El género novelístico ha seguido las estéticas y corrientes en boga, a menudo con cierta arritmia o retraso en el tiempo aplicando alternativamente principios románticos, modernistas, criollistas, socio-realistas, surrealistas, existencialistas, mágico-realistas e interioristas. Las más importantes novelas nacionales fincan su temática en las tragedias que han afectado a la población dominicana en sus respectivos tiempos y circunstancias, desde Guanuma, de Federico García Godoy hasta La mosca soldado, de Marcio Veloz Maggiolo. El empleo de la novela como vehículo de edificación moral, filosófica o didáctica (como Tertulia de los solterones, de Emilio Rodríguez Demorizi; Domini canes de Bernardo Vega; Anadel de Julio Vega Batlle y Medalaganario, de Jacinto Gimbernard) apuntala el valor documental. La aparición tardía de la novela dominicana ha propiciado la vuelta al pasado en la asunción de temas y motivos de nuestra vida colonial de los más importantes narradores nacionales. Los ciclos temáticos que registra la novelística dominicana, como la novela de las revoluciones, la novela de la caña, la novela bíblica o la novela del dictador, refuerzan el cultivo del género en sus procesos de diversificación y desarrollo. El clima cultural ha condicionado el desarrollo de un género literario tan complejo y exigente como la novela que representa el más alto desarrollo literario de un país. La circunstancia de que nuestra novelística registre tantos novelistas de ocasión, sin la adecuada preparación o sin la vocación para emprender con rigor y perseverancia el cultivo de la novela ha producido obras con historias carentes de garra narrativa vigorosa o formas débiles en la aplicación de técnicas. La novela tradicional responde al predominio de la población rural y la moderna, a la primacía de lo urbano, que se ha correspondido con el desarrollo de la burguesía nacional, siendo generalmente pequeño-burgueses los cultores del género novelístico. Las prácticas vanguardistas de la experimentación narrativa, si bien son saludables para la apertura del género cuando se emplean con mesura, confirman el mimetismo del escritor en cuanto a la aplicación de técnicas y recursos. Con las excepciones de Marcio Veloz Maggiolo, Roberto Marcallé Abreu y Manuel Salvador Gautier, nuestros novelistas carecen de una fecunda Historia general del pueblo dominicano 673 ejecutoria que avale la consagración al género de más largo aliento. Autores que han dedicado su vida al cultivo de la poesía o el ensayo han sorprendido con la publicación de una novela, como Pedro Mir con Cuando amaban las tierras comuneras, Manuel del Cabral con El presidente negro, Manuel Rueda con Bienvenida y la noche. La obra novelística de nuestro novelista más eminente, Marcio Veloz Maggiolo, pone de manifiesto la veta creativa de la identidad y la memoria. Como dije en su oportunidad, hay un tipo de memoria, que llamo memoria vicaria, mediante la cual el recuerdo ajeno despierta la memoria propia y, en su defecto, permite aprovechar la experiencia ajena y convertirla en materia para la creación literaria, como sucede con la memoria histórica que permite husmear en el pasado hasta convertirla en fuente y sustancia del novelar. La memoria vicaria no ha sido explotada, como recurso creativo, en la novelística dominicana, como lo ha hecho el autor de La mosca soldado. Los grandes problemas nacionales sectorizados en las zonas regionales del país han gravitado en la novelística criolla, razón por la cual ha predominado la tendencia histórica con el inexorable modo de ficción realista, pero con el advenimiento del Movimiento Interiorista ha comenzado la aparición de novelas inspiradas en el modo metafísico de ficción. Las novelas dominicanas más representativas son: Enriquillo. de Manuel de Jesús Galván; La sangre, de Tulio M. Cestero; La Mañosa, de Juan Bosch; Over, de Ramón Marrero Aristy; Guazábara, de Alfredo Fernández Simó; En su niebla, de Ramón Lacay Polanco; Escalera para Electra, de Aída Cartagena Portalatín; Solo cenizas hallarás, de Pedro Vergés; Las devastaciones, de Carlos Esteban Deive; Lucinda Palmares, de Diógenes Valdez; Goeíza, de Manuel Mora Serrano; El reino de Mandinga, de Ricardo Rivera Aybar; En el tiempo de las mariposas, de Julia Álvarez; El asesino de las lluvias, de Manuel Salvador Gautier; La mosca soldado, de Marcio Veloz Maggiolo y Memoria del horror hermoso, de José Bobadilla. En fin, en tanto narrador que ausculta la voz de su pueblo, la impronta epocal y la huella de la intrahistoria, el novelista se nutre de realidades, auxiliándose de la tradición, el lenguaje, la memoria, la imaginación y la pasión. El sentido etimológico del epos griego, base de la épica que anima la «narración verbal» o la «palabra narrante» de la epopeya cuya evolución desembocó en el novelar moderno como enseña Wolfgang Kayser, despierta la curiosidad histórica por los orígenes, inclinación que subyace la vocación de novelista y lo motiva a escribir aventuras y pasiones. Lo que una historia de aventuras y pasiones puede aportar ha de estar engarzado al sueño de la sociedad, motivo de creación novelística. Ya no 674 Literatura dominicana contemporánea. Grupos, tendencias y géneros literarios, 1960-2000 son la experimentación de nuevas formas ni la violencia contra la estructura tradicional del género lo que estimula la imaginación del novelista: son historias plenas de vitalidad persuasiva, el aliento de vidas completas, los valores que sustentan la existencia humana, el horizonte de ideales que sacuden la modorra espiritual y los hallazgos de intuiciones que hacen del novelar una fuente de reflexión con un alto contenido trascendente. El sentido del pasado subyace en los hechos del presente para que surquemos con reveladora certidumbre las veredas del presente. El cuento y el relato Hay tres clases de cuentos: el cuento maravilloso (cuento de hadas), el cuento folklórico (cuento de caminos) y el cuento literario (cuento erudito). De esos tres tipos de cuentos, las últimas dos modalidades se han desarrollado en la República Dominicana. El cuento folklórico llegó al país con los conquistadores españoles, de manera que tiene una impronta hispánica, aunque al aclimatarse al medio local sufriera variantes según las condiciones socioculturales. Los cuentos de caminos, casi siempre relatos porque narran más de un hecho, fueron las primeras manifestaciones narrativas que conoció nuestro pueblo, mucho antes de que se creara en el país la primera narración de factura culta. Mientras José Ramón López es el más importante representante del cuento tradicional en la tendencia realista, Fabio Fiallo lo es en la tendencia fantástica de corte modernista. Si José Ramón López es realista y Sócrates Nolasco es naturalista, Juan Bosch, que llevará el cuento dominicano a su máximo desarrollo literario, es al mismo tiempo criollista, socio-realista y mágico-realista, líneas que seguirán los cuentistas de su generación y que de alguna manera siguen su magisterio, como los demás cuentistas de los años treinta y cuarenta del siglo veinte. Justamente Bosch opera el salto entre el cuento tradicional y el moderno, siendo el más alto representante de la tendencia realista, como Virgilio Díaz Grullón lo fue para la tendencia fantástica del cuento moderno. En los años cuarenta y cincuenta Julio Vega Batlle, Hilma Contreras y Tomás Hernández Franco cultivan el cuento surrealista. Virgilio Díaz Grullón, que comienza como realista en Un día cualquiera, se vuelca hacia la tendencia fantástica cuya mejor creación es Más allá del espejo. En la década de los 60 se cultiva una tendencia neo-realista, como la de René del Risco y Armando Almánzar. En los 70 y 80 la línea real fantástica de Pedro Peix, Marcio Veloz Maggiolo y José Alcántara Almánzar cobra fuerza. Los cuentos que aparecen con el patrocinio de Casa de Teatro en los últimos treinta años representan Historia general del pueblo dominicano 675 las diferentes tendencias, con nombres establecidos o principiantes, como Manuel Rueda, Arturo Rodríguez Fernández, Armando Almánzar, Rafael Castillo, Pedro Peix, Diógenes Valdez, José Alcántara Almánzar, Rafael García Romero, Ángela Hernández y Pedro Camilo, entre otros. A pesar de que el cuento, en principio, enfoca conflictos, no floreció entre nosotros el cuento psicológico, que introdujera en Santo Domingo Ángel Rafael Lamarche; sin embargo, fue el cuento de orientación criollista, enraizado en la problemática social, el que tomó la delantera y la primacía por la maestría con que Bosch lo cultivó. En sus cuentos ocupan atención prioritaria el drama del campesino humilde, el enfrentamiento del hombre con la Naturaleza y la explotación de amos contra peones. A pesar de que en la narrativa boschiana hay aspectos psicológicos y fantásticos, mágico-realistas y criollistas, es la lí- nea socio-realista la dominante en su ficción. En un cuento como «Los amos», se aprecia el trato cruel e injusto que recibe el campesino pobre, representado por el peón que simboliza al hombre explotado y maltratado que aún en las peores condiciones (enfermedad, desvalimiento, incapacidad) debe servir al amo a costa de su propia vida. La objetividad con que se narra este y los restantes cuentos de Bosch, el manejo diestro del lenguaje y la forma de emplear recursos y procedimientos logran persuadirnos no solo de su verosimilitud sino de su conceptuación con su valiosa dimensión estética y social. Los cuentistas que se desarrollaron bajo la sombra de Bosch, como José Rijo, Freddy Prestol Castillo, Ramón Marrero Aristy, Ramón Lacay Polanco, Néstor Caro, Ángel Hernández Acosta, Hilma Contreras, Eurídice Canaán, Aida Cartagena Portalatín, Virgilio Díaz Grullón y la restante cuadrilla de narradores contemporáneos, entre los cuales figuran las más jóvenes promociones, escriben o narran según el patrón estructural del cuento. Entre los narradores importantes de la promoción del 70 figuran Diógenes Valdez, José Alcántara Almánzar, Arturo Rodríguez Fernández, Andrés L. Mateo, Rafael Castillo, Roberto Marcallé Abreu, Pedro Peix y Bonaparte Gautreaux Piñeyro. Autores como José Alcántara Almánzar, autor de La carne estremecida, Callejón sin salida, Las máscaras de la seducción y Testimonios y profanaciones, Diógenes Valdez, con El silencio del caracol, La pinacoteca de un burgués, Todo puede suceder un día, y Manuel Rueda, con Papeles de Sara y otros relatos, le han dado una alta categoría al género corto de la narrativa. Otros autores importantes, como Armando Almánzar, Aída Bonnelly, Pedro Peix, José Enrique García, León David, Emilia Pereyra y Ángela Hernández han sido fecundos y ejemplares en el cultivo del cuento. Esos creadores tienen la sensibilidad artística para captar y expresar los fenómenos del mundo interior de sus personajes, que plasman sus vivencias imaginarias en imágenes narrativas. 676 Literatura dominicana contemporánea. Grupos, tendencias y géneros literarios, 1960-2000 Enmarcados en la línea de creación de los grandes narradores hispanoamericanos (José María Arguedas, Juan Rulfo, Julio Cortázar, Jorge Luis Borges, Alejo Carpentier, Gabriel García Márquez), estos narradores dominicanos cimentan su mundo narrativo en una materia real-imaginaria proveniente de la realidad sociocultural dominicana y, obviamente, del mundo de sus propias experiencias, obsesiones y vivencias. Continuadores de la mejor tradición latinoamericana, enrumban sus narraciones hacia una literatura bajo los tres grandes modos de ficción. En gran parte de los textos narrativos dominicanos, los personajes se hallan dominados por una sensación de fracaso, de miedo, de soledad, donde el narrador asume el punto de vista de sus personajes a través de hechos, actitudes, creencias y comportamientos propios de sujetos de capas sociales urbanas, populares y barriales identificables en pueblos y ciudades de países subdesarrollados como Santo Domingo. Con una variada artillería narrativa en la que están presentes la imbricación de planos y puntos de vista, retrospecciones y evocaciones, superposiciones espacio-temporales, aunados a cierto costado de crítica social, los nuevos narradores presentan un cuadro sociográfico de la realidad dominicana: Personajes signados por la vorágine de un mundo conflictivo, atrapados en la angustia derivada de una precaria realidad material y espiritual, con hechos perfilados por una ausencia de moral en un mundo que aporta la materia narrativa a su ficción mediante la cual proyectan sus matices humanos, lingüísticos, psicológicos y culturales, en una conformación de personajes con trazos firmes y vigorosos, sobre todo jovenzuelos inmersos en la desesperación, la violencia y el desgano con una formalización narrativa en un lenguaje coloquial impregnado de expresiones populares. Entre los cuentistas de los 80 se destacan Rafael García Romero, Rafael Castillo, René Rodríguez Soriano, Ramón Tejada Holguín, Rafael Peralta Romero, Ángela Hernández, Juan Manuel Prida Busto, Luis Arambilet, Mélida García, Osiris Madera, Eric Simó y Fernando Valerio Holguín, entre otros. Entre los autores consagrados que publicaron sus cuentos en los últimos cincuenta años figuran Juan Bosch, con Cuentos escritos en el exilio, Cuentos escritos antes del exilio y Más cuentos escritos en el exilio; Hilma Contreras, con Entre dos silencios; Ramón Lacay Polanco, con No todo está perdido; Virgilio Díaz Grullón, con Crónicas de Altocerro, Más allá del espejo y De niños, hombres y fantasmas; Manuel del Cabral, con Cuentos cortos con pantalones largos; Marcio Veloz Maggiolo, con Seis relatos, La fértil agonía del amor y Cuentos, recuentos y casi-cuentos; Aida Cartagena Portalatín, con Tablero; Manuel Rueda, con Papeles Historia general del pueblo dominicano 677 de Sara y otros relatos; Carlos Esteban Deive, con Museo de Diablos; Pedro Mir, con La gran hazaña de Límber y después otoño. Varios autores alcanzaron notoriedad con libros de cuentos, como Armando Almánzar, con Límite e Infancia feliz; Efraim Castillo, Viaje de regreso; Miguel Alfonseca, El enemigo; Mario Emilio Pérez, El miedo cerró las puertas; Roberto Marcallé Abreu, Las dos muertes de José Inirio, Sábado de sol después de las lluvias, El minúsculo infierno del señor Lukács, Cinco bailadores sobre la tumba caliente del licenciado, Espera de penumbras en el viejo bar, Ya no están estos tiempos para trágicos finales de historias de amor y Alternativas para una existencia gris; José Alcántara Almánzar, Viaje al otro mundo, Callejón sin salida, Testimonios y profanaciones y Las máscaras de la seducción; Arturo Rodríguez Fernández, La búsqueda de los desencuentros; Santiago Estrella Veloz, Igual que antes; René del Risco Bermúdez, En el barrio no hay banderas; Ángel Hernández Acosta, Otra vez la noche; Lucía Amelia Cabral, Hay cuentos que contar; Pedro Peix, Las locas de la Plaza de los Almendros y La noche de los buzones blancos; Diógenes Valdez, El silencio del caracol; Rafael Castillo, La viuda de Martín Contreras y otros cuentos; Aída Bonnelly de Díaz, Variaciones; Pircilio Díaz, Una manera extraña de morir; José Enrique García, Contando lo que pasa; y Rafael García Romero, con Ruinas, Los ídolos de Amorgos y La sórdida telaraña de la mansedumbre. En la narrativa cobran fuerza narradores de diversas edades y tendencias, como Pedro Antonio Valdez, Julio Adames, José Frank Rosario, Luis Martín Gómez, Eugenio Camacho, Pastor de Moya, Luis Toirac, Osiris Madera, Eric Simó, Mélida García, Máximo Vega, Luis R. Santos, José Acosta, Rita Indiana Hernández, Martha Rivera, Emilia Pereyra, Ángela Hernández, Juan Manuel Prida, Luis Arambilet, Manuel Salvador Gautier, Ofelia Berrido y Miguel Solano. Están también la colección de Cuentos premiados de Casa de Teatro (1977- 2000), cuyo concurso ha incentivado el cultivo de la narrativa y la poesía. También han tenido su incidencia los concursos patrocinados por la Secretaría de Educación primero y después por el Ministerio de Cultura, así como los concursos literarios de la Alianza Cibaeña, de Santiago, Renovación, de Puerto Plata, Radio Santa María de La Vega y Universidad Central del Este, de San Pedro de Macorís. La creación poética El género poético ha sido el más cultivado en las letras dominicanas en toda su historia. Durante todo el siglo xx hubo una significativa producción 678 Literatura dominicana contemporánea. Grupos, tendencias y géneros literarios, 1960-2000 poética en cantidad y en calidad, en todas las tendencias y vertientes de esa singular forma creación, que en la dimensión lírica ocupa el más alto peldaño en obras representativas. Mediante la intuición, la memoria y las vivencias, los poetas canalizan la más honda creación estética que ausculta el sentido sutil de lo viviente, los hallazgos de la conciencia o la revelación de verdades de la cantera del infinito que, aunadas a la belleza y el misterio, la poesía mitificante, metafísica y mística formaliza con el lenguaje de los símbolos y la forma estética de la expresión. Las tendencias poéticas dominantes en la segunda mitad del siglo xx responden a la orientación estética del Postumismo, La Poesía Sorprendida, Independientes del 40 y la Generación del 48, cuyos integrantes siguieron vigentes algunas décadas después de su tiempo de gestación, así como los movimientos posteriores, como el Pluralismo, la Poética del Pensar, el Contextualismo y el Interiorismo, han dominado el escenario de la creación poética. Los creadores de poesía de la Modernidad respondían al modelo de creación establecida por los poetas de la Poesía Sorprendida (Franklin Mieses Burgos, Antonio Fernández Spencer, Manuel Rueda, Manuel Valerio, Mariano Lebrón Saviñón, Freddy Gatón Arce) con una estrategia poética combinada mediante fórmulas simbolistas, surrealistas y creacionistas; también de los Independientes del 40 (Manuel del Cabral, Pedro Mir, Héctor Incháustegui Cabral, Tomás Hernández Franco, Octavio Guzmán Carretero, Francisco Domínguez Charro, Alfredo Fernández Simó, Chery Jiménez Rivera y Carmen Natalia), con una preocupación por el hombre y el paisaje dominicanos, expresada en una poesía de tendencia social y a veces de protesta, que pone su evidencia de un lado en la esencia de lo dominicano siguiendo en cierto modo la tradición de Domingo Moreno Jimenes. Por otra parte combaten y denuncian las injusticias sociales con estilos y tendencias muy distintos: directo y reflexivo en Héctor Incháustegui Cabral y Octavio Guzmán Carretero: lírico y social en Pedro Mir y Chery Jiménez Rivera; real-imaginario con trasfondo metafísico en Manuel del Cabral, Tomás Hernández Franco y Alfredo Fernández Simó.9 Valiosas obras de autores mayores se publicaron después de la caída de Trujillo, como Poemas de una sola angustia, de Héctor Incháustegui; Contracanto a Walt Whitman, de Pedro Mir; La espada metafísica, de Manuel del Cabral; Por los mares de la dama, de Manuel Rueda; Por ahora, de Lupo Hernández Rueda; Geografía de una inquietud, de Chery Jiménez Rivera o País de vendimia, de María Luisa Sánchez. Historia general del pueblo dominicano 679 Aunque a mediados del siglo xx La Poesía Sorprendida ya no existía como grupo, sus antiguos integrantes seguían activos e influyentes con una creación poética inspirada en una sólida tendencia literaria: 1) Cultivo del modo subjetivo en la poesía; 2) potenciación de los procedimientos imaginativos (simbolistas, creacionistas y surrealistas); 3) apertura y trascendencia con el lema «Poesía con el hombre universal»; 4) rigor formal a la expresión de temas eternos como el dolor, la soledad, la muerte y el amor; 4) divulgación de los movimientos poéticos renovadores, como el Simbolismo, el Surrealismo y el Creacionismo; 5) valorización de la tradición de la gran poesía de todos los tiempos y culturas, mediante la reproducción de sus creaciones (clásicos españoles principalmente). Este grupo tenía una tendencia hacia la subjetividad, unida a la preocupación por la perfección formal.10 Autores como Domingo Moreno Jimenes, Manuel del Cabral, Héctor Incháustegui Cabral, Franklin Mieses Burgos, Melba Marrero de Munné, Antonio Fernández Spencer, Mariano Lebrón Saviñón, Freddy Gatón Arce, Aida Cartagena Portalatín, Manuel Valerio, Manuel Rueda, Hilma Contreras y Héctor Pérez Reyes dieron a la estampa importantes obras líricas en la etapa democrática. Freddy Gatón Arce publicó Poblana, Magino Quezada, Retiro hacia la luz, Son guerras y amores, Y con auer tanto tiempo, El Poniente, Estos días de Tíbar; Aida Cartagena Portalatín, La tierra escrita; Antonio Fernández Spencer, Obras poéticas; Manuel Rueda, La criatura terrestre, Con el tambor de las islas, Por los mares de la dama, Las edades del viento, Congregación del cuerpo único; Mariano Lebrón Saviñón, Tiempo en la tierra. El grupo de la Generación del 48, con la revista Testimonio (1964-1966), potenció su influjo cultural en los ambientes literarios. Sin desdeñar la tradición, esta agrupación constituye una síntesis en la evolución poética dominicana, en tanto sus integrantes asimilaron la inquietud humana del Postumismo y la preocupación formal de La Poesía Sorprendida, para expresar en lenguaje simbólico las tendencias de su tiempo, el ansia de libertad, la sed de justicia y los valores esenciales del hombre. Se ha señalado en este grupo la tendencia a la introversión mediante el lenguaje subjetivo como consecuencia del régimen político de la época.11 Sus principales integrantes, como Lupo Hernández Rueda, publicaron Santo Domingo vertical, Crónica del Sur, Por ahora, Con el pecho alumbrado; Máximo Avilés Blonda, Cantos a Elena, Centro del mundo, Del comienzo a la mitad del camino y Los profetas; Víctor Villegas produjo Diálogos con Simeón, Charlotte Amalie, Juan Criollo y otras antielegías, Poco tiempo después y Muerte herida. Los nuevos autores que surgieron después de los 60 engarzaron a su creación el enfoque de lo humano universal y lo dominicano en particular. 680 Literatura dominicana contemporánea. Grupos, tendencias y géneros literarios, 1960-2000 Con el advenimiento de la Generación del 60 y las promociones siguientes finiseculares, la poesía dominicana se acopló a las corrientes neorrealistas, existencialistas, mágico-realistas, subjetivistas, experimentalistas e interioristas con el endoso de la realidad natural, las vivencias psicológicas y los estados de conciencia propios de la mentalidad sociocultural moderna. Después de la breve irrupción del Pluralismo y las corrientes de vanguardia, que no prosperaron, se volvió al patrón clásico y a las formas de creación acopladas a las tendencias estéticas establecidas de las letras universales. El propio Manuel Rueda, después de aupar su proyecto experimentalista, renunció a su propuesta al advertir, con su lúcido talento crítico, que los fueros renovadores carecen de sentido si no están avalados por un contenido trascendente, un encanto inherente y una forma hermosa afín a la belleza, la verdad y el misterio, los polos convocantes de la creación poética. Los creadores de poesía, conforme a las pautas estéticas de la Clasicidad y la Modernidad, adecuaron su creación poética a las fórmulas líricas establecidas de amplio consenso espiritual y estético. Así lo han evidenciado las obras de Marcio Veloz Maggiolo, Ramón Francisco, Juan José Ayuso, Soledad Álvarez, José Enrique García, Pedro José Gris, Radhamés Reyes Vásquez, José Mármol, Plinio Chahín, José Frank Rosario, Dionisio de Jesús, Medar Serrata, Freddy Bretón, Tulio Cordero, Fernando Cabrera, José Acosta, León David, Sally Rodríguez, Julio Adames, Ángela Hernández, Carmen Sánchez, Carmen Comprés, Iki Tejada, Ángel Rivera Juliao, Soledad Álvarez, Chiqui Vicioso, Armando Almánzar Botello y Jaime Tatem Brache, entre otros. Obras poéticas fundamentales, publicadas en el último medio siglo: son La criatura terrestre, de Manuel Rueda; Retiro hacia la luz, de Freddy Gatón Arce; Los profetas, de Máximo Avilés Blonda; Por ahora, de Lupo Hernández Rueda; Las voces, de Pedro José Gris; Banquetes de aflicción, de Cayo Claudio Espinal; El fabulador, de José Enrique García; Luz de los cuerpos, de Sally Rodríguez; Huéspedes en la noche, de Julio Adames; Entre la voz y el fuego, de Freddy Bretón; La sed del junco, de Tulio Cordero; Un latido en el bosque, de Iki Tejada; Viajera del polvo, de Ida Hernández; Destrucciones, de José Acosta; Entre el polvo y la ceniza, de José Frank Rosario; Temblor de árbol, de Teresa Ortiz; Ángel de luz, de Ángel Rivera Juliao; Será otro azul, de Carmen Comprés; Rituales de la lluvia, de Jaime Tatem Brache; y La isla presentida, de Fausto Leonardo Henríquez. El género teatral El teatro ha tenido una presencia significativa en la presentación de obras de autores dominicanos, entre los cuales se han destacado Manuel Rueda, Historia general del pueblo dominicano 681 Héctor Incháustegui Cabral, Máximo Avilés Blonda, Franklin Domínguez e Iván García. Manuel Rueda dio a conocer La trinitaria blanca, Vacaciones en el cielo y El rey Clinejas. Héctor Incháustegui Cabral publicó Filoctetes, Prometeo e Hipólito. Máximo Avilés Blonda tiene una producción dramática significativa, como Las manos vacías y Yo Bertolt Brecht. Franklin Domínguez dio a conocer Se busca un hombre honesto, Lisístrata odia la política, Los borrachos y varias más. Iván García publicó Más allá de la búsqueda, Fábula de los cinco caminantes y Los tiranos, entre otras. Mariano Lebrón Saviñón es también autor de tragedias y comedias, como Cuando el otoño riega las hojas, Mirtha Primavera y Don Pedro el Cruel. Carlos Acevedo publicó Los clavos, Gilgamés y Sísifo. Juan Carlos Mieses incursionó en la dramaturgia con La cruz y el cetro y Mu-kieng Adriana Sang, con Yo soy Minerva. Figuras importantes en el género dramático son Giovanni Cruz, Haffe Serulle y Jimmy Sierra. Este último ha escrito libretos para filmes y telenovelas. Otros autores de teatro son Carlos Castro, Sabrina Román, Reynaldo Disla, Ángelo Valenzuela y Máikol Ronzino. Los grupos culturales han inspirado la creación y puesta en escena de obras teatrales de autores criollos y extranjeros, con la participación de Franklin Domínguez, Iván García, Danilo Ginebra, Teófilo Terrero, Yanela Hernández, Rafael Villalona, Delta Soto, Rómulo Rivas, Elvira Taveras, Yamilé Scheker, Carmen Rosa Hernández, Juan Grullón, Edilí y Elvira Grullón, entre otros. El Teatro Rodante ha impulsado la vivencia teatral con Salvador Pérez Martínez, Monina Solá, Víctor Pujols y Roberto Salcedo, entre otros. La mujer ha tenido una participación activa y fecunda en el quehacer literario. Si antes fueron significativos los nombres de Virginia Elena Ortea, Melba Marrero de Munné, Virginia de Peña de Bordas, Aida Cartagena, Eurídice Canaán, Hilma Contreras, María Ugarte, María Prodoscimi y Marianne de Tolentino, en el presente tienen una notoria relevancia figuras de la talla de Emilia Pereyra, Ángela Hernández, Soledad Álvarez, Pura Emeterio Rondón, Ofelia Berrido, María José Rincón, Carmen Pérez Valerio, Johanna Goede, Emelda Ramos, Sally Rodríguez, Carmen Comprés, Ana Margarita Haché, Celsa Albert, Carmen Heredia y Margarita Cordero, entre otras. Otros géneros y autores Paralelamente al desarrollo de los géneros literarios, importantes obras de temas sociales, históricos, educativos, políticos y jurídicos han visto la luz pública bajo la firma de José Miguel Soto Jiménez, Jesús de la Rosa, Rafael Emilio Yunén, Rafael Darío Herrera, Fabio J. Guzmán, Jottin Cury, Orlando Inoa, Rafael Ciprián, Juan Bartolo Domínguez, Euclides Gutiérrez Félix, 682 Literatura dominicana contemporánea. Grupos, tendencias y géneros literarios, 1960-2000 Carlos Salcedo, Edwin Espinal, Ignacio Nova y Juan Bolívar Díaz, autores que han hecho una valiosa contribución en el área de sus conocimientos. Valiosas figuras del quehacer intelectual dominicano testimonian sus creaciones, además de sus libros, en publicaciones periódicas, como Aristófanes Urbáez, José Báez Guerrero, Miguel Guerrero, Xiomarita Pérez, Fernando Casado, Julio César Castaños Guzmán, Josefina de la Cruz, Héctor Amarante, José Alcántara Almánzar, Jacinto Gimbernard, Jorge Tena Reyes, Hamlet Hermann y León David. Entre los autores jóvenes que han editado libros importantes sobresalen Alejandro Arvelo, Fernando Cabrera, Noé Zayas, Víctor Saldaña, Puro Tejada, Ramón Peralta, Alejandro González, Sarah Leyla Puello, Rey Andújar, Lissette Ramírez, Patricia Minaya, Fari Rosario y Farah Hallal, entre otros. Un capítulo importante de la literatura dominicana es la obra escrita fuera de nuestra frontera geográfica. Desde los años 90 del siglo pasado hasta el presente se han destacado en las letras de ultramar, especialmente en los Estados Unidos, los escritores dominicanos Julia Álvarez, Silvio TorresSaillant, Daissy Cocco de Philippis, Viriato Sención, Franklin Gutiérrez, Tomás Modesto Galán, Esteban Torres, José Carvajal, Miguel Ángel Fornerín, Berta Graciano, Manuel Ossers, Clara Jorge, Junot Díaz, José Frank Rosario, Teonilda Madera y Leopoldo Minaya. Y en Europa, Altagracia Pérez, Dunia de Windt y Bárbara Moreno García. Una faceta clave en la literatura de un país es la crítica literaria.12 En las letras dominicanas, los grandes maestros del género de la labor exegética, en la primera mitad del siglo xx, fueron Pedro Henríquez Ureña, Federico García Godoy, Max Henríquez Ureña, Flérida de Nolasco y Joaquín Balaguer. Y en la segunda mitad de la pasada centuria, los más importantes críticos literarios han sido Antonio Fernández Spencer, Héctor Incháustegui Cabral, Ramón Francisco, Bruno Rosario Candelier, Diógenes Céspedes y José Alcántara Almánzar. Obras importantes de la ensayística dominicana publicadas en este período son De literatura dominicana siglo XX, de Héctor Incháustegui Cabral; Historia de la cultura dominicana, de Mariano Lebrón Saviñón; Caminando por la literatura hispánica, de Antonio Fernández Spencer; Rutas de nuestra poesía, de Flérida de Nolasco; Literatura dominicana 60, de Ramón Francisco; La feria de las ideas, de Federico Henríquez Gratereaux; Lo popular y lo culto en la poesía dominicana, de Bruno Rosario Candelier; Lenguaje y poesía en Santo Domingo en el siglo XX, de Diógenes Céspedes; Estudios de poesía dominicana, de José Alcántara Almánzar; La conjura del tiempo, de José Rafael Lantigua y La cultura de la lengua, de Manuel Matos Moquete, etc. Historia general del pueblo dominicano 683 Importantes historiadores y sociógrafos dominicanos, como Juan Bosch con Composición social dominicana, Frank Moya Pons con La Española en el siglo XVI, Hugo Tolentino Dipp con Biografía de Gregorio Luperón, Roberto Cassá con Historia social y económica de la República Dominicana y Manuel Núñez con El ocaso de la nación dominicana, entre otros, han influido en la concepción de valiosas obras de autores literarios actuales. Tras la ausencia de Testimonio, del grupo del 48 y Eme-Eme, de la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra, cuatro revistas mantienen el interés por las letras: Mythos, de Rosa Julia Vargas; Vetas, de Clodomiro Moquete; Caudal, de Carlos Enrique Cabrera y País Cultural, del Ministerio de Cultura. La literatura dominicana tiene un valioso caudal de creaciones de ensayos, poesía y ficción en las diversas tendencias, modalidades y vertientes intelectuales y estéticas de autores representativos que plasman el talento y la idiosincrasia imaginativa y espiritual de este singular enclave antillano del Caribe insular para honra de las letras americanas.

Notas:

  1. Hans Jeschke, en La Generación del 98, Madrid, 1954, pp. 20 y ss.
  2. El concepto «independiente» lo aplico a escritores que no forman parte de organización o grupo literario, aunque desde la perspectiva de una estética, no hay escritores independientes, puesto que todos aplican o secundan una poética o principios estéticos correspondientes a una tendencia literaria, aunque sus autores lo ignoren o lo nieguen, como suele ocurrir.
  3. T. S. Eliot, Sobre la poesía y los poetas, Buenos Aires, 1959, pp. 52 y ss. Sostiene este crítico literario que la madurez de una literatura no solo es el reflejo de la madurez de la sociedad y de la lengua de un país, sino que también refleja la madurez del espíritu y la madurez del estilo.
  4. Georg Lukács, Teoría de la novela, Barcelona, 1971, pp. 103-105. También Arnold Hauser, Historia social de la literatura y el arte, t. III, Madrid, 1969, pp. 131 y ss. Y Wolfgang Kayser, Interpretación y análisis de la obra literaria, Madrid, 1973, pp. 89 y ss.
  5. Alberto Zum Felde, La narrativa hispanoamericana, Madrid, 1964, p. 10.
  6. Bruno Rosario Candelier, Tendencias de la novela dominicana, Santiago de los Caballeros, 1988, pp. 213-216. En mi obra Poética interior, Santiago, 1992, pp. 29 y ss enfoco la existencia del modo de ficción trascendente, que amplía la concepción tradicional del modo de ficción realista y el modo de ficción imaginaria, propuesta de Northrop Frye, en Anatomía de la literatura, Caracas, 1977, pp. 40 y ss.
  7. Lionel Trilling, La imaginación liberal, Buenos Aires, 1956, p. 217.
  8. Bruno Rosario Candelier, Valores de las letras dominicanas, Santiago, Pucmm, 1990, pp. 169 y ss.
  9. Manuel Rueda y Lupo Hernández Rueda, Antología panorámica de la poesía dominicana contemporánea 1912-1962, Santiago, 1972.
  10. Lupo Hernández Rueda, La Generación del 48, Santo Domingo, 1998, p. 39ss.
  11. Franklin Gutiérrez, Diccionario de la Literatura Dominicana, Santo Domingo, 2004, p. 269.
  12. Emilio Carilla, El Romanticismo en la América hispana, Madrid, 1967, t. II, p. 62.

MIGUEL GUERRERO:

TESTIGO VISIONARIO DE SU TIEMPO

 

Por Bruno Rosario Candelier

 

   (…) los límites de la literatura y el periodismo están dictados por la necesidad y la obligación moral que tienen los periodistas de narrar las historias conforme a una visión de la realidad la más cercana a lo que la inteligencia humana nos permite (Miguel Guerrero, Tocando fondo).

   Cuando la Junta Directiva de la Academia Dominicana de la Lengua acogió la propuesta del suscrito, de celebrar un Acto de Reconocimiento al periodista y escritor Miguel Guerrero en atención a sus valiosos méritos, le dirigí una comunicación al destacado comunicador dominicano en la que consignaba la razón del homenaje.

   La carta da cuenta de algunas de las cualidades del hombre que hoy nos convoca en esta augusta Casa de la Palabra. Esta es la misiva: “La Academia Dominicana de la Lengua, siguiendo el ejemplo de la Real Academia Española, de la que es Corporación Correspondiente en Santo Domingo, fomenta el estudio de nuestra lengua y el cultivo de las letras y, en tal virtud, valora el valioso aporte que usted ha hecho mediante el concurso de la palabra en forma edificante y ejemplar. Su trayectoria intelectual, creativa y profesional es fruto de su formación académica, su vocación humanística y su sentido de edificación y servicio a favor del desarrollo cultural de nuestro pueblo. En atención al encomiable uso que usted hace de la lengua, sus valores personales y demás virtudes que le enaltecen, esta Academia le distingue con un Reconocimiento por sus valiosos méritos en el ejercicio de la palabra a través de la comunicación, la historia y el periodismo”.

   Muchas personas, entre las cuales sobresale Miguel Guerrero (1), realizan una labor de cara a la comunidad mediante una tarea que imprime una huella fecunda, positiva y edificante, en la conciencia nacional. El saber de la palabra, centrado en el sentido, revela que la de Miguel Guerrero es una cosmovisión humanizante cifrada en la realidad social, política y económica del pueblo dominicano, fragua y motor de sus apelaciones entrañables.

   Las manifestaciones nefastas de la realidad social mueven la inteligencia y la sensibilidad de este acucioso periodista, a quien le duele nuestro pueblo, con un dolor sincero, sentido de tal manera que su conciencia se sacude y se encabrita. No es extraño que dedique su libro Tocando fondo al pueblo dominicano con este singular epígrafe: “Al pueblo dominicano, espectador indefenso de su propia tragedia”.

   Múltiples temas, conflictos y problemas de la realidad histórica, social, económica, política y cultural de nuestro pueblo y de nuestro tiempo han llamado la atención de Miguel Guerrero, quien no sólo enfoca la vertiente conflictiva sino que ausculta las raíces de los males que analiza y su enfoque aporta, desde su particular estimativa, propuestas de solución o sugerencias pertinentes, orientadoras y rectificadoras:

   En la República Dominicana, como en toda la América Latina, las fallas del sistema de libre empresa no se derivan exclusivamente del injerencismo estatal, por mucho que éste haya entorpecido en el transcurso de los años su desarrollo y crecimiento. Los defectos de nuestro muy peculiar régimen de libre mercado se deben también y, en gran medida, al propio sector privado. Responden a los predominios de grupos, a los oligopolios y las castas empresariales que han explotado hasta la saciedad el paternalismo estatal, invocando para su provecho la intervención del gobierno en la economía, a sabiendas de que muchas veces los privilegios trabajan en contra del propio sistema y de las oportunidades de los demás. La teoría de la capacidad instalada, señalada tantas veces como una razón de la poca funcionalidad o de la presunta inexistencia de libertad empresarial, ha sido siempre esgrimida no precisamente por el Estado, sino por grupos empresariales para evitar de esta forma la competencia y preservar irritantes concesiones. ¿Cuándo esas concesiones se reflejaron en el mercado, ya sea mediante un mejoramiento de los precios y la calidad de los productos o mediante un incremento de la oferta? (2).

   Cuando Miguel Guerrero analiza un hecho da a conocer el trasfondo social y conceptual, penetra en la intimidad de escenas y ambientes y aprecia detalles que perfilan el contorno y el dintorno de una situación, lo que revela su penetrante agudeza, su instinto descriptivo y su fidelidad al marco ambiental y la realidad sociocultural de su relato:

   La carta que enviara Herrera Báez a Trujillo contenía una amplia evaluación de la marcha de los trabajos de la reunión de cancilleres americanos y era, en el fondo, un intento de poner al Generalísimo en condiciones de analizar las posibilidades que pudieran surgir de ella. Cumplía con el rigor de la adulación oficial y llamaba a Trujillo “querido jefe”. Sin embargo, constituía en muchos aspectos un análisis serio que no intentaba ocultar la realidad a qué debía hacer frente el régimen trujillista en un escenario eventualmente adverso.

   Desde la óptica, bastante adjetiva, con que la delegación dominicana percibía el curso de la reunión, Herrera Báez informaba al dictador que “aunque se ha hablado mucho de la democracia y de los derechos humanos, la intención dominante de los discursos (habían intervenido ya 15 ministros), entre ellos muy significativamente el del Secretario de Estado (Christian) Herter, ha sido la no intervención” (3).

   Miguel Guerrero es un narrador con un conocimiento de las técnicas de la narración. Al enfocar el objeto de su atención asume cada detalle con rigor y precisión, al tiempo que da cuenta del impacto emocional que un suceso o un percance ejerce en la sensibilidad de los protagonistas de la acción:

   Sudando copiosamente por el calor y la creciente excitación, Villeta introdujo la punta de la barra en la cerradura del maletero y violó de un golpe la tapa. Esta se abrió con un ruido seco y los dos oficiales de seguridad encontraron el cuerpo sangrante de Trujillo retorcido dentro del baúl del automóvil. El rostro, bañado en sangre, estaba desfigurado. Villeta sintió que un nudo se le hacía en la garganta. La fuerte conmoción que le produjo la visión de aquel hombre sin vida, tirado como un fardo en la maletera de aquel automóvil, estuvo a punto de hacerle desfallecer (4).

   A su instinto de narrador y periodista, Miguel Guerrero aúna su conocimiento de la realidad sociográfica dominicana a través de la cual escudriña diversas facetas de tipo social, político, idiomático y conductual, logrando un acabado perfil de hechos, personajes y ambientes con la descripción elocuente de una destreza narrativa:

   Alzando la voz e infundiéndole el mayor tono de autoridad posible, Rodríguez Echavarría arengó a la tropa diciéndoles que Ramfis se había ido y que sus tíos, Negro y Petán, en complicidad con otros generales, intentaban dar un golpe de Estado para derrocar al presidente Balaguer y asesinar a los líderes de la oposición. El deber de los militares era evitar que esa tragedia, que desataría un baño de sangre, se consumara. En esta hora suprema esperaba que los hombres bajo su mando cumplieran con su responsabilidad como soldados de la patria y siguieran sus pasos.

   Un silencio de muerte domina la situación. Cuando se retira, empuñando su ametralladora de mano sobada, el general siente un sudor frío recorrerle la espalda, temeroso de un disparo a traición. Controlando sus propias angustias, sus pasos son cortos pero firmes y lleva el pecho erguido como corresponde a un general en la guerra. Cuando traspasa el umbral del edificio de oficinas de la comandancia de la base, en dirección a su despacho, siente que es dueño de la situación y que los oficiales y soldados de puesto en la base, están dispuestos a seguirle. El momento más difícil ha pasado, aunque todavía debe superar otros peligros (5).

   Las historias que Miguel Guerrero narra con fluidez expresiva, estilo ágil y fluyente y precisión anecdótica se leen como novelas en virtud del dominio del lenguaje, de tal forma que la pulcritud de su expresión, cualidades que caracterizan la prosa narrativa de este destacado comunicador, realzan el contenido de sus escritos. Sus escenas revelan, como un fotograma epocal, los rasgos peculiares de situaciones y peripecias:

   La matanza provocó una repentina y furiosa ola de indignación en toda la ciudad. Los comercios cerraron sus puertas en señal de protesta, algunos, y por miedo a las turbas, la mayoría. A su paso, las multitudes rompían e incendiaban cuanto estuviera a su alcance. Automóviles y autobuses, privados y oficiales, fueron destrozados y devorados por las llamas. En la parte alta de la ciudad, jóvenes estudiantes lanzaron cocteles molotov contra patrullas policiales y locales comerciales. Una escuela y un teatro, el Olimpia, ubicado en la Palo Hincado, a dos cuadras del escenario de los graves acontecimientos de esa tarde, fueron asaltados e incendiados por las multitudes enfurecidas.

   La destrucción del Olimpia daba a aquellas escenas un dramático simbolismo. La resistencia popular en aquel día fatídico y sangriento sintetizaba las ansias de libertad de un pueblo sojuzgado hasta hace poco por más de tres décadas de tiranía trujillista. El teatro era propiedad de una familia allegada a los Trujillo. En cierta forma, con su destrucción se daba rienda suelta al odio acumulado durante años de esclavitud y sufrimiento (6).

 

   En todos los libros de Miguel Guerrero confluyen el dato testimonial del periodista, la visión objetiva del historiador y la penetración intuitiva del narrador en un relato que da cuenta de la correspondencia de manifestaciones variopintas de una realidad social, política y cultural, como la dominicana, que ha tenido para este eminente periodista una cantera de apelaciones y verdades que registra su pluma con el aporte de su interpretación:

   La erguida figura del Presidente se alzó por encima de la multitud que llenaba la plaza. De todo el país llegaba todavía gente para ser testigo de esta cita con la historia. Cientos de ellos estaban allí desde el amanecer, hambrientos, mostrando sin tapujos sus harapos. Bajo sus pasos, yendo desordenadamente de un lugar a otro, no quedaba nada de los descuidados pastos y jardines del Centro de los Héroes, la antigua Feria de la Paz y Confraternidad del Mundo Libre. En esos mismos predios, ocho años atrás, el dictador Rafael Leonidas Trujillo había fastuosamente conmemorado el cuarto de siglo de su ascenso al Poder. Eran sólo ocho años de distancia; un suspiro en la vida de una nación. Pero allí, en medio del sofocante calor, acentuado por los fulgurantes rayos del sol del mediodía, bajo un cielo despejado de azul brillante, se iniciaba una nueva época (7).

   Al estudiar a Joaquín Balaguer durante una de sus intervenciones públicas desde el Palacio Nacional, este valioso intérprete de los hechos eminentes de nuestra historia, tiene el don de aquilatar el talante de un Jefe del Estado en la hora crucial de una de las crisis dominicanas más espectaculares, como la que vivió el país a raíz de las elecciones presidenciales de 1978. Al respecto, el destacado autor de Al borde del caos, enfoca, ausculta y expresa el interior del ilustre protagonista de su lupa bajo la mira de la expectación nacional:

   El timbre ronco de su voz se entremezclaba con gestos adustos y severos. Su reconocida habilidad de tribuno se exponía ante la nación en toda su magnitud y destreza. Todo un pueblo seguía por los aparatos de radio y televisión con una curiosa combinación de sentimientos múltiples, entre la fascinación que producían sus movimientos y palabras y la expectación reinante. Era una vez más el hombre adiestrado para desempeñarse en las situaciones más difíciles y escabrosas. Los escenarios en que usualmente solía superar a sus adversarios, a base a su ilimitada habilidad, paciencia y tenacidad, estaban listos y a su disposición. Alguna veta inagotable de adrenalina tenía que estar surcando las venas de ese hombre sentado en su escritorio, alzando de pronto la voz para enfatizar su indignación y modulándola otras veces en registros graves, para apelar a los sentimientos de solidaridad de un pueblo inclinado siempre a ceder a esta clase de exhortaciones dramáticas.

   Allí, ante lo que parecía casi el final de su excitante y exitosa carrera, al borde de una nueva caída, en lo que podría ser el ocaso de su vida política a sus 72 años, aún ciego, las dotes histriónicas de este hombre singular se exhibían en todo su magnífico esplendor. En definitiva, estaba ante una de sus mejores actuaciones (8).

   El temple moral que pauta la cosmovisión de Miguel Guerrero subyace en cada uno de sus trabajos periodísticos y en cada uno de sus recuentos históricos sugiere, como una manera deíctica y didáctica de señalar la ruta correcta, la enmienda pertinente o el ideal de una acción paradigmática. Entre tantas posibles ilustraciones de sus ensayos y artículos, el siguiente pasaje revela el hilo conductor del pensamiento de un hombre preocupado por el destino dominicano:  

   En este país pobre, lleno de necesidades de toda índole, los partidos se dan el lujo de gastar cientos de millones de pesos en campañas y actividades proselitistas sin que nadie les pueda pedir cuentas de cuánto gastan o de dónde provienen esos fondos. Con el inicio de cada campaña electoral, los dominicanos sufrirán como en efecto sufrieron, sin poder hacer nada para evitarlo, el tradicional uso de los recursos públicos en labores partidistas y en perjuicio de grandes prioridades nacionales. Si el Gobierno quiere más dinero, que grave la actividad política o establezca impuestos a la corrupción. De seguro que con esto último pagaría la deuda externa (9).

   Ninguno de los acontecimientos que han gravitado en nuestra historia contemporánea ha escapado a la atención escrutadora de Miguel Guerrero, sin duda nuestro más importante analista visionario de apologías y sucesos. La historia política dominicana del siglo XX ha sido registrada, analizada e interpretada por este singular hombre de letras que entrecruza en sus escritos varios géneros literarios, como la historiografía, la narración y el periodismo. En su trabajo literario aprecio el rigor metodológico de su enfoque, la objetividad de su registro, la autenticidad de su documentación, la calidad de su prosa discursiva y la profesionalidad de su valoración, al tiempo que se constituye en una valiosa fuente de consulta para el conocimiento de la historia contemporánea, dominicana y extranjera.

   Contra clichés o corrientes malsanas de idealismos aberrantes, Miguel Guerrero optó por los valores universales que se inspiran en los principios clásicos de la verdad, la libertad y el orden, como atributos humanizantes inexorables para el desarrollo armonioso del individuo en una sociedad justa y recta. Para nuestro periodista, la palabra tiene la indeclinable misión de enaltecer la condición humana, propiciar la comprensión y contribuir al bien común.

   El conocimiento de la historia permite edificar el futuro. Guerrero no sólo se siente responsable del presente sino también del porvenir, razón por la cual acude al pasado para inferir y aprovechar lo que dio sustancia y cohesión a la vida de nuestros mayores cuya trayectoria asume como modelo, recrea como orientación y plantea como objetivo.

   Tiene Miguel Guerrero la singular virtud intelectual de capturar la connotación esencial de lo existente mediante la cual privilegia la dimensión valedera de las cosas, en atención al principio intuitivo de que lo más importante a menudo no se ve, ya que subyace en la base de hechos, fenómenos y cosas. En tal sentido, sus relatos históricos, sus narraciones periodísticas y sus comentarios por radio o televisión, narrados con el testimonio vivencial al que endosa el aliento emocional y el concepto reflexivo, reflejan el sello de tu talento intelectual y el carisma de su talante comunicativo.

   El sentido de la dignidad, el concepto del respeto y la vocación de libertad alientan el pensamiento y la cosmovisión de Miguel Guerrero. Formado en un hogar regido bajo los principios del trabajo honesto, el decoro personal y el criterio moral, este ardoroso defensor de los ideales y virtudes que fundan la dimensión humanizante de la sociedad, ha hecho de la honradez intelectual el faro de una vida digna, creativa y luminosa. Fe y arrojo, tesón y entusiasmo, verdad y armonía, valores son de su encomiable consagración y entrega a la misión que ha cumplimentado con su conducta y con su obra.

A pesar del profundo drama familiar, social y nacional, el ilustre hijo de Luis Manuel Guerrero y Esthervina Sánchez supo encauzar el derrotero de un talento acrisolado en el amor a la verdad y el cultivo de la dignidad, la confraternidad y el bien. Cuando leí El mundo que quedó atrás, una de las obras memorables de Miguel Guerrero, evoqué El mundo de ayer, de Stefan Zweig, con sus graves reflexiones sobre la naturaleza humana y su honda estimación de la educación hogareña, para enaltecimiento de lo que registra esta historia novelada del autor que hoy reconocemos y exaltamos. Los pasajes impregnados de profundas cavilaciones sobre el acontecer del Mundo y sobre el discurrir dominicano, se enriquecen con pertinentes referencias personales y familiares, con las que nuestro escritor asume el pasado como manadero de supervivencias de un comportamiento colectivo. Lo que una vez acontece, vuelve a repetirse, enseña el mito:

   Cuando mi padre murió, aquella triste y plomiza tarde de mayo, lo que proporcionó el valor necesario para soportar la tragedia enorme que se abatía sobre nosotros, no fue más que la inmensa sensación de pequeñez que de mí mismo y de mis hermanos, reflejó su muerte. La verdadera grandeza de su existencia estaba, no en sus muchos logros personales, mezclados con similares tropiezos y desencantos que hicieron de su vida una extraña conjugación de éxitos y fracasos que terminaron por abatirle cuando ya le faltaban fuerzas físicas para enfrentar las tempestades, sino en la sencillez de su corazón y su increíble percepción para captar la esencia pura de la existencia humana en la más intrascendente de las escenas cotidianas.

   Tras su expresión adusta y severa flotaba un corazón tan dulce y transparente como la miel. Había luchado contra viento y marea y confrontado las peores vicisitudes en la formación de la más grande y exitosa de sus empresas personales, que era su familia y, sin embargo, había logrado proteger las fibras esenciales de su corazón, al punto de poder encenderse interiormente ante el esplendor de una naciente flor o las lágrimas de un niño hambriento. Era allí donde residía su verdadera naturaleza y de donde yo extraje, desgraciadamente en la etapa final de su vida, los elementos fundamentales del amor y la admiración que la muerte y el tiempo no han logrado disminuir (10).

 

   Desde que Aristóteles diferenció la verdad histórica de la verdad poética, podemos hablar de verdades de hechos y verdades de juicio, que Miguel Guerrero tiene bien claro al escribir o comentar sus narraciones periodísticas o históricas. Si la verdad histórica se fundamenta en la existencia fidedigna de lo que sucedió, la verdad de hecho ha de tener una indisputable objetividad, compartida por cuantos la captan y valoran. De igual modo, si la verdad poética se funda en la experiencia intuitiva del observador, la verdad de juicio tiene una dimensión personal con especial encanto para el sujeto que la descubre y experimenta, aunque a menudo compartimos las grandes verdades poéticas por su contenido revelador y trascendente.

   La relación novelada de la historia, inspirada en la verdad histórica, si no pierde el esplendor inobjetable de los acontecimientos ni tuerce la realidad contundente de las cosas, que es la fuente de la verdad, cuando se narra con verismo y propiedad, aderezado con el acento emocional que atiza la relación de hechos y vivencias, como revelan los escritos de Miguel Guerrero, entonces tiene doble valor y doble encanto, porque hallamos la conjunción de la verdad histórica con el aporte de la verdad poética.

   Miguel Guerrero ha sabido articular a su testimonio narrativo conceptos y emociones mediante la ponderación de hechos a los que suma, en su relato fluyente y ameno, el entusiasmo de una persuasión entrañable. Nuestro narrador combina, como lo hiciera en el pasado Emilio Rodríguez Demorizi y en el presente Federico Henríquez Gratereaux, la percepción real de hechos y circunstancias con la dimensión conceptual de su estimación interpretativa y el encanto estilístico del aliento expresivo, cualidad literaria que asigna a sus relatos la gracia de leerse como novela, como acertadamente dijera Marcio Veloz Maggiolo de los relatos autobiográficos de Francisco Moscoso Puello.

El relato testimonial de El mundo que quedó atrás da cuenta de la vida familiar, la experiencia de la infancia y el desarrollo personal de Miguel Guerrero en condiciones adversas con el trasfondo social, histórico, económico y político de una dura etapa de nuestra historia nacional e internacional. Se trata de una historia que compartimos los hombres de la generación de Miguel Guerrero. Lo que narra esta magnífica obra, en parte autobiográfica y en parte histórica y periodística, lo hemos experimentado la mayoría de los dominicanos que crecimos en un ambiente de pobreza y atraso, signado por unas condiciones sociales y políticas deprimentes, pero con una carga de valores, motivaciones y actitudes dignificantes y encomiables.

   A Miguel Guerrero lo mueve y entusiasma el destino de la historia. Los hechos implican al hombre y el hombre conduce la historia. A través de la exploración de los hechos que vertebran la historia, pasada o presente, el sociógrafo que hay en Miguel Guerrero ausculta la fuerza interior que perfila el comportamiento colectivo. Y sugiere lo que rectifica y encauza.

   El cultivo de los valores humanos inherentes a su pleno desarrollo en consonancia con el sueño de medrar en libertad, es no sólo signo de una aspiración genuina sino índice de un anhelo insoslayable que cifra una de las profundas apelaciones de la condición humana. La fe en el destino de nuestro pueblo, enraizado en sus principios cristianos, con un cauce propicio al desarrollo de nuestras inclinaciones materiales y culturales constituye la tríada orientadora de Miguel Guerrero.

   Esta singular obra de nuestro admirado periodista y escritor plasma los siguientes atributos:

  1. Valoración del temple emocional, la gallardía interior y la dignidad de una vida centrada en el trabajo honrado, el amor a la familia y el respeto a los valores de la tradición, rasgos y virtudes que el autor descubrió en el comportamiento de su padre, a quien amó entrañablemente (11). La impronta emocional y espiritual que su padre ejerció en su sensibilidad la revela Miguel Guerrero en el siguiente pasaje:

   Con todo y que logró lo que quería, papá se marcho triste. Le atormentaba la idea de no haber dejado nada, pero nos dejó mucho. Nos quedaron sus recuerdos. Aquellos, por ejemplo, de su regreso a casa tarde en la noche, abatido por el cansancio y tiznado de carbón, con apenas unos pesos para las necesidades de la jornada siguiente. Eran días inciertos en que su orgullo de hierro le había hecho abandonar la comodidad de un buen empleo.

   Siempre me pareció que había tanta dignidad en sus fracasos como en sus triunfos. Y durante las crisis hogareñas provocadas casi siempre por la escasez parecía más cerca de sí mismo que en ningún otro momento. Es esa parte de su vida, marcada tanto por la fatalidad, lo que le hace ante mí inconmensurable (12).

  1. Aplicación de la dimensión entrañable, afectiva y espiritual, en el relato de fenómenos y acontecimientos. En su narración fluye, redivivo y elocuente, un aliento de ternura y piedad que recubre los sucesos dramáticos del acontecer viviente. El discurso narrativo de Miguel Guerrero establece un vínculo fecundo entre la materia de sus relatos, el sujeto que ejecuta y la persona dramática que observa y cuenta, al tiempo que relata una historia o ausculta un suceso para revelar la dimensión interior, el acento emocional o el rasgo que humaniza el acontecer de lo existente:

   Había en el aire una dulzura que suavizaba los frágiles colores de flores marchitas y la hierba apenas crecía entre el áspero suelo lleno de piedras. Una voz suave, llena de emoción, entrecortada, decía la piadosa oración que tantas veces había quebrado el silencio de aquella vastedad donde lo habíamos llevado descansar: “Jehová es mi pastor, nada me faltará...

   Dejé el auto al final de la hilera y cruzando entre relucientes mausoleos y tumbas tempranamente olvidadas, acorté camino. La voz se oía ahora ronca: “En lugares de delicados pastos me hará descansar, junto a aguas del reposo me pastoreará” (13).

  1. Convicción de que el pasado, con los hechos que cohesionan la sustancia de la historia, es el vínculo que nos ata a una familia, una cultura y un pueblo. La concepción de que la historia encarna la sustancia que el tiempo prolonga en hechos, vivencias y personas, ha sido la base de una vida fundada en los valores, principios e ideales que una existencia digna y ejemplar auspicia y alienta:

   Yo hubiera sucumbido al poder de su pobre oratoria, si el ejemplo de mi padre no hubiera proyectado antes sobre mí una imagen protectora del pasado que él representaba y que aquel melenudo desaliñado compañero de aula desdeñaba tanto. Una fuerza interior me hacía rechazar a José Alcibíades. Cuando hablaba, su voz altisonante me parecía una amenaza sobre aquello que entonces, como ahora, constituía parte del valor de mi existencia (14).

  1. Capacidad reflexiva para rectificar, mediante una correcta toma de conciencia, el derrotero de la propia vida y conducta. Con una firme convicción ideológica, Miguel Guerrero tuvo el arrojo y la dignidad de no transigir ante lo que estimaba descabellado y mucho menos cejar ante lo que apreciaba contraproducente y desatinado, en una etapa en que el terror verbal manipulaba voluntades y conciencias para controlar el pensamiento y la adhesión de los incautos. Nunca Miguel Guerrero claudicó ante presiones tramposas, actitudes subalternas y propuestas mezquinas, haciendo del comportamiento recto y los principios coherentes el fundamento de su ejercicio intelectual:

   Elogiaban los vientos de reforma y pregonaban la necesidad inexorable, como la marcha del tiempo, de un cambio social para imponer la justicia, que con sus largas ausencias de las aulas ellos, probablemente contribuían a postergar.

   Habíamos supuestamente dado un paso hacia adelante en la construcción de una sociedad nueva. Aunque la dedicación de los representantes del nuevo orden universitario tendían a confundirnos.

   La situación me invitó a pensar. Y con este esfuerzo descubrí realmente cuál era el camino que me indicaba la conciencia. De manera que mis críticas tenían una sólida base de conocimiento (15).

  1. Ponderación y defensa del cultivo de los valores que fundan la esencia de nuestra cultura, arraigada en la libertad individual, la tradición familiar, las creencias religiosas y otras expresiones conceptuales y axiológicas de nuestra idiosincrasia social, psicológica y antropológica en el marco de la vida democrática y la cultura de Occidente:

   Un funcionario honesto, un gobierno inspirado en el bien común, no merecen más reconocimiento y aplauso que el de sus propias conciencias. Un padre consciente de su deber para con su prole no debe siquiera esperar reciprocidad de ésta. La vida es un ciclo que se repite sin cesar. Los hijos de un buen padre serán más tarde a su vez buenos padres y éste debe ser el reconocimiento justo e ideal de la lección que obtuvieron de sus progenitores (16).

   La publicación de artículos, estudios y ensayos como los que escribe Miguel, al tiempo que testimonia lo que acontece en su tiempo, aporta a la sociedad una radiografía de la historia viva y palpitante, con los protagonistas que la ejecutan, los ideales que la motorizan y el trasfondo conceptual que conforma el cuadro social con la visión sociográfica correspondiente a su visión del Mundo y de la Historia.

   Como destacado usuario de la palabra, Miguel Guerrero se distingue por su manera gentil y su acrisolado verbo. Entre otros rasgos revela:

  1. El rigor conceptual de su lenguaje, manejado con pulcritud.
  2. La forma correcta de su expresión, canalizada con elegancia.
  3. La actitud de respeto y de decencia con que examina los hechos.
  4. El sentido ético que refleja su lenguaje cuando habla, escucha, atiende y escribe.
  5. La valoración justa, cabal y atinada que hace de los sucesos que demandan su atención.

   Miguel Guerrero actúa y procede desde la palabra, con la palabra, por la palabra, bajo palabra. Ha desentrañado el sentido de actuaciones y ocurrencias. Ha canalizado su cosmovisión axiológica y espiritual desde su peculiar estimativa de las cosas con un criterio de verdad y honestidad mediante el cual proyecta el sentido que las cosas sugieren en función del destino ideal de lo humano. Desde Heráclito de Éfeso los pensadores presocráticos de la antigua Grecia saben que la palabra, como energía interior de la conciencia, encarna el principio espiritual que funda la percepción genuina y verdadera de las cosas.

   En virtud de su sensibilidad noética, Miguel Guerrero procura en lo que escribe y habla, la expresión de la verdad, la rectitud, el orden, el respeto y el bien. Del vocablo griego [noesis], ‘fundamento conceptual’, creamos el derivado español noético, que pauta la dimensión interior y trascendente de las cosas. La sensibilidad noética auspicia la actitud reflexiva que alienta la valoración de lo existente, diferente de la sensibilidad poética, que despierta la actitud contemplativa para la valoración de la visión estética de lo viviente. La primera brinda la visión conceptual de lo existente, mientras que la segunda revela la visión lírica de lo que sucede en la vida.

   La poesía procura la transformación estética de la realidad, no la simple reproducción o valoración de lo existente. Se trata de una pauta inveterada que viene de la tradición y que tiene una aceptación universal en virtud del concepto originario de poiesis, ‘creación’, como concebían los antiguos griegos al acto creador de la poesía. Por tanto, aún cuando la persona lírica se nutre de la realidad circundante mediante vivencias y percepciones sensoriales, el poeta no es un fotógrafo de lo real sino un creador que, al asumir esta o aquella referencia, la transmuta con el lenguaje de la imagen y la expresión simbólica en la sustancia que conforma la realidad estética, ámbito ideal de la emoción creadora.

   El sujeto reflexivo que hay en Miguel Guerrero enfoca la dimensión conceptual o ideal de lo existente para encauzar su percepción y su valoración desde la impronta de la verdad que los hechos y las cosas imprimen en su conciencia. Con su enfoque racional, objetivo y pragmático en función del desarrollo de las inclinaciones intelectuales, morales, estéticas y espirituales, Guerrero ha trazado una línea de creación que asume la sustancia de lo que sucede para señalar la verdad, la belleza y el bien, tríada clásica de la sabiduría universal.

   Miguel Guerrero ha sido fiel a su pensamiento, su intuición y su sensibilidad. Con su palabra, su creación y su conducta, ha enseñado que si se mira correctamente, ha de haber una cabal adecuación entre el ideario y la acción. Su prédica ha sido consecuente con el concepto de que, si se comulga con el sistema capitalista, se ha de compartir y defender la democracia, para una pertinente adecuación a los principios del sistema político y económico que le es afín, ya que es contraproducente tener una prédica de izquierda y un comportamiento de derecha o defender los ideales de la revolución y disfrutar las vacaciones en Miami. El ejemplo que ha dado Miguel, de coherencia entre verdad y vida, entre creencia y conducta, ha sido el lábaro sagrado que su palabra ha enarbolado con admirada cohesión y compenetración intelectual, emocional, imaginativa y espiritual.

   Así como en el plano internacional hubo valiosos intelectuales y escritores que durante el período de la Guerra Fría asumieron una postura firme y resuelta contra el peligro y la opresión del sistema comunista, destacándose Karol Wojtyla en Polonia (luego, como Juan Pablo II desde la Cátedra de Roma), Salvador de Madariaga en España, Jorge Luis Borges en Argentina, Germán Arciniegas en Colombia, Arturo Uslar Pietri en Venezuela, Octavio Paz en México y Mario Vargas Llosa en Perú, entre otros valiosos escritores, intelectuales y periodistas, así también en nuestro país surgieron voces autorizadas y contundentes de escritores y periodistas que tuvieron la visión y el coraje de testimoniar su defensa de los valores democráticos y los principios esenciales de nuestra cultura, como Max Henríquez Ureña, Mario Bobea Billini, Antonio Fernández Spencer, Manuel Rueda, Federico Henríquez Gratereaux, Adriano Miguel Tejada, Manuel Núñez y, desde luego, la más rotunda y tenaz en la pluma gallarda y encendida de Miguel Guerrero.

   Miguel Guerrero habla y escribe con la convicción que le da su autoridad moral y la firmeza que le brinda su vocación patriótica, su ideal humanizante y su amor por los valores de nuestro pueblo. Prudente, respetuoso y cordial, Miguel Guerrero valora el poder de la palabra y cultiva el sentido de la verdad como índice y expresión de sus apelaciones entrañables.

   Esta Corporación de la Lengua, que vela por la integridad de la palabra y el buen uso del lenguaje, observa a los usuarios del idioma y, si tiene la autoridad institucional para advertir sobre formas viciadas o erradas de la expresión, tiene también la autoridad moral para reconocer a los hablantes ejemplares, como Miguel Guerrero, en cuyo verbo fluye, redivivo y elocuente, el sentido del honor y la verdad, con la dimensión ética y humanizante de una actitud digna y encomiable que lo distingue y enaltece.

   El criterio de que una fuerza oculta nos identifica como pueblo forma parte de la convicción intelectual y espiritual de un hombre que ha hecho del cultivo de la palabra un ejercicio edificante y ejemplar. Ese hombre es Miguel Guerrero, voz y conciencia del alma nacional.

 

Bruno Rosario Candelier

Academia Dominicana de la Lengua

Santo Domingo, 13 de noviembre de 2008.

 

Notas:

  1. Miguel Guerrero nació en Barahona, República Dominicana, el 29 de septiembre de 1945. Comunicador, historiador y periodista, ha publicado los siguientes libros: En la tierra prometida, La generación de mis padres, Enero de 1962, La lucha inevitable, Los últimos días de la Era de Trujillo, El golpe de Estado, La ira del Tirano, Trujillo y los héroes de junio, Al borde del caos y El mundo que quedó atrás. Varias veces galardonado por el aporte de su trabajo de investigación histórica, obtuvo el Premio Nacional de Historia y el Premio “Eduardo León Jimenes”, entre otros galardones literarios.
  2. Miguel Guerrero, La lucha inevitable, Santo Domingo, Editorial Corripio, 1990, pp. 146-147.
  3. Miguel Guerrero, Trujillo y los héroes de junio, Santo Domingo, Corripio, 1996, p. 227.
  4. Miguel Guerrero, La ira del Tirano, Santo Domingo, Corripio, 1994, p. 235.
  5. Miguel Guerrero, Los últimos días de la Era de Trujillo, Santo Domingo, Corripio, 1995, p. 173.
  6. Miguel Guerrero, Enero de 1962 ¡El despertar dominicano!, Santo Domingo, Mograf, 1991, p. 146.
  7. Miguel Guerrero, El Golpe de Estado: Historia del derrocamiento de Juan Bosch, Corripio, 1993, p. 11.
  8. Miguel Guerrero, Al borde del caos, Santo Domingo, Corripio, 1999, p. 119.
  9. Miguel Guerrero, Tocando fondo: La crisis dominicana de 2003, Santo Domingo, Corripio, 2006, p. 22.
  10. Miguel Guerrero, El mundo que quedó atrás, Santo Domingo, Editorial Corripio, 2002, pp.18-19.
  11. Grandes creadores han revelado el amor que han sentido por su padre, como Juan Pablo II, conforme el pasaje que cito: “Mi padre era admirable y casi todos mis recuerdos de infancia y adolescencia se refieren a él. Los violentos golpes que tuvo que soportar abrieron en él una profunda espiritualidad y su dolor se hacía oración”. En Bogdan Piotrowski, Mousiké, Bogotá, Universidad de La Sabana, 2008, p. 15.
  12. Miguel Guerrero, El mundo que quedó atrás, citado, p. 27.
  13. Miguel Guerrero, El mundo que quedó atrás, p. 30.
  14. Miguel Guerrero, El mundo que quedó atrás, p. 100.
  15. Miguel Guerrero, El mundo que quedó atrás, pp. 186-187.
  16. Miguel Guerrero, El mundo que quedó atrás, p. 288.

Acerca del autor


Bruno Rosario CandelierNació en Moca el 6 de octubre de 1941. Filólogo, ensayista, crítico literario, narrador, educador y promotor literario. Es licenciado en educación por la Universidad Católica Madre y Maestra y doctor en filología hispánica por la Universidad Complutense de Madrid. Preside la Academia Dominicana de la Lengua y es miembro de la Academia Norteamericana de la Lengua Española.

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