LOS AMANUENSES DEL ESPÍRITU
EN LA REVELACIÓN POÉTICA

 

Por Bruno Rosario Candelier

A Ángel Rivera Juliao,
Intermediario entre las Musas y los hombres.
“Una onda que viene de no terrestres puntos
y alimenta con hondo e inefable alimento
los más sutiles filtros que hay en el pensamiento”.
(Manuel del Cabral, “Ego de huésped”)

“Son palabras dispersas, acaso sin sentido,
palabras misteriosas que afluyen a mi boca, cuyo origen ignoro”.
(Franklin Mieses Burgos, “Canción del sembrador de voces”)

Protocolo imaginativo y conceptual

   La realidad de lo existente comprende no solo la vertiente sensorial captable mediante los sentidos físicos, sino la dimensión suprasensible con su red amplia y profunda, lo mismo en la interioridad de fenómenos y cosas, que en el ámbito de la trascendencia, del que se ocupan los sentidos interiores por sus aspectos intangibles.

   Además de la percepción sensorial del mundo circundante, tenemos un conocimiento intuido de las cosas y una sabiduría revelada de verdades metafísicas, pues nuestra inteligencia cuenta con un circuito interior para captar mensajes provenientes de la cantera infinita, que los poetas metafísicos, como intermediarios de voces y señales trascendentes, comunican en imágenes a través de las cuales dan cuenta de un saber oculto cuya clave cifran en el lenguaje simbólico de la poesía.

   La percepción de fenómenos y cosas genera diferentes conceptos mediante el concurso de los datos sensoriales y suprasensibles que provocan cogitaciones interiores, como la verdad, el amor o la fe, con actitudes y conceptos que concitan el conocimiento e iluminan la comprensión de lo existente y el esplendor de lo viviente. La dimensión de la belleza sensible despliega el encanto de las cosas y anticipa el fulgor trascendente del misterio. Por eso dijo Platón que el sentimiento de la belleza culmina en Dios.

 

EXPERIENCIA CUÁNTICA Y VIVENCIA METAFÍSICA
EN EL POEMARIO
SÍNSORAS, DE JOSÉ LUIS VEGA
-Presentación en Santiago de los Caballeros-

 

Certeza de que un canto,
un adoquín,
una piedra cualquiera,
vale todas las piedras.
O que todos los ríos son el Tajo
y todas las bahías, la Bahía
”.
(José Luis Vega)

A Catalina Vicens,
Quien atesora estrellas en su pecho.

 

Resumen de contenido

   La enseñanza milenaria del pensamiento presocrático gravita en la poesía de José Luis Vega. Se trata de la intuición cósmica que enaltecieran pitagóricos y platónicos, que Leonardo da Vinci sintetizara en acertada frase de inspiración cristiana, gnóstica y cabalista: “Todo viene de Todo, todo deviene en Todo y todo vuelve al Todo”. Articulado a una perspectiva científica, prevalido del lenguaje metafísico y de los modernos recursos de la creación poética, José Luis Vega retoma la sabiduría espiritual de iluminados y contemplativos para hacer del poema una gema de verdades de vida e inspirados cantos, tendencia afín a la sensibilidad espiritual de quien ha dado el salto a la metafísica en pos de una veta profunda, mística y cuántica, para darle hondura, belleza y sentido a la creación poética. Su lírica funda una visión integradora que recrea y sintetiza la armonía universal de la ternura cósmica, la visión objetivada de la ciencia física y la onda interior de la experiencia cardinal, cuántica y metafísica, en su devenir misterioso y mágico. Esa confluencia de conocimientos y actitudes da categoría y esplendor a una poética que encauza el fluir de lo viviente bajo la suprema apelación de la fuerza que atrae todo hacia su centro, pues como dice nuestro poeta, “Todo tiende hacia el otro/…y siempre sin reproche”. A esa visión universal se suma la emoción estética y la fruición espiritual de una poesía arraigada en la experiencia cuántica y la vivencia metafísica con encanto lírico y fascinación simbólica.

 LA SED MÍSTICA DEL CIERVO HERIDO
EN FAUSTO LEONARDO HENRÍQUEZ

Por Bruno Rosario Candelier

A Graciela Pérez,
Luminoso cauce de la belleza sutil.

Dejo al pie de la cama mis despojos
para descender a la noche.
Abrigo la esperanza. El espejo mira.
El reloj se apresta a despertar la aurora.
Cavilo mientras las cortinas se cierran
”.
(FLH, Gemidos del ciervo herido)

   Fausto Leonardo Henríquez es la más alta expresión mística de la lirica vegana. Nativo de la Concepción de la Vega Real (1), en su obra poética, variada y fecunda, aparece la huella material y espiritual que fecundó su sensibilidad estética. En el ámbito de su campiña natal vivió los primeros 18 años de su vida y, por consiguiente, su desarrollo cultural tiene raíces telúricas, afectivas y espirituales de esa pujante comunidad cibaeña, ya que allí recibió la base de su formación intelectual, la inspiración de su creencia religiosa y el fundamento de su visión del mundo. Es decir, en la alforja emocional y espiritual del poeta y sacerdote dominicano hay múltiples influjos del ambiente donde se crió, del hogar donde se formó, de la escuela donde estudió y de la cultura que lo nutrió, porque todo contribuye a forjar nuestra personalidad física y metafísica.

   El primer influjo que los humanos experimentamos es el de la tierra en virtud del poderoso efecto telúrico que inyecta en nuestra sensibilidad el aliento del terruño, que se manifiesta de un modo inexorable en la sensibilidad y la creación de un autor desde que cobra conciencia de que cuenta con vocación creadora, de que tiene el don de la palabra y, sobre todo, de que se adscribe a una tradición cultural. Entonces no se extrañen ustedes de que en alguna parte de su poesía el poeta diga: “Me consumo como un tizón”.

Cuando el hombre se inclinó sobre la superficie del agua para beber, se produjo un hecho que repite toda criatura pensante en circunstancias diferentes y es el de abrevar el misterio de la propia imagen, y esa contemplación del yo exterior da lugar a la meditación del propio ser y con ella la del ser que reflexiona sobre el mundo y lo que emana de su propio ser interior o la posibilidad de que la imagen proyecte una interioridad, proceso que lo vivieron y testimoniaron pensadores de la talla de Platón, Agustín de Hipona, Dante Alighieri, San Juan de la Cruz, Rainer María Rilke, León Tolstoy, Rabindranath Tagore, Nikos Kazantzakis, Francisco Matos Paoli y muchos otros pensadores y estetas. La creación literaria, como imagen del hombre y del mundo que la inspira, es una obra de ficción fundada en un lenguaje imaginario, artístico y multívoco, y en unos principios susceptibles de reflexión y formalización. La elección de un modo de ficción, así como de un lenguaje y unos temas, forman parte de los principios estéticos que integran el núcleo generativo de la creación. Por tanto, todo creador se ampara en una poética, aunque no sepa explicar sus rasgos distintivos, lo que equivale a reflexionar sobre la escritura en sí como pauta estética que orienta la creación en su sesgo noético o dirección teorética de la práctica fictiva o crítica.

La Poética Interior presta su atención a la íntima urdimbre humana como prototipo ideal con vocación trascendente. Y orienta su vocación estética hacia la potenciación de la virtud lírica que orilla un cauce creador por donde fluyan, junto a la belleza y el pensamiento, a la forma artística y el contenido trascendente, los efluvios interiores del hombre y las cosas, sin olvidar el postulado clásico del dulce et utile, pautado por Horacio en su Arte Poética que integra en la creación el placer y el saber, inconmutables en cualquier arte, tiempo y cultura. La estética interiorista finca su meta en el cultivo de la realidad trascendente, con énfasis en el cultivo de la mitopoética, la metafísica y la mística.

Por Bruno Rosario Candelier

A Aída Montero,

Que vive el sentido de la emoción estética.

Recurro a la palabra, mi herramienta.

Me la enseñaste Tú, Dios expresado.

Pero no es la palabra lo sagrado:

lo sagrado es la sed que la alimenta”.

(David Escobar Galindo)

 

La expresión de la imagen y el concepto

Tenemos dos formas de expresión: el concepto y la imagen. Mediante una operación intelectual, nuestra convierte la percepción de las cosas en conceptos o la formaliza en imágenes, que es el lenguaje del arte, cuya creación se funda en una intuición. La intuición captura una imagen o un concepto de la cosa al entrar en contacto con su esencia. Si en nuestra percepción predomina la imagen, con los rasgos sensoriales de las cosas creamos belleza, que es lo propio del lenguaje literario; en cambio, si en nuestra expresión predomina el concepto, creamos pensamiento, que da cuenta del sentido de la cosa, propio del lenguaje discursivo.

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Acerca del autor


Bruno Rosario CandelierNació en Moca el 6 de octubre de 1941. Filólogo, ensayista, crítico literario, narrador, educador y promotor literario. Es licenciado en educación por la Universidad Católica Madre y Maestra y doctor en filología hispánica por la Universidad Complutense de Madrid. Preside la Academia Dominicana de la Lengua y es miembro de la Academia Norteamericana de la Lengua Española.

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