BRUNO ROSARIO CANDELIER:

 DEL LOGOS AL INTERIORISMO
 
 

Por Manuel Matos Moquete

 

A la manera de un griego antiguo, durante largos años, en Moca, su pueblo natal, Bruno Rosario Candelier ha vivido un retiro admirable y ejemplar fascinado con la lectura, la creación y la promoción de los valores más genuinos de la cultura, los cuales no son otros que los esenciales y permanentes legados de la humanidad universal. El texto El Logos en la conciencia es un ejemplo de la inclinación hacia el estudio del cuerpo de categorías de la civilización occidental, entre las cuales tienen valor paradigmático dos nociones muy caras a nuestro autor: el logos y la mística. Pero mucho antes de que centrara su obra en torno a esos tópicos, desde la década del setenta Rosario Candelier ha sido en nuestro país el orfebre de los temas clásicos en la reflexión humanística en general, y en particular en el estudio de la literatura dominicana.

 

Cabe mencionar estudios como Lo popular y lo culto en la poesía dominicana, 1977; Ensayos críticos: análisis de textos dominicanos contemporáneos, 1982; La creación mitopoética: símbolos y arquetipos en la lírica dominicana, 1985; Ensayos literarios, 1986; Tendencias de la novela dominicana, 1988; Ensayos lingüísticos, 1990; y Valores de las letras dominicanas, 1991, trabajos orientados a indagar y a replantear características, tendencias, periodos, de la literatura  dominicana.

 

Si otros autores han descollado con éxito en el estreno  de  temas traídos y llevados por la ardiente contemporaneidad, en busca de tópicos y orientaciones de la más recientísima actualidad, como son hoy, por ejemplo, la postmodernidad y la literatura light, Rosario Candelier ex profeso ha hundido sus miradas en lo trascendente en todas sus manifestaciones, buscando reinterpretar lo esencial del pensamiento antiguo y moderno para insertarlo en  nuestra realidad.

 

El Logos en la conciencia es una obra a partir de la cual Bruno Rosario Candelier da continuidad a una búsqueda de lo trascendente cuya propuesta había sido esbozada en textos anteriores y que sirve de fundamentación a la Poética Interior, la cual se caracteriza por enfatizar la realidad espiritual  en los seres humanos y en todas las manifestaciones del cosmos, desde tres perspectivas: la contemplativa, la metafísica y la mística.

 

Logos no es una palabra monosémica, sino todo lo contrario, muy polisémica. Con todo, a pesar de todas las numerosas  acepciones que entraña, es un ideologema fundacional, pues constituye el núcleo de uno de los discursos más poderosos de la civilización occidental. El concepto logos está relacionado con los grandes esquemas de pensamiento que han servido de referente al mundo europeo y, por lo tanto, es un tema insoslayable. Primero como filosofema y luego como teologema. Es lo que sugiere Rosario Candelier en su obra, cuando traza la ruta nocional que va de Heráclito de Éfeso al Evangelio de san Juan. En esa ruta, por donde quiera que se intente una aproximación al pensamiento y a la cultura de Occidente, se tiene como punto de partida el concepto de logos. Escojamos  tres  grandes esquemas.

 

El del lenguaje: logos es lengua, lenguaje, palabra, signo, discurso, idea, sentido. El camino del razonamiento: Logos es lógica, filosofía, ciencia, razón. El de la religiosidad: logos es verbo, mística, divinidad, trascendencia. A partir de esos caminos conceptuales surcados por la etimología de la palabra logos, a base de múltiples y muchas veces contradictorias elaboraciones ideológicas, se ha ido labrando las diversas imágenes de los seres humanos y han surgido los diversos humanismos en tanto que grandes sistemas que se han encargado de elaborar los diversos conceptos de los seres humanos. Logos dio lugar al humanismo griego, todavía muy cercano a los mitos originarios  en la época presocrática y luego a los conceptos de Idea, Esencia o Virtud en la época socrática.

 

Logos dio logar al humanismo romano, basado en el concepto de ratio o razón, mediante el cual se define al hombre como un animal racional. Logos dio lugar al humanismo cristiano, justamente a partir de la identificación en el Evangelio de san Juan con el Verbo divino, con Dios.  Pero también hubo un logos renacentista y un logos neoclásico, así como un logos romántico. No ha habido movimiento cultural y literario de importancia que no haya partido de una reconceptualización del logos. Igualmente, el pensamiento filosófico moderno, muy diverso en temas y procedencias, no ha cesado de replantarse los grandes asuntos de la cultura griega, en términos metafísicos, existenciales, políticos y sociales.

 

Los esquemas de pensamiento de Hegel, Marx, Heidegger y Nietzsche, por muy alejados que parezcan, han sido construidos en torno a diferentes visiones del logos como manifestación de los diversos humanismos. Las vanguardias literarias y artísticas de comienzos del siglo XX, Dadaísmo, Futurismo,  Surrealismo, no han hecho sino replantearse la concepción del logos para sustentar sus apuestas creativas, mediante la  indagación de temas como el sueño, el inconsciente, lo imaginario y la creación,  como base de la realidad natural o artificial. Y autores como Kafka, Becket, Ionesco, Brecht, participan de un enfoque nihilista que desconoce el ideal positivo y progresivo del logos, el cual ha venido sustentando la utopía humana. Para esos autores hace tiempo que entramos en  un  franco e irreversible proceso de deshumanización, visión que ha servido de fundamento a sus creaciones. El postmodernismo de hoy deber ser considerado como una relectura del logos, de los diversos logos, cuya óptica principal es la ruptura radical con los esquemas de pensamientos clásicos y modernos, que se debatieron entre la razón y la emoción, entre la divinidad y la profanidad, entra la realidad social e individual, entre materialismo y espiritualidad.

 

¿Hacia cuál concepto de logos nos dirigimos en esta época marcada por el predominio de la imagen en contraposición a la palabra, de la ausencia de sistema de pensa­mientos y de valores espirituales, asentada en el predominio de lo sensual, lo casual, lo instantáneo y lo fútil, a imagen y semejanza de la  tecnología de la información y la comunicación: instrumental, desechable y  esencialmente lúdica y hedonista? Por el momento no tenemos respuesta a esa pregunta cuya satisfacción será obra del futuro. Por ahora solamente tenemos seguridad en el pasado de la palabra logos, perspectiva desde la cual parte  Bruno Rosario Candelier en sus obras para la construcción de la Poética Interior.

 

No siempre hubo confianza y certeza en la verdad que encierra ese logos. Hubo autores, como Jacques Derrida, que han tratado de ignorarla y hasta desconocerla. Ese autor francés invitaba a la decons­trucción de todo el andamiaje de la cultura proveniente del logos, del lenguaje y la razón logocéntricos. Esa no es la actitud de Bruno Rosario Candelier. En la Poética Interior existe felicidad y complacencia en la creencia en el logos. En este autor todo va con todo. Esa noción atraviesa sus obras de los últimos años. La reciente producción, El logos en la conciencia, es un eslabón de la búsqueda de lo trascendente, cuya propuesta había sido esbozada en textos anteriores. En la obra El ideal interior,2005 el autor plantea tres enfoques, tres métodos de que se vale la creación literaria, y en general el ser humano, puesto que  en su concepto toda poética es también una filosofía y una teología, de aproximación a la realidad: la  realidad real, la cual es objetiva, histórica y concreta; la realidad imaginaria, que se labra en base a la subjetividad, la fantasía y la abstracción la realidad trascendente, que se caracte­riza por ser sublime, metafísica y espiritual (p.22).

 

La opción tomada ante esas posibilidades es la tercera, la cual constituye la visión desde la cual se construye una nueva poética en República Dominicana, la Poética Interior, que se distingue de otras dos opciones fundamentales en nuestras letras: el Postumismo o, más bien, los Postumistas, los cuales parten de la realidad material y es literatura mimética y testimonial preocupada por la recrea­ción de lo social; la Poesía Sorprendida y sus filiaciones, cuyo punto de arranque es la realidad onírica, dando cabida a la reproducción del universo mítico y al mundo de la imaginación. Sin embargo, el Interiorismo parte de las búsqueda de la espiritualidad en todas sus manifestaciones y tendencias, tanto de índole filosófica, propiamente metafísica, como de carácter religioso, básicamente mística sin excluir ningún pálpito, afirma Rosario Candelier, de la “interioridad humana y la de los acontecimientos y fenómenos”.

 

En la construcción de esa poética de lo trascendente, la reflexión empren­dida por Bruno Rosario Candelier desde hace años se inspira de múltiples autores y bebe en las fuentes fundamentales de la espiritualidad en la civilización occi­dental, pero también de la civilización oriental, y claro está, latinoamericana. De ahí el redescubrimiento del pensamiento helénico y la exploración de un conjunto de conceptos anejos, tales como logos, cosmos, numen, la Idea de Platón, etc. que desde los presocráticos fueron formando el pensamiento, la espiritualidad y todos los componentes de la conciencia humana en el mundo occidental.

 

En la obra La fragua del sentido, Bruno Rosario Candelier se detiene a reflexionar acerca de las diversas energías o fuerzas que contribuyen a la formación de la personalidad, y todas como elementos espirituales forjadores de la conciencia extraídos de la conceptualización y la terminología griega. Estas son: el aliento o sentimiento telúrico, de telos, tierra; la energía erótica, proveniente de Eros, energía del amor, y de todo sentimiento o impulso vital; la cultura, que en los griegos era el Numen o aliento espiritual de la cultura; y la lengua. Refiriéndose a esa cuarta fuerza formadora de la personalidad afirma Rosario Candelier: “La cuarta fuerza tiene que ver con la lengua. Los griegos crearon el concepto de logos, que vincularon a la idea, espíritu, verbo, palabra, verdad y que nuestra lengua emplea en algunos términos, como antropólogo, politólogo, diálogo, entre otros. Para los antiguos griegos, Logos es palabra y es idea, porque entraña el principio espiritual que funda nuestro lenguaje” (p.7).

 

¿Y cuál ese principio espiritual que funda el lenguaje? En este punto, nuestro autor cambia de orientación epistemológica siguiendo el curso de la construcción del pensamiento occidental, pero dando cuenta de una inflexión acarreada por el Cristianismo. El logos griego ha sido interpretado en el pensamiento laico, sobre todo en la lectura de los romanos, como ratio, razón, ciencia. Siendo panteístas, para lo griegos logos era algo así como la energía primera y fundamental de todas las cosas. Pero en la orientación cristiana, monoteísta, logos es verbo, desde san Juan. Entonces, logos, siendo lenguaje, está ligado a la divinidad y a Dios y es por tanto, como afirma Rosario Candelier: “La energía del logos, en tanto aliento espiritual de la conciencia, procede de la Divinidad. Dice la Biblia que fuimos hechos a imagen y semejanza de Dios y fue  a partir del soplo divino cuando se nos insuflo la esencia fecundante  del Logos. Es decir, la energía interior que se expresa en la palabra nos distingue a los humanos  de las demás criaturas del universo ya que es una energía esencialmente divina” (p.7).

 

Ahí están las bases de la Poética Interior, que Bruno Rosario Candelier retoma en esta nueva obra El logos en la conciencia: el logos griego y el logos cristiano, cuando afirma desde el primer ensayo “El logos en la forja de la conciencia”: “Fueron los antiguos pensadores presocráticos, con Heráclito a la cabeza, los que inventaron el concepto de logos, al que asignaron el significado de  pensa­miento, espíritu, idea, sentido, discurso, palabra y verbo. Al concebir el logos como esencia del espíritu y alma de las palabras, Heráclito le atribuía un carácter divino, que posteriormente san Juan, en su Evangelio, vincularía al mismo Dios, llamán­dolo Logos o Verbo, con mayúscula, para distinguirlo de la palabra encarnada o del logos que atesoramos los humanos” (p.11).

 

La obra El Logos en la conciencia es, tomando en cuenta las ideas anteriormente expresadas, una manifestación del discurso del logos y  una de sus  reelaboraciones posibles, en este  caso relacionado ese concepto a la Poética Interior y tomándolo como uno de sus fundamentos. En esa obra  confluyen tres dimensiones. Llamaré de acuerdo con Teun Van Dijk, a la primera cognición o comunicación de creencias, a la segunda uso de la lengua y a la tercera interacción social. Aunque esos tres aspectos pueden evidenciarse en toda la obra y en cada una de sus partes, he encaminado  mi lectura en este orden: la obra  consta de tres partes, las cuales corresponden respectivamente a las referidas dimensiones, las cuales se manifiestan en tres géneros de discursos bien diferenciados: ensayos teóricos, textos de crítica literaria y escritos epistolares.

 

A pesar de la diversidad de los géneros, procedimiento que, que dicho sea de paso no es raro en la historia de la literatura, y  que en los últimos años se ha incrementado como una novedad, este libro tiene unidad y coherencia en los propósitos y en los temas.

 

La primera parte, de menor extensión, denominada “Bajo el signo del logos”, compuesta por ensayos diversos, tales como “El logos en la forja de la conciencia”, “La lengua en el desarrollo de la personalidad”, “Lenguaje en la lírica mística” y “Lenguaje, psicología y afectividad”, contiene la fundamentación, el cuerpo teórico de la obra, generado a partir del concepto de logos. La segunda parte, “La onda de las letras”, más extensa que la anterior e integrada por trabajos de apreciación critica sobre diversos autores, entre los cuales están Manuel del Cabral, Flérida de Nolasco, Manuel Rueda y León David, es el espacio del ejercicio, de la aplicación de los conceptos escenificados en la primera parte, cuyo propósito es verificar en las obras de los autores las hipótesis presentadas previamente. Llamamos a esta parte uso de la lengua porque es de carácter instrumental y al servicio de la primera: manejo de técnicas de análisis, explicaciones, ejemplificaciones y modelos  de clasificación de los atributos de las obras analizadas.

 

La tercera parte, la más extensa, puesto que abarca casi la mitad de la obra, es la más heteróclita, en apariencia. Está  agrupada bajo el nombre “Correo literario y consulta lingüística”. Es, a mi entender, la parte más interesante e importante, por la curiosidad que despierta el entrar en circuito cerrado de correspondencias tanto  de carácter profesional como personal, que hoy son de público conocimientos. Es rara, y tiene valor de primicia, una publicación de esa naturaleza. Esa parte es la más importante, sobre todo, porque el espacio de la interacción social  en el que el autor coloca  sus reflexiones y sus manejos analíticos de las dos primeras partes, en contacto con sus interlocutores, proyectando la dimensión dialógica  e interactiva desde la cual se ha ido gestando y conformando el Interiorismo.

 

En esa parte, la obra de Bruno Rosario Candelier da un giro de ciento ochenta grados: pasa de la reflexión abstracta (filosófica, metafísica, lingüística, literaria, mística) de la primera parte, mediante el puente tendido en la según da parte, dedicada a mostrar el manejo  de  procedimientos críticos, hasta concluir en el territorio del dialogo entre el autor y su público, en el que el maestro y los discípulos, el profesional y los colegas, el Director de la Academia de la Lengua y los hablantes demandantes de consultas, ponen en el escenario social los con­ceptos propuestos en la primera y la segunda parte. Hay que leer la tercera parte de Logos en la conciencia como un género discursivo nada extraño a la naturaleza de la poética interna y de la producción de Bruno Rosario Candelier. La relación dialógica y la intertextualidad son caracte­rísticas propias de ese movimiento literario y de la manera de comunicar los con­ceptos y orientaciones que el creador y  promotor principal, ha venido  empleando a través de encuentros, tertulias, talleres, conferencias, intercambios epistolares y de correos electrónicos, como esto último se presenta en esta obra.

 

Parecería que la búsqueda del mundo interno necesita de intercambios externos, expresivos, canalizados a través de  múltiples manifestaciones, y que esa sería una manera, una modalidad esencial del ser del interiorismo, como lo son también  la exposición técnica de los conceptos y la crítica literaria. El lenguaje tiene esto de paradójico, a mayor profundidad y  fuerza interior de lo inefable, mayor necesidad de comunicación por medios sensoriales, orales y escritos.  El diálogo y  el intertexto, en forma de cartas, correos electrónicos y referencias a otros autores y a otras obras de la autoría del mismo Bruno Rosario Candelier, son recursos no sólo  novedosos y motivadores, sino también eficaces, de comunicar el mundo conceptual y vivencial del Interiorismo.

 

La obra La garra del estrés, lenguaje, miedo y control emocional (2006), es un texto esencial en esa poética. Ahí se exponen a partir del género epistolar, en un estilo interactivo, personal, espontáneo pero elaborado y correcto, las diversas cuestiones que atañen al Interiorismo, pero en otra aplicación: uso terapéutico  del poder  del lenguaje y la poesía para controlar las emociones destructivas y educar hacia una vida personal, positiva, espiritual, como se ad­vierte en los consejos del locutor -maestro-, amigo a la interlocutora-discípula- amiga Melina.

 

Leamos el propósito del intercambio epistolar en esa obra: “Mi querida amiga: Estas cartas contienen ideas, enfoques y propuestas para lograr el control emo­cion­al con el objetivo de aprender a enfrentar conflictos internos, dominar miedos y traumas, superar heridas emocionales y situaciones de angustia y dolor, por la reflexión que entrañan estos planteamientos destacando el poder del lenguaje contra la presión de la realidad existencial con la angustia y el estrés dentro” (p.57).

 

Si el estilo del locutor es didáctico y orientador  la actitud de la interlocutora adquiere valor confesional e íntimo, expresivo. Se le ve llena de admiración y agradecimiento al maestro amigo por tan sanos y extraordinarios consejos, como se muestra en esta carta del 14 de enero de 2006: “Admirado maestro: A veces me he sentido peregrino en un desierto…he transi­tado tantos desiertos… Tus cartas son muy valiosas, con un contenido hondo, edificante y esclarecedor como todo lo que sale de ti” (p.51).

 

Son cartas que tratan asuntos personales, pero esencialmente literarios, lingüísticos y filosóficos. Son cartas incitadoras que aconsejan una vida conforme al desarrollo espiritual, conforme con la poética del Interiorismo.

 

De ese mismo talante es la tercera parte de esta obra El logos en la conciencia, “Correo literario y consulta lingüística”. Aquí quisiera detenerme aquí en el renglón “Correo literario sobre El Interiorismo”.  Esa parte ilustra mejor que las demás líneas de El logos en la conciencia cómo la función dialógica e interactiva se pone al servicio de la expresión y comunicación de la visión trascendente, y en particular de los  conceptos logos y Verbo, en la elaboración y promoción de la Poética Interior.

 

El tema de los correos electrónicos literarios es el Interiorismo y el intercambio es una manifestación verbal de las múltiples manifestaciones y activi­dades que en los últimos años, desde el 2006 hasta la fecha, han ocupado a los integrantes y relacionados de ese movimiento. A excepción de algunos correos muy formales, como los intercambiados con el Director de la Real Academia Española, en general la relación que se establece entre los interlocutores es la misma que se observa en la obra La garra del estrés.

 

Bruno Rosario Candelier es el locutor principal que en forma amistosa y en tono íntimo, pero culto, académico, didáctico, orientador, se dirige a sus amigos participantes o relacionados con el Movimiento Interiorista. Estos le dan un trato amistoso, también íntimo, pero desde la perspectiva del discípulo o el admirador hacia el maestro u orientador. Tomo por caso una secuencia de correos entre el locutor principal y una interlocutora, Johanna Goede, una excelente escritora de Puerto Plata.

 

El primero está fechado el 23 de mayo de 2009, en Puerto Plata: “Bruno Antonio: La poesía mística, ES LA POESIA EXTÁTICA, producto de un ARROBAMIENTO, como dijiste en España. Eso es lo que se siente, un arrobamiento, como si te transportaran a otros planos de los que no tienes el conocimiento y mucho menos el  dominio. Es algo sumamente profundo e intenso, difícil de explicar. (Para que veas, hasta tus palabras que lo dominan todo no tiene esa que pueda decir con exactitud, que se siente cuando la persona está en ese estado). En mi novela lo pude vivir con intensidad descomunal. A veces no tenia noción  del tiempo, este me pasaba por arriba sin yo darme cuenta. Me sentía dueña del conocimiento, me sentía que dentro de mí estaba todo. Es algo descomunal lo que se vive, de proporciones tan descabelladas que por eso te digo: Ni tú tendrías la palabra justa para definirlo. Con todo mi  cariño, Johanna” (p. 359).

 

El correo de Bruno Rosario Candelier, en respuesta al de Johanna, de la misma fecha, es de estilo amistoso pero a la vez formal, propio de la comunicación entre  escritores que se tratan como amigos y colegas, que  se quieren y se respetan: “Querida Johanna: Sentí  en tus palabras un reflejo de la vivencia mística que, al parecer, has experimentado y, por lo que me dices, parece que tu novela tiene también una vertiente contemplativa. ¿Es cierto? Afectos. Bruno RC” (p. 360).  Johanna responde a Bruno el 25 de mayo. “Hola, Bruno: Amaneció esplendoroso y ya se está volviendo a nublar, pero aun  así el  día es maravilloso… Serenamente gris…”. Cuando de adentres en los espacios martales (sic) de mi novela, fíjate si alterar el orden de algunos capítulos le daría más agilidad…Te dejo a tu juicio de saber hondo y fecundo. Besos, JG (p. 360).

 

El mismo 25 de mayo Rosario Candelier responde. “Olga Johanna: Cada día es esplendoroso, si se mira adecuadamente, vale decirse sabemos contemplar correctamente la Creación. Con razón decía Goethe que si se mira correctamente, todo es hermoso. Como te dije, debo primero cumplir un compromiso contraído con la RAE, antes de adentrarme en lo que llamas “los espacios martales de la novela”, que ojalá pueda entender y apreciar el sentido de tu creación. Besos también para ti. Bruno RC” (p. 360).

 

En esos correos y en los demás, los interlocutores exploran el mundo de la vocación hacia la búsqueda trascendente, haciendo referencia de los conceptos, las actividades, las lecturas y producciones de los interlocutores en torno al Interio­rismo, como manifiesta Johanna Goede en su correo, en torno a la poesía mística. La intertextualidad de esos correos, de carácter interpersonal, tiene otra vertiente en este autor, ahora en relación al conjunto de su propia obra. No se podría entender El logos en la conciencia sino se leer los textos anteriores  a éste, que como observamos en La garra del estrés, exponen el sistema completo de la Poética Interior y del pensamiento de Bruno Rosario Candelier.

 

En su obra Poesía mística del Interiorismo (2007), Rosario Candelier sitúa el amplio campo de la trascendencia: la contemplación, la búsqueda del sentido y la divinidad: “El ámbito de la trascendencia es un espacio en el que se mueven con­templativos, metafísicos y místicos. La búsqueda metafísica es una operación intelectual centrada en la exploración del sentido. La búsqueda mística es una vivencia espiritual centrada en la unión con lo divino” (p.21).

 

Así podemos darnos cuenta de que la Poética Interior integra un humanis­mo múltiple, en el que intervienen todas las posibilidades de lo trascendente. Por eso, cuando se refiere al logos, base de la reflexión metafísica en Occidente, o a la mística, cuyo punto de partida es el logos cristiano que es sinónimo de Verbo, en el evangelio de San Juan, el autor no se limita, aunque sí se centra, a esos dos paradigmas de la civilización occidental, sino que su búsqueda se encamina a descubrir y recuperar todas las manifestaciones de la trascendencia o del interio­rismo, términos equivalentes en su obra.

 

Así lo vemos en su libro La pasión inmortal (2005). El autor parte del Verbo y del Logos, el primero “la esencia de lo divino” y el segundo “la energía interior de la conciencia”, para internarse en una minuciosa y completa  exploración de la mística en otras culturas. Viaja de los pensadores presocráticos a la civilización oriental, la India, China y Japón, a los pueblos árabes, a los pueblos originarios de América, a África. Más de nuestra cultura, estudia la mística en la Hispanoamérica actual y en el Caribe hispánico. En ese sentido, es preciso entender la poética del Bruno Rosario Candelier que se plantea en esta nueva obra, como un eslabón de un todo amplio y diverso, cuyo núcleo no es ni el Logos, ni el Verbo, sino la dimensión espiritual o trascen­dente, lo cual se nutre de diversas procedencias culturales y de manifestaciones lejanas y cercanas, pasadas y actuales, antiguas, clásicas, modernas y post modernas.

 

Esa idea reveladora de la ilimitada amplitud de la Poética Interior, queda expresada en otra obra del autor, El vínculo entrañable (2008), en la que se ofrece todo el menú del Interiorismo: “El Interiorismo ofrece varias opciones para el que busca la interioridad de las cosas, para el que le atrae el ámbito metafísico o para el que anhela colar y asumir la dimensión espiritual, interna y mística” (p. 496). No importa el componente, no importa el gusto o la orientación; lo impor­tante es que al amante del Interiorismo le encante el ámbito de lo interior de las cosas, sea éste de tipo reflexivo, sea de tipo diverso o de cualquier otra preferen­cia. Porque lo esencial es eso: lo interior de las cosas. Esa idea se expone en esa misma obra cuando se refiere a  la estética del Interiorismo: “En tanto estética literaria, el Interiorismo revela la verdad subjetiva, interior y profunda de las cosas expresadas con certeza de la conciencia mediante el lenguaje y la intuición” (p. 496).

 

En la continuidad de una trayectoria inconclusa, más bien en su momento de apogeo, en la construcción de la Poética Interiorista, esta nueva obra de Bruno Rosario Candelier, El Logos en la conciencia, debe ser recibida como una invita­ción a continuar conociendo y valorando los grandes aportes de este autor y del movimiento que representa. Un movimiento que, como se muestra en las corres­pondencias incluidas, no es sólo dominicano sino que se ha expandido a diversos países de América e incluso de Europa, y que para su mejor codificación y expansión cuenta hoy con una definición propuesta por Rosario Candelier para el Diccionario de la Real Academia, la cual podrá leerse hoy y en la posteridad como sigue:

 

Interiorismo: Movimiento literario dominicano de finales del siglo XX que capta la dimensión interna y mística de lo viviente con el impacto que lo real produce en la conciencia expresada mediante el lenguaje de la intuición, las verdades poéticas, los valores trascendentes y la belleza sublime” (p.275).

 

O esta definición más breve, finalmente aceptada en el DRAE: “Interioris­mo: Movimiento poético contemporáneo que busca, mediante el lenguaje, poner de manifiesto la presencia de la divinidad en la naturaleza” (p. 34).

 

Con esa definición, tendremos Interiorismo para siempre en la historia de la literatura dominicana e Hispanoamérica, y a un Bruno Rosario Candelier en la memoria colectiva no solo de los adeptos a ese movimiento sino del pensamiento y la cultura de nuestra patria.

 

 

 

Manuel Matos Moquete,

Academia Dominicana de la Lengua,
Santo Domingo, Ciudad Colonial, 17 de junio de 2010

  

EN EL XX ANIVERSARIO DEL ATENEO INSULAR

Por OFELIA BERRIDO
 

Jubilosos celebramos el  XX aniversario  de la  creación del  Ateneo  Insular y  del  Movimiento Interiorista.  Esta conmemoración es un canto de exaltación a la literatura trascendente, a una vida de entrega y determinación; un canto al optimismo que impulsa al hombre a trabajar incansablemente por los demás,  estimulando y  promoviendo la literatura en los confines más insospechados  del país, fomentando los valores que propician la producción de la más alta  literatura.

 

No solamente reconocemos  la  obra portentosa que ha  realizado Bruno Rosario Candelier, sino que, además,  honramos  a  los escritores que trabajan sin  descanso  creando obras  importantes, expresión de un ingenio  fino:  autores que sirven como entes  multiplicadores  de sus conocimientos  y de  la enseñanza adquirida, y que  impactan  de manera tangible y  constante  nuestra literatura  y, por tanto, la cultura de nuestro país.

Hoy, optimistas de ver como esta institución enriquece  nuestra literatura, perdura en el tiempo e influye provechosamente nuestra cultura, quisimos brindarles una entrevista con su creador, el Dr. Bruno Rosario Candelier:

 

¿Don Bruno, explíquenos qué es realmente el Movimiento Interiorista?

-El Movimiento Interiorista  es la concepción estética mediante la  cual se persigue, en  primer lugar, incentivar en los escritores  el  cultivo de la realidad trascendente, la expresión del  impacto que lo real produce en la conciencia  y  la plasmación de los valores interiores, así como el enfoque  de la dimensión interna  y  mística de lo viviente y todo lo que pueda  contribuir al desarrollo de la conciencia espiritual.  El creador  interiorista es el que sabe dar una mirada profunda y, en tal virtud, intuye un mundo en una gota de rocío, percibe la luz que la sombra oculta o siente la voz en los efluvios del Cosmos.

¿Qué metas se planteó el Movimiento Interiorista en sus inicios?

-El Interiorismo nació con el propósito de impulsar una  literatura trascendente entre los escritores con sensibilidad  espiritual y  estética.  Como meta pragmática, nos trazamos la creación de grupos literarios, la expansión  del  Interiorismo  a nivel  nacional  e internacional,  la publicación de obras inspiradas en el ideal interiorista y el impulso al desarrollo de la literatura dominicana desde la perspectiva interiorista  para lo cual nos trazamos la meta de formar intelectuales y escritores con una alta conciencia literaria y un  sentido  humanizante  y  trascendente.  Que la obra del creador  interiorista  canalice  y  promueva  la  energía  interior  de  la conciencia mediante la palabra  que  ilumine  y  edifique.

 

Veinte años después… ¿cuáles son los logros y aprendizajes?

-Como logros  podemos  señalar, en primer lugar, la incorporación de importantes  creadores  de nuestro  país a nuestra organización, que es el Ateneo Insular. El Ateneo  Insular cuenta con más de cien escritores vinculados a esta organización  literaria.  En segundo lugar, contamos con grupos y escritores de diferentes países de América y Europa.  A mi juicio, es el primer movimiento literario dominicano que se internacionaliza. En tercer lugar, muchas personas que comenzaron desde cero  en  literatura ya han alcanzado un desarrollo literario a partir del desarrollo intelectual y estético que impulsa el programa de formación de nuestro movimiento en las reuniones del Ateneo Insular mediante el estudio y la creación literaria.  En cuarto lugar, contamos con escritores que han publicado obras inspiradas en los ideales del Interiorismo.  Es un logro también el hecho de que, a nivel  general, se  conoce la existencia del Movimiento Interiorismo. El aprendizaje depende de cada persona. Habría que preguntarle a cada miembro cuál ha sido su aprendizaje en particular. Ahora bien, como institución sabemos que hemos madurado. Podría decir que ha sido un logro magnífico el hecho de permanecer activos durante veinte años. Anterior a la existencia del Ateneo  Insular y el Movimiento Interiorista, las organizaciones de escritores no pasaban de tres años de vida grupal: se  desintegraban a los dos o tres años. Nosotros cumplimos veinte años de existencia continua, con encuentros mensuales, con reuniones semanales en los grupos y con intercambios periódicos entre los intelectuales del Movimiento  a  nivel nacional e internacional, así como con reuniones y  congresos en el país y en el extranjero.

Hemos celebrado congresos y  coloquios; conferencias y tertulias, talleres y recitales en centenares de  encuentros literarios en las principales poblaciones  del país. Eso es un récord que entraña un gran aprendizaje, porque la experiencia enseña métodos, aporta conocimientos, concita vivencias, permite tener una comprensión de los seres humanos, conlleva el logro de una disciplina y la coparticipación  de  motivaciones y entusiasmo. Nosotros seguimos una disciplina que nos ha permitido celebrar reuniones con un plan de trabajo realizado en armonía,  respeto y seriedad. No nos reunimos para tomar bebidas alcohólicas ni para hacer parrandas y francachelas: procuramos la formación intelectual que nos  permita orientar la creación literaria, incentivar el conocimiento profundo de la literatura y canalizar las inquietudes y la vocación intelectual y estética que determina la vida de un escritor para asumir esta vocación con amor, dedicación y entrega solidaria.

 

¿Qué aporta el Movimiento Interiorista a sus miembros?

-El Interiorismo les ofrece una propuesta estética a los escritores para que escriban una literatura trascendente, para que superen la creación de una obra superficial  y, sobre  todo, para que planteen verdades profundas a través de la creación  literaria.  No es simplemente la expresión de la belleza; buscamos la verdad  que ilumine mediante el sentido trascendente; el contenido que edifique la  conciencia, con la mirada profunda; el planteamiento que connote una onda de vibración luminosa y, sobre todo, que produzca una sabiduría que alumbre  la conciencia. Esa es la dimensión profunda mediante los postulados que  presentamos como propuesta de creación.

¿Puede consignar el aporte de algunos interioristas?

-Es importante  consignar el aporte que han hecho varios interioristas. Tenemos muestras creadoras de autores como José Frank Rosario, Pedro José Gris, Ramón Antonio Jiménez, Sally Rodríguez, Iki Tejada, José Acosta, Tulio Cordero, Manuel Salvador Gautier, Miguel Solano, Pura Emeterio Rondón,  Emilia Pereyra, Guillermo Pérez Castillo, Ángel Rivera Juliao, Carmen Pérez Valerio, Fausto Leonardo Henríquez, Carmen Comprés, Roberto José Adames, Ofelia Berrido, Leopoldo Minaya, Argelia Aybar, Teresa Ortiz, Arsenio Díaz, Fari Rosario, Farah Hallal, Noé Zayas, Henry Santos Lora, Valentín Amaro,  Sélvido Candelaria, Melania Rondón, Oscar Holguín-Veras, Eduardo Gautreau de  Windt, Johanna Goede, Bárbara Moreno, entre otros. Los poetas místicos dominicanos son interioristas, como Freddy Bretón, Tulio Cordero, Fausto  Leonardo Henríquez  y Teresa Ortiz de Machuca.

 

No solo yo, como creador del  Movimiento Interiorista he hecho un aporte creativo a través de la propuesta estética, además de mi novela de inspiración mística, que es El sueño era Cipango. Ofelia Berrido publicó una novela metafísica, El Sol Secreto.  Manuel Salvador Gautier tiene también una novela metafísica, como es El asesino de las lluvias, con una dimensión interiorista. Poetas como José Frank Rosario, Guillermo Pérez Castillo, León David, Ángel  Rivera Juliao, Fari Rosario, Noé Zayas y Farah Hallal tienen una excelente obra  metafísica en poesía. Nuestros narradores y poetas están redimensionando una  literatura trascendente en las letras dominicanas.

Además, valiosos creadores internacionales se han identificado con el  ideario interiorista, entre los cuales quiero citar a Teodoro Rubio, Juan   Miguel Domínguez, José Nicás, Gonzalo Melgar, José Félix Olalla, María del  Carmen Soler, Emilio Rodríguez González, Clara Janés,  de España; María  Antonietta Ferro, de Italia;  fray Paul Dupuis (fray Pablo de Jesús), de USA;  María de los Ángeles López Alfaro, de Honduras; David Escobar Galindo, de El Salvador; Marco Martos, de Perú; Ana María Bankay, de Jamaica; Ana Luz  García, Miladys Hernández Acosta y Teresita Hernández, de Cuba; Roberto  Fernández-Valledor, Luce López-Baralt y Ángel Darío Carrero, de Puerto Rico, entre otros.

Publicado en “Areíto”, Suplemento Cultural del periódico matutino Hoy, Santo Domingo, 14 de agosto de 2010

Acerca del autor


Bruno Rosario CandelierNació en Moca el 6 de octubre de 1941. Filólogo, ensayista, crítico literario, narrador, educador y promotor literario. Es licenciado en educación por la Universidad Católica Madre y Maestra y doctor en filología hispánica por la Universidad Complutense de Madrid. Preside la Academia Dominicana de la Lengua y es miembro de la Academia Norteamericana de la Lengua Española.

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