Cuando el hombre se inclinó sobre la superficie del agua para beber, se produjo un hecho que repite toda criatura pensante en circunstancias diferentes y es el de abrevar el misterio de la propia imagen, y esa contemplación del yo exterior da lugar a la meditación del propio ser y con ella la del ser que reflexiona sobre el mundo y lo que emana de su propio ser interior o la posibilidad de que la imagen proyecte una interioridad, proceso que lo vivieron y testimoniaron pensadores de la talla de Platón, Agustín de Hipona, Dante Alighieri, San Juan de la Cruz, Rainer María Rilke, León Tolstoy, Rabindranath Tagore, Nikos Kazantzakis, Francisco Matos Paoli y muchos otros pensadores y estetas. La creación literaria, como imagen del hombre y del mundo que la inspira, es una obra de ficción fundada en un lenguaje imaginario, artístico y multívoco, y en unos principios susceptibles de reflexión y formalización. La elección de un modo de ficción, así como de un lenguaje y unos temas, forman parte de los principios estéticos que integran el núcleo generativo de la creación. Por tanto, todo creador se ampara en una poética, aunque no sepa explicar sus rasgos distintivos, lo que equivale a reflexionar sobre la escritura en sí como pauta estética que orienta la creación en su sesgo noético o dirección teorética de la práctica fictiva o crítica.

La Poética Interior presta su atención a la íntima urdimbre humana como prototipo ideal con vocación trascendente. Y orienta su vocación estética hacia la potenciación de la virtud lírica que orilla un cauce creador por donde fluyan, junto a la belleza y el pensamiento, a la forma artística y el contenido trascendente, los efluvios interiores del hombre y las cosas, sin olvidar el postulado clásico del dulce et utile, pautado por Horacio en su Arte Poética que integra en la creación el placer y el saber, inconmutables en cualquier arte, tiempo y cultura. La estética interiorista finca su meta en el cultivo de la realidad trascendente, con énfasis en el cultivo de la mitopoética, la metafísica y la mística.

Buscamos, en consecuencia, asumir la compenetración del hombre y la naturaleza en una relación armónica como lo pautaba el espíritu helénico, vinculándola a la Modernidad, que entraña la inmersión en la subjetividad, para lograr la integración del ideal clásico y el espíritu moderno, en esa conexión del yo con el mundo mediante la creación mitopoética, metafísica y mística. Si un creador no simpatiza con el lirismo del lenguaje o la sequedad del concepto, puede poetizar el pensamiento, buscando la belleza del concepto, o la verdad de la imagen que lo funda en una creación hecha según el prototipo ideal del arte literario.

Decía Aristóteles que la poesía crea imitando la Naturaleza, pero esa afirmación del pensador de Estagira ha tenido una interpretación equívoca. El filósofo griego hablaba de mimesis physeos (Phys, II, 8), expresión helénica que significa "imitación de la Naturaleza", tesis que se ha entendido de dos maneras: a) que la poesía crea una imitación de la Naturaleza, y b) que la poesía crea a imitación de la Naturaleza. En el primer caso, entraña una concepción mimética del arte, y en el segundo, una concepción mítica o mitificante. Un arte mimético, pues, supone reflejo, imitación o reproducción de la Naturaleza, y un arte mítico, entraña una fundación, invención o fabulación de la imaginación al modo como crea la Naturaleza. Por una inadecuada traducción del original griego, o del pensamiento del filósofo, los críticos han atribuido al autor de la Poética griega una conceptualización mimética del arte, cuando debieron atribuirle una concepción mitificante que dé cuenta del sentido originario de poiesis.

En griego poiesis significa creación, y en cualquier lengua, creación es generación, producción o invención de algo concebido o fundado en virtud de un poder generativo, y por tanto se distingue de la mimesis, mera reproducción, reflejo o imitación de lo existente.

Por tanto, hay creación cuando se produce o genera algo que antes no existía como entidad constatable. Por ende, la mimesis physeos no subraya lo mimético del arte sino su carácter poiético, fundacional, generativo, como rasgos distintivos de la ficción que funda su propio fabular, generando una creación que nace de una energeia, es decir, una fuerza creadora que funda su hacer productivo. Y fue también Aristóteles quien habló de la energeia (De anima, libro II, cap. 1), y estableció la existencia de dos modos de hacer: un hacer productivo que funda su propia técnica, anterior a toda técnica aprendida, como fue para Esquilo la técnica de la tragedia griega, o un hacer productivo que aplica una técnica previamente elaborada, como es el caso de todos los creadores que se amparan en la tradición artística.

Aunque estamos con Platón cuando afirma que el poema no es sólo un producto de una técnica o saber pericial sino de una inspiración divina (Rep. 533 E), una suerte de gracia poética, el creador de hoy tiene que nutrirse de la gran tradición universal para auxiliar el don de la creación con el aporte formal de los grandes creadores literarios, pues su arte debe reflejar las conquistas válidas que vienen de una poderosa tradición.

Desde luego, los creadores que pretenden fundar un arte en correspondencia con la naturaleza afirman la concepción del poema como producto artístico al modo mimético, y a menudo propone el placer intelectual como sustituto del estético. Y acontece que el poeta, como creador de imágenes artísticas o mundos imaginarios, no puede ver el mundo como lo ve el científico, ni debe ser la meta del poeta fusionar la ciencia al arte, pues ambas disciplinas, la ciencia y el arte, tienen criterios, métodos y objetivos diferentes, y en consecuencia, el artista no debe igualar su imagen del mundo a la del científico, sino plasmarla como artista, que traduce sus intuiciones en imágenes sensoriales y articula su emoción a elementos de la naturaleza para hacer sensibles sus conceptos. Es propio del poeta pensar en imágenes, y del científico, en conceptos. La fusión de la emoción y el concepto, mediante la gracia de la intuición artística, distingue al poeta del pensador o del científico y por eso aceptamos el ideal griego de la sofrosyne que establece el equilibrio entre el concepto y la emoción, o la razón y el sentimiento, y por eso postulamos, con Borges, la búsqueda de imágenes eternas.

La recuperación del ideal clásico, con fundamento místico y metafísico, persigue potenciar las imágenes eternas, las que sobreviven al paso del tiempo, puesto que el sentido de lo clásico entraña la búsqueda de lo permanente sin los extravíos conceptuales o formalistas (sociologizantes y experimentalistas) y esa reafirmación de los valores clásicos, combinados con la búsqueda de lo trascendente, articula el aliento emocional al temblor que arrebata y cautiva, cuando en la búsqueda del hombre interior mediante el lenguaje apropiado, se plasma lo más auténtico del hombre y la vida.

De esa manera procuramos una nueva sensibilidad artística que potencia el aliento interior en la expresión estética: una Poética Interior, que asuma los valores establecidos de la Clasicidad y la Modernidad desde una Mística, Mitopoética y Metafísica con los temas trascendentes de las inquietudes humanas, con la creación ejemplar como modelo, con las formas valederas de las imágenes arquetípicas. Una poética trascendente que procure inteligir la propia voz interior, recreando las formas arquetípicas de imágenes y símbolos, articulando el murmullo silente de la metafísica. Esta Poética Interior, que los Grupos Literarios del Ateneo Insular asumen como su ideario estético presenta estos principios artísticos:

1) Expresión interior del hombre y del ser, con profundización en la realidad trascendente y los prototipos ideales que recrean las formas arquetípicas en las que el creyente (el hombre primitivo de una manera, el hombre cristiano de otra) confía para vivir.

2) Búsqueda del sentido prístino, a la manera de los presocráticos, en una comunión entrañable con la naturaleza, y búsqueda del sentido trascendente, a la manera de los místicos, con la convicción religiosa que ve en las criaturas del universo, desde la diminuta hormiga hasta el astro refulgente, una porción de la Totalidad.

3) Inmersión en la subjetividad para recrear la percepción íntima, personal y auténtica, testimoniando la experiencia vivencial, el contacto directo con el mundo, el acontecimiento que es la vida desde la propia e intransferible percepción.

4) Creación Mitopoética, Metafísica y Mística en procura de la realidad trascendente para potenciar los valores permanentes, profundizar la vida y su más alto sentido y generar una transformación auténtica, genuina y profunda, abriendo nuevos horizontes con una conceptualidad densa y diáfana, que integre el ser con el acontecer del mundo.

5) Atención a los valores literarios establecidos de la literatura universal, de la Clasicidad y la Modernidad, acentuando la armonía de la inteligencia y la sensibilidad, sin reducir la obra a la razón o a la técnica, y sin extrapolar sus sentidos básicos a una inmediatez sociologizante o a meras referencias filosóficas o meros juegos verbales.

6) Reflexión aunada al cultivo de la belleza como ideal estético que procura la plenitud de las facetas humanas para lo cual el entorno cutural ha de servir de base a la visión universal.

7) Visión estética con fondo conceptual, profundo y diáfano en una expresión que potencie la multivocidad con una relación transparente que capte y valore la idiosincrasia de los personajes, las acciones y el paisaje, privilegiando los valores humanos inherentes.

8) Aprecio y cultivo de las imágenes eternas en una creación equilibrada donde los temas y las formas reflejen la gracia de la belleza y la frescura del pensamiento trascendente.

9) Ponderación de la obra literaria que nutra y acreciente la vida interior para potenciar los valores espirituales, el cultivo del poder creador y el crecimiento de la conciencia mediante el desarrollo de la Mitopoética, la Metafísica y la Mística.

10) El cultivo de la literatura para vigorizar el valor de la vida, el aliento de la esperanza y el sentido de la utopía, potenciando una creación de lo permanente, despojada de los elementos anecdóticos y transitorios, enfatizando los asuntos sustanciales y valederos, trasmutando la materia deleznable y angustiosa en sustancia valedera para el arte.

El cultivo de los valores literarios ha de potenciar la valoración de los ideales humanos esenciales y el conocimiento del fondo inédito de nuestro mundo interior y el fondo metafísico de las cosas, acogiéndonos al mito y el misterio con la fuerza interior del hombre y el mundo en una obra que transmute, mediante el auxilio del conocimiento intuitivo y el lenguaje pertinente, la mutante realidad en inmutable realidad estética. La opción preferencial por la Mística, la Metafísica y el Mito no constituyen una coyunda que ahogue la sensibilidad o comprima el talante personal, sino un punto de partida y una orientación que encauza por derroteros creadores aquello que nos individualiza como seres históricos concretos en una cultura determinada, cuyo respeto y crecimiento mantenemos, junto al esmero del lenguaje y el estilo, la valoración de las Humanidades o el uso apropiado de recursos y técnicas, que serán vehículos y no fin en sí mismos, para potenciar el significado, el pensamiento y la belleza, las pautas inveteradas de comportamiento y el sentido de lo trascendente.

Inquirir por el sentido de las cosas y articularlo a una creación de carácter arquetípico será la pauta para dar con la voz interior del ser, del hombre y del mundo. Para ello hurgaremos en las fuentes de donde brota el impulso creador, en la interioridad del hombre y sus cautivantes símbolos comunicantes, orillando la intimidad del ser y sus hondas resonancias metafísicas.

La Poética Interior procurará inteligir el sub-iectum de las cosas, es decir, el interior del ser y del acontecer; intentará auscultar la propia subjetividad para captar el aliento soterrado del subconsciente y la sustancia de sueños, visiones y utopías, y prestará atención especial al dictado inaudito de la Revelación. Con el propósito de inteligir el sentido oculto de las cosas hay que leer dentro de ellas (intus legere) para captar cuanto atesora el mundo sensorial y escuchar la voz del ser y su sentido oculto y trascendente.

El creador motivado en la Poética Interior buceará en el fondo metafísico del hombre y el mundo circundante para apreciar la energía soterrada que anima interiormente y abordará también la intrahistoria y el fondo de los aconteceres en busca de la faceta escondida y la imagen inédita para articular la visión interior.

Los creadores de la Poética Interior afirmarán sus facultades intuitivas e imaginativas para curcutear en el interior del lenguaje y desde el fondo semántico del verbo orillar el sentido escondido o el significado profundo del mundo y de la vida y con esa meta se afinarán los sentidos interiores y exteriores para percibir y plasmar en una expresión diáfana y abierta la conceptualidad honda y multívoca.

El creador interiorista abordará cuantos recursos y procedimientos le sirvan a su elevado propósito para lo cual enfatizará: a) la humanización del contorno natural en imágenes afines; b) la espiritualización o sacralización del entorno material en figuraciones pertinentes; c) la vivificación de objetos inertes o inanimados mediante imágenes y símbolos correspondientes; d) asunción del fondo intangible de la realidad mediante la intuición y la imaginación; e) creación de la imagen interiorista elaborada con datos sensoriales y términos que aluden a la realidad trascendente.

A ese fin procurará la palabra, la imagen o el símbolo que pongan en sintonía nuestro ser con el ser del mundo y así poder apreciar una nueva dimensión del cosmos. De ahí la oportuna reflexión, interiorización y contemplación en coloquios silentes y armoniosos con la Totalidad para atrapar el lenguaje inarticulado del ser, su secreto susurro o su eco sonoro y elocuente en comunión entrañable con lo trascendente.

Volver a nuestras raíces literarias, con el aliento de su sentido originario, no significa petrificarnos en el pasado sino renovarnos hacia el porvenir, puesto que buscamos el camino idóneo para encauzar nuestras potencias creadoras, y con Werner Jaeger decimos que el mundo griego no es sólo el espejo que refleja el mundo moderno en su dimensión cultural e histórica: "El misterio y la maravilla de lo originario rodea a la primera creación de alicientes y estímulos eternamente renovados" (W. Jaeger, Paideia: Los ideales de la cultura griega, México, FCE, 2da. ed., 1971, p. 7).

La validez de una estética se refleja en la obra que la encarna y valiosos autores de nuestro país como Domingo Moreno Jimenes, Manuel del Cabral y Manuel Valerio, tres creadores contemporáneos, al tiempo que abrazaban el ideal griego, el de la Clasicidad, sintonizaban con la íntima subjetividad, que es propio de la Modernidad, y de un modo especial, con la realidad trascendente, con la que afinaron de un modo ejemplar y fueron nuestros precursores en su búsqueda.

Con esa meta podemos lograr la profundidad del pensamiento y la belleza de la imagen, y la presencia de la otra belleza, la del pensamiento trascendente, la de la ardiente interioridad que cada ser humano descubre al contacto, siempre personal, inédito y remozante, con el mundo, o la belleza del misterio o del milagro asombroso de la creación que se repite con cada nueva articulación de nuestro íntimo susurro con el rumor silente de las cosas.

Buscando la porción entrañable del hombre o del cosmos, penetraremos por igual en el sentido profundo de los acontecimientos históricos o en los universos fantásticos de nuestras fabulaciones. La Poética Interior se nutrirá de lo mejor de la tradición clásica y moderna para hacer de la narración o del poema o la crítica un prototipo ideal de humanismo, de tal modo que las palabras, con su virtualidad creadora, remonten el vuelo hacia lo trascendente para hacer del hombre y la vida el paradigma que idearon nuestros antepasados y que repetirán los que nos sucedan en el porvenir.

(Ponencia de Bruno Rosario Candelier presentada como Manifiesto Literario del Interiorismo en el Primer Congreso del Ateneo Insular, celebrado en Moca, República Dominicana, el 29 de Diciembre de 1990).

Acerca del autor


Bruno Rosario CandelierNació en Moca el 6 de octubre de 1941. Filólogo, ensayista, crítico literario, narrador, educador y promotor literario. Es licenciado en educación por la Universidad Católica Madre y Maestra y doctor en filología hispánica por la Universidad Complutense de Madrid. Preside la Academia Dominicana de la Lengua y es miembro de la Academia Norteamericana de la Lengua Española.

Email: Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.