FUNDAMENTO ESTÉTICO DEL INTERIORISMO

CONCIENCIA, INTERIORIDAD Y CREACIÓN

Por Bruno Rosario Candelier

"Dado que en un punto determinado la trama del Universo posee una cara interna, resulta indiscutible que es bifaz por estructura, es decir, en toda región del espacio y el tiempo... coextensivo a su exterior, existe un interior de las cosas". (Pierre Teilhard de Chardin)

Contemplación, intuición y creación poética

 

Cuando el hombre comprendió que tenía el don del lenguaje, de la creatividad y la reflexión, se dio cuenta de que poseía un poder formidable, cifrado en la energía interior de la conciencia, para fecundar sus inclinaciones intelectuales, morales, estéticas y espirituales. El concepto del Logos, intuido por Heráclito como la clave de la conciencia, junto al de Energeia, concebido por Aristóteles como energía creadora, sustenta la convicción mediante la cual podemos canalizar un ideal de vida. Concitado por esa certeza de la conciencia y motivado por la inspiración de un ideal con sentido, emprendimos la gestación de un movimiento literario cuyos principios, técnicas e imágenes convocan el despliegue de la inteligencia y la sensibilidad en pos de la verdad que ilumina y la belleza que deslumbra.
En 1990 entendí la necesidad de formular un nuevo ideario estético destinado a promover una literatura trascendente y entonces intuí algunos conceptos que formalicé en la POÉTICA INTERIOR. Entre esas intuiciones está el PRINCIPIO DE LA INTERIORIZACIÓN como mecanismo de la creación para expresar el impacto que lo real produce en la conciencia. Se trata del SENTIDO TRASCENDENTE, que en la VIDA INTERIOR DEL ESPÍRITU tienen el sentido de la belleza, la valoración de la verdad y el asombro ante el misterio.
Como movimiento literario, el Interiorismo enfoca la dimensión de la realidad trascendente, la huella de lo real en la conciencia y el sentido profundo vinculado al desarrollo de la sensibilidad espiritual y estética (1).
Para entender el fundamento literario del Interiorismo, hay que reconocer tres manifestaciones claves para la sensibilidad espiritual y estética:
1. LA CONCEPCIÓN DE LA REALIDAD TRASCENDENTE. Al hablar de la realidad hay que especificar que aludimos a la faceta interior de lo real, ya que podemos enfocar la REALIDAD REAL, como la dimensión objetiva y sensorial de lo existente, que han privilegiado los movimientos realistas, como el Clasicismo, el Realismo o el Criollismo; la REALIDAD IMAGINARIA, como la dimensión subjetiva y personal de las invenciones de la imaginación, que han desarrollado los movimientos imaginativos, como el Surrealismo, el Simbolismo o el Creacionismo; y la REALIDAD TRASCENDENTE, como la dimensión interna y metafísica de lo real, que han tomado en cuenta los movimientos metafísicos y místicos, como el Misticismo, el Trascendentalismo y el Interiorismo.
2. LA EXISTENCIA DE LA DIMENSIÓN ESPIRITUAL DE LO EXISTENTE. Además de la dimensión sensible, aspecto de la realidad que percibimos mediante el concurso de los sentidos físicos, existe la dimensión suprasensible de lo real, faceta que captamos mediante el concurso de los sentidos metafísicos. Tal la connotación interna y esencial de lo existente.
3. LA GESTACIÓN DE LA VIDA INTERIOR DE LA CONCIENCIA, que se manifiesta en la capacidad humana para entrar en comunión con las diferentes vertientes de lo real, habitar el interior de la cosa y desarrollar la energía espiritual de la conciencia, que canaliza el contenido profundo de cosas y palabras, cifrado en la virtualidad del Logos.
Paralelamente, la creación literaria reclama la coparticipación de tres factores concurrentes:
1. El sujeto contemplativo o el creador de la obra con la capacidad para establecer, mediante los sentidos físicos y metafísicos, una relación empática con lo existente desde su sensibilidad sensorial y trascendente.
2. El objeto contemplado, la faceta de la realidad o la sustancia inspiradora de la contemplación cuya dimensión interna y esencial encierra una connotación profunda que atrae la atención de la persona con sensibilidad trascendente.
3. El vínculo entre el contemplador y lo contemplado, que se establece entre el sujeto y la realidad circundante o entre el creador y la cosa, lo que genera una actitud de coparticipación con un efecto iluminador en la conciencia y una motivación generadora de la creatividad.
La estética interiorista promueve el desarrollo de la creatividad desde la propia sensibilidad del creador en atención a sus peculiares condiciones intelectuales, afectivas y espirituales. Cuando la persona entra en relación con lo existente, lo real produce un impacto en la sensibilidad y la conciencia. La dimensión sensorial y la faceta subyacente de la cosa concitan un contacto y genera un sentido. En tal virtud, cada uno puede testimoniar su percepción de lo real de acuerdo con su particular talante, que marca la manera de percibir y recrear su relación con la cosa, operación que se realiza con la intuición, el lenguaje, la imaginación, la memoria y las vivencias personales.
Si al sujeto creador le gusta plasmar la vertiente sagrada de lo real, con el influjo que las creencias generan en la imaginación, puede asumir una línea de creación inspirada en el mito, operación que propicia la búsqueda de los arquetipos del imaginario personal, social o cultural; si le atrae la vertiente esencial de las cosas en su hondura filosófica, puede canalizar una creación metafísica, operación que propicia la búsqueda del sentido; y si le concita la dimensión interna y espiritual de lo viviente, puede hacer una literatura mística, operación que propicia la búsqueda de lo divino. Para crear hay que sentir y cada persona es un pozo fecundo del "dolorido sentir" de que hablaba Garcilaso, que alienta la inspiración creadora.
La creación poética es un producto de la sensibilidad espiritual y estética. Mediante la intuición, el lenguaje y el talento creador, los poetas canalizan la creación que ausculta el sentido sutil de lo viviente, con los hallazgos de la conciencia y la revelación de las verdades metafísicas provenientes de la cantera del infinito, que la poesía trascendente, formaliza con las imágenes arquetípicas y la forma estética del arte.
Podemos hablar, en consecuencia, de cuatro tipos de creación: 1. La que expresa un testimonio de la propia percepción de la realidad sensible, según el sujeto contemplativo. 2. La que plasma las vivencias interiores del sujeto creador. 3. La que capta la vertiente metafísica o mística de lo existente. 4. Y la que canaliza las revelaciones trascendentes provenientes de la sabiduría universal de la memoria cósmica.
La creación literaria se puede inspirar en cualquiera de esas vertientes de la creatividad. Consecuentemente, podemos hablar de cuatro vertientes interioristas de la creación:
1. Expresión del impacto que lo real produce en la conciencia, asumido desde el hondón de la sensibilidad, con la disposición espiritual y estética de intuir y expresar, desde la voz personal, las verdades poéticas.
2. Enfoque de la dimensión interna y esencial de cosas y fenómenos a cuyo través se expresa su dimensión trascendente con su connotación metafísica para ver "un mundo en un grano de arena".
3. Valoración de la dimensión interna y mística de lo viviente, asumida mediante la pauta espiritual de intuir una visión iluminada de la realidad, percibida como creación o expresión de lo divino.
4. Plasmación de los efluvios del Universo como expresión de la sabiduría espiritual de la memoria cósmica con las verdades reveladas mediante la voz universal que el Logos fecunda en la conciencia.
Cada creador elige, en sintonía con su sensibilidad, formación intelectual y su cosmovisión, la vía más afín a su talante personal, razón por la cual hay muchas maneras de sentir y plasmar la creación literaria. En el más alto estadio de la vivencia espiritual, la experiencia mística puede alcanzar una dimensión extática, que se inspira en el arrebato de la conciencia y que puede plasmarse en creaciones poéticas, narrativas o dramáticas. Puede crearse también una literatura mística que no implique el arrobamiento de los sentidos, sino la valoración de lo existente como expresión de lo divino. Es decir, una persona con capacidad contemplativa, sensibilidad espiritual y sentimiento de lo divino, tiene la disposición interior y afectiva para experimentar una vivencia trascendente en cuya virtud puede crear una literatura mística, que siempre se funda en la búsqueda de lo divino. Evelyn Underhill ha dicho que "el sentimiento místico es connatural a todos los seres humanos, aunque se desarrolla especialmente en el místico" (2).
La comprensión del sentido de una obra requiere formación intelectual, espiritual y estética para entender la dimensión profunda de lo viviente y, sobre todo, los efluvios trascendentes. El desarrollo de la sensibilidad trascendente implica SENTIR EN EL ESPÍRITU la dimensión interna y mística de lo existente. Para plasmar las singulares vivencias del espíritu han de mediar ejercicios de silencio interior, contemplación espiritual, meditación intelectual y escritura creativa. La tradición de la literatura trascendente y la creación de los iluminados, constituyen una guía, como la aportada por Platón, san Agustín, Jalaludin Rumi, santa Teresa de Jesús, san Juan de la Cruz, fray Luis de León, Rabindranah Tagore, Jalil Gibrán, Gabriela Mistral, Pierre Teilhard de Chardin, Thomas Merton, Nikos Kazantzakis, Jorge Luis Borges, Francisco Matos Paoli y Karol Wojtyla, entre otros valiosos escritores de las letras universales. Si el creador dispone de una sensibilidad espiritual, empática y fecunda, tiene la primera condición para escribir una obra mística. La meta más hermosa es hacer una obra en sintonía con el hondón de la sensibilidad espiritual y estética.

Interiorización, sensibilidad y creación

La obra interiorista es producto de una contemplación espiritual y estética mediante un proceso de compenetración con la sustancia de la creación. Ese proceso de interiorización implica:
1. Liberar los sentidos de las distracciones sensoriales para garantizar la atención de la mente en la vivencia estética. La vivencia estética es un ejercicio de la vida interior de la conciencia en estado contemplativo.
2. Centrar la percepción de los sentidos corporales en un aspecto específico de la realidad circundante cuya bondad nos apele o encante. (Si digo bondad es porque todo entraña un bien, una belleza y un sentido).
3. Dirigir el enfoque de los sentidos corporales hacia el interior de las cosas en procura de la comprensión de su esencia y su significado.
4. Dejarse penetrar por los efluvios de las cosas hasta sentir sus manifestaciones singulares. El producto de esa compenetración puede impactar al lector como copartícipe de la emoción estética.
5. Experimentar el estado de compenetración con la sensación de sentirse uno con la cosa en virtud de una identificación sensorial, intelectual, imaginativa, efectiva y espiritual con lo viviente. En ese estado fluyen el placer estético, la fruición de lo contemplado y la creación interiorista.
6. Recrear la vivencia del estado contemplativo para sentir y expresar lo que concita percepción de la intuición y la sensibilidad. Ese estado contemplativo es indispensable para lograr la creación de la imagen trascendente, el tono unitivo y la técnica de creación afines al proceso de interiorización que den cuenta de la vivencia emocional, imaginativa y espiritual de la persona lírica.
7. Plasmar la vivencia interiorizada con el sentido de lo contemplado. La creación entraña una percepción múltiple y simultánea de una misma cosa. Asumir la realidad contemplada implica revivir la vivencia sensorial, intelectual, imaginativa, afectiva y espiritual con su valor o su sentido.
8. Asumir y expresar el efecto que lo real produce en la conciencia previa la compenetración entre el sujeto y la cosa contemplada. El sujeto creador trasciende la cosa, se trasciende a sí mismo y evoca la cosa para expresar la vivencia de lo contemplado. Lograda la compenetración con lo real, el contemplador trasciende lo contemplado y puede testimoniar la vivencia espiritual y estética que experimenta en su interior. Ese proceso entraña instalarse en el interior de la cosa para recrear lo que concita la sensibilidad y la conciencia.
9. Sentir la dimensión interior de lo viviente entraña la conciencia del estado de coparticipación e identificación emocional y espiritual con lo contemplado, vivencia que genera la emoción de SENTIR EN EL ESPÍRITU la dimensión interna y esencial de lo existente.
10. La vivencia del proceso interior de la conciencia, mediante la contemplación y la fruición de lo contemplado, es indispensable al acto de la creación para expresar, mediante el lenguaje de la intuición, la vertiente estética y espiritual del contenido de la conciencia.
El proceso de interiorización conlleva los siguientes presupuestos:
1. Comunicación entrañable con la esencia de fenómenos y cosas en procura de la faceta esencial de lo viviente, base de la relación empática que genera el tono unitivo de la creación interiorista.
2. Identificación con el rasgo peculiar y singular de lo existente, como expresión de su esencia distintiva, fuente de los valores trascendentes.
3. Coparticipación del sujeto creador en lo contemplado para captar, mediante la contemplación correspondiente, la voz del ser, el valor de lo existente y el sentido trascendente.
4. Búsqueda de la dimensión prístina de lo viviente para plasmar, desde la esencia de la cosa, la visión interior de lo existente.
Respecto a la asunción de tendencias estéticas, podemos decir que todos los creadores pueden ser clásicos, realistas o románticos, pero no todos pueden ser surrealistas, místicos o interioristas. Para ser un escritor interiorista se requieren singulares condiciones espirituales, ya que el creador interiorista ha de realizar tareas que entrañan profundizar en el interior de la cosa desde la vertiente de la conciencia.
Para realizar lo que propone el Interiorismo, creador el interiorista: 1. Enfoca la dimensión interior y esencial de lo existente. 2. Procura la verdad subjetiva, interna y profunda de las cosas. 3. Canaliza su percepción como certeza de la conciencia mediante el lenguaje de la intuición. 4. Procura el sentido originario y prístino de lo viviente. 4. Propone el lenguaje simbólico para la interpretación de la dimensión trascendente de lo real. 5. Crea bajo la inspiración de la iluminación interior de las cosas, a la luz de la faceta trascendente.
Para la creación interiorista, el creador se abre con empatía amorosa hacia las cosas; atrapa la voz interior y la voz universal; procura la esencia y el sentido trascendente de las cosas; encauza la voz honda del ser y plasma la voz profunda de las revelaciones trascendentes. Al recrear la dimensión interna y esencial de lo existente, el Interiorismo recupera el carácter simbólico de la palabra y promueve el sentido trascendente.
El proceso de interiorización responde a tres aspectos concurrentes:
1. El sujeto contemplativo, la persona lírica o el creador interiorista, mediante el concurso de los sentidos interiores, establece una relación de empatía con la cosa en virtud de su sensibilidad empática.
2. El creador interiorista advierte que la cosa contemplada, el objeto sensible o la realidad objetiva tiene una dimensión sutil, interna y esencial, cuya connotación interior le provoca una valoración trascendente.
3. Entre el contemplador y la realidad contemplada se produce un vínculo entrañable que genera una actitud de coparticipación con un efecto iluminador y trascendente.
El proceso de interiorización, por tanto, es el más apropiado para el desarrollo de la conciencia trascendente y, en particular, para la conciencia mística y, desde luego, para la creación de una literatura mística, una opción preferencial en la línea creativa de la estética interiorista. La realidad sensorial y, sobre todo, su dimensión interna y profunda, impacta la sensibilidad del sujeto. Cuando contemplamos la sensorialidad de las cosas tendemos a la interiorización de lo existente. En esa interiorización fluye la creación, el sentimiento trascendente y el sentido de lo divino. La literatura mística es un producto de la interiorización en tanto expresión de la dimensión divina del logos de lo viviente.
La mística entraña el desarrollo de la conciencia trascendente. Entre los dones que recibimos con la vida, figuran el lenguaje, la intuición, la empatía y la capacidad de reflexión con las inclinaciones intelectuales, morales, estéticas y espirituales. Mediante el Logos que nos define, tenemos poderes sensoriales, afectivos, imaginativos, intelectuales y espirituales. La mística, un modo privilegiado de la creatividad humana, se ha manifestado creadoramente en literatura, música, pintura, escultura, arquitectura y arte vitral. Y por supuesto, en el pensamiento teológico y en la reflexión filosófica. Por eso podemos hablar de pensadores y creadores místicos. Ahora bien, aunque la creación teopoética por excelencia se funda en la experiencia mística, el arrebato de la conciencia no es indispensable para la creación de una poesía mística, sino sentir en el espíritu el sentimiento de lo divino.
La intuición que manifiesta la voz interior de la conciencia canaliza la percepción de nuestra sensibilidad profunda, nos conecta con la sabiduría espiritual del Universo, que es lo mismo que decir, con la memoria cósmica de la que hablaban Heráclito de Éfeso en la antigua Grecia y en los tiempos modernos, el Inconsciente Colectivo, del que habló Carl Jung.
Mediante la intuición podemos descubrir que: 1. Hay una realidad trascendente que es distinta a la realidad personal y de la realidad objetiva. 2. Se establece un vínculo entrañable entre la naturaleza humana y la naturaleza metafísica de la realidad trascendente. 3. Existe una apelación trascendente con un instinto místico al que alguna vez nos sentimos llamados en virtud de las intuiciones trascendentes. 4. La vida humana tiene una historia y un derrotero vinculado a un destino final que a todos nos aguarda. 5. La unión mística que alcanzan iluminados y contemplativos es el más alto estadio del desarrollo espiritual de los seres humanos.

Principios de interiorización y creación interiorista

En el fuero de la creación interiorista, una obra literaria cualificada desde el punto de vista de las exigencias intelectuales, estéticas y espirituales del Interiorismo, requiere la aplicación del proceso interior de la creación, que entraña tres estadios:
Primero, HABITAR EL INTERIOR DE LO CONTEMPLADO, para crear DESDE EL INTERIOR DE LA COSA, única manera de establecer una COMUNIÓN CON LO VIVIENTE, indispensable para realizar una genuina creación interiorista.
Segundo, CREAR DESDE LA SENSORIALIDAD DE LO VIVIENTE, que es lo mismo que decir, desde la experiencia de la vivencia personal, única manera de articular IMÁGENES SENSORIALES Y PERSUASIVAS que reflejen la dimensión peculiar de las cosas, indispensable para conmover la sensibilidad del lector y provocar la EMOCIÓN ESTÉTICA.
Tercero, CREAR DESDE LA DIMENSIÓN DE LA SENSIBILIDAD PROFUNDA al calor de la vivencia trascendente, única manera de recrear la apelación interior de la conciencia que hace SENTIR EN EL ESPÍRITU, atributo de las grandes obras de las letras universales.
Los genuinos creadores escriben desde la interioridad de sus vivencias, pero la aplicación de ese hecho en sí no los convierte en creadores interioristas. Creador interiorista es aquel que regresa de su vivencia entrañable con la imagen que refleje una vivencia interior canalizada mediante el tono correspondiente al vínculo con la cosa y la técnica apropiada a la interiorización. La obra interiorista conlleva, por tanto, la aplicación de los siguientes principios:
1. PRINCIPIO DE INDIVIDUACIÓN, mediante el cual apreciamos el valor intrínseco de lo existente, para posibilitar el cultivo de los valores interiores.
2. PRINCIPIO DE INTERIORIZACIÓN, mediante el cual profundizamos en el ser interior de lo existente, base de la búsqueda del sentido trascendente.
3. PRINCIPIO DE COMPENETRACIÓN, mediante el cual establecemos un vínculo o comunión relacionante entre el contemplador y la sustancia de lo contemplado, clave para la formulación de la imagen, el tono y la técnica interioristas.
El proceso de la creación interiorista reconstruye la percepción de la dimensión interna de cosas y fenómenos, al recrear el interior de lo viviente y recuperar el carácter simbólico de la palabra con la vivencia del sentido trascendente. La literatura interiorista se funda en una creación que requiere la comprensión de los siguientes postulados estéticos:
1. CONCEPCIÓN DE LA REALIDAD TRASCENDENTE, base de la dimensión interna y esencial de lo existente cuyo sentido funda la vertiente metafísica de la realidad. El concepto de la realidad trascendente explica la incursión creadora en el interior de lo existente.
2. AUSCULTACIÓN DEL INFLUJO DE LO REAL EN LA CONCIENCIA, base de la creación de imágenes sobre el impacto de la belleza y el misterio. Se trata de la expresión del impacto interior que experimenta la sensibilidad profunda. Todo genera una reacción en el interior de la conciencia, que el creador interiorista comunica en su obra.
3. INTERIORIZACIÓN EN LA ESENCIA DE LO REAL, base de la conciencia trascendente que hace posible la creación interiorista. La interiorización despierta la conciencia espiritual a cuyo través fluye la creación mística, fruto de la convicción de la fluencia divina en la conciencia. Con la interiorización fluye la conciencia trascendente, base de la creación interiorista. En tanto búsqueda de arquetipos, la creación mitológica, metafísica y mística constituyen una rica veta de la creación interiorista. La creación mitológica se inspira en el imaginario de las creencias ancestrales. La creación metafísica es una veta de la conciencia trascendente, inspirada en la búsqueda del sentido. Y la creación de una literatura mística, como búsqueda de lo divino, es una veta de la creación teopoética.
4. RECREACIÓN DE LA VOZ INTERIOR DE LA CONCIENCIA mediante el lenguaje del yo profundo. A través de la voz personal, producto de la intuición, el creador expresa verdades intuidas, que suelen ser verdades poéticas. La voz interior funda la voz personal, mediante la cual podemos expresar verdades intuidas por la conciencia, mientras que la voz universal, que expresa verdades reveladas, canaliza señales y revelaciones trascendentes.
5. VINCULACIÓN DEL CREADOR CON LA DIMENSIÓN INTERIOR DE LO EXISTENTE, expresión de una compenetración sensorial, intelectual, emocional, imaginativa y espiritual entre el contemplador y lo contemplado. El lenguaje interior del yo profundo revela el vínculo que establece el sujeto como contemplador y la realidad como cosa contemplada, hecho que inspira el sentimiento de empatía del creador con lo contemplado y, desde luego, el tono unitivo de la creación interiorista.
6. CREACIÓN DE LA IMAGEN INTERIORISTA. La imagen interiorista expresa la vivencia que la faceta trascendente o la dimensión sutil de lo existente que produce en la conciencia del creador mediante la imbricación de datos sensoriales y alusiones suprasensibles. La imagen interiorista fusiona la percepción del dato objetivo con lo real subjetivo para sugerir la vertiente trascendente de la realidad. Para hacer SENTIR EN EL ESPÍRITU la dimensión esencial de lo existente, tras habitar el interior de la cosa, el creador recrea su percepción en la palabra. Por tanto, la imagen interiorista sugiere la dimensión sutil de lo existente mediante la correlación de aspectos sensoriales y suprasensibles que reflejen la relación empática del creador con el interior de lo existente. En tal sentido, la palabra se asume como símbolo trascendente o símbolo interior de la conciencia. La imagen interiorista hace sentir la dimensión trascendente en virtud de la comunión espiritual, imaginativa y emocional del contemplador con lo contemplado.
7. PLASMACIÓN DEL TONO UNITIVO. La creación interiorista postula el TONO UNITIVO, como resultante de la relación empática que genera el sentimiento de identificación del sujeto creador con los rasgos peculiares de cosas, fenómenos y elementos. La imagen interiorista y el tono unitivo dan cuenta del vínculo entrañable entre el contemplador y lo contemplado durante el proceso de contemplación. Ese tono unitivo refleja el sentimiento de identificación empática del sujeto creador con la cosa contemplada.
8. EMPLEO DE UNA TÉCNICA DE INTERIORIZACIÓN. Mediante el proceso de instalación en el interior de la cosa el creador procura conocer la esencia de lo real y apreciar la vivencia espiritual y estética que el arte genera en la conciencia como expresión de la compenetración interior. La técnica interiorista asume y recrea, desde su vertiente profunda, el sentido y el valor de lo existente. De ahí el procedimiento interiorista de habitar el interior de la cosa para dar con su esencia y su valencia.
9. EXPRESIÓN DE VERDADES POÉTICAS. Son las verdades existenciales, verdades de vida o verdades metafísicas que, como resultado de vivencias personales, plasman una verdad profunda, una belleza interior o una revelación de la intuición canalizada mediante una empatía espiritual con autenticidad y armonía, entre otros valores que secundan el crecimiento de la conciencia. Mediante el proceso de sensibilización interior, desde la cual el sujeto lírico da el salto de lo físico a lo metafísico, el creador procura la connotación simbólica y trascendente de las cosas a la luz de la verdad profunda o la belleza sublime.
10. COMPENETRACIÓN CON LA DIMENSIÓN ESENCIAL DE LAS COSAS. El sujeto creador se coloca en el interior de la cosa en busca de la comprensión interna, metafísica o mística de la sustancia de la creación para captar y expresar la verdad poética o la belleza que ilumina. Cuando el creador procura habitar el interior de la cosa (3), pretende conocer su esencia para apreciar la verdad, la vivencia espiritual o la sabiduría que el arte genera en la conciencia como expresión de la emoción estética que genera la compenetración interna con la cosa.

Mediante la estética interiorista podemos asumir y expresar, desde el lenguaje del yo profundo, la voz interior de la conciencia; desde la óptica de la metafísica, el sentido de hechos, fenómenos y cosas; desde la vertiente de la mística, las sensaciones de lo viviente con su connotación divina; desde la percepción de los efluvios trascendentes, la voz de la revelación. Por tal razón, el Interiorismo enfatiza el sentido espiritual que las cosas connotan; la captación de la verdad, la belleza y el bien que el ser contiene; en fin, la expresión de la interioridad de lo existente.
La estética interiorista implica la coparticipación de estas instancias:
a. Conciencia de la sensibilidad trascendente, base de la conciencia superior, hecho que entraña la capacidad para penetrar y entender los niveles y costados profundos de la realidad.
b. Certeza de integración de todo en el Todo, en virtud del hecho de que todo forma parte de la totalidad de lo existente. ("Una misma sustancia conforma la esencia de todo lo viviente", consignó Pitágoras en la Antigüedad. "Una misma sustancia estelar conforma todo lo que existe, desde los minerales hasta las estrellas", consignó Carl Sagan en nuestro tiempo), concepto que han intuido, en sus respectivos momentos y culturas, iluminados y contemplativos de la talla de Platón, Jalal-udin Rumi, san Juan de la Cruz, Leonardo Da Vinci, León Tostoy, Pierre Teilhard de Chardin y Karol Wojtyla, entre otros.
c. Comunión espiritual con lo viviente. "Todo viene del Todo y todo regresa al Todo", dijo Heráclito, inspirado en su intuición del Logos, concepto que han reiterado otros iluminados del espíritu.
d. Convicción de que en la palabra fluye el soplo del espíritu en cuya virtud el creador es un amanuense de la sabiduría espiritual de la memoria cósmica.

5. El lenguaje interior del yo profundo. Ese lenguaje revela el vínculo que establece el sujeto como contemplador y la realidad como cosa contemplada, hecho que inspira el sentimiento de empatía del creador con lo contemplado y, desde luego, el tono unitivo de la creación interiorista.
6. La formalización de la imagen interiorista. La imagen interiorista expresa la vivencia que la faceta trascendente o la dimensión sutil de lo existente produce en la conciencia del creador mediante la imbricación de datos sensoriales y alusiones suprasensibles.
7. La relación empática de la imagen interiorista y el tono unitivo. La imagen interiorista y el tono unitivo da cuenta del vínculo entrañable entre el contemplador y lo contemplado durante el proceso de contemplación.
8. Instalación en la interioridad de lo existente. Mediante ese proceso el creador procura habitar el interior de la cosa para conocer la esencia de lo real y apreciar la verdad o la vivencia espiritual y estética que el arte genera en la conciencia como expresión de la compenetración interior.
9. Sensibilización interior de lo existente. Mediante la percepción de la dimensión sensorial, desde la cual el sujeto lírico da el salto de lo físico a lo metafísico, el creador procura la connotación simbólica y trascendente de las cosas a la luz de la verdad profunda o la belleza sublime.
10. Conceptualización del lenguaje de la intuición. El creador procura la expresión de la imagen o el concepto que haga comprensible la vivencia espiritual y estética.
Desde el vórtice de nuestra sensibilidad, podemos establecer un punto de contacto con el Universo, lo que permite desarrollar nuestra facultad creadora mediante la intuición, el lenguaje y las vivencias, con un sentido trascendente. La vivencia estética es un fenómeno de la sensibilidad que se funda en el contacto sensorial con lo viviente y la experiencia mística es un fenómeno de conciencia que trasciende la experiencia sensorial. Como expresión de la dimensión espiritual de la conciencia, está al alcance de todos ya que responde a una inclinación de la conciencia humana.
La sensibilidad estética despierta el sentido estético cuando sentimos el impacto interior de la belleza. Mediante esa faceta de la sensibilidad, las personas sensibles al arte suelen plasmar las manifestaciones de la interioridad, como hacen los poetas, músicos y pintores. La sensibilidad trascendente constituye un estadio superior de la conciencia. Cuando la sensibilidad estética profundiza en la conciencia, se despierta el sentido cósmico que, al decir de Pierre Teilhard de Chardin, responde al asombro que produce el esplendor de lo viviente. Además del sentido estético y el sentido cósmico, existe el sentido místico, que perfila la connotación espiritual de lo existente. El sentido místico entraña la conciencia de lo divino. Si contemplamos la realidad de las cosas, podemos apreciar su dimensión interna, esencial y mística. Para apreciarla es necesario que se despierte en nosotros la capacidad de mirar más allá de lo aparente, que es la vertiente interior de lo existente.
Según Evelyn Underhill, el místico es la persona que toma conciencia de la necesidad de lo divino (4). El cultivo de la mística entraña el desarrollo de la sensibilidad trascendente, que conlleva una conciencia de lo Absoluto, el sentimiento de amor divino, la percepción de la connotación espiritual de lo viviente, la convicción de nuestra coparticipación en la energía divina de la Creación y la aprehensión de lo real con un sentido de iluminación mística.

Aporte del Interiorismo

El aporte del Interiorismo en la creación literaria se funda en la gestación de una conciencia orientada a comprender el alcance de la literatura trascendente, que a partir de la Poética Interior ha significado la ponderación que lo real produce en la conciencia, así como la visión interna y mística de lo viviente en conexión con la sabiduría espiritual y cósmica. Asimismo, ha activado la creación de grupos literarios promovidos en el país por el Ateneo Insular, hecho que ha conllevado un incentivo no solo del potencial creador de jóvenes con vocación literaria, sino que ha revalorado la tradición literaria nacional. De igual manera, al tiempo que ha gestado una nueva corriente estética y espiritual en las letras dominicanas, el Interiorismo ha contribuido a valorar el rol de la palabra y de la creatividad en el desarrollo del espíritu.
Al evaluar el aporte intelectual, espiritual y estético del Interiorismo, hay que tomar en cuenta las contribuciones conceptuales y creativas. Entre esos aspectos, señalamos las siguientes:
1. Conceptualización de la Realidad Trascendente como dimensión interna y esencial de lo existente en cuya virtud fundamos un nuevo modo de ficción, el MODO DE FICCIÓN TRASCENDENTE.
2. Valoración en la dimensión interna y mística de lo viviente, base de la creación inspirada en los valores trascendentes.
3. Ponderación de las verdades poéticas y la belleza sublime como expresión del sentido trascendente en cuya virtud opera el crecimiento del espíritu.
4. Cultivo del espíritu en procura del desarrollo de la conciencia, hecho que propicia el crecimiento intelectual y espiritual del sujeto creador.
5. Valoración de la contemplación y la trascendencia en procura de la connotación interna y mística de lo viviente.
6. Formulación del principio estético de habitar el interior de la cosa, en aras de la interiorización en la que fluye y opera la conciencia y, desde luego, la creación de un arte trascendente.
7. Empleo de la voz personal como expresión de la verdad interior, que comprende la verdad poética o verdad intuida por la conciencia.
8. Atención a la voz universal como expresión de la verdad revelada, proveniente de la sabiduría espiritual del Universo.
9. Búsqueda de la verdad interior, la belleza sublime y la sabiduría que ilumina y edifica, como expresión de la energía interior de la conciencia.
10. Creación de la belleza del concepto como expresión de la hermosura interior implicada en la conceptualización de verdades trascendentes (5).
Crear desde la voz interior de la conciencia, como lo hicieron en el pasado autores de la talla de Heráclito, Platón, Jalal-Udin Rumi, san Juan de la Cruz, santa Teresa de Jesús, fray Luis de León, William Wordsworth, Frederich Hölderlin, Rainer María Rilke, Emily Dickinson, Paul Valery, Federico García Lorca, Gerardo Diego, Rabindranah Tagore, Jalil Jibrán, Gabriela Mistral, Dulce María Loinaz, Francisco Matos Paoli, Karol Wojtyla, Jorge Luis Borges y otros cuyo modo de escribir sintetiza los ideales de la Poética Interior.
Entre los dominicanos que han aplicado la estética interiorista figuran obras de Bruno Rosario Candelier, Pedro José Gris, José Frank Rosario, Freddy Bretón, Tulio Cordero, Iki Tejada, Sally Rodríguez, Ramón Antonio Jiménez, Oscar de León Silverio, Guillermo Pérez Castillo, Ángel Rivera Juliao, Carmen Pérez Valerio, Carmen Comprés, Argelia Aybar, Fausto Leonardo Henríquez, Manuel Salvador Gautier, Ofelia Berrido, Pura Emeterio Rondón, José Acosta, Emilia Pereyra, Leopoldo Minaya, Teresa Ortiz, León David, Noé Zayas, Fari Rosario, Farah Hallal, Miguel Solano, Henry Santos Lora, Johanna Goede, Roberto José Adames, Valentín Amaro, Oscar Holguín-Veras, Eduardo Gautreau de Windt, Melania Rondón, Pura Emeterio Rondón, Arsenio Díaz y Sélvido Candelaria, entre otros. Entre los españoles citamos a Teodoro Rubio, Juan Miguel Domínguez, Gonzalo Melgar, María del Carmen Soler, José Félix Olalla, José Nicás, Emilio Rodríguez González y María José Rincón; los norteamericanos Paul Dupuis (fray Pablo de Jesús) y Berta Graciano; el peruano Marco Martos; el salvadoreño David Escobar Galindo; las hondureñas María de los Ángeles López Alfaro y Conny Palacios; los haitianos Gashton Saint-Fleur y Katia San Millán; las jamaiquinas Anne-Marie Bankay y Paulette Ransay; los puertorriqueños Roberto Fernández-Valledor y Luce López-Baralt; las cubanas Teresita Hernández, Ana Luz García y Miladis Hernández Acosta, entre otros interioristas de América.
Entre los poemas que ilustran la estética interiorista, figura "Oda al Padre", de Pedro José Gris (6):

Del vaho de la tierra palpitante de noche
asciende vaporoso jugo letal de angustia
y turba mi cabeza,
en su origen de sangre primigenia,
esa extensión inmensa de sangre
y de criaturas subterráneas...
El gris, acerado sentimiento, me obliga
a entrar al agua a refrescar un poco la existencia
En un baño de espadas disueltas
en luna líquida y en agua
he empezado a nacer de nuevo
desnudo en la sal, en la consumación de la blancura
La vida se vierte, meditabunda, se pierde, se perfuma
se embriaga...
la noche es una aroma de muy viejos rosales
y un viento muy sabio de adolescentes labios
que besan, que besan, que besan...
La tarde, simplemente, se hace olvido...
El Mar, el Mar, el Padre de estos seres,
impasible y agónico enciende misterioso
sucesivo alborozo de silencio...
Nada... más que vivir la vida se presiente...
La tarde lentamente...nos suma a su memoria
es decir, a su luz, a su música, a sus rosas...
¡Y más allá del Tiempo,
de la sucesión misteriosa del oleaje,
la eternidad resplandece en su hondura intangible
¡Hacia ti convergen la inmediatez del Tiempo,
la agonía del agua, el soplo de la luz en la Nada Perfecta
más allá de la Forma y de la Belleza!
¡Epifanía pura de cristales de instantes!
¡Marejada del Uno mágico y derramado en cristales eternos!
¡Oleaje esencial sin distancia, sin Tiempo!
Oh Mar, oh Padre de los siglos,
Padre de estos seres vibrantes
que ahora toco en mi dispersión,
en su fluir viviente, en su latir cósmico.
Oh Mar, oh Padre mío desde la noche; desde la sal,
desde la consumación de la blancura!
Oh dicha de este hijo en tus noches extrañas
donde se escuchan vuelos, donde el Padre medita
el abismo que acecha a todo hombre...
y desde su meditación se elevan truenos.
Oh Padre, sosegad a la noche
hasta hacerla imagen del pasado.
Oh Padre, sosegad esta visión de sangre que me abruma;
abre tu inmensidad, mira sangrar mi cuerpo herido en tu dolor,
en tu belleza ahogado en tu clarísima tristeza...
Oh vasta tumba azul donde los siglos mueren.

En "Cementerio de la tarde", Guillermo Pérez Castillo proyecta la compenetración emocional, intelectual, imaginativa y espiritual del sujeto contemplador con lo contemplado:

Un vaho blanquecino entre árboles dormidos
y un leve sol desparramado me entrañan.
El mito de la tarde aún existe...
Algo hay de mí en sus verdores apagados
en esas manchas solitarias
en ese gris transido en rostros.
Pretendo la soledad pero todo me asiste:
solo entre ramas y azahares hay una multitud insólita.
Ahora todo mi universo es fronda
silabario ancestral
brumas desdibujadas y pausas...
¿Es vivir ser parte de las cosas?
¿Es el rocío más bello que el océano?
Busco la utopía
las moradas donde asirme
como quien se niega a sucumbir
y sigo con la tarde descrita en luz de luciérnagas
que transitan horadando la oscuridad.
Mis unicornios asidos de dioses cabalgan
y todavía la tarde es luz podrida
cementerio azul ráfagas inmóviles de alas.
Y retengo entre mis manos la tarde abrevada pero cierta
llena de mariposas sombrías, cocuyos fugaces
y un tropel de alas en el sueño
en las lindes de mis ángeles...
Tarde que es un espejo
un pasadizo por donde huyo a encontrarme
con mis dioses de altares prohibidos.
La tarde que urdo y despojo en arco iris extintos
es esta de luz fallida
de soles oscuros que fulguran los espejos
tiempo detenido que mitiga la luz
la célibe tristeza de los ojos que estrenan sus soles
sus cirios apagados.
Ojos de una instancia errada
donde todo es el chasquido de hojas magulladas
desde antes que el tiempo creara su tortuga
su horóscopo de sangre.
¿Qué tiempo no ha existido aniquilándose?
¿Qué tarde no fue esta tarde
solo porque mis ojos la negaron?

En "A veces la noche y sus espejos", Tulio Cordero canaliza el sentimiento de integración con lo viviente, al tiempo que revela una singular manera de vivir el amor con la iluminación mística de su conciencia, conforme el postulado de la estética del Interiorismo:

Sobre el pináculo de este día
cuelga su halo el azul. Se postra.
Todas las gotas de agua en mil fuentes salpican.
Y el miedo se repliega.
¿Eres Tú que te acercas?
Tarde la vida en esta esquina bosteza.
Y tiembla la llama azul de la vela en la mesa.
¿Eres Tú que te asomas?
Espejo que son los vientos...
Jadea la brisa y se espanta.
¡Tardaste tanto! ¡Tardaste tanto!
Un ángel duerme en la puerta que nadie toca.
Espera. Dime, ¿eres Tú que bienes a buscarme?
Pura como piedra en el arroyo va la noche.
A medio vestir la luna calla.
Grillos se despiertan.
Viento zarandea puertas que no abre.
Viento alguna flor desnuda.
Canto de cristal la noche es.
Cada cosa está en el mismo lugar
donde la dejara el viento.
Duerme la noche.
(Era necesaria esta quietud para despertar los sueños).
Espera la luna que esa nube pase para acercar su lumbre
y desnudar bosques donde ya nadie va.
La luz espera para reunir los pétalos
que el viento nocturno ha de dispersar.

En "Para despertar la noche", Ángel Rivera Juliao se compenetra con la connotación esencial de lo viviente, en un canto expresado desde su visión contemplativa y luminosa:

A veces pienso que la noche
es un mar inmenso
y que mis ojos son su puerto.
Porque la noche también navega;
es una nave cargada de estrellas
esperando detenerse.
Yo le ofrezco mis ojos para que ancle
y ella, cansada, se detiene.
No sé cómo cabe tal océano en dos lagos tan pequeños.
Navegando entre la sombra va la noche.
Su puerto es la luz.
Detrás de esta noche
hay otra noche esperando;
una noche de la que aún no tengo las estrellas.
Porque cada noche es madre de la sombra
y la sombra se intimida cuando nace.
Se ovilla formando los abismos y se desata.
Es noche pensada,
entretejida tras los ojos al acecho.
Noche que una simple lágrima revive
pero pienso que no hay lágrimas simples.
Cuando se cierran los ojos
la noche queda a la deriva.
¡Cuántas veces su naufragio se estrella contra el día!
Cuántas veces el sueño, ese mar tranquilo,
nos arroja a otra noche más serena:
la muerte, ese comienzo, ese ir hacia la luz.
Cuántas veces los ojos ciegos ni mueren...ni sueñan.
Solo la eterna quietud de la noche
en el cielo vacío de las cuencas.
Y el alma, inquieto huésped, que dentro habita
cual clara sombra de su ser tan propio
desde el fondo oscuro del pozo,
mira como si tuviera ojos.
¡Oh la noche naufraga en el mar de las pupilas!

En "Un tigre duerme", Iki Tejada se integra a las cosas mediante el proceso de coparticipación con lo viviente para expresar el sentido simbólico y trascendente, afín al ideario interiorista de la creación:

Rabiosos bosques y voces
de remotos soles despertaron al tigre
pero, como el mar,
lleva en sus ojos la noche sin salir de la fuente.
Abierto a la entrega
el poderoso animal es un niño
en su seno materno.
Solo nosotros buscamos la salida
de un claustro
donde eterna corre una fuente.

"Descubrimiento", de Paul Dupuis (fray Pablo de Jesús), revela el sentimiento del poeta que asume la naturaleza humana bajo la fragua de lo divino, conforme la pauta interiorista de la creación:

Descubrí dentro de mi corazón
una rosaleda
donde lo que florecía
eras Tú
Descubrí dentro de mis ojos
un lirio del campo
cuya sencillez
eras Tú
Descubrí dentro de mi mano
un girasol cuya robustez
eras Tú
Cuando respiras en mí, vivo
Cuando fluyes en mis venas,
me despierto
Cuando tu linfa abre
el apetito de mi sangre,
me vivifico
Porque penetras las paredes de mis labios
con el umbral del Verbo tuyo,
devengo inseparable del rosetón
que besa el sol de Tus fuegos.

En "Temblor de la blancura", Juan Miguel Domínguez Prieto, con la iluminación mística que le asiste, ausculta el meollo de las cosas para dar con la Voz del que Es, una línea de creación al ideario interiorista:

Antes de entrar, de antiguo,
un aire de majada,
para guardar rebaños y la vista infinita.
Junto al silencio, estuvo la mirada
perdida de pastores
-¿y encontrada mirando para lirios?-
No está escrita en su limpia quietud,
en la oblación inmóvil de sus años,
en su ensimismamiento sin contiguo mundo:
la infinitud está ahí, total y recogida
-olvido de lo hermoso-.
A un Omega con lirio
está mirando siempre el que apacienta.
Tendrá también la Madre su martirio
en pacer escondida y en la mirada atenta.
Y toda infinitud se hará el Esposo.

En "Memoria de una madre", Teodoro Rubio plasma verdades poéticas al cantar su visión espiritual de lo viviente desde la onda interior de su música entrañable, una forma de la búsqueda de lo divino que lo concita:

Si perdemos el mundo a cada instante,
nos perdemos nosotros que no somos
ya los mismos. Cambiamos nuestra forma
quizá como la luna cada noche.
Sentirse diferente a cada golpe de reloj,
a cada hora desprovista de luz,
de paraísos de sosiego disponible de sombras,
provocando el eco y la aridez de mi silencio.
Sentirnos más inquietos que los pájaros,
más viejos que los árboles del río
movidos por el ímpetu del tiempo.
Sentirnos solos, tensos de nostalgia
agarrando a las hojas por sus nervios.
No somos más que gotas de tristeza
en este mapamundi. El mal que obramos,
el bien que nuestro prójimo esperaba,
el vuelo de la edad en un suspiro,
tantas cosas inútiles que fueron
yugo en acantilados de los ángeles.
Toda elección supone una renuncia
y a veces la elección fue equivocada.
Por mucho que reniegue ya no vuelve
esa nube, ese tallo de ternura
que mis labios gozaron, la palabra,
el secreto escondido o revelado,
el roce de mi piel sobre mi cumbre.
No se detiene el tiempo, pasa, vuela.
El eco de tu voz se desvanece,
pero queda el preludio de sus ondas
y estarás para siempre tú ocupado
el rincón amarillo del recuerdo.
Si perdemos el mundo a cada instante,
nos perdemos nosotros que ya somos
el escaso horizonte hacia el futuro.

En "La Armadura", Ofelia Berrido revela una experiencia metafísica en la que se siente amanuense del Ordenamiento superior del Cosmos, sorprendida por el flechazo del Misterio y la Belleza sublime:

Este ataque sin defensa
desde el amanecer del corazón del mundo
despiadado y bélico.
Estas noches de desvelo,
cercadas por ansias y tormentos me sojuzgan...
Y yo, acorazada, cubierta en mi armadura
me arrastro por las cavernas
despobladas de luz.
Y me arropo en tu verdor
Y me cobijo en tu refugio
temerosa de que la brisa
que columpia mis sutiles rasos
me arrastre por el suelo húmedo y frío
¡Silencio!
Un atisbo de sol abre mis ojos,
brilla y hace arder mi pecho.
¡Oh, Dios! Soy crisálida...
Mariposa que vuela en la noche de los bosques.
¡Qué suave es este néctar!
¡Qué dulce miel!
¡Es la vida, es la vida!¡Es el mundo!
Vuelo, vuelo alto,
entre las flores y sus aromas.
Y en la noche insondable
te abrazo y descanso,
cuando coloco mis alas sobre tu lecho.

En "Navegar en lo seco" Noé Zayas, extasiado ante el misterio, sofrena sus compulsiones interiores mediante imágenes de la navegación ("Para dentro se me derrama el cielo"), al sentir el enigma que desconcierta su sensibilidad y se desangra en metáforas arquetípicas de la sabiduría universal, una de las vertientes interioristas de la creación:

Te pierdes en interiores,
encuentras tu propia sombra:
ese animal precoz que te satura
rugiendo enferma
con una pena que no le permite levantarse:
así te ven llorar en las esquinas, tirado entre los pisos descubiertos
de los zaguanes, desnudando la piedra del pastoso musgo afrodisíaco
con el que se inician las doncellas.
Allí el límite de lo tangible, las sub-criaturas ciegas
besuqueándose, entre la destrucción y lo apacible:
como si entendieran el misterio del origen.
Dan finos alaridos, se sumergen en el polvo
con la naturaleza con que el manatí y la foca
se sumergen en el agua; emergen entre
sacudidas súbitas que lo retornan a su anterior estado:
¡oh fuentes!, llovizna de oro, para dentro se me derrama el cielo,
en tus agudos ojos de mujer me veo, no herido, no corriendo
entre piedras, no perdido entre sombras, sino entre bosques florecidos.
Oh andar en la lentitud del día hacia la noche,
cruzar los paisajes secos, sobre aquel temblor en que
suelen sostenerse los pájaros al volar. Aquel ir como
huyendo a lo desierto, a los callados espejos
donde nos encontramos con nuestras torceduras,
con nuestras risas perdidas.
Allá un cansado o pasivo animal nos devora
con pequeños mordiscos.
(Navegar en lo seco, pp. 82-83)
En "Ten piedad", Farah Hallal revela una sintonía con la energía espiritual del Universo mediante la voz interior que fluye en su verbo florecido:

Ten piedad de mí, oh Dios,
hazme rebelde,
hazme capaz de quemar Alejandría
y una voz rota que me perfore el sueño.
Hazme desalmada para rodar desnuda,
impura, bastarda y poseída,
hazme interminable como la hora que espero,
hazme imprudente, nerviosa y obstinada,
hazme capaz de empujar de las alturas
mi pecho abierto y fingir que se suicida.
Ten piedad de mí, oh Dios, hazme traviesa,
que comulgue en mí toda malicia,
hazme despiadada
para hacer gemir a tus ángeles descalzos,
hazme terrible, dura, inmisericorde,
hazme condenada como la hora que espero,
hazme perforada, como noche clavada por estrellas,
conviérteme pronto en tierra sin cultivo.
Ten piedad, oh Dios, hazme maldita,
hazme capaz de matar esta hora espesa,
mutiladora, perniciosa, vengativa.
Ten piedad, oh Dios, mírame ahora,
rogando por piedad: hazme perversa
para que pueda matar esto que mata
y quemar en el infierno todas mis pasiones.
("Una mujer en caracol", pp. 27-28)

Bruno Rosario Candelier
III Congreso Internacional del Interiorismo
Santo Domingo, Funglode, 22 de octubre de 2010.

Notas:
1. Cfr. Bruno Rosario Candelier, Poética Interior, Santiago, Rep. Dominicana, Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra, 1992. El tema de los movimientos literarios pone a prueba la formación intelectual de escritores y poetas, en razón de que pocos conocen las características estéticas de las tendencias literarias. De ahí la pertinencia de conocer los rasgos de los movimientos literarios, para no confundirlos con escuelas, generaciones o grupos. Aquí sintetizo la Estética del Interiorismo, que me correspondió crear como ideario literario del Ateneo Insular, la organización de escritores que la asume y promueve entre sus creadores.
2. Cfr. Evelin Underhill, La Mística: Naturaleza y desarrollo espiritual de la conciencia, Madrid, Trotta, 2006, p. 69.
3. El concepto "habitar el interior de la cosa", propuesto por el creador interiorista Pedro José Gris, es clave para emprender una creación inspirada en el Interiorismo.
4. Cfr. Evelin Underhill, La Mística, citado, pp. 37ss.
5. La verdad poética, fundada en la experiencia personal, es diferente de la verdad histórica y la verdad filosófica, como enseñó Aristóteles. La verdad filosófica es una certeza razonada. La verdad poética es una certeza intuida. Por tal razón, hay una VERDAD DE HECHO, que es objetiva y constatable, diferente de la VERDAD DE JUICIO, que es subjetiva y personal. Por su parte, el concepto de VOZ UNIVERSAL, producto de la revelación, canaliza sueños, inspiraciones y revelaciones. Desde Heráclito, el concepto de logos se asume como la energía interior de la conciencia y puente que canaliza las verdades provenientes de la sabiduría espiritual de la memoria cósmica, vinculada al Inconsciente Colectivo ideado por Carl Jung.
6. Los poemas citados proceden de las antologías poéticas publicadas por el autor de esta ponencia con el sello del Ateneo Insular en diferentes fechas y localidades.

Acerca del autor


Bruno Rosario CandelierNació en Moca el 6 de octubre de 1941. Filólogo, ensayista, crítico literario, narrador, educador y promotor literario. Es licenciado en educación por la Universidad Católica Madre y Maestra y doctor en filología hispánica por la Universidad Complutense de Madrid. Preside la Academia Dominicana de la Lengua y es miembro de la Academia Norteamericana de la Lengua Española.

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