A LA SENSIBILIDAD MÍSTICA DE GLORIA NOLASCO

Por Bruno Rosario Candelier
Ahondar en el silencio para que nazca
el poema en su expresión más pura.

(Gloria Nolasco)

   Hay personas que vienen al mundo signadas por la vocación mística de lo viviente y ataviadas con la disposición creativa para empuñar el canto y la palabra. Cultora de una lírica fraguada en la búsqueda de lo divino, al fuero de su expresión lírica y estética se suma la dimensión simbólica y trascendente del sentido que cautiva y el encanto que enamora.

   Hablo de Gloria Nolasco, una dominicana que un buen día se presentó a mi despacho de la Academia Dominicana de la Lengua con un manojo de versos para que le dijera si había calidad poética en su creación. Y, tras leer dos o tres composiciones de su cosecha literaria, constaté que la obra de esta singular autora posee talento poético y aliento lírico, con la particular distinción de saber signarle, a la dimensión poética del estro lírico, la veta de sus alusiones simbólicas y la gracia de su inspiración mística. 

   En efecto, Gloria Nolasco ha dado notaciones de un testimonio creativo, espiritual y estético de sus vivencias religiosas y místicas con la palabra que edifica y la expresión que cautiva.

 

   Eso es lo que revelan los poemas de esta nueva creadora dominicana, que lleva en su alma la huella genética de la inspiración artística y, en su espíritu, el aliento sutil de la llama inconsútil de lo divino.

   La poesía concita un vínculo con la trascendencia, y en cada nueva portalira estrena caminos y vetas de la realidad interior de la conciencia, de la realidad viviente, de los efluvios del Cosmos o de la revelación. En el poemario de Gloria Nolasco fluyen el amor, la verdad, la belleza y el sentido bajo el fulgor de lo sagrado. Con una voz genuina, diáfana y luminosa, la agraciada emisora de estos versos vierte los sentimientos fraguados en el fuero de su interioridad con el entusiasmo lírico, el fervor estético y la connotación simbólica de la pasión que desatan las ansias infinitas.

   Al empuñar la palabra para acudir al canto y la esperanza, la nueva creadora que potencia el caudal trascendente de las letras dominicanas asume la vertiente mística de la creación con la gracia de la expresión poética y el aura de la sabiduría espiritual en la forma diáfana, densa y honda de la cosmovisión centrada en la búsqueda de lo divino.

   En los poemas de Gloria Nolasco hay una vivencia de las emociones expresadas con la transparencia y la intensidad de quien disfruta interiormente la experiencia acoplada a lo divino. Es la expresión lírica y estética, simbólica y mística del alma impregnada del entusiasmo sutil bajo la fruición que atiza la conciencia y la llama que transfigura la mirada del amor sagrado.

   Con su mirada intuitiva, la poeta sabe atisbar la luz que las cosas contienen y, sobre todo, “la epifanía sublime de la noche/en su íntima comunión con el misterio”.

   Apelada por el canto, la voz lírica siente la llama de lo viviente, a lo que se inclina con la emoción de sentir que ella es puente y cauce de la voz del ser de cada cosa, criatura y elemento, y lo hace con el fervor de quien se siente interlocutor de lo divino:

El barro
de mi cuerpo
se hace herida
y en la herida
un ruiseñor canta.

(Gloria Nolasco, Ahondar en el silencio)

   Estremecida por el fulgor de lo viviente, al que se entrega en ferviente cópula entrañable, la emisora de estos ardientes versos se siente el soplo de luz que destila lo infinito y lo dice con la convicción de su vocación poética:

La eternidad deviene
en este instante
cerco de luz,
raigambre de infinito
plácido otoño de llamas
encendidas
en las granadas
espigas
de la tarde.

(Gloria Nolasco, Ahondar en el silencio)

   Con la huella de los clásicos españoles (fray Luis de León, san Juan de la Cruz), de los modernos cantores ibéricos (Antonio Machado, Juan Ramón Jiménez) y de los aedas criollos que asumieron el canto y la lira (Manuel Valerio, Máximo Avilés Blonda), esta nueva cultora del aliento trascendente vislumbra en el fluir de las cosas la huella del misterio que anonada y la hermosura que embelesa, como lo dice en “Nada”:

Mascullando su acento
va la brisa
entre los dientes finos
de los árboles.
Un temblor de garganta
estremecido.
Un lamento de silbos
en el aire.
Y la lluvia cayendo lentamente…
y las huellas borradas
de mi paso.

(Gloria Nolasco, Ahondar en el silencio)

   “Herida en soledad” y con “la nada traspasada”, Gloria Nolasco arranca de sus intuiciones y vivencias para canalizar la inspiración que fluye serpenteante y límpida en sus versos sugerentes y luminosos al dar cuenta de una ardiente y caudalosa sensibilidad espiritual y estética, signo y vértice de una madurez poética (1), con la huella de una alta alcurnia lírica y simbólica. Con el fluir armonioso de una expresión cónsona con lo vivido, la poeta expresa con la sensorialidad de las cosas, a las que atribuye lo que estremece su sensibilidad y lo que fluye en su conciencia, la operación interior y trascendente de ver en lo visible la huella intangible de lo invisible:

 

 

Almendro de mi Trópico
Sangrante árbol en roja llama
transformado
haz de fuego en luz transfigurado
inmolada presencia
 de lo eterno
palpitante visión de amor transido.

(Gloria Nolasco, Ahondar en el silencio)

   Con mirada de amor, que es la mirada mística, Gloria Nolasco ve lo que la mirada ordinaria no capta y revela lo que su palabra poética conforma con la cálida emoción de un talante espiritual y la onda intuitiva de una mente sutil (2), fraguada bajo el impacto de la emoción estética y la fruición espiritual de lo trascendente, como se expresa en “Apacentando amores”:

Me vestiré de ti cada mañana
ciñendo a mi cintura
el último abrazo de la noche.
No calzaré sandalias.

 

El agua de tus besos
subiendo a mis riberas
cubrirá mis miembros ateridos.

 

Esperaré otra noche, y otra, y otra,
hasta el regreso.
Y de nuevo el lecho florecido.
Y de nuevo los frutos
en mi seno recogidos.

(Gloria Nolasco, Ahondar en el silencio)

   Como genuina expresión del anhelo místico, la poeta acude al lenguaje erótico del amor, como lo han hecho los místicos que en el mundo han sido, ya que esa forma de expresión es la que más se presta para canalizar el sentimiento inmortal que desmaya los sentidos y transforma la actitud de la conciencia:

Uncida a ti
ligera, iluminada
diluyo con mis besos tu silencio
y en tu piel cobijo del deseo
trémula busco la llama que sacie
este clamor de ti en mí nacido
raíz con alas para impregnar
mi vientre
más allá de la muerte y el olvido.

(Gloria Nolasco, Ahondar en el silencio)

   Actitud jubilosa, mediación simbólica y vocación empática es la tríada del sentimiento místico que hace de la concepción del mundo y de la virtualidad de la palabra una conjunción de los más altos ideales de la vida, como lo plasma esta entusiasta poeta dominicana en esta hermosa expresión lírica y estética, signo y señal de su fecunda inspiración (3) y canal de la armonía rítmica de su alma adobada a la búsqueda de lo divino, como se evidencia en “El pozo”:

 

En el pozo de mi alma
me asomé.
Era de noche en el pozo,
fuera, de noche también.
En el pozo de mi alma
fui a beber.
Estaba seco por dentro,
por fuera, seco, también.
Hace tiempo que no he vuelto
a asomarme en su brocal.
¿Quedará noche en su fondo?
¿El agua ha fluido ya?
¡Noches de estrellas y lágrimas!
Volved mi pozo a llenar,
que del agua que yo beba
quiero a los otros brindar.

(Gloria Nolasco, Ahondar en el silencio)

Bruno Rosario Candelier
Encuentro del Movimiento Interiorista
Moca, Ateneo Insular, 14 de mayo de 2014.

Notas:

1. En una nota manuscrita, sin fecha ni lugar, pero firmada por el entonces sacerdote Roque Adames y dirigida a Gloria Nolasco, el eminente clérigo dominicano le dice a la poeta: “Me parecen especialmente logradas “Cuando el dolor florece”, “Vida y muerte” y “El pozo”. ¡Adelante! Cuando estés más independiente aún del verso en cuanto verso, habrás dado un paso “glorioso” hacia la madurez verdadera”.

2. En la presentación que Pedro René Contín Aybar hizo de Gloria Nolasco en el Listín Diario de 1963, el reputado crítico literario consignó: “A veces podría pensarse que Gloria ha leído con entusiasmo tal o cual poetisa americana. Pero no le ha quedado sino el vago recuerdo de su perfume apenas aspirado”. Una manera de decir que la entonces joven poeta se presentaba con las credenciales poéticas de la inspiración original y auténtica.

3. Gloria Nolasco, Ahondar en el silencio (Santo Domingo, edición de la autora, 2014, 83 pp.) recoge la producción poética de esta nueva creadora dominicana.

Acerca del autor


Bruno Rosario CandelierNació en Moca el 6 de octubre de 1941. Filólogo, ensayista, crítico literario, narrador, educador y promotor literario. Es licenciado en educación por la Universidad Católica Madre y Maestra y doctor en filología hispánica por la Universidad Complutense de Madrid. Preside la Academia Dominicana de la Lengua y es miembro de la Academia Norteamericana de la Lengua Española.

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