SEMBLANZA LITERARIA DE CARLOS FUENTES
FUNDAMENTO DE UNA TRAYECTORIA NOVELÍSTICA

Por Bruno Rosario Candelier

 

   Carlos Fuentes es una gloria de México y un orgullo de América. Invitado de honor de la XIII Feria Internacional del Libro, de Santo Domingo 2010, su presencia honró la ciudad primada de América por la valía de su aporte literario y la categoría de su pensamiento y su sensibilidad espiritual y estética.

   Con motivo de la celebración de sus 80 años de vida y los 50 de su primera novela La región más transparente, fundadora de la novela hispanoamericana contemporánea, la Academia Mexicana de la Lengua, de la que el escritor mexicano es Miembro de Honor, propuso un homenaje internacional al destacado hombre de letras, en virtud del sentido de su obra para la historia de la literatura mexicana y la literatura española. Todas las Academias avalaron esa propuesta en atención a los muchos méritos lingüísticos y literarios del ilustre novelista mexicano.

   Justamente, para subrayar la significación de la obra de Carlos Fuentes, el Director de la Academia Mexicana de la Lengua, Dr. José Moreno de Alba, en una misiva a los Directores de Academias, consignó que “si La región más transparente es importante para la literatura española, lo es más para la historia de la literatura española, en particular, para la escrita en México, tanto por su novedad estructural y complejidad estilística, cuanto por el genial retrato de una multifacética sociedad metropolitana de mediados de la pasada centuria, como es la ciudad de México” (1).

 

 

   El estamento académico de la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra, bajo la inspiración de nuestro querido Rector, Mons. Agripino Núñez Collado, asume el postulado de que es oportuno y pertinente enaltecer el aporte de los escritores que contribuyen al desarrollo del pensamiento trascendente y la sensibilidad espiritual y estética. La novelística del escritor mexicano que hoy nos congrega para honrarlo con el Doctorado Honoris Causa ha contribuido a la renovación de las letras, desde el aliento fecundo del Realismo mágico latinoamericano.

   La trayectoria literaria de Carlos Fuentes es ejemplo encomiable de un escritor que vino al Mundo signado con dones especiales. Entre esos dones es importante destacar la conciencia de que el novelista mexicano tiene, desde niño, la vocación de escritor y, en tal virtud, supo  encaminarse hacia el desarrollo literario, razón por la cual hizo lo que hay que hacer cuando se experimenta la llama de la vocación creadora. Esa percepción fue clara en Carlos Fuentes, con plena conciencia desde los primeros años de su vida, cuando vivía con su familia en Washington, donde su padre era funcionario diplomático de la embajada mexicana en la capital norteamericana. Desde entonces, su hijo le expresaba a su padre el deseo de tener contacto con la realidad mexicana, porque él se sabía mexicano, pero estaba fuera de su patria. Para satisfacer ese reclamo, en sus vacaciones su padre lo llevaba a México para que se pusiese en contacto con la realidad mexicana, de la que su progenitor le hablaba con fervor patriótico. Imagínense ustedes la disposición emocional de ese afortunado niño que, desde mozalbete, quería ser escritor para testimoniar la vida social y cultural de México, con la voluntad de escribir una obra representativa de su pueblo. Tener despierta esa inquietud a temprana edad es una suerte, pues siempre es importante saber lo que uno quiere en la vida y, sobre todo, prepararse para realizar ese proyecto y cumplimentar la vocación que concita talento y dedicación con el concurso de la  inteligencia y la sensibilidad.

   Carlos Fuentes nace en 1928 y desde 1941 comienza a publicar sus escritos. A La región más transparente, publicada en 1958, se le atribuye el inicio el boom de escritores hispanoamericanos, grupo de narradores que inspiró la corriente literaria llamada a renovar el cultivo de las letras en lengua española, de tal manera que, cuando esta novela comenzó a circular en América y España, los intelectuales y escritores del país ibérico reconocieron la calidad y la vitalidad de la literatura hispanoamericana, hecho que estimuló la renovación de la novelística escrita en lengua española y relanzó el cultivo de las letras hispánicas.

   Este ilustre escritor mexicano ha compartido la vocación literaria con el ejercicio de funciones diplomáticas. Fue embajador de México en varios países, como Inglaterra y Francia. Ha viajado por diversas naciones del mundo, donde ha dictado cursos y conferencias y ha participado como invitado especial en importantes congresos internacionales. Su obra constituye un legado de alta significación literaria.

   El reconocimiento a la obra de los novelistas hispanoamericanos, que desde este lado del Atlántico remozaban el cultivo de la literatura, fue un hecho que configuró el sentimiento panhispánico, cada día más potente en América. A esa importante valoración se añade un dato muy particular, como es el de llevar a la realidad estética la sustancia de la realidad viva de América. No era la narrativa hispanoamericana una literatura de fantasía, sino una creación nutrida en la realidad cultural americana: fundada en los hechos históricos, sociales y antropológicos de los pueblos que la inspiran; sustanciada en las vivencias reales de los personajes de las historias con su lenguaje genuino, sus conflictos vernáculos y su manera peculiar de sentir, pensar y actuar.

   Justamente, Carlos Fuentes, como intelectual y escritor, estaba consciente de la necesidad de ponerse en contacto con la gente del pueblo y él mismo, cuando iba de fiestas o participaba en jolgorios con sus amigos mexicanos, en las tabernas o los establecimientos ubicados en las barriadas urbanas de la ciudad de México, platicaba con la gente del pueblo y le prestaba particular atención a su habla, tomaba notas del vocabulario, consignaba el significado de sus expresiones y de los giros elocutivos que escuchaba en la voz de los hablantes comunes y corrientes, porque él sentía que el escritor, por su condición privilegiada como usuario del lenguaje, tiene que fundar su obra en la voz viva de sus personajes de ficción, nutrida con el lenguaje de los hablantes naturales de una lengua, una región o una comunidad, justamente para testimoniar lo que esa comunidad habla, siente, anhela o experimenta, ya que como escritor también tuvo conciencia, desde muy temprano, de que desde la lengua el ser humano se compenetra con las diferentes manifestaciones de la sociedad, expresadas en su lengua y su cultura y, sobre todo, mediante el cultivo de  los valores y las actitudes de los hablantes, con la idiosincrasia de una comunidad, lo que se logra cuando se establece una relación directa y entrañable desde la impronta de la lengua, desde el trasfondo del habla, de la que fluyen las manifestaciones auténticas de la mentalidad y la cultura de un país.

   La generación a la que pertenece el ilustre novelista mexicano conoció y sufrió la crisis económica de 1929. Desde niño vivió con su familia en diferentes capitales (Washington, Buenos Aires, Santiago de Chile, Londres). El hecho de vivir tantos años fuera de México fue una llama que incentivó su amor por su tierra y su pueblo. Escribe desde 1941 y cuando en 1958 publica su primera novela, La región más transparente, esta obra le granjea una singular notoriedad por la calidad de su narrativa y la repercusión de su historia.

   Desde sus primeras creaciones, Carlos Fuentes dio señales de ser un escritor de la lengua.  Ese logro fue el resultado de una vocación canalizada mediante la disciplina intelectual y la formación literaria. Leyó a los grandes escritores que le precedieron, tanto de México como de España y América. Paralelamente, tuvo una conciencia lingüística tan acentuada que, cuando participaba en diversiones con allegados y amigos en la ciudad de México le ponía especial atención a los vocablos y frases que usaban los contertulios.

   Al enfocar la idiosincrasia del hombre mexicano y, por extensión, del latinoamericano, con su obra y su palabra, Carlos Fuentes abrió un cauce iluminador de la conciencia de América. Es un modelo de intelectual y de creador para los que asumen la palabra con una dimensión estética, ética y social, con un alto sentido de identificación con la propia historia y la cultura mexicana. Con el lenguaje del yo profundo, asumido desde las vivencias y las particulares condiciones de sus personajes, Carlos Fuentes ausculta el talante de su mentalidad con sus reacciones psicológicas y antropológicas. Con razón su primera novela, La región más transparente, dio inicio al boom de la novelística hispanoamericana. Esa novela retrata la problemática social, política y cultural del México de mediados del s. XX.

   Cuando Carlos Fuentes alcanza la madurez literaria, nosotros comenzábamos a trillar los caminos de la modernidad en la novelística. El movimiento que cobra fuerza, al partir de 1960, con el boom de narradores latinoamericanos, se incentiva en nuestro país mediante la edición de suplementos literarios en los cuales aparecen con frecuencia artículos y estudios de esos grandes novelistas de América. La foto y el nombre de Carlos Fuentes, así como de Juan Rulfo, Gabriel García Márquez, Mario Vargas Llosa y Julio Cortázar, entre otros, forman parte de una presencia indispensable en nuestras letras.

   La notoriedad que adquieren esos escritores del boom, entre los cuales destacan las figuras señeras de Carlos Fuentes, Augusto Roa Bastos, Juan Carlos Onetti, Gabriel García Márquez, Mario Vargas Llosa, Julio Cortázar y otros que fueron precedidos por Miguel Ángel Asturias, Juan Rulfo, Agustín Yáñez, Arturo Uslar Pietri, Alejo Carpentier y Jorge Luis Borges, se debe a que se sintieron movidos por parecidas preocupaciones literarias, compartieron las mismas inquietudes lingüísticas y respondieron a similares apelaciones socioculturales de sus respectivos pueblos y culturas. Naturalmente, se trataba de escritores que contaban con la indispensable vocación literaria, mediante la cual pudieron hacer la obra que hicieron.

   En virtud de la categoría de su creación, Carlos Fuentes ha merecido muchos premios literarios, como el “Rómulo Gallegos”, que obtuvo en 1977 y que se otorgaba a las mejores novelas escritas en lengua castellana en América; el Premio Nacional de Literatura, que obtuvo en México en 1984 y el Premio Cervantes, que le fuera otorgado en 1987, el más importante galardón de nuestra lengua en el mundo hispánico.

   La obra narrativa de Carlos Fuentes, desde La región más transparente, sin obviar novelas tan importantes como La muerte de Artemio Cruz,Cambio de piel  y Terra nostra, ha contribuido de manera significativa a enriquecer el legado cultural hispánico desde la mexicanidad de su cultura. Porque este singular escritor de nuestra lengua, arraigado en su cultura, compenetrado con su lengua, identificado con su sociedad, ha sabido articularse a esos factores de la personalidad, que son claves para escribir una obra encomiable y, sobre todo, para testimoniar la propia percepción del Mundo. Carlos Fuentes ha asumido la lengua no solo como medio de expresión de su valoración de la realidad, sino como índice del genio de un pueblo, clave fecunda de su creatividad.

   La sociedad mexicana, que él se dispuso a representar en su creación literaria, le aportó los valores que fundan una cultura y, desde luego, el fundamento de su visión espiritual y estética, el basamento ético de su comportamiento con los rasgos del alma nacional, que él se sentía llamado a retratar. Como escritor, tiene nuestro autor la virtud de auscultar, en la voz viva del lenguaje coloquial, los rasgos de la cultura mexicana con una pertinencia intelectual, emocional, imaginativa y espiritual.

   El éxito de Carlos Fuentes se funda en la conciencia lingüística y literaria que refleja, mediante la cual pudo escribir narraciones ejemplares, puesto que al asumir la creación novelística, que era una poderosa motivación en él, lo llevó a escribir relatos y novelas, al tiempo que experimentaba la profunda apelación de su sensibilidad con el sello de su cosmovisión inspirada en los valores de justicia, respeto, tolerancia y de solidaridad. Porque él no ha sido un escritor distanciado de su mundo circundante, sino un creador vinculado a una realidad, como la mexicana, en función del uso edificante de la palabra y el sentido trascendente de su vida.

   Desde que asumió el cultivo de las letras, Carlos Fuentes se sintió apelado por una fuerza mayor que la que supone el uso estético del lenguaje. Intuyó que tenía que hacer algo especial por su pueblo y su cultura. Como narrador y ensayista, ha canalizado una forma de expresión con las virtudes literarias que le dan brillantez y renombre a su ejecutoria novelística. Mediante la caracterización de los personajes, recurso del que es un maestro en la presentación de las manifestaciones psicológicas a través de los recursos técnicos y estilísticos, ha revelado el mundo interior de sus criaturas imaginarias. Los escritores cuya creación ha sido reconocida por el consenso unánime y el respaldo de los lectores, como el caso de Carlos Fuentes, casi siempre aportan textos que capturan el trasfondo de su propia cultura.

   Los diferentes pueblos, en virtud de su peculiar talante, tienen una manera de sentir y de pensar. Esa singular manifestación de su personalidad colectiva, que los escritores auscultan a través del comportamiento de sus personajes, da cuenta de la sensibilidad de que le distingue. La manera de sentir enseña que cada uno tiene su propia forma de ser y de reaccionar, así como cada una de nuestras culturas tiene también su particular inclinación, es decir, su forma singular de proceder y de querer que canalizan a través de las historias que los narradores narran en su ficción. Mediante esas manifestaciones socioculturales, en La región más transparente juega un rol importante el pasado precolombino, clave en la cultura mexicana. Como expresión de la memoria histórica y de la memoria cósmica, dos vertientes complementarias de la novelística de Carlos Fuentes, sus historias reportan esas facetas reveladoras. Igualmente, está el sentido ético, inspirador de una conciencia social, que suele articular la cosmovisión de este distinguido novelista mexicano.

   Para los narradores como Carlos Fuentes la cultura se asume como fuente de los valores que fundan una comunidad. No ve solo los hechos: va al fondo de los hechos y al significado que esos hechos contienen.  Para este fecundo escritor, la cultura encarna la visión espiritual de un pueblo con el fundamento ético de su comportamiento colectivo, que su narrativa canaliza.

   Tres mexicanos ilustres (Juan Rulfo, Agustín Yáñez y Carlos Fuentes) que son maestros de América, fundan la cosmovisión de su narrativa en el sentido ético de su relato y el peculiar lenguaje de su pueblo.

   Para Carlos Fuentes, es muy importante la relación que se establece entre la realidad histórica y la realidad utópica. La realidad histórica es la que aportan los hechos del pasado a la cultura de un pueblo. La realidad utópica es la que inventan los escritores en su ficción. Los mismos pueblos tienen también su propia realidad utópica, a partir de sus mitos, leyendas e invenciones imaginarias. Carlos Fuentes supo articular, en el caso particular de México, la realidad histórica y la realidad utópica y, además, supo también ensamblar lo que en literatura se llama realidad estética, es decir, ese arsenal de vivencias entrañables, que los seres humanos atesoramos en nuestro interior y que los escritores asumen como sustancia creativa para armar su ficción. En ese mundo ideal en que se mueven los escritores de ficción, los novelistas suelen establecer, cuando tienen conciencia de la realidad social o cuando saben engarzar a la palabra la realidad cultural, se produce una relación armoniosa entre la realidad real y la realidad estética, que se manifiesta en la obra narrativa.

   En tal virtud, hay rasgos claves en su obra novelística. La realidad lingüística aparece claramente identificada en sus novelas, como una expresión de la realidad cultural de México, porque Carlos Fuentes, con la conciencia de la lengua y la preocupación por reflejar la manera distintiva de sus personajes, se puso en contacto con la gente y se dispuso a conocer el lenguaje popular, los rasgos de la cultura viva de su pueblo.  Salvador Elizondo, en una entrevista publicada en la revista Nexos en 1997, dijo sobre Carlos Fuentes: “Esas hablas particulares siempre me han interesado mucho y tanto, como por ejemplo, a Carlos Fuentes. De nuestras parrandas en la juventud, recuerdo que todos nos emborrachábamos, todos echábamos relajos, menos Carlos. Porque Carlos tenía una libreta en la que apuntaba particularidades de la lengua que se usaba en esos lugares. Creo que esas experiencias contribuyeron mucho a La región más transparente, en la que se trata de hacer una síntesis del habla de la ciudad de México” (2).

   En efecto, al leer La región más transparente hallaremos términos mexicanos que dan un matiz singular a esta valiosa novela, fruto de ese contacto directo que propició el conocimiento de la cultura viva del pueblo. Para los novelistas como Carlos Fuentes, la lengua es un medio de expresión que revela el genio de un pueblo y la fuente de la creatividad. De igual manera, asume la realidad social como la cantera de hechos, motivos y vivencias, razón por la cual el novelista se convierte en vocero de su sociedad. Su obra establece un vínculo con los diferentes sectores sociales, que  recrea como fuente de los valores que fundan su cultura.

   A esos factores se suman, como ya dijimos, la posesión de la conciencia literaria con un adecuado empleo de los procedimientos estilísticos y narrativos para plasmar, como lo ha hecho en su creación novelística este estupendo narrador, el vínculo del habla con la vida, consecuente con la apelación profunda de su sensibilidad mediante una cosmovisión inspirada en los valores que la misma sociedad reclama. La asombrosa caracterización de sus personajes, la adopción de recursos técnicos, como superposiciones espacio-temporales, monólogos y retrospecciones, junto a la imbricación de la historia a los temas y el ambiente, hacen que sus tipos representen la mexicanidad genuina y auténtica.

   Las facetas distintivas de La región más transparente se pueden sintetizar en varias vertientes, que Carlos Fuentes recrea en los siguientes rasgos:

   La realidad verbal. En su expresión idiomática el pueblo mexicano es muy original y expresivo. Carlos Fuentes se nutre del lenguaje vivo del pueblo con plena conciencia de la palabra. Pinta esta novela los matices del habla popular -el indio, el revolucionario, el hombre de la calle, las prostitutas, etc.- con pertinentes descripciones y narraciones de escenas afines al relato. Pone en la voz de sus personajes el lenguaje correspondiente a su respectiva clase social con expresiones típicas del habla popular, mediante vocablos y giros mexicanos:

 

   (-Muy guaje, ¿no? Miren: mucho ojo. Eso se saca una por meterse con apretados. ¡A la chingada! ¿Hora? Seis. Abren a las nueve. Y está lloviendo a trancazos).

   ¡Ora sí t’enjuagates, chilindrina!, pasó una bicicleta frenando. Se abría la noche, su noche, la noche que le reservan los ángeles y el vacío. La ciudad olía a gas mientras Gladys ambulaba por la Avenida Juárez. ¿Dónde estaban los demás, las gentes a las cuales querer? ¿No había, por ahí, una casa caliente donde meterse, un lugar donde caber con otros? Sus gentes… el viejo era pajarero; salía muy de mañana a agarrarlos, mientras la madre le hacía el café con piquete y nosotros arreglábamos las jaulas. Junto al puente de Nonoalco. Le pusieron Gaudencia. Quién manda nacer un veintidós de enero. Las láminas ardían en verano, y a todos se les calentaba la sangre. En un catre, los viejos y el escuincle. En el otro, yo con mis hermanos. Ni me di cuenta, ni supe cuál de ellos me hizo la desgraciadura. Pero las láminas ardían, todos estábamos muy calientes, muy chamacos. Tenía trece años. Así comienza uno. Y luego ya no los vuelve a ver (3).

 

   La realidad histórica. Esta novela se nutre de la realidad histórica y cultural del pueblo que la inspira. Se funda en sus vivencias y pasiones. Y proyecta la idiosincrasia de una comunidad desde la supervivencia de una herencia que marca y connota la memoria histórica mexicana. La presencia del indio en México rememora el pasado indígena y la huella colonial hispánica, que Carlos Fuentes no elude ni enmascara, sino que recrea como factor de ponderación de la condición peculiar del ser mexicano. El tema de la culpa (“Por cada mexicano muerto en vano, sacrificado, hay un mexicano responsable”, dijo una vez Carlos Fuentes) subyace en La región más transparente, que da cuenta de los efectos de la revolución mexicana de 1910. Un sentido ético, inspirador de su conciencia social, articula la cosmovisión de Carlos Fuentes, que en diversas novelas explora la relación entra la realidad histórica y la realidad utópica que nutre la realidad estética y establece la relación entre dichas realidades, de manera que la novela es enlace con la realidad humana.  El novelista establece un vínculo entre la memoria histórica, la realidad social y la memoria cósmica. El pasado precolombino nutre la memoria histórica de México, que en Fuentes aparece como expresión de una conciencia histórica (“El mañana es totalmente improbable, peligroso: a uno lo pueden matar en un bar, a la vuelta de la esquina… El sentido permanente del sacrificio para mantener el orden del Cosmos, esa ha sido la victoria final del mundo indígena en México” (4), dijo Carlos Fuentes. En esta novela escribe: 

 

   Ixca abrió los ojos a la noche. El sol se había puesto. En la oscuridad, con la mirada azorada, el hombre sentía correr una multitud de sombras por su pecho.

   -Quiero otra noche, no ésta -murmuró-. Otra noche, no ésta. Una noche en que se puedan recoger los fragmentos de la luna, todos los fragmentos rotos del origen, y volver a tocarlos íntegros. Otra noche.

    El alumbrado del Zócalo se encendió. Algunas beatas oscuras salían de Catedral. Encandilado, Ixca se llevó las manos a los ojos. Alrededor de un farol, un jicote zumbaba: entre la sombra y la luz, su vientre amarillo brillaba, su cuerpo negro se dejaba lustrar por el farol. Zumbaba sin penitencia, enamorado de su ruido, de su posesión de la noche, de su esclavitud a la luz ficticia. Ixca adelantó los brazos, ansioso de conjurar la oscuridad. Sus pupilas se alargaban queriendo rasgar la noche, penetrarla y olvidarla hasta el nuevo sol. Las cuencas de luz, buscaban por todo el firmamento un signo del astro (5).

 

   La realidad social. Aparecen los diferentes estamentos socio-culturales que confluyen en la realidad estética de la ficción, con la actitud humanizante de la valoración del narrador que ama a su pueblo. Esa actitud de identificación de Carlos Fuentes es una expresión del amor a su tierra. Carlos Fuentes es un escritor compenetrado cordialmente con su tierra, su historia y su pueblo. A él le tocó viajar mucho, porque fue embajador en varias oportunidades, vivió muchos años fuera de su tierra, pero sentía ese amor entrañable por su pueblo y lo demostró plasmando lo que entendía que era lo peculiar y lo genuino de la cultura mexicana: 

 

    Desde los vidrios azulados de la oficina de Federico Robles, Ixca Cienfuegos recorre con la mirada la extensión de la Avenida Juárez. Ve, sobre todo, a los hombres y las mujeres de todos los días –oficinistas, pasantes de derecho, comerciantes, vendedores, choferes, mozos, mecanógrafas, repartidores-; blancos, mestizos, indígenas, algunos vestidos con saco, otros de chamarra y camisola, ellas con su aproximación a la elegancia impuesta por el cine, subrayando el gusto local –senos, caderas-, y quiere desnudarlos sobre los días que señalan el recuerdo de la misma avenida, con otros hombres, pero con los mismos ojos duales, presentes en el origen y en el destino, alineados o mezclados en turba: el día de agosto en el que el anciano lastrado como un roble viejo, escondido detrás de las gafas azules y la gran barba crispada, entra al frente del ejército constitucionalista, tocado por el sombrero de campaña que ha sustituido al viejo bombín de senador; y los días increíbles de los ojos de estrella carbonizada que brillan con toda la pasión de Ayala, que adivinan la pasión de Chinameca: los ojos más tristes y más limpios que vieron la avenida, bajo un sombrero de ráfaga solar –y el mismo día, la gran sonrisa de maíz de Doroteo Arango: pantalón de montar, polainas, un sweater gris y Stetson texano; el día de julio en que el Caballito florece en un nopal de vítores para el hombre pequeño y dulce, demasiado pequeño sobre su caballo, incongruente en su levita oscura, aplastado por la resaca de voces que hieren su continencia de pequeño santo, de pequeño hombre sin pies ni manos con los que golpear o agarrarse o rechazar… (6).

 

   La realidad mágica. Alterna el plano real con el imaginario para reflejar la dimensión mítica y mágica de una cultura, como la mexicana, impregnada de esa manera peculiar de asumir y entender el Mundo, cuya mentalidad atrapa y expresa Carlos Fuentes en La región más transparente. La imaginación se impone a la realidad, fenómeno que es parte del Realismo Mágico, el movimiento literario al que se inscribe esta obra por el hecho de que asume no solo lo que el autor piensa o siente sino lo que imagina y anhela su pueblo. Asume la dimensión imaginativa de su mentalidad, empalmando la realidad real y la realidad imaginaria y en esa simbiosis se desarrolla este fecundo movimiento literario, que fusiona esas dos manifestaciones de nuestra realidad sociocultural:

 

   Los rostros de la ciudad corrieron veloces sobre el vidrio del camión, y Rosa, con la mejilla pegada a la ventana, sólo recordaba la tos sofocada del muchachito y, cercana a esa imagen, pero inconsciente, la del choque y Juan muerto en la plancha de la Cruz Roja y todos, los niños y ella, viéndolo allí, todavía con el sabor del vino rojo en los labios. Qué gano con echarle la culpa a nadie, a poco así me lo devuelven… ay Juan, cómo te contaré todo, cómo te diré que las miserias y no ver a los chamacos casi nunca y todo eso ya no me duele, ya no me importa, que yo nomás quiero volverte a calentar la cama una vez más, antes de que ya no me acuerde de tu cara ni de tu cuerpo… porque te vas más lejos cada día, ya no puedo tocarte con los ojos, como hacía en los primeros meses después que te enterramos; ahora ya tengo que cerrar los ojos y arañarme los brazos para olerte y sentirte cerca como antes; yo quiero olerte y sentirte cerca, nomás, yo quiero que me vuelvas a calentar una vez más, nomás una vez aunque luego ya ni el paraíso te vuelva a ver… Entonces comenzaba el paisaje de setos altos y prados de Las Lomas y Rosa se abría paso para bajar y luego se iba caminando cinco cuadras hasta la casa de los patrones… (7). 

 

   La realidad cósmica. La faceta más densa en la novelística de Carlos fuentes es la realidad cósmica, que es esa dimensión de lo viviente a la que se entra mediante la contemplación. Ante la realidad sensorial, está todo el Universo. Si las manifestaciones de la realidad o los efluvios de la trascendencia de alguna manera tocan nuestra sensibilidad, entonces podemos testimoniar algunas facetas de esa vertiente que llamamos realidad cósmica, de la que Pierre Teilhard de Chardin consignó con el nombre de sentido cósmico. La contemplación de lo viviente despierta el asombro y con él el sentimiento espiritual y estético que aparece en este fresco de la cultura mexicana, mediante descripciones e intuiciones sobre la dimensión interna y mística de lo viviente, valoración que responde a una faceta natural de la condición humana, conforme se aprecia en el siguiente pasaje de la novela del mexicano:

 

   -El mundo no nos es dado- añadió Cienfuegos, comprimido en su gabardina mojada. Tenemos que recrearlo. Tenemos que mantenerlo. El mundo es ciego y es bruto. Dejado a sus fuerzas, se arrugaría como una manzana arrancada al tronco, penetrada de gusanos. El tronco le dio su savia y su vida, sí. Pero la mano que arrancó la manzana debe conservarla, o morir con ella.

   Rodrigo tomó asiento en la cama:

   -Sabes, eso pensé cuando… cuando traté de independizarme de mi madre. El día que me salí de la casa del Chopo, sin decir adiós ni nada… sentí eso, nada más, que me cortaba del tronco, que ahora yo era mi propio tronco. Después pensé… que la actitud de mi madre había motivado esa partida, más que mi propia decisión, ¿me entiendes? Por eso, ¿quién nos propuso arrancar tu manzana, Ixca? ¿No había una invitación implícita en ese tronco, en esa fuerza creadora, para que la arrancáramos? ¿Cómo puede desentenderse el creador? ¿No tiene la obligación, él mismo, de mantener su creación? ¿Por qué permite que se pudra la manzana?

   Ixca, al parpadear el humo que se le colaba a los ojos, pensó en el padre de Rodrigo, en Gervasio Pola. El origen de un mundo y dos seres determinados por su sacrificio, por su voluntad de ¿heroísmo, libertad, gloria?

   -Sí, es posible que sienta vergüenza y remordimiento- dijo con una voz pareja que contrastaba con la excitación nerviosa en el tono de Rodrigo. -¿Qué lo llevó, en primer lugar, a hacer el gesto mínimo de la creación- sé, árbol, sé, manzana? Pero quizá toda la vergüenza y arrepentimiento del creador no basten para deshacer lo hecho, la creación. Si la creación es divina, lleva ese sello original hasta en su podredumbre. Ni el mismo creador podría echar marcha atrás. Ni él mismo creador podría echar marcha atrás (8).

 

   La creación novelística de Carlos Fuentes responde a una apelación profunda de la conciencia y la sensibilidad de un escritor comprometido con el destino de su pueblo. Al lenguaje narrativo endosa un contenido de historias y temas vinculados a la realidad social y cultural de México. Y al proyectar el sentido ético, inspirador de una conciencia social, perfila una cosmovisión humanizada.

   Los siguientes son los rasgos más destacados de Carlos Fuentes:

   1. Al vínculo telúrico de los narradores precedentes, como Mariano Azuela o Salvador Salazar Arrué, suma el vínculo cósmico con una visión honda y amplia del sentido de la vida con la sabiduría espiritual correspondiente. En su concepción literaria, asume la literatura como creación estética del lenguaje, mediante la cual fecunda e ilumina la conciencia humana. En tal virtud, establece un vínculo entre la memoria histórica y la memoria cósmica, mediante el concurso del lenguaje (9).

   2. Aflora el sentimiento de culpa, como tema y como fondo, que el narrador despliega en diferentes pasajes, como una manera de despertar la conciencia de corresponsabilidad social y cultural. Paralelamente, el autor enfoca el sentimiento de sacrificio y expiación como correlato de la conciencia histórica y social.

   3. Hace de la realidad dura y nefasta, de la intrahistoria de su pueblo, la sustancia narrativa de magníficas ficciones con una profunda enseñanza.

   4. La consideración de las pasiones humanas como extrapolación de la conciencia quizás sea la gran lección que su narrativa impulsa y el gran aporte, junto al legado literario, de este grandioso escritor, que se plantea el destino de la naturaleza humana en el concierto de la Creación.

   5. Cree que la supervivencia del pasado sigue influyendo en el presente, razón por la cual hay que cambiar los factores negativos, como una mentalidad fundada en supersticiones y prejuicios, y asumir el ejemplo de quienes fundaron sus vidas en principios de orden moral y de dignidad.

   6. Hizo realidad el principio de Heráclito según el cual el Logos encarna la energía interior de la conciencia. Su obra es una radiografía moral y espiritual que retrata la idiosincrasia del pueblo mexicano, que ha luchado contra la opresión y el escarnio y con su narrativa ha ilustrado, mediante su pensamiento y su ficción, que la imaginación y la sensibilidad puedan orientar una manera dignificante y ejemplar de la vida y la esperanza.

   7. Estima que los hechos de los hombres y los pueblos se fundan en convicciones profundas, por lo cual es necesario que la sociedad finque su comportamiento en los principios del humanismo trascendente.

   8. Con su enjundiosa narrativa, hizo realidad el anhelo de Pedro Henríquez Ureña, de que había que crear la expresión de nuestra peculiar identidad americana. Hizo realidad el sueño que tuvo desde niño, de hacer con su palabra un testimonio edificante de una visión luminosa del Mundo.

   9. Su obra narrativa es una expresión de amor a la Humanidad: contiene una energía moral y espiritual y enciende el amor a la vida y el sentido de los valores trascendentes con la belleza, la verdad y el bien. Crea la significación desde la impronta esencial de lo existente como signo de su querencia entrañable, como una reiteración de su vocación profunda. Revela una transferencia afectiva entre su honda sensibilidad y el acontecer de lo viviente, como una forma sutil de un amor espiritual y cósmico.  

   10. Con su obra da notaciones de que conoce el centro del Universo, de que es partícipe de la sabiduría espiritual de la memoria cósmica, mediante los detalles de la semejanza de las cosas.

   El trascendental aporte de este escritor de América lo hacen altamente merecedor del Doctorado Honoris Causa que le otorga, con honda complacencia, la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra.

   Desde este singular escenario de la PUCMM en este agraciado rincón del Caribe sentimos a Carlos Fuentes como uno de nuestros grandes maestros y desde aquí proclamamos con orgullo, para que todo México se entere, que Carlos Fuentes encarna la conciencia moral y espiritual de América.

 

Bruno Rosario Candelier

Recinto Santo Tomás de Aquino

Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra,

Santo Domingo, República Dominicana, 1º. de mayo de 2010.

 

Notas:

1. La carta de José Moreno de Alba, Director de la Academia Mexicana de la Lengua, dirigida a los directores de Academias de la Lengua en América, es como sigue: “Sr. D. Bruno Rosario Candelier, Director de la Academia Dominicana de la Lengua. Estimado señor Director: Deseo por este medio agradecer a usted y a la Corporación que tan dignamente preside, el apoyo que dio a la propuesta de la Academia Mexicana de la Lengua, en relación con la edición conmemorativa de la novela La región más transparente de su académico honorario don Carlos Fuentes. Como usted sabe, en este 2008 se cumplen, por una parte, 80 años de vida del autor y, por otra, 50 de la aparición de ese célebre texto. Aunadas estas dos efemérides a la intrínseca y reconocida calidad de la obra, quedaba plenamente justificado, en nuestra opinión, este importante homenaje de la Asociación de Academias de la Lengua Española a uno de los escritores más destacados y respetados, homenaje que agradece muy cumplidamente la Academia Mexicana, promotora del reconocimiento y responsable de la edición conmemorativa. Si La región más transparente es importante para la literatura española lo es más, en mi opinión, para la historia de la literatura española, en particular para la escrita en México, tanto por su novedad estructural y complejidad estilística, cuanto por el genial retrato que viene a ser de una multifacética sociedad metropolitana de mediados de la pasada centuria. Reciba, señor Director, mi saludo afectuoso y agradecido. José G. Moreno de Alba”. Fechada en la Ciudad de México, el 15 de abril de 2008.

2. Cfr. Silvia Lemus, Entrevista a Salvador Elizondo, publicada en la revista Nexos, México, edición de octubre de 1997. Citada en la edición de La región más transparente, México, Alfaguara, 1998, p. 545.

3. Carlos Fuentes, La región más transparente, México, Alfaguara, 2001, 3ª. Reimpresión, pp. 29-30.

4. Carlos Fuentes, Entrevista, Mundo Nuevo No. 1, México, edición de julio de 1966.

5. La región más transparente, p. 275.

6. La región más transparente, pp. 291-292.

7. La región más transparente, pp. 235-236.

8. La región más transparente, pp. 283-284.

. El novelista mexicano Carlos Fuentes, en el almuerzo ofrecido en su honor por Diario Libre en la capital dominicana, habló elogiosamente de don Víctor García de la Concha y subrayó el dinamismo del actual Director de la Real Academia Española, que activó el sentimiento panhispánico, uno de cuyos resultados es el Diccionario de Americanismos. En este encuentro en honor del destacado novelista mexicano participamos los académicos dominicanos Marcio Veloz Maggiolo, Andrés L. Mateo, Guillermo Piña-Contreras, Adriano Miguel Tejada y el autor de esta presentación.

Acerca del autor


Bruno Rosario CandelierNació en Moca el 6 de octubre de 1941. Filólogo, ensayista, crítico literario, narrador, educador y promotor literario. Es licenciado en educación por la Universidad Católica Madre y Maestra y doctor en filología hispánica por la Universidad Complutense de Madrid. Preside la Academia Dominicana de la Lengua y es miembro de la Academia Norteamericana de la Lengua Española.

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