OFELIA BERRIDO

Carta con motivo del reconocimiento

 Estimado Don Bruno:

Cuando publiqué mi  primera novela quedé conmovida por el buen recibimiento que tuvo la obra, no solo de parte de los críticos, los lectores y las librerías  sino por el afecto con que fui acogida por la comunidad de escritores dominicanos. Agradezco con toda mi alma a Juan Bosch quien, tras leerla, me motivó a concentrar mis esfuerzos en la escritura: “Deja lo que estés haciendo y dedícate a escribir”, fue su consejo. ¡Este ha sido uno de los mayores reconocimientos que he recibido! Agradezco a León David, poeta y ensayista que admiro sobremanera, al solidario periodista y poeta Aristófanes Urbaez, al gran Francisco Comarazamy, al médico y periodista Sergio Sarita y a usted, Don Bruno, por sus críticas positivas y sus reflexiones. También quiero agradecer al Listín Diario que me permitió escribir mis primeros artículos y Hoy y su revista literaria "Areíto", donde, a través de su director Nelson Marrero, he podido publicar reflexiones y estudios sobre el mundo literario y la sociedad que nos ha tocado vivir. A Mythos y Vetas, revistas dominicanas que nutren a los escritores.

 

Para entonces relacioné todo esto con una sola posibilidad: había entrado a una colectividad de gente buena y armoniosa.  Aún más grande fue mi  regocijo al ver el apoyo que  recibí, entre otros, de León David, Carmen Imbert, Cándido Guzmán, Luis Brea, Juan Freddy Armando, Alejandro Arvelo, Manuel Salvador Gautier, Manuel Campos Navarro, Chiqui Vicioso, Federico Henríquez Grateraux, Manuel Matos Moquete,  Rafael González Tirado, Clodomiro Moquete, Miguel Solano, Rafael Peralta Romero, Altagracia Pérez, Carmen Pérez Valerio, Marcio Veloz Maggiolo,  José Enrique García, Pedro Gris, Andrés Mateo y Diógenes Céspedes: a este último le debo muchos consejos que agradezco y que me han sido de gran utilidad. Igual apoyo he recibido de muchas mujeres. valiosas escritoras dignas de emular como lo son  Ángela Hernández, Emilia Pereyra y María José Rincón quienes hoy, de una manera u otra, laboramos juntas y nos hemos convertido en grandes amigas y en cómplices de sueños comunes.

Quiero, Don Bruno, a propósito de este reconocimiento que nos hace hoy decirle que no sabe cómo le agradezco  sus consejos y su guía en el uso de la palabra y en la dirección de mi camino como escritora.  He encontrado mi dharma y solo a través de este oficio de escritora me siento plena, realizada y feliz. Usted. con su corazón grande, me abrió las puertas desde el inicio a través del “Sol  Secreto” y le aseguro que siempre estaré agradecida; sin embargo, esto es algo diferente: implementar y mantener proyectos con la ayuda de un equipo de gente que trabaja por la satisfacción que le brinda la labor realizada es un placer, sobre todo cuando se trata de personas tan alegres, cooperadoras y entregadas a lo que hacen como: Eloísa Ventura, Minerva Hernández y Luisa Belén.

Promover a nuestros escritores para que la gente los “ame” a través de las historias de sus vidas y sus obras es un deber de parte de una persona que como yo le debe grandes satisfacciones a la literatura; además, en cada uno de los encuentros es mucho lo que se aprende de ellos.  Mis momentos de mayor goce se lo debo a los grandes escritores de todas las épocas. No sé lo que es la soledad ni el aburrimiento porque he vivido acompañada de estos grandes autores y sus universos: los griegos, los franceses, los rusos, los estadounidenses y los maravillosos latinoamericanos –sobre todo los nuestros-.

Advierto, además, que hoy se reconoce a cinco mujeres de la Academia Dominicana de la Lengua porque tiene usted una mente abierta y moderna que ha promovido  la entrada a esta casa del saber a mujeres en una época en que aun en muchas aéreas prima el sectarismo que deja a la mujer de lado sin importar su preparación profesional ni sus cualidades y valores.  Ha impulsado junto a otros académicos el ingreso en esta institución a mujeres pro-activas que aportan su saber y se entregan con pasión a su quehacer como lo son las académicas de número Irene Pérez Guerra, Ana Margarita Haché y María José Rincón;  las académicas correspondientes Carmen Pérez Valerio, Ángela Hernández, Emilia Pereyra, Roxana Amaro y quien le escribe; y las colaboradoras Rosa Iris Clariot y Jacqueline Pimentel.

En fin… me he extendido sin pretenderlo, pues mi único propósito es agradecer este reconocimiento de que soy objeto de parte de  la Academia Dominicana de la Lengua y es que siento que soy yo la que debo reconocer todo lo que he recibido.

Con admiración y  respeto

 Ofelia Berrido

 

 

 

 

Acerca del autor


Bruno Rosario CandelierNació en Moca el 6 de octubre de 1941. Filólogo, ensayista, crítico literario, narrador, educador y promotor literario. Es licenciado en educación por la Universidad Católica Madre y Maestra y doctor en filología hispánica por la Universidad Complutense de Madrid. Preside la Academia Dominicana de la Lengua y es miembro de la Academia Norteamericana de la Lengua Española.

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