EXPERIENCIA CUÁNTICA Y VIVENCIA METAFÍSICA
EN EL POEMARIO
SÍNSORAS, DE JOSÉ LUIS VEGA
-Presentación en Santiago de los Caballeros-

 

Certeza de que un canto,
un adoquín,
una piedra cualquiera,
vale todas las piedras.
O que todos los ríos son el Tajo
y todas las bahías, la Bahía
”.
(José Luis Vega)

A Catalina Vicens,
Quien atesora estrellas en su pecho.

 

Resumen de contenido

   La enseñanza milenaria del pensamiento presocrático gravita en la poesía de José Luis Vega. Se trata de la intuición cósmica que enaltecieran pitagóricos y platónicos, que Leonardo da Vinci sintetizara en acertada frase de inspiración cristiana, gnóstica y cabalista: “Todo viene de Todo, todo deviene en Todo y todo vuelve al Todo”. Articulado a una perspectiva científica, prevalido del lenguaje metafísico y de los modernos recursos de la creación poética, José Luis Vega retoma la sabiduría espiritual de iluminados y contemplativos para hacer del poema una gema de verdades de vida e inspirados cantos, tendencia afín a la sensibilidad espiritual de quien ha dado el salto a la metafísica en pos de una veta profunda, mística y cuántica, para darle hondura, belleza y sentido a la creación poética. Su lírica funda una visión integradora que recrea y sintetiza la armonía universal de la ternura cósmica, la visión objetivada de la ciencia física y la onda interior de la experiencia cardinal, cuántica y metafísica, en su devenir misterioso y mágico. Esa confluencia de conocimientos y actitudes da categoría y esplendor a una poética que encauza el fluir de lo viviente bajo la suprema apelación de la fuerza que atrae todo hacia su centro, pues como dice nuestro poeta, “Todo tiende hacia el otro/…y siempre sin reproche”. A esa visión universal se suma la emoción estética y la fruición espiritual de una poesía arraigada en la experiencia cuántica y la vivencia metafísica con encanto lírico y fascinación simbólica.

 

La experiencia cardinal de una creación poética

   Los dos académicos de la lengua que me precedieron en el uso de la palabra, José Enrique García y Fernando Cabrera, enfocaron de forma admirable el tema de la creación poética y, al ponderar la obra de José Luis Vega en el poemario que lleva como título Sínsoras, lo hicieron pensando en la estructura del poema, vale decir, en el formato de la creación y, como les acontece a los buenos poetas, cuando escriben poesía profundizan en la realidad estética y la esfera metafísica de la creación y obvian el nivel de intelección del lector. En ese tenor, la tradición poética que se remonta a los inicios del siglo XX ha alcanzado un alto nivel de conceptuación, imaginería y simbolismo que ha alejado a los lectores de la poesía.

   A pesar de que la creación poética, a mi juicio, es el género literario más excelso y la creación más sublime del espíritu humano, sin embargo es la obra literaria que menos se lee, no solo en República Dominicana, sino en todo el mundo. Probablemente han sido los poetas los responsables de esa marginación que adolece la poesía. ¿Por qué? Porque los más eminentes creadores de poesía articulan conceptos profundos en imágenes enrevesadas mediante procedimientos de articulación formal que sin duda le dan categoría y distinción de alta literatura, y es necesario que lo hagan, ya que la gran literatura tiene que seguir avanzando hacia su más alto desarrollo; pero ese lenguaje cifrado de la creación poética se hace incomprensible para los lectores no especializados. El problema que aprecio como observador de la cultura y estudioso de la poesía es el desinterés de muchos lectores por este género literario al obviar el alto producto del pensamiento intuitivo que llamamos poesía. Por esa razón no voy a enfocar el fenómeno de la creación poética, como muy bien lo hicieron los dos brillantes expositores que me precedieron, sino que voy a tratar tres aspectos temáticos y formales inherentes a esta formidable creación poética de José Luis Vega.

   El título de este poemario, Sínsoras, es llamativo y extraño para nosotros. Nos preguntamos, en primer lugar, qué significa “sínsoras”, porque ciertamente es un vocablo que desconocemos y, cuando le pregunté al autor de esta magnífica obra el significado de esa palabreja, para responder a mi cuestionamiento me contó que su padre, así como los viejos de antes, con esa palabra aludían al conjunto de islas existentes en la vecindad de Puerto Rico, por allá, por la lejanía. La palabra “sínsoras”, con el sentido que la usa el poeta, académico y promotor cultural puertorriqueño, es una deformación fonética del vocablo original ínsulas, que en latín significa ´islas´. “Ínsulas” es una palabra culta de la lengua española, que el hablante popular de Borinquen convirtió en “sínsoras”, una voz típica del habla ordinaria del español de Puerto Rico, que alude a las “islas” del solar antillano, a las “ínsulas extrañas” de singular ascendencia en las letras hispánicas, por lo que ese término entraña una coherencia sonora, léxica y semántica y, desde luego, posee una singular connotación en la visión estética de José Luis Vega que, como creador de poesía, asume la realidad de su país con el bagaje intelectual, imaginativo y cultural, que suma a la dimensión estética y espiritual de su creatividad y, como poeta puertorriqueño, se ubica en la realidad natural de su pueblo y de su tierra. Compenetrado con su ambiente circundante y su faceta sensorial, engarza a la cultura de la lengua el conjunto de intuiciones y vivencias para articular la creación poética de este hermoso poemario, que tiene un valor especial para él como poeta, intelectual y escritor, por lo cual formaliza ese testimonio bajo la inspiración emocional de su encantadora isla borinqueña.

   Como genuino poeta, nuestro creador se inspira en vivencias entrañables, en fecundas intuiciones de su inteligencia poética y en datos objetivos de la realidad sensorial del Viejo San Juan, desde el cual crea la obra que le ha inspirado una peculiar onda impregnada de experiencias singulares. Se trata de la creación de poemas que ha dado a conocer con el nombre de Sínsoras, algunas de cuyas connotaciones espirituales y estéticas mostraré en esta presentación.

   Pues bien, cada uno de nosotros experimenta, como ser humano que piensa, siente, imagina, evoca y crea, un conjunto de singulares experiencias emocionales, imaginativas y espirituales al fragor de vivencias entrañables. Esas experiencias las articulamos mediante peculiares sugerencias de los datos sensoriales de las cosas. En función de ese principio inspirador, el poeta se nutre del conocimiento que tiene de su isla, de las vivencias que tiene de su tierra y la cultura puertorriqueña, así como de la realidad humana, histórica y social que ha vivido a lo largo de sus años. Pero el poeta no pretende presentar un registro sociológico, antropológico o testimonial como lo hacen los sociólogos, los antropólogos o los periodistas que transcriben lo que acontece en el mundo de las realizaciones humanas. En su creación, sin duda admirable y sorprendente, nuestro poeta capta y expresa lo que percibe e impacta su sensibilidad y su conciencia. La percepción y la expresión de la realidad la trasmuta en sustancia estética para darle forma y sentido al caudal de sus vivencias, sensaciones y emociones, sobre todo, al caudal de conceptos, referencias y datos sensoriales que percibe en su contacto con el ámbito de lo viviente. En su condición de poeta, el sujeto creador despliega su sensibilidad y su conciencia para crear y, al desplegar las antenas de su sensibilidad empática, que capta y percibe las señales de las cosas visibles e invisibles, actúa exactamente de la misma manera como operan sus poderes interiores. Capta las señales del Universo tal como se manifiestan, pero las devuelve transmutadas con el lenguaje de la poesía. Y digo con el lenguaje de la poesía porque el poeta lo hace a partir de las imágenes y los símbolos que su intuición descubre para darnos una nueva visión estética, metafísica y cuántica del mundo de lo viviente.

   En José Luis Vega fluyen fenómenos especiales de la inteligencia intuitiva del poeta. Los poetas tienen una inteligencia muy sutil, de tal manera que pueden percibir detalles y aspectos de la realidad que los demás no perciben. Por esa razón podemos decir que los poetas tienen una alta inteligencia intuitiva mediante la cual atrapan singulares manifestaciones de la vertiente sensorial de fenómenos y cosas, como también de la vertiente suprasensible de la realidad trascendente. De esa manera capturan señales, rasgos, voces, estelas y facetas que solo perciben los poetas en virtud de su inteligencia sutil. Y, desde luego, el contenido y la forma de su singular creación entrañan el encanto de esta obra poética publicada con el sugerente título de Sínsoras.

   Uno de los encantos de este poemario, que tiene la particularidad de ser el producto de un creador con sólida formación intelectual y honda visión metafísica, es la vertiente estética de sus rasgos sensoriales y la dimensión trascendente de sus alusiones crípticas. Porque José Luis Vega, además de poeta, es un intelectual con una sólida formación espiritual, como lo podrán ustedes apreciar cuando lean los enjundiosos versos de su poemario donde revela un trasfondo secreto y un bagaje cultural con imágenes y expresiones que delatan la cultura literaria y la disciplina espiritual del autor. Por ejemplo, en sus versos se combinan las huellas estéticas del Clasicismo, el Simbolismo, el Surrealismo, el Trascendentalismo y el Interiorismo, y de esos movimientos literarios arranca el fundamento estético de la tradición literaria. Y lo hace naturalmente con la elegancia y la fineza de quien no quiere demostrar que sabe, sino que simplemente proyecta lo que siente porque los poetas, cuando escriben, tratan de enfatizar, más que lo que piensan o lo que quieren, lo que mueve su sensibilidad, es decir, lo que sienten. Y eso es parte de los atributos de la dimensión estética de esta singular obra poética de José Luis Vega.

   La segunda faceta que quiero subrayar de este poemario es la vertiente cuántica plasmada mediante el arte de la creación poética. Esa peculiar vertiente de la realidad cósmica, la faceta cuántica de la Creación, viene incorporada a la esencia de este poemario cuya concreción tiene una singular relevancia en este momento histórico en que estamos viviendo, porque en la actualidad la ciencia de la física cuántica es la rama del pensamiento científico más avanzada. Y unos pocos poetas, como José Luis Vega en Puerto Rico o Noé Zayas y Pedro José Gris en República Dominicana, han tenido el acierto de ver el mundo a través de las coordenadas cuánticas del Universo, es decir, de hacer una obra poética desde la perspectiva cuántica del Cosmos. ¿Y qué significa crear una obra poética desde la perspectiva cuántica? Experimentar lo que llamo EXPERIENCIA CUÁNTICA, es decir, un estado de compenetración emocional, imaginativa y espiritual con la singular composición y el peculiar funcionamiento de la realidad cósmica en una especie de interrelación y compenetración con la red o el tejido de fenómenos y cosas en el concierto de la Creación. Esa singular singladura con la vertiente cuántica entraña tomar en cuenta el concepto de quantum, dato científico a través del cual se puede apreciar que la estructura orgánica del Universo responde a una singular y peculiar organización y coparticipación de sus fuentes energéticas y enlaces subatómicos, de tal manera que todo lo que existe responde y obedece a una misma configuración cósmica. En ese tenor, cada ser individual, como cada uno de nosotros, posee la misma estructura del Universo y eso implica que estamos conformados por elementos, redes o rasgos compositivos que conforman una unidad ontológica con lo viviente, y la unidad que cada uno de nosotros encierra, en tanto energía mínima de composición e integración, está a su vez articulada a la estructura general orgánica de lo viviente y a la totalidad del Universo. Lo que cada ser individual encierra y significa es parte de la función universal, visión que ya tuvieron en la Antigüedad los antiguos pensadores presocráticos, cuando uno de sus filósofos, Heráclito de Éfeso, consignó que todo viene del Todo y que todo vuelve al Todo. Con esa visión articulada a la función esencial de lo viviente, que los poetas intuyeron mucho antes que los pensadores y científicos, se anticiparon en la percepción de esa unicidad y de esa conexión de todo con la totalidad. De ahí la idea de que, como microcosmos, estamos integrados al macrocosmos de la Totalidad.

   Pues bien, en los poemas de Sínsoras ustedes podrán apreciar que el poeta tiene una visión cuántica del Universo, al tiempo que manifiesta una visión estética y metafísica de lo viviente. Es decir, su visión cuántica está articulada a su visión estética y a su visión metafísica. Son tres vertientes que se articulan admirablemente en esta obra poética y, a pesar de que el poeta articula tres complejas ramas del pensamiento y de la creatividad a la creación poética, nuestra una sencillez admirable que da lugar a diferentes niveles de comprensión. Es una peculiar síntesis que se puede observar en este libro porque es sencillo y complejo al mismo tiempo; es popular y culto a la vez; y es tradicional y moderno en su formalización. Una virtualidad del poeta que supo articular diferentes aspectos, facetas y niveles de la realidad y del pensamiento, de la ciencia y la metafísica, de la literatura y la mística, de la poética y la cultura, como efectivamente se manifiestan en la hermosa versificación del poemario Sínsoras.

   La tercera faceta importante que quiero ponderar en este poemario de José Luis Vega es justamente la vertiente metafísica de su creación. Como poeta trascendente, el ilustre boricua engarza, a su visión estética de lo viviente y a su percepción cuántica de lo existente, la perspectiva metafísica de la Creación del Mundo. Es decir, como poeta metafísico tiene una visión trascendente que le permite penetrar en la parte interna, secreta y entrañable del Universo porque él, que se sitúa en la realidad sensorial del mundo que le ha tocado vivir, comparte algunos de sus misterios: se adentra en sí mismo para auscultar su propia conciencia; se compenetra con la realidad para orillar la vertiente profunda de las cosas; y perfila, por decirlo así, las señales, los fluidos o los efluvios de la Creación. Y cuando digo Creación, en mayúscula, me refiero al Cosmos, a la realidad del Universo, a la realidad universal de lo viviente, que entraña al Hombre, la Naturaleza y la Divinidad. Entonces, nuestro poeta da el testimonio de lo que, para la tradición hermética y la visión esotérica, ha significado “el punto cierto del secreto”, concepto que José Luis Vega maneja muy bien. Esa articulación de su creación es una forma de recoger y dar continuidad a la tradición metafísica de la literatura poética, que es una tradición subyacente en la alta poesía y que en la literatura puertorriqueña tiene una hermosa y elocuente realización en las obras de grandes creadores, de los cuales José Luis Vega es un eminente continuador. Pienso en los destacados poetas borinqueños Evaristo Rivera Chevremont, Luis Palés Matos y Francisco Matos Paoli.

   Esa vertiente trascendente de la creatividad poética, expresada con el lenguaje de la lírica de una forma asequible al lector no especializado en poesía, sin dejar de ser profunda, es parte del encanto de esta obra poética de José Luis Vega. Y en ese encanto habría que enfatizar algunos rasgos vinculados a los movimientos literarios. Por ejemplo, el Realismo mágico, que tuvo tanta fuerza en la literatura hispanoamericana, sobre todo, en la novelística de la segunda parte del siglo XX, de la que nuestro poeta asumió el principio de empalmar la faceta de la imaginación con vertientes de la realidad para darle visos de verismo y autenticidad a esa conexión que hace la mente cuando concibe una cosa o percibe la realidad y la recrea a su modo y manera; o cuando visualiza lo que imagina asignándolo como una expresión de la realidad o cuando recrea lo que concibe la imaginación como una manifestación de la realidad. Para que ustedes perciban lo que quiero significar, voy a citarles un par de sus poemas en los que el poeta, estando en San Juan de Puerto Rico, evoca una calle de Lisboa, y, estando en Lisboa, recuerda a Palés Matos, que es de Puerto Rico; entonces asocia al poeta boricua con Fernando Pessoa, que es de Portugal, y hace una conexión maravillosa y mágica, que es una manera de aplicar el Realismo mágico a la creación poética. Sínsoras es una de las pocas creaciones poéticas que aplica uno de los principios estéticos del Realismo mágico a la poesía. Lo que estoy diciendo se puede ver en el poema “San Juan/Lisboa 1935”:

1

Un vapor, de humo quieto,
se aproxima a San Juan;
alguien, asomado a la borda,
ve a Lisboa surgir de turbia espuma.
A esta hora, este día,
una fuerza remota acerca las ciudades.
No es tristeza o nostalgia,
es algo desnombrado
que desencaja el tiempo del espacio.
Certeza de que un canto, un adoquín,
una piedra cualquiera,
vale todas las piedras.
O que todos los ríos son el Tajo
y todas las bahías, la Bahía.
Da lo mismo haber sido
un gran puerto imperial
que el puerto de un imperio.
Hace sesenta años que Lisboa o San Juan
eran ciudades tristes.
Más que ciudades eran
como un vasto almacén,
(ya saben del olor, la sellada marisma,
del eco y lo sombríos que son los almacenes).
Era como si una contuviese a la otra:
Lisboa, el almacén,
San Juan, el eco,
conforme a los tamaños de la historia.
Mas conforme al amor de las ciudades
San Juan guarda a Lisboa.

2

Reparemos ahora en los viandantes,
el diario bajo el brazo, lazos de pajarita,
los descalzos tirando de sí mismos
o en aquella de pulcra redecilla
que encamina sus pasos al deseo.
¿Quién es tal que vestido de negro,
gafas rotas, sombrero hasta las cejas,
asciende, rodeado de tantos invisibles,
por la calle San Justo, y dice rua,
impasible ante el sol?
¿Quién es otro, corbata de mal gusto,
a cuadros la camisa y tufo a ron,
que por la Rua do Alecrim desciende, y dice calle,
mal guardado a pesar del invernazo?
Dos poetas diversos y distantes.
Uno anhela un Imperio sin imperio,
tan solo los ropajes de la gloria;
otro anhela tan solo el sin imperio,
un peñón sobre el mar de la existencia.
Los poetas, igual que las ciudades,
se contienen los unos a los otros,
son palabra, son lengua,
son vastos almacenes invadidos
de una misma y sutil mercadería.
A nadie, pues, extrañe
que este oscuro viandante de Lisboa,
recién desembarcado, al evocar
su paso por Madeira, sus años africanos
haya inventado al otro y sus tambores;
y aquel, prendido a sus nostalgias,
en Guayama, en San Juan, en la Quimbamba,
al figurar su Ofelia en las Antillas,
se haya sentido luso y habitado.
No es Palés, es Pessoa,
dirán los entendidos cargadores del muelle
al verlos, tambaleantes, calle abajo,
izados por un aire de marina,
de brazo rumbo al río
.
(Sínsoras, México, Seix Barral, 2013, p. 69).

   Y en cuanto a la integración de la dimensión estética, la perspectiva metafísica y la experiencia cuántica, hay una visión singular en sus poemas. Por ejemplo, el poeta visualiza una calle de la Ciudad Colonial de Puerto Rico, que los boricuas llaman Viejo San Juan; entonces, el poeta tiene la sensación (cuando aludo al poeta me refiero, al mismo tiempo, a la persona física del creador y al personaje lírico de la creación) de que una determinada calle comienza en el cielo, le da seguimiento y continuidad a su derrotero y tiene la percepción de que también esa misma calle termina en el cielo. Es una suerte mágica de conexión estética, metafísica, cuántica en virtud de la compenetración interior del poeta con la sustancia de sus vivencias, que da una idea de lo que acontece en nuestra mente cuando cavilamos, imaginamos o especulamos, vinculando unas cosas con otras. Efectivamente, asociamos un recuerdo con otro, un detalle y una vivencia con otros detalles y otras vivencias de la realidad y, en esa interiorización de la mente en la sustancia de la cosa -principio que articuló el Interiorismo a la visión poética de lo viviente- José Luis Vega le da un tratamiento personal al asumir esa vivencia como sustancia de su creación. Y para formalizar la relación asociativa de la mente y la realidad, el poeta penetra en la conciencia y penetra en la realidad, por lo cual puede dar cuenta de la peculiar integración y coparticipación del alma del sujeto creador con el alma de las cosas, como se puede comprobar en el poema que le da nombre al poemario, que es “Sínsoras”:

Cuando muera, iré a la calle de la Cruz.
Bastará este deseo de viandante
y la eficacia del atardecer.
Iré a esa calle que de cielo a cielo
parte en dos la ciudad.
Sabré la cifra de sus adoquines
y por qué su inclinada geografía
me devuelve a Lisboa, a Éfeso,
a cierta esquina de Valparaíso
o a otros puertos translúcidos, sin nombre.
Bajo un paraguas, que nadie me verá,
descenderé silbando hasta la Dársena
donde fondea una barcaza oscura.
En las aguas pesadas y oleosas
habrá restos flotando a duras penas
y unos ojos exactos de aguaviva.
Será a la hora de soltar amarras.
A dónde iré
cuando la noche caiga eso ya no lo sé.
(Sínsoras, México, Seix Barral, 2013, p. 39).

   En fin, pienso que esta hermosa creación poética de José Luis Vega, que alienta la tradición metafísica potenciada con la perspectiva cuántica, combinada con el sentido estético de lo viviente, hace del acto de la creación poética un cautivante testimonio de una lírica hecha con belleza sutil y sentido trascendente.

   La poesía es quizás la más alta expresión de la capacidad estética y espiritual de la creatividad humana. Cuando se trata de poesía metafísica y poesía cuántica, sin duda estamos ante la obra de un creador actualizado de nuestro tiempo que ha asimilado la tradición literaria de la Clasicidad y los avances de la Modernidad, que quiere hacer de la expresión estética, lírica y simbólica una fecunda y elocuente muestra de lo que somos capaces de sentir y de vivir cuando vemos que el mundo es parte consustancial al ámbito interior de la conciencia y la sensibilidad, o cuando nos convencemos de que formamos parte de la Totalidad. Cuando se produce en nuestra mente la convicción de que, al formar parte del Universo, esa condición sugiere de alguna manera la ruta que cada uno ha de orillar en el curso de su vida y, sobre todo, la misión que le corresponde al poeta como creador de la más excelsa y luminosa fuente de inspiración y sentido.

   Quiero ponderar el aporte literario que José Luis Vega ha hecho mediante el uso ejemplar de la palabra poética, su contribución a la literatura y, en particular, la dignificación de la poesía con la creación de un hermoso y edificante poemario que lo ubico como una alta creación de la lírica hispanoamericana. José Luis Vega es no solo el más importante poeta puertorriqueño en la actualidad, sino uno de los grandes creadores de Hispanoamérica y, desde luego, un poeta de la lengua. Alcanzar esa alta categoría otorga la distinción de creador eminente, que me enorgullece tenerlo como colega y amigo, con la satisfacción de compartir con el ilustre poeta este memorable momento que ha entrañado el disfrute de una intensa emoción estética y el gozo de una singular fruición espiritual.          

 

Bruno Rosario Candelier
Salón del Teatro Regional del Cibao
Santiago, R. Dom., 30 de noviembre de 2013.-

Síntesis biográfica de José Luis Vega

   Natural de Santurce, Puerto Rico, José Luis Vega nació en 1948. Adolescente aún, publicó su primer poemario titulado Comienzo del canto (1967). Su irrupción plena en la poesía puertorriqueña está vinculada a su labor como fundador de Ventana (1972), revista que marcó un alejamiento deliberado de la poesía social entonces en boga en su país a favor de una escritura más atenta a sí misma y a la inmediatez de personas y de cosas. Signos vitales, su segundo poemario publicado en 1974 y el cuadernillo Las natas de los párpados / Suite erótica, del mismo año, recogen el tono y las inquietudes del poeta en el primer lustro de la década de 1970. A estos textos les siguen otros libros de modulaciones varias como La naranja entera, celebración del eros y de lo femenino; Tiempo de bolero, exploración del sentimiento; Bajo los efectos de la poesía, invocación de los poderes del arte y la escritura; Sólo de pasión / Teoría del sueño (1996) y Techo a dos aguas (1998)  donde convergen las entidades del sueño y el amor.

   El poemario Letra viva, primera antología de sus versos, reúne lo fundamental de sus libros publicados hasta 2012 y da cuenta, además, de la obra en marcha del poeta hacia el logos de la convergencia, según decir de Julio Ortega. En el 2013 publica  su más reciente poemario con el nombre de Sínsoras, poemario que lo sitúa entre los grandes poetas hispanoamericanos de la actualidad, confirmando su primacía como poeta puertorriqueño.

   José Luis Vega fue profesor de poesía hispanoamericana en la Universidad de Puerto Rico, Recinto de Río de Piedras. Dirigió el Decanato de la Facultad de Humanidades de ese centro docente y fue Director del Instituto de Cultura Puertorriqueña. Actualmente es el Director de la Academia Puertorriqueña de la Lengua Española. Reside en San Juan de Puerto Rico, donde hace vida social, cultural y académica.

Síntesis biográfica de Bruno Rosario Candelier

   Filólogo, crítico literario, ensayista, profesor, novelista y promotor cultural (Moca, República Dominicana, 1941). Licencia­do en Educación por la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra y Doctor en Filología Hispánica por la Universidad Complutense de Madrid.

   El Dr. Bruno Rosario Candelier es Director de la Academia Dominicana de la Lengua, Miembro Correspondiente de la Real Academia Española y de las Academias Norteamericana, Filipina y Puertorriqueña de la Lengua Española. Presidente del Ateneo Insular y creador del Movimiento Interiorista. Fue Director General de Bellas Artes y editor de “Coloquio”, del periódico El Siglo. Ha sido ponente en congresos nacionales e internacionales en universidades y centros culturales de Europa y América.

Ha publicado varios libros, entre los que destacan Lo popular y lo culto en la poesía dominicana, La imaginación insular, La creación mitopoética, Tendencias de la novela dominicana, Valores de las letras dominicanas, El Movimiento Interiorista, El sentido de la cultura, El sueño era Cipango, La creación cosmopoética, Poesía mística del Interiorismo, El ánfora del lenguaje, El Logos en la conciencia, La mística en América, La lírica metafísica y La belleza y el sentido.

   Ha recibido diversos galardones: Premio del Institu­to de Cultura Hispánica, de Madrid; Premio Nacional de Ensayo, Trofeo Cultural por la Universidad de Puerto Rico y el Premio Nacional de Literatura.

 

Acerca del autor


Bruno Rosario CandelierNació en Moca el 6 de octubre de 1941. Filólogo, ensayista, crítico literario, narrador, educador y promotor literario. Es licenciado en educación por la Universidad Católica Madre y Maestra y doctor en filología hispánica por la Universidad Complutense de Madrid. Preside la Academia Dominicana de la Lengua y es miembro de la Academia Norteamericana de la Lengua Española.

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