Por Bruno Rosario Candelier

Adivino una luz y resplandece
y es preciso crecer para aprehenderla
.
(Relámpagos interiores, p. 24)

 

A Fredo Arias de la Canal,

Impulsor del Protoidioma de la poesía.

 

Cuando en los primeros días de mayo del cursante año (2011) varios poetas dominicanos fuimos a San Lorenzo de El Escorial, de Madrid, a la celebración del IV Congreso Internacional del Movimiento Interiorista, entre los poetas españoles estaba Isabel Díez Serrano (1), que amablemente se me presentó y me obsequió un ejemplar de la producción antológica de su poesía. Al mes siguiente, recibí una atenta misiva suya vía electrónica, con esta coordenada <Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.>, fechada en El Escorial, el 18 de junio de 2011, cuyo contenido cito:

“Estimado Bruno Rosario Candelier: No sabe la satisfacción que tuve al conocerle por unos momentos, aquí en San Lorenzo de El Escorial. Gentilmente me regaló su libro de Fundamento estético del Interiorismo, a cambio de mi Antología Relámpagos interiores. ¿Casualidad o causalidad?  Lo he leído con fruición, ya que lo que se dijo por parte de Teo y por Vd. mismo me impresionó lo suficiente como para prestarle todo mi interés. Creo que estoy de lleno dentro de este movimiento que hasta ahora desconocía.  Mire usted por donde no sabía que asistirían al acto Teodoro Rubio ni Emilio Rodríguez a quienes conozco desde hace muchos años a través de nuestra poesía y nuestras Asociaciones de Escritores y Artistas Españoles, pero hacía gran tiempo no nos veíamos a causa de que yo cambié mi domicilio a esta localidad de El Escorial hace cinco años y no visito apenas la capital. Emilio tampoco, desde hace mucho más tiempo.

 

Pero y para mayor sorpresa hablo de Ud. Bruno a un gran amigo literario, investigador del lenguaje poético y descubridor del Protoidioma: Fredo Arias de la Canal y me cuenta que le conoce hace mucho tiempo y tienen frecuente correspondencia.  Esto ya terminó de alegrarme mucho más pues conozco a Fredo  al menos hace veinte años, incluso he estado en su casa de México, invitada para dar una conferencia sobre Sor Juana Inés de la Cruz, hace tres años o algo así y recientemente él ha visitado nuestro país ya que como sabrá tiene familia en Asturias y cuando viene siempre para en el Hotel Palace aunque sea de paso y nos invita a mi esposo y a mí a merendar. Siempre es un placer estar con él por su sabiduría y su comportamiento tan gentil con todo el mundo.  Como ya sabrá, Bruno, es el mecenas de los poetas, sobre todo de los más desfavorecidos económicamente y sobre todo también de los que él considera, a través de su lenguaje  cósmico, oral-traumático, metafísico, tanático.

Todo ello ha contribuido a que me sienta con el grupo  (en el que ya me han inscrito Emilio, Teo y José Nicás), como en mi casa. Su libro Fundamento Estético me ha encantado, como tesis, como enseñante y como amistoso-humano.  Es preciso leer sus misivas tan cariñosas para darse cuenta de cómo debe de ser su persona. Casualidad también que a mí el género literario que más me gusta después de la Poesía es el Epistolar. ¡Lástima que esto se ha perdido algo, al menos en la profundidad por culpa de Internet!  Me encantaban las cartas a pluma y entregadas en mano por el cartero que llegaba al buzón de casa.  Tengo miles de cartas de grandes personajes literarios contestando a mis libros, al igual que yo hacía con ellos.  Pero amigo, la vida avanza y no podemos detenernos. Dejémoslo como está, si no queremos retroceder, lo cual significaría "parar".   Bruno, no me salen ahora mismo las palabras exactas que están en mi corazón porque quiero a toda prisa escribir antes de que pase más tiempo y quiero que sepa que la lectura de su libro me ha impactado y de qué manera, para habérselo contado yo al amigo mexicano.  Me alegra mucho también de que ambos estén en la misma línea y que solamente difieren en una:  quizás en la mística, uno piensa que viene de Dios y el otro del cerebro, o algo así, perdón por las explicaciones tan llanas, de eso tendríamos mucho que decir los poetas, pues los hay, creo de las dos clases, yo misma a veces me veo tan abstraída que no siento la escritura, ni siquiera me veo pensando, entonces me pregunto al día siguiente ¿Y esto por qué lo he dicho?,  y ¿por qué de esta manera?,  y no hay respuesta.  Es entonces cuando pienso que viene de algún lado pero no del pensamiento, yo no pensaba en esos momentos, sólo escribía. Luego hay otros momentos como cuando haces un soneto y la misma rima te hace pensar y sabes que estás pensando aunque te lleguen las palabras ya por la experiencia, pero piensas en la rima, en la medida, en un sinfín de cosas mientras que otras muchas veces no. Admirado Bruno, no quiero extenderme más pues ya pienso (ahora sí pienso) que hemos de hablar alguna vez más sobre temas tan interesantes que nos sugieren la Poesía, cierta clase de Poesía. Y para no cansar ni aburrirle más, por el momento le envío mi más sincero abrazo de amistad, esperando ser acogida por usted en su Movimiento Interiorista, que tanta alegría ha suscitado en mí. Isabel Diez”.

Al día siguiente, di formal contestación a tan interesante carta de la poeta española, en la que le comunicaba por vía electrónica lo siguiente:

“Muy estimada Isabel: Fue recíproco el gozo que produjo nuestro encuentro en San Lorenzo de El Escorial, con motivo de la celebración del IV Congreso Internacional del Interiorismo. Casual o causal, de cualquier modo siempre es positivo y estimulante ampliar el radio de acción con personas de tu categoría, lo que nos potencia y enriquece, mucho más al compartir el sentimiento de identificación con el ideal interiorista de la creación, ámbito y meta de nuestra vocación más alta. Desde luego, nunca olvido el axioma del pensador presocrático Leucipo de Abdera: “Nada sucede por azar, sino por razón o necesidad”.

Sin duda, tu creación poética afina esencialmente con los postulados estéticos del Interiorismo y me alegra saber que ya te has vinculado a nuestro movimiento, razón por la cual me complace extenderte mi calurosa bienvenida, pues sé, además, que con tu obra, tu talento y tu estímulo, se potencia esta tendencia estética que ha surgido para enrumbar la creación literaria hacia la dimensión esencial y trascendente de la creatividad. Celebro también tu vínculo con Fredo Arias de la Canal, el gran mecenas de América. Admiro a ese eminente crítico y teórico mexicano, no solo por sus grandes conocimientos y su honda intuición estética, sino también por su vocación altruista a favor de la expansión de nuestras letras, cuyas publicaciones han significado un encomiable espaldarazo al quehacer poético de la literatura hispanoamericana, secundado a través del Frente de Afirmación Hispanista. El enfoque de Fredo Arias es válido, como lo es también la revelación, en la que creo, pues hay vertientes de la creatividad, como la inspiración, que vienen del Numen, de las Musas o de la Sabiduría Espiritual de la Memoria Cósmica o de la misma Divinidad. Ciertamente hay muchas intuiciones que proceden de la percepción de la realidad, cuando sintonizamos sus efluvios y, en estos casos, la teoría de Fredo Arias es válida porque ahí intervienen las neuronas cerebrales, que siempre juegan un rol en el proceso de la creación.

Estimo que los poetas, sobre todo, los metafísicos y los místicos, son amanuenses del Espíritu, vale decir, intermediarios de una Potencia Sobrenatural que “sopla donde quiere”, como dice el texto bíblico. De ahí la grandeza de los creadores que, desde su sensibilidad estética, establecen una profunda conexión con la Energía Superior de lo Viviente, como es tu caso. No dudes, querida poeta y amiga Isabel, que te he incorporado con emocionada satisfacción al Movimiento Interiorista para seguir alentando, con tu presencia y tu obra, el ideal de crecimiento espiritual a través del arte de la creación poética. Una faceta positiva del correo electrónico es el hecho de la reactivación del género epistolar, que valoro mucho en razón de que, al ser más ligero y fluyente, concita más atención y es un magnífico vehículo a través del cual podemos comunicar, pese a la brevedad de la misiva, algunas intuiciones esenciales, sin obviar el sentimiento o la expresión de la belleza, si está a nuestro alcance plasmarlos. Al agradecerle tu valiosa carta, recibe mi saludo emocionado y cariñoso. BrunoRC”.

A esa comunicación siguió otra de la autora sevilllana, que también cito: “Querido amigo, ya: No sabe cuán feliz me ha hecho su pronta respuesta, sus palabras hacia mi persona y mi obra, su aceptación al Movimiento Interiorista. Le agradezco en el alma esta deferencia, sin que ello signifique que se aumente mi ego, ay Dios, tan cerquita estamos siempre los poetas, el hombre en general... Su interpretación sobre los poetas metafísicos o místicos me hace mucho bien, ya que siempre supe que iba "contracorriente"  y me hacía sentir a veces como "un bicho raro" sin llegar a pensar que estaba loca, sino que algo había dentro de mí, que está, creo, en todo ser humano pero que, sin embargo, es preciso descubrir. Yo le di "a la caza alcance" en un solo instante, sin saber cómo ni por qué. Pero fue y eso para mí es lo real de mi existencia. Lo difícil es captar las palabras para contarlo a los demás.  Recibo su ponencia "Conciencia y creación poética en la lírica de Roberto José Adames". Leo con atención e interés y me admiro de veras de que se pueda penetrar tanto en unos cuantos poemas que aquí se muestran. Tanto desde el Movimiento Interiorista que usted representa, como desde el Protoidioma proclamado por nuestro común amigo Fredo Arias de la Canal, ¿divinidad? ¿paleocortex cerebral?, ¿inconsciente colectivo? Los poetas, al menos yo, nos quedamos boquiabiertos a veces, tantas veces de los resultados que los estudiosos como ustedes pueden sacar de nosotros, los humildes poetas que no aspiramos más que a comunicar aquello que se nos viene encima y no nos deja ni a sol ni a sombra, sin pensar en más consecuencias que el quererlo mostrar al mundo, o al menos al papel en blanco para un mejor alivio de tensiones, inquietudes, preguntas o de placeres sin resolver.  Menos aún, hay veces que sin ningún motivo sino empujados por una orden imperiosa de no se sabe qué ni de dónde. De cualquier forma, admiro su talento para descifrar el lenguaje tan especial de esta muestra tan cósmica de Roberto José Adames diría yo y dejo para nuestro amigo Fredo lo de  oral-traumático y que pese a los años que llevo dentro de su doctrina y su amistad, aún no he logrado comprender del todo.  Y mejor será que lo dejemos aquí, no quiero cansar de nuevo su espíritu bienhechor para que me tenga que contestar. Ya tendremos otras ocasiones en un futuro próximo.  Le felicito sinceramente por este estudio y le envío mi más cariñoso saludo.  Amigo Bruno,  me atrevo a enviarle un cariñoso abrazo. Isabel”.

Al corresponder a tan auspiciosa comunicación, le escribí a Isabel el 28 de junio de 2011 diciéndole: “Me encanta el contenido de tu mensaje, por el entusiasmo con que valoras el sentido de la poesía y la connotación exegética de la interpretación que hacemos los que nos dedicamos a la crítica literaria. Aunque hay un manto que impide ver el real trasfondo de lo que sus versos expresan, como le comenté a una poeta amiga, su realidad no es una mentira, sino una verdad oculta, que es diferente. No es lo mismo decir una mentira, que disfrazar con los procedimientos poéticos una verdad existencial o un planteamiento conceptual. Decir las cosas con el lenguaje de la poesía, aunque se mantenga oculta la motivación de su inspiración, como hace el poeta Roberto José Adames, es un procedimiento propio de la poesía, pues para eso están el lenguaje simbólico y las imágenes arquetípicas. Si el poeta canaliza en su creación expresiones que responden a los arquetipos oral-traumáticos propios del Protoidioma de la poesía, como ha enseñado Fredo Arias de la Canal (2), esa manera de escribir es una ingeniosidad de su don creador, indicativo de sus condiciones naturales para el arte de la creación poética.  En virtud de tu talento poético, tú has podido, Isabel, hacer lo mismo en tu creación, dando a conocer lo que concita tu sensibilidad profunda, vertida en fórmulas estéticas con imágenes crípticas para canalizar las singulares percepciones que, desde tu sensibilidad profunda, puedes auscultar en la cantera de la sabiduría espiritual de la memoria cósmica”, termina la carta a la nueva poeta interiorista.

En efecto, los poetas tienen un vínculo especial con la Fuerza Espiritual del Universo para canalizar a su través verdades provenientes de esa cantera infinita. Alude la poeta radicada en El Escorial a la transmutación que su sensibilidad experimenta cuando entra en relación imaginativa, espiritual y afectiva con la sustancia de los elementos y el alma de lo viviente, como se manifiesta en su poesía (3):

 

Existo desde siempre,
llevo en el monte de mis manos
la sal del Universo.
Soy materia ambulante que se muta
y tantas veces con las sienes rotas,
un sabor a ceniza me estreno nuevamente.
Este irse y no irse es una farsa, una imagen fugaz,
el caz del río por donde ha de perderse la memoria.
Desde este sueño donde junto habitan
la tiniebla y la luz,
caigo de nuevo en brazos de la tierra,
hambriento de latido,
sin otra ceremonia que la carne
y el mito milagroso que la inflama
.

(Relámpagos interiores, p. 26)

 Los poetas han desarrollado la sensibilidad trascendente, por la cual se manifiesta la intuición estética y la intuición metafísica, que les permite canalizar la energía interior de la conciencia mediante la cual se interconectan con el vínculo del Logos, la memoria cósmica y la sabiduría universal. Con su sensibilidad estremecida, nuestra poeta canta al dolor que la convoca con el aliento sideral de lo viviente, como se aprecia en “Olvidó su canción mientras dormía”:

Fue verso confinado nacido sin palabras,

una triste manera de morirse,

lo demás fue grito de piedra, grito quebrado

desgarrando la orilla de la vida,

y la muerte era toda una amazona

que cabalgaba al aire devanaba la prisa.

El corazón rompía en el costado

y rayaba un mundo de tinieblas

sin canto ya, sin trino, con la raíz

ya casi descubierta desnudando el latir.

Tras dura lucha, entre luces y sombras

mil dolores ocultos y un verso confinado

ganaron los aleros de Dios, mientras vencida,

recogían los ángeles su aliento.

(Relámpagos interiores, p. 28)

 

Intuye Isabel que, a pesar del fuego que le impregna una porción del hálito sagrado, su naturaleza atisba una magra señal que la ata a una condición cambiante y pasajera:

El fuego, sí, era fuego, naturaleza o vida,

esa zarpa dispuesta que serpentea, arrasa

allá desde su altura pues que se sabe

virgen o milagro en actitud de entrega.

Y lo supimos tarde, cuando juntos, prendidos

descubrimos entre la esfinge nuestro caos,

nuestro rotundo mineral.

Oh fuego, majestuoso y libre,

música seca que engulles cuanto alcanzas

en todas direcciones, y mandas, vertical.

Todavía has de venir con tono grave

a rodear con brazos sapientísimos

un mundo cuyos cimientos ya se resquebrajan.

Mas nosotros no tenemos capacidad de sacrificio

y nos mantiene este profundo afán de sementera.

Déjanos, al menos una linde

para los tontos, los pobres o los místicos

que ya sabemos del sudor de nuestro pecho

y el humo nos asfixia de tan cerca.

Déjanos escapar de aquella madrugada

cuando teníamos el pelo de tan moreno, azul.

Aún llevamos en nuestras células tu estirpe.

Solo cabe esperar la lógica

de este reloj ardiente que es el hombre

y sepa darle marcha, atrás

en el momento exacto de toda conclusión.

Mas si me llamas…

(Relámpagos interiores, pp. 48-49)

 Presiente la poeta la extraña sensación de sentirse uno y su contrario (luz y sombra, infierno/paraíso) cuando entra en sintonía con la naturaleza de lo viviente en cordial coparticipación y entrega:

Todo es cuestión de tiempo, me dijisteis

y yo dije, y de aire ya que la muerte es algo palpable

y se olfatea en este hospital blanco donde llama la nieve,

y los cristales gritan porque los toca el aire

limpio como una hostia que levanta la noche

despertando conciencias aún dormidas,

aunque se sienta frío, el frío del que nace

en esta encrucijada o laberinto

que a todos nos encierra pues que somos sus presos

y los árboles se cansan de mentir.

Pero ah, soy Acuario y me siento hecha de aire,

de sol, de luna nueva, el cielo es mi refugio

porque subo y desciendo y siempre permanece

y se alquilan balcones para mirar al mundo.

No me dejo engañar, el aire que me lleva y trasciende

mi pecho no es solo imaginario,

con los ojos abiertos, veo altura, colores girando sin cesar

y las sendas se abren y móviles se crecen,

alcanzan precipicios que no llegan a infiernos,

ya que infierno está dentro y dentro, paraíso.

(Relámpagos interiores, p. 52)

 Al contemplar el mundo circundante, la poeta se siente una sola cosa con todo lo existente desde la esencia primigenia que unifica a fenómenos y criaturas en comunión mística con lo viviente:

Yo sabía esta casa,

allá en la lejanía de mi tiempo, yo la soñaba.

Hasta el silencio en ella es música, armonía

y la vida se crece en sus contornos y ahora

el agua canta en este día pleno,

canta a mis pies minúsculos que golpean la yerba.

Una ola de dicha me envuelve, me agiganta

y mis ojos recrean el baile de la espuma.

Respiro hondo e intuyo que Dios me ha penetrado

y todo, fuera y dentro se amansa, se unifica.

Los árboles se inclinan por verse en el espejo,

parece que nos hablan con un lenguaje antiguo.

Las piedras marcan límites que la danza rebasa

y nace el musgo niño que adorna y enriquece.

Vuelvo de nuevo a casa, el tiempo se ha borrado

y me siento hecha de aire, de sol, de hierbabuena.

Qué fácil es perderse, fundirse en este valle y esta casa

encendida que hace siglos de luna esperaba. Me espera.

(Relámpagos interiores, p. 57)

 Al sentirse atada a la “noche oscura del alma”, sensación que experimenta con la contrición consecuente, desde su particular condición de poeta y de creyente, clama Isabel al Amor que su corazón anhela:

Sobre mi frágil carne

hoguera, verbo nuevo, corazón que galopa

y repito tu nombre, mi Dios, el tuyo solo.

Prisionera de ti, mendigo de tu pan

que es pan de Amores

y yo para tu Amor nacida, peregrina del agua

que apacienta mi cauce, que nunca el desaliento,

la culpa o el pecado detengan mi andadura,

yo, caminando en la luz, la perfección.

Tú solo mi tesoro, mi espejo, mi aleteo.

Náufrago de tu mar, borrachera divina

que perfora mi entraña.

Que mi grito y mis lágrimas se enreden en tu estela,

mi temblor sea ascua esperando la muerte

-paloma herida, cárcel y delirio

calofrío que recorre mi piel y la traspasa-.

Te ofrezco mi cansancio, mi voz de bajamar,

estos ojos diezmados por fuego y por cellisca

que otros días brillaron con prodigio divino.

(Relámpagos interiores, p. 95)

 La poeta tiene la sensación de sentirse conmocionada por el impacto de un relámpago que estremece su sensibilidad al entrar en contacto con un hondo aliento cósmico:

 Y qué de las cigüeñas, de febrero.

Siempre, poetas, cantando a los azules.

Llueve, el agua se estremece en las baldosas,

taconea y llueve, el aire se nos colma

de una música nueva,

ayer un vendaval, hoy aguacero,

y se ven los tejados de un color de aventura.

Mi ventana se empaña

con el aliento fácil de la respiración.

Tantas tardes iguales pero hoy tan distinta

porque me estoy nutriendo de un relámpago

que irrumpe en estos muros.

Estoy sola y me da por mirar tras los encajes

y no descubro nada más febrero que llega

y nunca lo había yo cantado.

Qué deciros que no sepáis vosotros…

ah, sí que estoy sola y que llueve

y eso no es común. Y espero, espero.

(Relámpagos interiores, p. 200)

 La poeta española experimenta, desde el vértice de su sensibilidad profunda, una honda conexión cósmica con la Energía del Universo que la estremece y le insufla el poder de creación, canalizado con el lenguaje del Protoidioma de los poetas, como lo hace en “Semejantes a estrellas”:

 

Mi alma los acogió cuando llegaban

y en mi cintura los sentí crecer.

Semejantes a estrellas calentaron mi entraña

y poblaron mis surcos con estrenada sangre.

Dos pulsos compartieron mi tierra ya labrada.

Dos luceros en mientes calándome la carne.

Y esperé, como espera la gota de rocío

resbalar lentamente, mirándome hacia dentro

redonda desnudez.

Dos gotas, una a una tatuándome silentes

con armonioso ritmo pero distinta voz.

Dos suspiros, dos sonrisas,

dos lágrimas blancas me nacieron.

(Relámpagos interiores, p. 203)

 En virtud del vínculo que la energía interior de la conciencia establece con la totalidad de lo viviente, la poeta es canal del torrente espiritual procedente de la memoria cósmica, que su lírica engarza con los arquetipos del Protoidioma y el aliento de la visión interiorista de la creación:

 

Han sido muchos siglos los que por mí pasaron.

Entre la luna y yo siempre hay un aleteo.

Sé que algo muy ardiente me persigue

mas no veo su rostro

por eso el hambre a veces llega y reclama su sitio.

Este ir y venir, ese andar preguntando…

los recuerdos son parte de la vida, los sueños, el futuro

y se detiene el tiempo allá donde queramos,

el grito adolescente, la angustia de ser hombre

finalmente, serenos, esa serenidad, hermanos,

que nosotros mismos tantas veces dejamos abortar.

Mientras, nos vamos desviviendo, dejando en el camino

esa herida que no puede cerrarse

porque no ha sido ungida con amor.

(Relámpagos interiores, pp. 210-211)

 

Con su visión interiorizada (4) mediante su conexión íntima con la esencia del Universo, la poeta española intuye el alma del mundo expresada mediante los arquetipos cósmicos:

Hay rosas de silencio en mi jardín

panal de besos, íntima caricia,

de los árboles bajan zafiros invisibles,

veo alzarse las aves, dejar su dormitorio

y al césped saludarlas por si luego más tarde.

El sol abre su pecho, sigue el agua su canto

y hasta la hiedra calla mientras se aferra al muro.

Te miro, madre observo.

Se te ha puesto la boca cual pálido rubí,

los ojos cual diamantes de apagado fulgor,

muy cerca del ciprés, del viento, de noviembre.

(Relámpagos interiores, p. 212)

La poeta experimenta el sentimiento de coparticipación con lo viviente y de todo con el Todo en virtud de la ternura cósmica que embriaga su costado para sentir esa integración de criaturas y elementos bajo el predicamento del vínculo que unifica y exalta la condición ontológica:

 Supone un día de espacios siderales.

Ascendí por la ruta del verso.

Una música virgen me circundaba el paso

y es ahora la mar la que me llama

tan cargada de frutos, tan de incógnito

que una gota de espuma entre los ojos

me hace recordar que todo es Uno y Todo.

Que puede haber estrellas vegetales,

pájaros marineros y peces voladores

que habiten las ciudades de la luna;

que el sol se nos presenta

volcán, fósforo, antorcha

que ilumina los valles más profundos del hombre

y los rayos de Dios nos atraviesan concéntricos

y no hay escapatoria; todo es común,

todo es común a todos, como la primavera

nos nace cada marzo

y hace crecer espigas que derraman

su grano en el granero, solo para unos cuantos.

Los hilos fraternales nos detienen a veces el combate

porque son inocentes todos los que no llegan.

Hay heridas que sigo reclamando

desde la orilla donde me contemplo;

quiero otear el campanario aquel

y decirle a las nubes que no duerman,

que derramen sus aguas sobre el mar,

el mar que está despierto dando abrigo a la vida.

Que se quiebren sus bordes,

que nunca se detenga y se llenen sus fuentes.

Hay fuentes, hay caminos, hollados hay estelas, crepusculares.

Tengo aroma de pinos y la sangre caliente.

Tengo sal en las manos  y el sabor primigenio del mar.

Tengo  diminutas estrellas que me mantienen viva

una niña desnuda

y una fuerte esperanza de crecer y llegar.

(Relámpagos interiores, pp. 255-256)

 

Compenetrada con la energía interior de lo viviente, la poeta sevillana vive el sentido de la poesía bajo la llama que activa la energía interior de la conciencia con los arquetipos del lenguaje de los poetas:

 

De tu verbo aprendí, cogí el gusano

del diario escritor, cuasi poeta,

hablaba con mi Dios y en mi delirio

me agarraba a la pluma -sol ardiente-

calentando mis manos su fluido

líquido azul, que de la mente alquimia.

Camino esplendoroso, la Poesía,

perdí el pudor, el miedo de decirme

que amaba lo inconsciente, el Dios de lo creado,

la lectura que siempre fue narcótica

veneno dulce, despertando al tiempo

placeres que dormían, telarañas

de una mente o cerebro al rojo vivo.

Tu voz de ruiseñor, mística y plena

me llegaba serena y amatista

tiñendo mis tejidos, mis vocablos.

Sedienta de palabras, comencé a vomitarlas,

primero fueron lágrimas

después risas, aúllos, tardías esperanzas.

Bebí de tu licor y me embriagaste

y hoy bebo, bebo, bebo mil vasos diferentes

que tiene la Poesía, hasta anegarme.

(Relámpagos interiores, p. 291)

 

Compenetrada con la onda lírica y estética de Pablo Neruda, la cantora de El Escorial otea, desde su eminencia metafísica, el aliento que hermana a los poetas bajo el torrente de las musas o de la memoria cósmica:

 

Amor, amor, que me dejaste

tan vehementemente trasnochada,

mis lágrimas resbalan, se hacen hueco

y riegan las petunias que plantaron nuestros días de abril.

Nuestras manos unidas, ese abril caminaban la tarde,

bajo el árbol, el árbol, ya mi tarde es noche,

siempre noche y tan de luto

que atraviesa el cristal como una espada

que se hunde en lo infinito. Latidos, turbios pájaros

que cantan hacia adentro, desconsuelo

garganta siempre seca, enronquecida,

tan plena de oleaje, de ojos verdes

que lloran y enceguecen la mirada.

Mi tiempo es ya cautivo de la muerte

no veo más que sombra ya, y mi pelo

-incontrolable zubia desbocada-

se vuelca, amarillece enfebrecido.

Mi frente se hace pálida, presiente el peso

del adiós la despedida del sueño que nos trajo

aquel eclipse de sol, de luna nueva, amanecida

de nunca primavera y mil colores

ardientes que armonicen el paisaje.

Negro olor en la almohada.

Mi vino es vino agrio y el odre se me llena.

Ah Pablo, Pablo hoy te recuerdo

porque tengo el amor desesperado,

la canción que no entono porque es triste,

tan tristemente sola, opalescente…

quiero hacer una paréntesis, quisiera

colgar a la tristeza, de mañana

mas hoy es esta noche y aún puedo

“puedo escribir los versos…”

(Relámpagos interiores, pp. 294-295)

 

Puedo sintetizar la creación poética de Isabel Diez Serrano, en cuya cosmovisión literaria aprecio los siguientes rasgos:

  1. Es poeta cósmica por el uso de los arquetipos del Protoidioma, identificados por Fredo Arias de la Canal. Los poetas conocen por intuición el lenguaje del Protoidioma, aunque desconozcan lo que ha planteado Platón, José Ortega y Gasset o Fredo Arias de la Canal.
  2. Es poeta interiorista porque mediante su intuición se instala en el interior de la cosa para conocer su dimensión esencial y trascendente, procedimiento recomendado por Henry Bergson, que formalizo en El ideal interior (5). Un creador es interiorista si aplica los postulados estéticos de esta tendencia literaria por identificación de su sensibilidad estética y espiritual, que le lleva a captar y expresar la dimensión esencial de lo existente.
  3. Es poeta española por origen, lengua y cultura, ya que asume y recrea por ósmosis literaria, el gracejo andaluz, el lenguaje castellano y la vocación mística española (6) en cuya virtud encauza sus sentimientos espirituales y estéticos para hacer de la poesía, canal de su sensibilidad, una expresión artística con sentido trascendente.

 

Bruno Rosario Candelier

Moca, Ateneo Insular, 9 de julio de 2011.-

Notas:

  1. 1. Isabel Diez Serrano nació en Sevilla, vivió en Madrid durante muchos años y actualmente reside en El Escorial. Autora de varios libros de poesía y ficción, ha ganado numerosos premios literarios, despliega una labor de promoción cultural y dirige grupos artísticos y literarios. Forma parte del Grupo Literario del Movimiento Interiorista en San Lorenzo de El Escorial.
  2. 2. Cfr. Fredo Arias de la Canal, De la filosofía al Protoidioma, México, FAH, 2005, pp. XIII ss.
  3. 3. Los poemas que ilustran este estudio proceden de la antología de Isabel Diez Serrano, Relámpagos interiores, San Lorenzo de El Escorial, 2010.
  4. 4. Henry Bergson, en Introducción a la metafísica y la intuición filosófica (Buenos Aires, Leviatán, 1956, pp. 11ss.) desarrolla el concepto de que el poeta “se instala en el interior de la cosa”.
  5. 5. Cfr. Bruno Rosario Candelier, Poética interior, Santiago, Rep. Dominicana, PUCMM, 1992, pp.9ss.
  6. 6. Cfr. Dámaso Alonso, Poesía Española, Madrid, Gredos, 1972, pp. 69 ss. En esta obra el filólogo español asigna a la visión mística uno de los atributos distintivos de la cosmovisión espiritual y estética de la literatura española.

Acerca del autor


Bruno Rosario CandelierNació en Moca el 6 de octubre de 1941. Filólogo, ensayista, crítico literario, narrador, educador y promotor literario. Es licenciado en educación por la Universidad Católica Madre y Maestra y doctor en filología hispánica por la Universidad Complutense de Madrid. Preside la Academia Dominicana de la Lengua y es miembro de la Academia Norteamericana de la Lengua Española.

Email: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.