El apetito de sus miradas me enloquece, lo admito: mi corazón late al ritmo de vuestro  parpadear   . Quiero recordarlos como algo que es y al mirarlos descubro que hasta el Sol quiere estar en sus ojos y que en cada interpretación  que hacen de mis gestos, de mis versos y de mi prosa  me dan un abrazo. Me aseguraré de que sus mercados espirituales sean eficientemente abastecidos, a buenos precios.

No saber debatir los desafíos de las evoluciones espirituales de nuestras  sociedades y el no saber crear marcos teóricos que posibiliten su sana expansión, sino gastar nuestro caminar en este sendero de la vida debatiendo  los proyectos personales y legislando emociones  para garantizarnos impunidades de conciencia, hace de los liderazgos un verdadero lodazal, estanca la evolución espiritual del alma humana y frena las posibilidades del amor, ata a  ese divino sentimiento integrado por la poesía, la música y la libertad.
 

Es bueno reiterarlo: el amor  y su fervor  erótico son unos sentimientos formados por la poesía, la música y la libertad. Así que mis versos son el Sol de mi Universo y mi Universo está iluminado por los versos de mi Sol. Mi poesía no tiene razón sino que busca razones, mi poesía al  invertir en versos para convencer invierte en versos ya convencidos, porque los versos ya convencidos no tienen la necesidad de usar la violencia, son remansos de paz en su prosa interna, son lunas de luz en sus voces. Mis versos miran la Luna para disfrutarla, no para guardarme de su luz, porque la luz que llevan dentro me guía más   que la Luna. No corren tras la vida, la dejan que me alcance. Mis versos viajan dentro del viento cubierto por el polvo que los eterniza: son su piel.

 

Cuando la música entra en mí la comparto con los demás, cuando el silencio entra en mí, lo comparto con el viento, cuando la lluvia cae sobre mí, la veo navegar sobre la Tierra, cuando la Tierra navega bajo  mis pies, contemplo su flotar sobre las nubes, la contemplo  haciéndola cómplice de mi existencia…Esa relación con el mundo y sus cosas me ha hecho un interiorista, orgulloso, sano, feliz, con tanta felicidad que puedo exportarla, al precio de vaca muerta, y aún así, me sobran las muchas ganancias.

 

Logro la interioridad no solo con la expresión del poema sino también con las palabras del poema. Por esa razón mi poema “La Entrega”, que describe la tocada en nuestra puerta   de una mujer cuyas relaciones con nosotros aún  están indefinidas,  que publiqué  en la contraportada de la versión quisqueyana de “Yo soy la imagen”, dice:

 

“Yo me refugio en su mirada

 

y la veo allí

 

en las intransitables calles de mi alma

 

en mis túneles de luces”

 

Podemos sentir  una perfecta armonía entre expresión y palabras: Todo es interioridad. La expresión es  una búsqueda hacia dentro, “Yo me refugio en su mirada”  y las palabras, “y la veo allí, en las intransitables calles de mi alma, en mis túneles de luces”,  son una carretera hacia lo interior. Para que ustedes puedan apreciar, en cada detalle, la noble armonía entre expresión y palabras, aquí está  el poema completo:

 

“Yo me refugio en su mirada

 

y la veo allí

 

en las intransitables calles de mi alma

 

en mis túneles de luces.

 

Levanto sus manteles de caricias

 

y en el palacio del furor se enciende la chimenea

 

dejamos vivir el resplandor del beso gótico.

 

Alrededor del azotado viento baila el salón de palabras

 

bailan los caprichos de nuestros ojos

 

baila el chispear de lo indefinido

 

y la hoguera refleja el profundo silencio guardado en sus pupilas.

 

Me levanto

 

persigo el beso de mujer buscada

 

y me llevo una memoria mía.

 

El templo de las gracias ha sido edificado

 

en el palpitar de su corazón

 

que danza bajo la armadura del sudor”.

 

Les reitero, sin el conocimiento del cuerpo teórico interiorista no era posible encontrar en mi conciencia este verso:

 

“Me levanto

 

persigo el beso de mujer buscada

 

y me llevo una memoria mía”.

 

 

 

 

 

Experiencia Interiorista.

 

El desafío con el liderazgo y las organizaciones es que muchos integrantes se cansan espiritualmente y cuando lo hacen disminuyen su participación en la vida de las mismas. El líder no puede sufrir de esa epidemia espiritual, el líder tiene que mantenerse espiritualmente activo, vivo, radiante, alimentado por la poesía, por la música y por  la libertad, lleno de amor y de furor erótico, porque esos componentes son una fuerza para atraer nuevos integrantes y para fortalecer a aquellos que aún no han caído en la desesperanza.

 

Si fuésemos a comparar el alma humana con un animal, lo correcto sería calificarla como una mula: siempre corcovea y siempre quiere tirar la carga. No niego que la mía corcovee, pero cuando lo hace yo la monto: el que esté ensillada o que no tenga cinchos importa poco, yo la monto. Por esa razón nunca he dejado de asistir a un encuentro motivado por cansancio espiritual, sino que cuando lo hago, cuando falto,  las razones que me lo impiden son, única y exclusivamente, fuerzas físicas, distancias geográficas o un cuerpo que se niega a responder a los llamados espirituales de su alma.

 

Cuando se milita en una organización, en un movimiento como el Interiorismo, hay que partir del hecho de que no es la llegada lo que se disfruta sino el camino, que se goza cada sendero, que se vive cada paso, que se nada cada arroyo y cada río, que surcamos las montañas, que abrazamos cada verso que entra a nuestros corazones y que masticamos al leer cada cuento o cada novela que pasa a ser parte de nuestra experiencia cotidiana, que pasa a ser parte del dulce lagrimear de nuestras almas.

 

No podemos negar el hecho de que los creadores gimen y entran en dolor,  en dolores, pero ese placer no le ha sido  dado al fundador y líder de un movimiento, ese placer él  lo sintió cuando tuvo el parto, y es un placer único, íntegro, total y de la única forma que puede volver a sentirlo es si hace como la madre y tiene otro hijo. Solo los fundadores  y líderes que hacen conciencia de eso ocupan un lugar de primacía en la conciencia cultural del Universo.

 

En entrevistas, tanto en los medios televisivos como radiales, he sostenido que Bruno Rosario Candelier, fundador y líder del Interiorismo, ha heredado la capacidad lingüística de Pedro Henríquez Ureña, el apostolado de Eugenio María de Hostos y la genialidad organizativa de Juan Bosch. Es verdad,  Pedro Henríquez Ureña sufrió, como padeció Juan Bosch y como cargó con su dolor Eugenio María de Hostos, pero esos forjadores tenían claro el que la función, el que la sagrada misión  del arte, el que la santa misión de la poesía, de  la música y de la libertad es convertir el dolor en canción: sus cantos fueron luces que iluminaron y seguirán iluminando, por los siglos de los siglos, los apetitos espirituales de nuestros pueblos. Bruno, como heredero de la condensación cultural de esas tres geniales almas, está  llamado a habitar en la conciencia universal, por los siglos de los siglos, con su amén y todo.

 

Ahora bien, ignora Bruno Rosario Candelier el cansancio espiritual y el dolor de aquellos que se han quedado atrás. No, no lo ignora, pero sabe que la medicina no puede ser el que él  también se enferme. Sabe, está plenamente consciente de que la cura está en continuar desarrollando una estética creadora que ilumine a todos aquellos dotados del don creativo, del Dios que palpita en su alma. Eso fue lo que siempre hicieron Pedro, Hostos y Bosch. Ese es el legado que Bruno continúa, que Bruno continúa abrazado siempre al misterio de la fe creadora.

 

¿Quiere decir eso que Bruno no ama a los que se han cansado espiritualmente? No, hay un ejemplo aun más  claro de que Bruno los ama. ¿Cuál? El que ha venido entregando a su hijo, el Interiorismo, para que los creadores disfruten de una estética que les permita alcanzar vida creativa esplendorosa, tan sana y vigorosa como el naciente Sol.  Como humanista, para él  ese no es un deber, es una vocación, es la herencia espiritual legada por Pedro, Hostos y Bosch, es el noble trabajo de cargar con tres almas que lograron en las letras de nuestra América un estatuto santo.

 

Una simple muestra del cuerpo teórico interiorista nos desvela su inmensa dimensión. En la Academia  de Ciencias de la República Dominicana, el pasado domingo 25 de abril de 2010,   BRC dictó una conferencia titulada FILOSOFÍA DEL INTERIORISMO, cuya síntesis dice así: “El ideario interiorista se fundó en julio de 1990, con miras al cultivo de la dimensión trascendente de las cosas y a plasmar en sus obras la relación empática del cultor literario con el Cosmos y el mundo circundante mediante el lenguaje de la intuición. El escritor interiorista enfoca el impacto que lo real produce en la conciencia, la dimensión esencial de lo existente y la faceta interna y mística de lo viviente. El movimiento se denomina interiorista porque valora y trata de plasmar la esencia que subyace en la apariencia de las cosas, es decir, que el escritor interiorista busca en su propio interior la esencia de cada ser, de cada elemento del Cosmos, así como el sentido de fenómenos y cosas. Para entender el Interiorismo hay que tomar en cuenta ciertos aspectos, como: a) la existencia de la realidad trascendente, es decir, la faceta de la realidad que refleja el mundo interior y esencial de lo existente; b) la existencia de una dimensión espiritual, que subyace en la interioridad de lo real y c) la existencia de la vida interior o energía interior de la conciencia, entre otros aspectos. En el proceso de la creación interiorista hay un sujeto contemplador y una realidad contemplada, entre los cuales se establece un vínculo entrañable que posibilita la creación literaria. La creación interiorista es el fruto del proceso de internalización o vivencia interior del cultor de la palabra con la realidad. Ese proceso de interiorización requiere ciertas condiciones como son: liberar los sentidos de las aprehensiones cotidianas; centrar la percepción de los sentidos para captar su esencia; valorar los efluvios o señales provenientes del Cosmos. Dejarse llevar de lo que la realidad le sugiere al escritor permite alcanzar una compenetración plena, tanto intelectual, imaginativa, afectiva y espiritual.
Es importante vivir una especie de estado contemplativo para sentir y expresar lo contemplado. La poesía entraña una percepción múltiple y simultánea de la realidad. Si se logra la conciencia de esta empatía, esa comunicación o integración con la esencia de lo viviente es posible, gracias a la cual conseguiremos un estado de fruición capaz de plasmar la verdad, la belleza y el misterio en una obra trascendente. El Interiorismo procura la verdad subjetiva, interior y profunda, así como expresar una creación verbal con la certeza de quien escribe bajo el influjo de la iluminación trascendente.  Al asumir  el Interiorismo el creador debe guiarse por  estos principios: 1. Tener una concepción clara de la realidad trascendente. 2. Poseer una percepción consciente del impacto de lo real en la conciencia. 3. Interiorizar la dimensión espiritual de lo existente (mediante la interiorización fluye la energía interior de la conciencia, la búsqueda de lo divino y la esencia de lo viviente). 4. Atrapar la voz interior, mediante la auscultación de sí mismo, para captar la voz personal, fruto de la intuición, y la voz universal, producto de la revelación. Ambas voces son dones que provienen del contacto del ser humano consigo y con el Cosmos”.

 

 

 

Su certeza, que yo comparto, es el asegurarse de que el Interiorismo no deje de crecer espiritualmente. Su producción intelectual hasta ahora nos enseña como integrarnos y nos explica exactamente como debemos hacerlo: ha logrado amarrar una composición poética dotada de luces, tan cálida como las divinas aguas de mi río Soco, tan tierna como la Luna coqueta.

 

Comprobamos, al aplicarla, que esa ciencia poética limpia las lagrimas de nuestras creaciones, ayuda al verso a expresar lo que siempre quiso decir y hace que el rechazo de los lectores no sea más y tampoco que lo sea el lamento porque nuestras obras estén llenando de dolor sus baúles. Ambos, rechazos y lamentos, han encontrado una espada en la prosa y el verso interiorista, una espada que corta mortalmente el verso y la prosa de todos aquellos que aún no entienden que su misión como creadores es convertir el dolor en canción.

 

Un ejemplo lo constituye el poema “Encuentro”, publicado en mi libro “Yo soy la imagen”. Desde que los humanos tuvimos conciencia de nuestras conexiones, uno con el otro,  un dilema había venido atormentándonos: como padres llegamos a nuestras casas, nuestros hijos están durmiendo y abrimos la habitación para verlos, contemplamos su amoroso sueño y sentimos el deseo de besarlos y abrazarlos, de darles una cálida buena noche, pero nos llena el temor de que pudiésemos despertarlos y no sabemos qué hacer.

 

Igual nos ocurre con el Ser que amamos: durante el día hemos estado pensando en llegar a la casa y encontrarla acabada de bañarse, llena de apetito sexual, pero los trajines nos retrasan y cuando llegamos ella está como nos la habíamos imaginado, desnuda, cubierta con una bata transparente que nos dice remuéveme, pero durmiendo  y uno contempla toda su belleza,  nos estremece la intención de su anhelo  y no sabemos  qué hacer. Pues a ambas circunstancias y muchas otras que les son parecidas,  el poema “Encuentro” logró transformar  ese momento de  incertidumbre en canción. Mi canto poético dice así:

 

“Quise despertarla con mis besos

 

La miré

 

Me contuve

 

Y entonces abracé sus sueños”.

 

Interioristas: a Bruno les importamos, Bruno quiere que nos vaya bien; así que “cuando beban agua, recuerden la fuente”.

 

La pregunta que debemos hacernos ahora, no es si podemos ayudar a la gente a salir de la pobreza, sino si podemos ayudar al humano  a superar la experiencia de la pobreza. Si hacemos la pregunta correcta, el Interiorismo es la medicina. Si la gente aprende a expresar el impacto que las cosas le producen internamente, logran la trascendencia, es decir, logran el contacto con el Universo como un todo y como un todo, vuelven al Universo.

 

Una de las características del cansado espiritual es que se niega a ver el impacto que las cosas, que la realidad produce en su interior y a partir de ahí deja que su alma sea asumida por seres extraños y supuestos, proceso mediante el cual cree encontrar su salvación, pero encuentra la desolación perdida.

 

El asunto está  en que nuestra Galaxia tiene más de 13 mil 500 millones de años, el planeta Tierra unos 4 mil 500 millones y la humanidad andante, conectada, posee   más de 50 mil primaveras  abriéndose senderos en esta Naturaleza gobernada por el libre albedrío, movida por el libre estado de conciencia  que genera el cambio constante.

 

Siéntanse orgullosos de que están postulando una propuesta estética llamada a armonizar el creador con la creación, llamada a armonizar la paz interior con el furor exterior y el fuego interior con la calma exterior, llamada a armonizar la luz interna con la ceguera externa, llamada a armonizar la ceguera interna con la luz externa.  Démeles las gracias a Bruno Rosario Candelier por ser una estrella en nuestro Universo y démeles las gracias a todos aquellos que, como Carmen Pérez Valerio, Manuel Salvador Gautier, Pedro Gris y otros tantos, han compartido con nuestro  Maestro este maravilloso viaje. Recuerden: Yo nunca alzo mi copa sin agradecerle al manantial que me la llena.

 

Muchas gracias.

 

*Discurso de Ingreso a la Academia Dominicana de la Lengua

 

Jarabacoa, Rep. Dom. Junio 19 de 2010.

Acerca del autor


Bruno Rosario CandelierNació en Moca el 6 de octubre de 1941. Filólogo, ensayista, crítico literario, narrador, educador y promotor literario. Es licenciado en educación por la Universidad Católica Madre y Maestra y doctor en filología hispánica por la Universidad Complutense de Madrid. Preside la Academia Dominicana de la Lengua y es miembro de la Academia Norteamericana de la Lengua Española.

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