LA CREACIÓN METAFÍSICA DE QUIBIAN CASTILLO

 

A Natalia Guzmán,
Luminoso primor de lo viviente.

 

“Hay una voz,
un susurro tan lejano,
tan constante”.

(Quibian Castillo, Estallido de la carne)

   Quibian Castillo vino al mundo signado por la vocación metafísica de lo viviente. Creador de poesía y ficción, asume la palabra para hacer de sus intuiciones y vivencias el cauce de una visión metafísica, estética y simbólica (1).

   El joven poeta de Villa Tapia, idílico y bucólico escenario ubicado en el centro del triángulo de la fertilidad de la campiña cibaeña, cultiva una lírica trascendente que da la talla de su dotación poética, que asume con la convicción del excelso don que capta y expresa una visión profunda de la realidad, canalizada con encanto y sentido.

   Inspirado en vivencias entrañables, la poesía de Quibian Castillo nace de su cópula infinita con la realidad estética y su vínculo entrañable con la realidad metafísica, fueros de su honda creatividad lírica y simbólica. Y tiene su creación la singular cualidad del arte, impregnado de la onda consustanciada con la dimensión que cautiva los sentidos y subyuga la conciencia. Al leer la poesía de este creador interiorista, podemos apreciar que este nuevo valor de las letras dominicanas se sumerge en el pozo de su conciencia para asumir la energía espiritual del Numen de lo viviente. Poseedor de una voz procedente de la cantera infinita, que recrea con la convicción y la certeza del dotado de las musas, en los poemas de Estallido de la carne el poeta entra con voz propia al reino de la poesía y se solaza con la frescura y la hondura metafísica y simbólica del genuino creador que sabe atisbar el lenguaje del yo profundo con el más elevado atributo de la lírica metafísica en pos del cerco del secreto, por lo cual el poeta escucha voces y gemidos de una extraña ladera que apela su sensibilidad y cautiva su mente:

Voces, gemidos allá fuera,
quizá era el viento soplando fuerte
o las rocas tallando peces
o el fuego borrando imágenes
 frente al espejo,
pero mi voz interna era remota.

(Quibian Castillo, Estallido de la carne)

   Al contemplar la dimensión que concita su talento creador, en su tránsito del mundo interior de la conciencia al ámbito sutil de lo existente, el poeta se siente sobrecogido por la virtualidad de fenómenos y cosas y, entonces, evoca la infancia, fuente de vivencias imperecederas, que la palabra del poeta asume y recrea en dolientes versos con la sensorialidad de lo viviente y la sutileza de las huellas inmortales:

Casa, son tan breves las huellas,
tan imborrables los gemidos,
 los espantos.
Debajo de mi piel,
se edifica otra casa,
de otros árboles y rocas,
 donde pájaros comerán,
y la lluvia golpeará fuerte,
muy fuerte contra nuestra hondura.
Tú amontonas mi infancia,
mis primeras huellas,
mi primera muerte,
como dentro de una flor se forja el perfume,
para morir al viento.

(Quibian Castillo, Estallido de la carne)

   Nuestro poeta cibaeño se sabe llamado para el canto y la palabra (2). Oye una voz secreta y honda que lo apela y se sorprende al atrapar la señal de una llamada trascendente. Como poeta metafísico, su mirada avizora el trasfondo subyacente en criaturas, fenómenos y elementos. La suya es una mirada empática y fecunda en procura de una compenetración física y metafísica con lo viviente, en su cauce intelectual, imaginativo, emocional y espiritual con el alma del mundo:

Ahora abrigado de infancia,
miro desde el mismo balcón,
otro mundo. A diario,
con manos nerviosas abro ventanas
y veo las rocas parir paisajes
y el patio llenarse de nubes
y las nubes de mariposas.
Me miro, palpo el espejo, veo mi rostro
y percibo un parpadeo frío y lejano.
Qué era entonces yo,
antes de surgir el primer soplo
o después del estallido de la carne.
Quizá mis ojos fueron dos ventanas podridas
mirando desfilar el tiempo
o dos huellas en la tierra
tan humana, tan pequeña.

(Quibian Castillo, Estallido de la carne)

   A veces la persona lírica parece moverse entre sueños y delirios, pero no es fantasioso su enfoque, ni especulativa su imaginación, sino real y auténtica, cifrada en vividuras entrañables en procura del fluir del sentido oculto y misterioso. He dicho sentido oculto y misterioso y, efectivamente, ese es el motor de su búsqueda. Como buen poeta metafísico, Quibian Castillo anda en busca del sentido y, como William Blake y Franklin Mieses Burgos, “ve un mundo en un grano de arena” o percibe “el canto tirado por el suelo”. En cada huella, vivencia o sorpresa, percibe el latido del Cosmos que fluye incesante entre las misteriosas emanaciones de las cosas o el impacto trascendente del misterio que aletea o del soplo que susurra:

No sé, si en verdad los árboles
parían pájaros,
o las nubes escupían fuego,
o si aquella blanca y larga escalera
me conduciría por algún remoto
 lugar de mi infancia
o me dejaría aquí desnudo y al frío
mirando cansado a través de dos huecos
hacia el endurecido y esquelético camino
que se extiende, que oscurece.

(Quibian Castillo, Estallido de la carne)

   Un rasgo indubitable de una sensibilidad marcada por la onda metafísica del mundo es la vocación de afinidad y compenetración con el alma de lo viviente. En su identificación cósmica, nuestro poeta se siente parte de cuanto existe y, en tal virtud, entra en conexión con el fluir de las cosas, para lo cual necesariamente ha de instalarse en el interior de sus vivencias a compartir la esencia que fluye en la sustancia de las cosas. En ese proceso de interiorización (3), el visionario de estos angustiosos versos experimenta una entrañable relación con fenómenos y cosas y, en versos que delatan sus vivencias interiores, el poeta habla del soplo que permea su interior profundo:

Dentro de casa crece un árbol,
y pájaros grises tapizan las ventanas.
La lluvia que golpea la casa; los años, el viento.
son látigos azotando mi piel, mi hondura.
Cada átomo que la edifica,
proviene del soplo de la primera materia.
Las puertas: memoria cósmica de mis huellas.
Y hoy, sin piedad, escudriño la casa,
y contemplo que los pájaros
ambicionan anidar el árbol;
ese árbol que crece dentro de mí.

(Quibian Castillo, Estallido de la carne)

   El autor de esta obra habla desde el hondón de su sensibilidad y su conciencia. Este peculiar procedimiento creativo de Quibian Castillo entraña, mediante el lenguaje del yo profundo, un viaje hacia el interior del ser, hacia el Misterio que anonada:

Todo se ha postrado sobre mi pecho,
cuántos misterios caminan y vuelan sobre la piel.
Contemplo todo tan triste desde tus ventanas;
paisajes derretidos por otros tiempos,
y árboles sin piedad asesinan pájaros.
Casa, tú mi piel, mis arterias frías,
largas como un río rojo, como un vuelo desesperado.
Eres un montón de sombras detenidas en estos nervios,
en estas manos que te olvidan.

   El poeta siente que las cosas quieren destruirse por lo cual anhela fijar su esencia en el lenguaje. Esa sensación angustia al emisario de estos versos que experimenta el dolor de vivir y constatar el matiz cambiante de las cosas y el apremio del arte que pretende fijar lo que sucede en la vida. De ahí el anhelo de trascendencia del sentimiento poético, pues como dijera Rainer María Rilke, corresponde al poeta fijar en la palabra lo que las cosas proyectan para eternizarlas en el fuero inmarcesible de la sede metafísica y poética. Por eso el sujeto lírico teme que “todo lo viviente se vuelca en mi contra”. El poeta reconstruye su memoria, contrasta elementos y, de la interrelación de su ser con el ser del mundo, recrea episodios y promesas que tutelan la existencia de las cosas:

Frente a este calvario crucifico inocentes,
pego duro con los puños y resucito nostalgias.
Nadie sabe quién volverá a casa,
a recolectar frutos amargos de la tierra,
a beber sueños empapados de cicuta
o lamer monstruos de la lluvia.
¿Quién sabe del destino de los pájaros?
De aquellos que anidaron en los árboles,
esos árboles que serán derribados
 con el hacha del olvido.
Y ahora, las piedras se abrigan
y revientan de musgos y barro
y las sombras de las murallas se estiran
como un sueño delirante y misterioso
detenido entre los dedos de la aurora.

(Quibian Castillo, Estallido de la carne)

   En hermosas metáforas (“Entre los dedos de la aurora”, “las baladas de la lluvia”, “domadores de dolencias”) y símbolos comunicativos (“polvo cósmico”, “sombras detenidas”, “árbol invisible”, “pájaros heridos”), el poeta recompone su mundo visionario que, desde el interior de su conciencia y el medio instrumental de la palabra, va del fuero interior de fenómenos y cosas al fuero superior de la trascendencia para hacer, con la realidad estética y la realidad metafísica, el cauce de una creación poética con alto vuelo lírico, hondo sentido simbólico y obvia connotación trascendente. 

Bruno Rosario Candelier

Encuentro del Movimiento Interiorista

Ateneo Insular, Moca, 14 de mayo de 2014.

Nota:

  1. Quibian Castillo Fernández nació en Villa Tapia, Provincia Hermanas Mirabal, en 1973. Médico en ejercicio, artista de la plástica, narrador y poeta por vocación. En su pueblo natal hace vida profesional, social y cultural. Publicó La taxidermista, novela finalista del Premio Nacional de Novela Manuel de Jesús Galván (2013). Coordinador del Grupo Literario “Árbol invisible”, del Ateneo Insular en Villa Tapia, forma parte del Movimiento Interiorista.
  2. Con Estallido de la carne (2014), Quibian Castillo hace su entrada triunfal al reino de la poesía, con la seguridad del creador dotado del talento intuitivo y las credenciales de la calidad estética, metafísica y simbólica.
  3. Con su categoría de creador interiorista y dirigente literario del Ateneo Insular, este nuevo valor de las letras nacionales escribe signado por la asunción de una corriente estética, la del Interiorismo, con la que afina entrañablemente, que asume y promueve con plena identificación para darle forma y sentido al cultivo de una literatura trascendente.

 

 

Acerca del autor


Bruno Rosario CandelierNació en Moca el 6 de octubre de 1941. Filólogo, ensayista, crítico literario, narrador, educador y promotor literario. Es licenciado en educación por la Universidad Católica Madre y Maestra y doctor en filología hispánica por la Universidad Complutense de Madrid. Preside la Academia Dominicana de la Lengua y es miembro de la Academia Norteamericana de la Lengua Española.

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